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Voy descalza

Martes, 19 de Abril 2016 - 16:30

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Luisa Ruiz

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¡Riiiiing! - ¿Hola? - Voy descalza

Como ya se cerraron los surcos que había hecho con mi ir y venir en las calles, los agujeros donde se detenía el agua para que brincara ya están tapados de tierra y las orillas de la calle se secaron, mis ojos ven por dónde mis pies descalzos pueden empezar a pisar. Pasó la última lluvia que admiré por la ventana, así como la niña aquella en la película “Melody”, una escena cursi y nostálgica. Era quizá el momento en que la niña yo volvió para recordarme que el tiempo espera, la lluvia volverá y toda yo volveré a correr ganándole al arroyo junto a la banqueta (sí, con lodo y todo lo que arrastre)

Hoy por hoy, es el sol y el viento que me iluminan para agradecer.

Pensaba en ustedes, los de rostro conocido y los invisibles, pienso muchas veces son otro gran tesoro en mi vida y en mi tiempo. Quise llamarles, para contarles que ya salí del pozo ese raro, ahora el camino viene plano y llano, lleno de bendiciones y cariño. Me dijeron muchas veces que, yo soy fuerte y que mi fortaleza mental y que la alegría y que soy una guerrera y todas esas cosas, quiero creer que sí, que Dios me regaló esos atributos y los agradezco con el corazón.

Lo que más creo firmemente es que tantas bendiciones, pensamientos limpios, sonrisas en la distancia, huellas en el tiempo, oraciones y el cariño de tanta gente bonita en mi vida, hicieron que mi cuerpo reaccionara y se levantara contento y libre. Es lo que hace la oración y las buenas intenciones, recuperar y aliviar cuerpos. Y ustedes me sorprendieron gratamente en el camino, iluminaron el pozo y me enviaron tantas formas de salir, las usé todas y por eso me encuentro sonriendo y pensando cómo agradecer tanto amor.

Fueron esas señales de las que hablé cuando entré en el Pueblo Mágico que inventé para recorrer el tramo que me correspondía, y ¡acerté! seguí sus instrucciones, soy afortunada.

Mi salud les agradece que la hayan traído de regreso, mis cicatrices en el cuerpo son oraciones y bendiciones, son sonrisas, son la vida saludable que tengo ahora. Nunca veré la línea, sus puntos y la protuberancia que quedó en mi abdomen como algo antiestético o feo, será siempre el recordatorio de vida, de amor y de cariño de todos los que, sin verme, estuvieron conmigo.

Fueron las manos divinas en las manos de los doctores, fue la mirada del cielo en el reflector del quirófano, fueron las oraciones los instrumentos que usaron los profesionales y la cosecha de amistades son los puntos que quedarán como la marca de que la vida me ha premiado con grandes afectos.

No fue fácil y no importa, aprendí mucho acerca del miedo por eso, por el diagnóstico y por cada una de las tres intervenciones quirúrgicas que amo mi tiempo y con todo el agradecimiento, amo mi vida.

Porque, además, su presencia estará siempre en mi memoria, en mi pensamiento para que nunca se me olvide que la salud y la alegría se consigue cuando uno es capaz de pisar fuerte y dejar en silencio un pedacito de vida en la gente que vive en el camino que nos toca recorrer.

Soy afortunada porque ustedes existen en este mundo. Gracias, les regalo las sonrisas con las que despierto cada mañana y comparto en presencia y en la distancia, las alegrías que me regala la luna cada noche y cuando la lluvia se asome no la veré por la ventana, iré descalza y regresaré a contarles con los cabellos mojados y el rostro bañado en agradecimiento.

Si la vida me cobra tanta bondad, tendré problemas para pagarlo…

Luisa de siempre, Luisa de cada uno de ustedes.


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Número 29 - Mayo 2019
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