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Xi Jing Ping

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“Nunca tantos debieron tanto a tan pocos…”

Hong Kong

1839/    1997/    2019

¡En los últimos días, Donald Trump ha expresado su preocupación por la concentración de tropas del Ejército Chino en la frontera con la región china de  Hong Kong!

Las declaraciones del presidente de Estados Unidos son relevantes porque se dan en el marco de la guerra comercial desatada por el magnate inmobiliario contra la República Popular de China que ha afectado la economía mundial en los últimos meses.

Al tiempo que se han escalado las tensiones entre China y Estados Unidos con motivo de las sanciones y aranceles aplicados por Trump, han venido sucediendo disturbios crecientes en la antigua colonia británica arrebatada por Inglaterra a la Dinastía Qing a raíz de las 2 Guerras del Opio entre 1839 y 1860.

Cuando Eduardo Ruiz-Healy me invitó a ser su enviado especial para cubrir la devolución de Hong Kong a China en 1997, tuve oportunidad de platicar con el agregado de prensa Huan Huei Wha en la embajada de China en la Ciudad de México.

En aquella ocasión le comenté al diplomático que me parecía del todo extraordinario que China le corriera la cortesía de una ceremonia de despedida a los ingleses, cuando ganas habían de arrojarlos al mar sin miramientos ni ceremonias.

Hay que recordar que la Reina Victoria, la primera gran narcotraficante global en el siglo XIX, impuso el consumo de Opio a China, cosechado en sus plantíos de amapola de Afganistán.

Los ingleses, expertos en ponerle nombre bonito a las cosas más feas, se dedicaban al narcotráfico al amparo de una empresa cuyo elegante nombre era “East India Company”.

Antes de la imposición inglesa del opio, China era la economía más grande del mundo; a raíz de la segunda guerra con los británicos, su producto interno bruto se desplomó a menos de la mitad; esto, aparte de la terrible humillación, del desastre humanitario sufrido por su pueblo y de la conquista de Hong Kong y los Nuevos Territorios incluyendo Kowloon.

El dominio inglés sobre Gibaltar fue impuesto mediante el tratado de Tientsin (1860) estableciendo que el dominio británico sería “a perpetuidad” (como el de los gringos en Panamá); sin embargo, a raíz del fortalecimiento de la República Popular China, se llegó al acuerdo de ponerle fin al estatus colonial de Hong Kong para el verano de 1997.

Es importante destacar que Hong Kong es territorio chino y en consecuencia, el gobierno de Beijing tiene absoluta e indiscutible soberanía sobre la totalidad de su territorio.

Evidentemente que, si Donald Trump no tiene ni la menor idea de la historia de Estados Unidos, mucho menos conoce la historia de China, incluyendo las guerras del opio y la imposición violenta de la presencia británica en Hong Kong, Kowloon y los llamados Nuevos Territorios.

No creo que los disturbios en Hong Kong sean movimientos populares espontáneos, tanto como la famosa “Primavera Árabe” de 2011, tampoco fue un movimiento simultáneo de origen telepático entre los pueblos de Siria, Libia, Egipto, Marruecos, Yemen, Sudan y Tunes.

En temas de política y, especialmente de política y comercio internacional, no hay casualidades.

Para eso está la CIA, o los puertorriqueños de la OTAN a los que Libia les debe tanta gratitud...

La manifestación habida en Moscú el sábado pasado, bien puede tener su origen en maniobras de Occidente para desestabilizar al gobierno de Vladímir Putin que ha resultado “tan incómodo” a diferencia de Michail Gorbatschow y Boris Yeltsin...

La diferencia en este caso, es que Putin es y será siempre (como él mismo ha dicho) un coronel  de la KGB cuya experiencia le ha permitido anticipar y contrarrestar las maniobras de Estados Unidos y sus vasallos de la OTAN, como ha ocurrido en Ucrania, Georgia, Bielorrusia; Crimea y Siria.

Por su parte Xi Jinping, es un estadista dotado de muchos de los atributos propios de la milenaria sabiduría china; es un goberbante calmado, sereno, calculador y bien equipado para contrarrestar los arrebatos de Donald Trump y de cualquiera.

Conste que la República Popular China invariablemente ha sostenido que Taiwán es parte de su territorio; y lo mismo ocurre con el South China Sea, al que los Estados Unidos quieren darle el mismo trato que pretenden para nuestro Golfo de California (mar de Cortés).

China ha andado un larguísimo camino desde que “La reina del Atlántico” (1) le impuso el consumo de opio con las consecuencias desastrosas que permitieron a los ingleses someter al Imperio Celeste, arrebatandole toda clase de privilegios que además de Hong Kong, Kowloon y los Nuevos Territorios, le dieron a los británicos extraterritorialidad, inmunidad legal, y múltiples prebendas a cual más odiosas.

Los ingleses tendrían que estar muy agradecidos de la generosidad y cortesía oriental que les permitió salir de China con una dignidad que no merecían ni merecen.

El actual presidente de Estados Unidos debería recurrir a mejores asesores que el peligroso John Bolton y Mike Pompeo, antes de escalar las fricciones con el gobierno de Beijing.

Es admirable la forma en que China se sobrepuso a los múltiples perjuicios ocasionados por la presencia británica en su suelo a partir del siglo XIX, hasta ser hoy, la economía más poderosa del mundo.

Mientras Inglaterra imponía los tratados de Tientsin a China, Estados Unidos hacía lo propio con Japón mediante el tratado de Kanagawa, impuesto al Imperio del Sol Naciente por “el Hombre de los Barcos Negros” (2).

Mirando hacia atrás, recuerdo la frase atribuida a Winston Churchill:

“Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”.

Esa frase aplica muy bien a las consecuencias que la presencia británica trajo no solamente para China, sino para Sudáfrica, Kenia, Nigeria, Egipto, Sudán, Gibraltar, Afganistán, y por supuesto China.

Nunca tantos pueblos debieron tantas desgracias a los tan pocos ingleses que pueblan las Islas Brumosas.

Por lo pronto, China tiene el pleno derecho de poner orden en la totalidad de su territorio, incluyendo sin duda alguna a Hong Kong y llegado el momento, a Taiwán.

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  1. “La Reina del Atlántico” le viene tan bien a Victoria, monarca de los ingleses, como a su colega narcotraficante,  Sandra Ávila Beltrán, conocida como “La Reina del Pacífico”.
  2. El Hombre de los Barcos Negros es como se conoce al Comodoro Pathew Perry, el comandante de la Marina de Estados Unidos que se hizo cargo del bloqueo de todos nuestros puertos durante la invasión a México entre 1846 y 1848. Es recordado en Japón por su escuadra de barcos de guerra cuando hizo su “viaje de buena voluntad” a aquel país, para imponerles el tratado de Kanagawa, que le dio a Estados Unidos privilegios parecidos a los obtenidos por Inglaterra en el Tratado de Tientsin.

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