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Un granito de arena

Martes, 12 de Mayo 2015 - 16:00

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El Navegante

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La evolución que requiere nuestra sociedad no va a suceder con un granito de arena que cada individuo pueda dar; no podemos sembrar expectativas de un cambio radical con una aportación tan insignificante, no hay magia ni milagros que multipliquen tu aportación, recibes lo que das. En otras palabras, tienes lo que mereces. La educación, el gobierno, el respeto, etcétera. Todo está en función de la capacidad de cada uno, y de todos, de lo que cada quien puede dar.

Un granito de arena ayuda a expiar la culpa de la indiferencia, al final del día sólo tenemos un puñado de tierra… y nos quejamos de que todo sigue igual. Ni la intención, ni la metáfora, ni las oraciones, ni la compasión, van a lograr por si solas, más, que una sola acción.

Si tu granito de arena no te quita nada, es que no estás dando nada. No se trata de deshacerte de lo que te sobra, sino de compartir lo que tienes; haces pantomima de caridad con la ropa que ya no usas; es lo único que puedes donar.

A veces las palabras alimentan más que el pan; un exhorto a continuar, una caricia, una voz de ánimo, un abrazo, la comprensión y el valor pueden convertirse en todo un festín.

Un mendigo harapiento y hambriento, un niño de la calle implorando limosna, un limpia parabrisas, o cualquier persona que frecuentemente despreciamos por su desdicha, puede darte más, si platicas tres minutos con ella, que lo que vale tu moneda.

¡Debería ponerse a trabajar!, sentenciamos, ¡el aspecto que le da a la ciudad es nefasto!, juzgamos, ¡se ve fuerte!, calificamos, ¡debería ejercer algún oficio en lugar de estarse mutilando la espalda con esos vidrios!, criticamos; y lo abandonamos, sin poder comprender las razones de su condición.

¡Por supuesto!, no somos La Madre Teresa ni el Padre Chinchachoma, somos un granito de arena en el universo, ¿qué podemos ofrecer?... No es para los más necesitados, porque no sabemos quiénes son. Los más pobres de espíritu, generalmente no son los más pobres de bienes; justamente son sus bienes, lo que maquilla su paupérrima substancia.

Quien realmente posee no te dará jamás un granito de arena, tampoco te dará pan. La riqueza verdadera está en el significado de la vida. Quién llena tu vida de significado es quien te ama, te dará entusiasmo, esperanza, comprensión, paz, ilusión, serenidad; la fortaleza para salir en busca de tu pan. En esto se conocerá quienes son discípulos de los preceptos de su moral, quienes los farsantes, los ignorantes y quienes los más necesitados.

Cuando llega la hora de contribuir y termina la etapa de ser contribuido, es cuando la vida adquiere sentido. Es cuando el adolescente se desprende de su nido y se lanza en busca de su cometido. Quiere convertirse en hombre, en mujer; para transformar el mundo, la sociedad, su familia, su ser. Encontrar su sentido.

Cuando una persona se involucra, da lo que puede, lo que tiene; cuando sólo observa, da apenas suficiente para no sentir culpa. Y esto se paga con una moneda, o simplemente con salir a las urnas a votar por un partido del cual no se sabe nada, o porque está guapito el candidato.

Quizá no estamos preparados para recibir más de lo que damos, quizá un granito de arena es más de lo que podemos recibir, más de lo que podemos dar. No es lo que das, sino cómo lo das, y por qué lo das. ¿Quién pudiera estar atrapado en el diezmo de su libertad?, ¿quién compra con abonos su tranquilidad?, ¿quién ha encallado en la auto compasión?, ¿quién puede pretender comprar su indulgencia con caridad?

No nos engañemos. Nadie puede dar lo que no tiene; y nadie puede tener lo que ignora que le es propio. El conocimiento de nosotros mismos nos da y nos quita, nos enriquece o nos empobrece en la medida en que es auténtico. 


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