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Aristegui y Yo... Problemas Parecidos, Mientras el Hipódromo Agoniza

Miércoles, 25 de Marzo 2015 - 17:00

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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Una batalla como ésta, en solitario, nunca será ganada.

Aristegui

Cuando las personas se enfrentan a un poder superior, llámese el poder gubernamental —una empresa, una institución— la lucha generalmente es desigual. El más fuerte, con mayores recursos y mayor influencia tiende a ganar si no existe la voluntad para dialogar. En el caso extremo se recurre a aplicación la Ley por lo que se hace necesario contar con un Estado de Derecho que funcione y los funcionarios que lo haga valer.

Se necesita pues, tener temple y convicción en la causa para continuar bregando. Las personas se convierten en luchadores de causas perdidas y muchas veces conviene retirarse a los cuarteles de invierno hasta que llegue el verano. Así, vemos lo que sucede en Venezuela contra los líderes de la oposición que son reprimidos, encarcelados y hasta asesinados; en otros países es mucho peor y es la historia del quehacer humano.

En mi caso, cuando un grupo de propietarios de caballos del Hipódromo de las Américas, constituidos legalmente en una asociación civil y de acuerdo a las leyes mexicanas me contrató para representarlos fui reprimido. La idea —así vendí por cacahuates mis servicios— es que al no tener caballos de mi propiedad, no importaba si la empresa tomaba represalias contra mi persona. Era menos vulnerable.

El plan de acción que diseñamos fue denunciar la realidad y mostrarle a la autoridad, es decir a la Secretaría de Gobernación, la pésima situación en que se encontraba la actividad hípica —ahora está peor— y propusimos soluciones. Las autoridades del sexenio pasado creía que la empresa mantenía a todos los caballos, cuando son los propietarios los que cargan con todos los gastos. Fue evidente que nadie se había acercado a la autoridad para informales del infortunio que se padecía y se padece. Tuvimos una buena acogida y el asunto no se solucionó pues despidieron a la entonces directora de la Dirección de Juegos y Sorteos de la dependencia.

En esencia, la demanda era —y es rescatar la Industria Hípica—. Tener buenos premios para poder mantener a los caballos y la crianza se fortalezca; además de contar con una autoridad hípica independiente de la empresa, la cual se había adueñado de la misma, por creer que así que convenía a sus intereses. Nada más equivocado. Al día de hoy todavía prevalece esa idiotez y la autoridad hípica es un organismo de facto creado por la misma permisionaria.

Todo este tinglado lo armó el representante y accionista de la permisionaria de ese entonces, José Manuel Alavez González en contubernio con el ex presidente de la Comisión Nacional de Carreras de Caballos (organismo creado por decreto presidencial en 1974), Manuel I. Pacheco Hinojosa, amigo de Santiago Creel quién lo nombró al frente de dicha Comisión.

Así, durante su paso en la SEGOB, Santiago Creel autorizó el Reglamento de la Ley de Juegos, dentro de cual inventaron la figura de "Órgano Técnico de Consulta" de la misma dependencia y en el cual quedó al frente "el tal Pacheco", derogando el decreto mencionado y regulando mal, no solo la actividad hípica sino todas las actividades relacionados con el juego con apuesta. De esa manera lograron darle cierta legalidad —le taparon el ojo al macho— aprovechando la discrecionalidad de la Ley vigente. Así autorizaron una gran cantidad de casas de apuesta, ahora conocidos como Casinos, que no debieran funcionar pues la Ley prohíbe expresamente el juego de azar. Funcionan gracias a que el mencionado Reglamento que inventó Creel, se permiten lo cual es una aberración jurídica. Lo que prohíbe la Ley no lo puede permitir el reglamento... Así funciona este país. 

Así, llegado el momento y como consecuencia de una denuncia que presentó un caballista muy extraño, Federico Madrazo Hassey quien al no tener los tamaños para aceptar que él elaboró la acusación en mi contra, argumentando que ni siquiera está firmada, lo cual es cierto. "El tal Pacheco" determinó no otorgarme la licencia necesaria para desempeñar las funciones que me encomendaron mis representados y ni siquiera respondió a mi queja.

Denunciamos la irregularidad ante Marcela González Salas —flamante candidata a pluridiputada por el PRI— entonces directora de la Dirección de Juegos y Sorteos de la SEGOB que hizo caso omiso al reclamo: es un conflicto entre particulares se nos dijo. La empresa que comandaba en ese entonces la venezolana Beatrice Rangel se lavó las manos y determinamos no meternos en un pleito judicial hasta que no hubiera mejores condiciones. La misma Comisión Especial de la Cámara de Diputados tampoco investigó el asunto a pesar de que supo del caso.

Cincuenta y dos (52) hectáreas de un terreno federal es explotado por una empresa extranjera, que tiene graves problemas financieros y el objeto de su permiso —tener una hípica de clase mundial— nunca se logró.

Una batalla como esta, nunca será ganada sí la autoridad gubernamental no toma conciencia de que tener una industria hípica bien cimentada es para crear empleos bien remunerados y todos los beneficios que conlleva el espectáculo.

Ahora, de acuerdo al señor Ricardo Mar, director de operación hípica del hipódromo, de prensa, de apuestas, de relaciones públicas y pésimo narrador de las carreras de caballos, comenta que será hasta dentro de dos años que la permisionaria del Hipódromo de las Américas podrá ofrecer mejores premios a los caballistas, cuando se ponga el marcha el proyecto para el desarrollo y construcción de la calle del entretenimiento —un gran hotel/casino, centro comercial y quién sabe cuántas jaladas más— y así, con este tipo de información los caballistas se dejan tomar el pelo; unos se conforman y otros dejan de participar pero todos pierden mucho dinero manteniendo a sus caballos y así, agoniza la actividad.

Así —toda proporción guardada— el caso Aristegui es parecido al mío, nos enfrentamos a una empresa que nos despidió; en el caso de Carmen MVS encontró un buen pretexto para silenciarla a pesar de que la empresa perdió credibilidad y una buena parte de su audiencia; en cambio, al parecer ganó la buena voluntad de los de "arriba".

Aristegui la tiene más difícil que nosotros, pues tiene en contra al poder presidencial y eso sí, lo garantizo, no va cejar. Somos parecidos.


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