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Sentimientos numismáticos

Jueves, 28 de Mayo 2015 - 14:30

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Adriana Salas

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Lo más cercano a un lingote que pueden ver los ojos comunes, son las preseas olímpicas de oro, plata y bronce que corresponden a los tres primeros lugares de una justa deportiva.

En 1968 Vera Caslavska recibió oro y Pilar Roldán plata. Además de pensar  que las mujeres ahí la llevábamos pero que a México se le discrimina, tenía la idea de que cada medalla estaba hecha del metal que decían: la de oro era de oro. La de plata, enteramente de plata y la de bronce, ¡ni quién la viera! Al cabo que es el escaño más chaparro del pódium.

Años después puse la boca de plato y los ojos cuadrados al saber que el bronce es una mezcla de cobre con estaño y que las últimas medallas auténticamente de oro se entregaron en los juegos olímpicos Estocolmo 1912. Las de ahora tienen sólo un ligero baño de Au o Ag.

Mi niñez era el tiempo de los veintes de cobre, de los tostones grandotes  con la efigie de Cuauhtemoc en una cara y la del águila nopalera merendándose una serpiente por el otro lado. Los quintos también estaban hechos de cobre y los pesos, decían que ya no eran de plata pero de nuevos, brillaban así.

Esos dos metales preciosos me parecían algo escurridizo.  Mencionado nada más en un corrillo que decía que a Doña Blanca la cubrían pilares de oro y plata. Hoy pienso que el tal Jicotillo era un tonto por andar correteando a la doncella en lugar de hacerse con algunos pedazos de los pilares que lograba romper. Siendo oro, pues aunque sea de tepuzque, ¿no?

Gracias a la fea costumbre de mamá, mi abuela y las tías, que siempre estaban suspirantes y jale y jale con que todo dinero de antaño valía más, imaginé tlacos, centavos y un sol con forma de gorro frigio de las monedas de un real.

Por lo que encontré en algunos sitios web de acuñación de metales, cualquier moneda es susceptible de convertirse, con el tiempo, en un pequeño lingote. Aunque las de ahora sólo contengan acero inoxidable, aluminio y una ínfima cantidad de plata porque el oro, brilla más bien por su ausencia.​


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