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Solución permanente, problema temporal

Martes, 27 de Junio 2017 - 15:00

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Daniel Valles

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El suicidio representa una solución permanente a un problema temporal. Los problemas siempre tienen solución. Buena, regular, mala o malísima. Y cuando es así la persona que pretendería quitarse la vida comienza a pensar en ponerle una solución. La de quitarse la vida. Para esto, no hay solución alguna. Es definitiva. Es un absoluto. La muerte es un absoluto. Nunca relativo.

De acuerdo al INEGI, el índice de suicidios en México está a la alza y es más alto que los homicidios que se comenten en el país, siendo Chihuahua, Quintana Roo y Aguascalientes, los estados que encabezan la lista con 11.9 y 9.85 suicidios por cada 100 mil habitantes. Además, el INEGI establece que el 40% de todos los suicidios en México, los comenten personas entre los 15 y 29 años de edad.

La pérdida de la esperanza es quizá el sentimiento más vacío, solo y mortal que existe. El ser humano no puede estar sin ella por mucho tiempo. No vivirá una larga vida. De no haberla perdido, termina por realizar acciones que nunca hubiera considerado hacer. Entre ellas el quitarse la vida.

La esperanza penetra la desesperanza incluso al más mínimo nivel. Y como la oscuridad que ha sido atravesada por la luz de una pequeña vela, pronto sucumbirá. La persona renovará sus fuerzas emocionales en el alma misma. Con la llegada de la esperanza las ideas suicidas desaparecen. Por ello, la mejor forma de ayudar a quien la ha perdido es infundirle esperanza, aunque sea la propia.

La esperanza trae aparejada a su prima hermana la Fe. Ésta envía una dosis de esperanza a buscar lo que el espíritu humano necesita. Y si no lo encuentra, la vuelve a enviar una y otra vez. No se detiene ante nada. Cualquier tipo de fe ayuda. Y la Fe en DIOS, más que cualquier otra, como la virtud cardinal que es, mueve cualquier montaña.

¿Por qué es importante la Esperanza?

Para el alma acongojada por la miseria que le embarga, trae el gozo faltante. Por lo mismo afirmo que la esperanza es fuente de gozo porque otorga motivos para alegrarnos. Es una cualidad que no se rinde ante lo adverso, ni sucumbe ante las pruebas de la vida.

La esperanza está asociada con la paciencia. La que nos ayuda a esperar. Es ahí donde el círculo virtuoso se cierra. Por eso la debemos afirmar a la persona que tenga pensamientos o planes suicidas.

Quienes consideran el suicidio van buscando respuestas a sus interrogantes básicas. Dónde…me quito la vida, cuándo…me la quito, con qué…lo hago.

Mientras no tienen estas tres respuestas el peligro es solo latente. Al tenerlas son altamente peligrosos contra sí mismos. Mientras tanto, envían señales. Siempre y en todos los casos.

Regalan sus cosas. Preguntan cómo sería la vida sin que estén presentes. Se despiden de manera inusual, como si nunca fueran a regresar. Llegan a hablar de ello. Entre las más importantes y claras.

Si llega a detectarlas lo mejor es enfrentarles y hablarles. Es cuando la esperanza y la Fe son las mejores herramientas de ayuda posible. Recordarles que el suicido es una decisión permanente, para un problema temporal. Que todo problema que enfrenten, tiene solución.  

El suicidio es una gran desgracia para todos. ¿Por qué? “Porque quien se mata, mata a todas las personas”, afirmaría el gran G. K. Chesterton, (1874-1936), en su libro Ortodoxia. Y agrega: “De cierta forma nos mata a usted y a mí. ¿Por qué? Porque arrasa con todos. Con el mundo entero”.

La persona suicida sólo quiere que las cosas terminen. Por lo mismo, el suicidio no es sólo un pecado, es “el pecado”. Es el mal interior y absoluto. Es rehusarse a jurar lealtad a la vida”. Y eso es, El Meollo del Asunto.


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