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Y ahora… ¿qué?

Martes, 02 de Abril 2019 - 13:25

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Vivimos tiempos violentos (y no es comercial de película) en los que no obstante el alto nivel delictivo que día con día arroja altas cifras de homicidios, linchamientos, robos, violaciones, etc., se suma a la falta de capacidad de empatía por el otro, la tolerancia, el respeto y el sentido de humanidad que debería imperar en nuestro actuar diario.

Tan sólo el día de ayer y quizá por el tema del momento respecto a los movimientos contra el abuso de las mujeres, leí al menos tres columnas que coincidían en un punto: la normalización de comportamientos que abrigan malas prácticas profesionales, malas conductas (sí, así como cuando la maestra nos mandaba un reporte en el cuaderno) y malos procedimientos pero el asunto no para con eso sino que además, quienes nos atrevemos a levantar la voz, a denunciar, a reclamar justicia o no cedemos al juego de mentiras, falsas poses y que no fuimos formados bajo el lema “Hazte de la vista gorda” se nos excluye por salirnos de “lo normal” ¿Paradójico no? Pues así funciona todo en este mundo del revés en el que vivimos.

Continué leyendo y me di cuenta de que el abuso es indistinto, un abusador lo es indistintamente del género aunque los hombres sean los más tachados de violencia, quizá por aquello de “Cría fama y échate a dormir” pero en un plano ajeno a empresas, medio artístico, ambiente cultural, etc., he visto madres (mujeres) violentar fuertemente a sus hijos de manera verbal, física y psicológica, así como también he visto padres (hombres) sumamente amorosos y sobreprotectores con su familia, pero el asunto pareciera ser que se trata de una cacería de brujas y que de pronto se busca hasta por debajo de las piedras la evidencia de violencia masculina contra las mujeres y sí, existe pero también la ejercen las mujeres (aunque se paren de pestañas) y es más frecuente que entre mujeres se ejerza violencia, acoso y bullying que entre hombres. Es así que con conocimiento de causa y por experiencia particular, puedo decirles que si el feminismo busca no idealizar la maternidad y visibilizar estilos de maternidades que durante años han sido vedados (maternidad en reclutamiento, entre trabajadoras sexuales, en zonas marginales, por adopción, por violación, etc.) también debemos visibilizar y concientizar la violencia entre mujeres y ya sé que muchos dirán que fueron educadas por el machismo y tendrán razón, pero a pesar del machismo ancestral, afortunadamente la historia nos cuenta de mujeres que tuvieron el valor para alcanzar sus sueños y convertirse en referentes a seguir pero nos gusta ver lo malo e ignorar lo bueno.

Y de eso se trata esta breve colaboración porque el ambiente que se respira cada mañana es de denunciar, ver, oler, escuchar y vivir resaltando lo malo, lo bueno ya no existe, nadie lo ve, nadie lo considera porque pues ahí está y ahí ha estado desde siempre, todos los saben, así que toca escarbar entre el fango y sacar a luz lo negativo (que, por cierto siempre ha existido aunque antes no tenía el foco de atención pero existe evidencia de su existencia y las denuncias al respecto) y permear la atmósfera de todo lo negativo posible para hundirnos en un estado de ánimo reactivo, a la defensiva, temeroso y paranoico porque la próxima o el próximo puedo ser yo. Se nos olvida tal vez, que tenemos libre albedrío y eso nos da la libertad de elegir (sí, ya sé también que no todos tenemos las mismas oportunidades ni las mismas circunstancias) y de mantenernos enfocados, de discernir entre lo bueno y lo malo.

Ya sabemos que existe el acoso laboral y sexual, la violencia intrafamiliar, el bullying, la corrupción política a niveles insultantes, la impunidad y demás. ¿Y ahora qué? Saberlo, ¿nos hace libres, felices, repara los múltiples daños causados, transforma de fondo? Somos seres humanos, con luces y sombras, la educación y formación la adquirimos de múltiples formas y somos responsables de todo cuando sucede esté o no legislado, exista o no justicia y siempre será más cómodo seguir por la libre (¿le suena eso de la zona de confort?) que ajustarse a las normas y procedimientos, actuar con honestidad, con franqueza, reconocer los errores, ser autocríticos y aceptar el punto de vista contrario para crear sinergia, formar verdaderos equipos de trabajo (comunitario, familiar, laboral, político, etc.) Los males de la humanidad vienen de la humanidad misma, no existe ningún malo a vencer, así como tampoco existe un superhéroe que llegará a salvar a los humanos o a redimirlos porque somos nuestros propios demonios cuando elegimos ignorar la luz que existe dentro de nosotros. ¡C’est la vie!

 


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Número 32 - Agosto 2019
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