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Rompecabezas

Martes, 18 de Abril 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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En algún tiempo, los rompecabezas de miles de piezas estuvieron de moda en todos los hogares, además de otros juegos de mesa, las cajas de piezas pequeñas esperaban a ser abiertas; fueron regalos, fueron necesidades, fueron pasatiempos de familia y terapias ocupacionales para acompañar el silencio y la soledad de un día cualquiera.

El sonido de los pedacitos de cartón sobre la mesa y la expresión del armador, eran escenas que precedían a la concentración durante la construcción. Sin necesidad de advertencias, esa mesa, esa silla y ese trabajo en proceso, se respetaba y nadie lo tocaba. Armar un rompecabezas gigante es una hazaña importante y quien los ha armado, terminado y desbaratado después, sabe los beneficios que aporta; quien piense que son solo para niños o para personas mayores, tiene la cabeza rota.

También hubo la fascinación por enmarcar los coloridos trabajos terminados y colgarlos en exhibición uno, seguido del otro, en las paredes de la casa demostrando su afición por el apego y la necesidad de posesión. Algunos rompecabezas nunca se terminaron y tampoco volvieron a su caja original, otros ni siquiera fueron abiertos.

Y son estos pasatiempos una comparación con las etapas de la vida. Construir, desbaratar, guardar y olvidar. Construir, enmarcar y exhibir. Armar, atreverse a desarmar y volver a construir es la difícil tarea en la evolución de cada ser humano.

Quizá las piezas azules, en otro tiempo no estuvieron en el lugar correcto y formaron un disparejo cielo azul o quienes empujaron una pieza verde en el árbol sin pensar que pudiera ser parte del césped.

Un rompecabezas, es la vida después de cada etapa y si no hay apegos ni necedades, es fácil saber que la forma y la figura no serán iguales. Caí en la cuenta de esto hace unos días, soy un rompecabezas desbaratado. El proceso difícil, de momentos de angustia ya pasó y lo había olvidado casi por completo de no ser porque descubrí este juego de mesa delante de mí.

La vida se construye pieza a pieza, paso a paso, palabra a palabra, pensamiento a pensamiento, acción a acción y en cualquier momento puede desbaratarse, se cae y las piezas se barren y se pierden por debajo de los muebles. Empecé sin darme cuenta, a armar un rompecabezas nuevo.

El de cada uno es un rompecabezas confuso, desconocido, de piezas puestas al azar y otras cambiadas de lugar solo porque la forma y el color parecen iguales. El mío, lo armo con la conciencia de saber cómo es la figura que debe formarse, no tengo ya la caja original que me muestre la imagen, esta vez es diferente, muy diferente.

Me he preguntado en ocasiones, cómo fue que una pieza logró entrar en el espacio que no le correspondía y cómo fue que acerté en tantas otras. He tenido que reconocerme cada día desde hace 472 mañanas y noches frente al espejo, frente al mundo sobre la tierra, debajo del sol y entre las lluvias; delante de mis propias palabras, gestos, pensamientos y decisiones; es extraño que una extraña se haya instalado para, poco a poco tomar el lugar que le corresponde en esta otra etapa.

Físicamente los cambios, el cabello creciendo despacio de otro color y con otra textura, los ojos de un brillo distinto y la piel que parece no ser la mía. Cada día ha sido una pieza distinta, un conocer, reconocer y desconocer. Un desaprender para aprender de nuevo, un buscar la pieza y colocarla donde debe vivir; todo proceso para reponerse de un suceso importante en la vida, pérdidas, hallazgos, grandes alegrías o, para quienes han sido testigos de un cáncer, les será fácil entender y sentir, igual como me ha tocado verlo a mí. Uno es otro, sin dejar de ser el mismo.

Y la enfermedad, cualquiera que sea, no es sino el permiso para dejar que el rompecabezas se caiga y se desbarate. Si un día fue complicado armarlo, después de la tormenta lo que sigue es el recreo para volver a empezar descubriendo la pieza equivocada e inventando todas las otras que ya no están.

Al armarlo, algunas piezas se han acomodado solas, otras aun buscan su espacio, unas pocas están todavía en algún rincón, muchas ya no pertenecen y como no tengo apegos, no guardo desperdicios ni me aferro a lo que no sirve, me entretengo en diseñar, desde la colección de recuerdos importantes, la pieza nueva que va haciendo falta. Así, todas las etapas en la vida son eso, rompecabezas de miles de piezas revueltas.

El truco de esto, es dejar la necesidad de retener lo que ya cumplió en su tiempo, olvidar la ansiosa necesidad de propiedad, la imperiosa actitud de querer ser siempre igual y de insistir en ver siempre lo mismo. Me debo, nos debemos entonces, el favor de rearmarnos aceptando lo absolutamente distinto y lo que parece increíblemente ajeno.

("Well if some people get upset because they feel they have a hold on somethings, I'm just acting as a gentle reminder, here today, gone tomorrow so don't get attached to things. I don't mind collecting things. I've collected quite a lot of stuff in my time. Yeah, this is all memorabilia — but it’s incidental, not integral, if you know what I mean” . 

Bueno, si algunas personas se molestan porque sienten que tienen que aferrarse a algunas cosas, sólo estoy actuando como un amable recordatorio, aquí hoy, no existe mañana, por eso, no te apegues a las cosas. No me importa coleccionar cosas, he recolectado un montón de cosas en mi tiempo. Sí, esto es todo recuerdos, es incidental, no integral, si sabes lo que quiero decir” ) Maude, En la película Harold and Maude (1971)


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