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¿Una cascarita?

Miércoles, 27 de Abril 2016 - 16:30

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Juventina Chonguín Camacho

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Dedicado a todos los niños y a Kike, March y Mar.

El joven se les emparejó y de un manotazo les arrebató la pelota, todos se quedaron sorprendidos y espantados, no tuvieron tiempo de reaccionar cuando vieron volar el juguete por los aires para caer dentro del arroyo. El joven malhechor corrió tan rápido como pudo y mientras se alejaba mostraba su sonrisa triunfal diciéndoles adiós con ambas manos a los niños.

Los pequeños reaccionaron tarde, sólo para terminar con la mirada posada en el esférico que se había quedado atorado por unas ramas que frenaron momentáneamente su camino, los pequeños estaban azorados, sin pronunciar palabra al ver lejos de sus manos su ansiado balón y como si la vida les fuera en ello más de uno gritó:

  • ¡Yo voy por ella!

Kike corrió para tomar una larga vara y con ella sostuvo la pelota evitando que el agua la alejara más, su cara estaba sudorosa por el esfuerzo, sin embargo permanecía inalterable con sus manos aferradas meditando las posibilidades de ir por ella. Si bien el arroyo no estaba hasta el tope, la corriente era suficiente para arrastrar el cuerpo de cualquiera de esos intrépidos pequeños que se alistaban para recuperar lo suyo a la primera indicación del líder del grupo, Kike titubeaba al darse cuenta de que era una empresa peligrosa.

El hermano del líder, March, tomó la decisión quitándose la camisa con el beneplácito del grupo, Kike aceptó que se lanzara. El pequeñín corrió entusiasmado al sentir que sería el héroe de la tarde y justo cuando se acercó a la ribera un empujón lo aventó a un a un lado mientras Kike gritaba:

  • ¡No!

Kike, sin querer aflojó la mano y la vara cayó, mientras la pelota fue empujada lejos de su alcance. Los chicos corrían tras de ella a la vera del arroyo, la corriente fue más rápida, al verla alejarse le dijeron adiós a su cascarita del día, mientras March se lamentaba,

  • Chin, hoy era el desempate ¿A qué jugaremos?
  • No, no, sí habrá juego.
  • ¿Cómo es eso Kike? Ya no hay balón.
  • No hay, pero lo habrá, busquen cuánto dinero tiene cada quien.
  • Kike ¿vamos a comprar otra pelota?
  • Si, - Si…
  • Entonces, votemos para ver si todos estamos de acuerdo…

La votación se hizo mientras los niños corrían cruzando la calle para llegar al mercado y de ahí al puesto de pelotas. Kike iba contando las manos levantadas y recogiendo las monedas y justo frente al puesto con voz formal anunció,

  • ¡Por “unanidad”! queremos una pelota, por favor.

Una de las ventajas de las ciudades pequeñas es que la gente se conoce, esto es importante porque hoy en día muchas veces se prefiere la precaución antes que llamarle la atención a un niño desconocido. Si la comunidad se sintiera corresponsable éstos  pequeños serían cuidados por todos y seguramente toda la sociedad estaría mejor.   

Los chicos son arriesgados y con facilidad pueden emprender acciones temerarias y por eso es tan importante estar al pendiente de ellos. En los pueblos o en ciudades chicas, donde la gente todavía se conoce, se puede llamar la atención al pequeño o adolescente si comete alguna travesura, sobre todo si pone en riesgo su integridad física.

La dependiente conocía a los chicos, desde su puesto había observado la escena y estaba a punto de dejar sólo el negocio para impedir que se lanzaran al arroyo,

  • Kike tengan cuidado, ese arroyo se puede llevar a cualquiera que se lance a él.
  • Si señorita María, por eso impedí a March que se aventara,
  • Me di cuenta Kike, prométanme que si otra pelota va a dar al arroyo aunque este seco no  intentarán meterse, porque de lo contrario no volveré a venderles más balones,
  • Si señorita María.
  • ¿Trato hecho?

Dijo María dirigiéndose a todos los integrantes del grupo mientras entregaba el codiciado objeto y recibía su paga. Todos los niños gritaron un sonoro,

  • ¡Trato hecho!

María seguía al pendiente de los niños y de vez en vez los observaba, ya estaban por terminar el juego cuando uno de ellos le pegó tan fuerte que voló la pelota y se fue de nueva cuenta al arroyo. Y como si todos se hubieran puesto de acuerdo voltearon a ver a María quien les señaló con el dedo índice su ojo mientras les gritaba:

  • ¡Todos a casa!

Respetar los tratos y la palabra sin importar la edad es un elemento básico que garantiza el funcionamiento armonioso de nuestra sociedad.

Los pequeños giraron para ver a Kike quien con voz seria les dijo, recordando el pacto con María,

  • ¿Recuerdan el trato? ¡Todos a casa!

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Número 31 - Julio 2019
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