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Reporte 79: Ser radical

Martes, 12 de Febrero 2019 - 14:25

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Ser radical nunca ha dado buenos frutos y aunque encontrar el punto medio sea complicado, resulta más difícil vivir en un entorno hostil y dividido como al que nos enfrentamos cada día en México y no me refiero únicamente a las cuestiones políticas que tanta polémica levantan por todas partes sino a cuestiones mucho más simples como la movilidad, el transporte público, la seguridad, la información o la educación sólo por mencionar unos cuantos. El problema no se reduce a los anti AMLO o a los AMLOvers sino a una serie de ideologías que no están encontrando un punto medio y que están provocando una gran polarización entre los habitantes de una ciudad que se torna cada vez más agresiva e intolerante de lo que parece, en donde el objetivo es demostrar que se tiene la razón, ostentar el poder y utilizar a los derechos humanos como argumento para abusar de los demás, así que es la era del egoísmo en su máxima expresión.

En el transporte público y a pesar del éxito de iniciativas como la separación por género, nunca falta el patán que utilice los vagones exclusivos para mujeres y que se ofenda al pedirle que ocupe su lugar en el resto de los vagones o que incluso, se ponga agresivo argumentando que “tiene derecho a libre tránsito y que no es obligatorio ceder el espacio solo para mujeres”. Lo mismo ocurre con los lugares exclusivos para mujeres embarazadas o con niños, personas con alguna discapacidad o ancianos pues nadie los respeta y más aún, no los ceden a pesar de que exista la necesidad.

Otro asunto que es ya bastante molesto tiene que ver con los “animales de compañía” los cuales ahora son libres de andar por todas partes sin que sus dueños se hagan responsables de sus desechos orgánicos, así que los parques que originalmente eran un espacio para recreación y divertimento o incluso, para el deporte y la socialización, poco a poco se están convirtiendo en baños públicos de dichos animales de compañía o mejor conocidos como mascotas aunque algunos pro animales se sientan mejor con el nuevo término. Lo mismo ocurre en restaurantes, plazas comerciales y tiendas pues la convivencia entre animales y humanos se ha normalizado a tal grado que se ha convertido en un jugoso negocio para estéticas, tiendas de productos e incluso, funerarias y también para organizadores de eventos. No me importa que los perros y gatos tengan derechos animales, que de hecho, debemos respetarlos pero sí reconozco que convivir con ellos cuando no se tiene la empatía o el gusto resulta bastante molesto. El asunto de las mascotas se está comparando con el tema de los fumadores, pasaron muchos años antes de que se apartara a los fumadores de los no fumadores y si de derechos hablamos, ¿no será que estamos violando el derecho a la libertad al prohibir a los fumadores hacerlo en lugares cerrados? Porque un perro o gato por muy higiénico y saludable que sea no deja de provocar alergias por su pelaje, entre otras cuestiones como la seguridad porque ahora resulta que debemos educar a los niños de tal forma que sean considerados para que no se les vaya ocurrir hacer alguna travesura al perro de a lado y este lo sorprenda con un ladrido o mordida, así como también al caminar se debe ceder el paso al perro y su dueño porque son libres de transitar por todas partes, así que si un perro suelto corre y tira a un niño pequeño, la culpa es de los padres por no tomar de la mano a sus pequeños ¿así o más patético? Y ya sé que no todos los dueños de mascotas son irresponsables y me queda claro que debemos aprender a respetar a la naturaleza y a los seres vivos pero si en cuestiones tan básicas y de sentido común no tenemos la suficiente madurez y responsabilidad para ponernos de acuerdo, imagine usted si la tendremos para ir hacia adelante como país al margen de nuestras filiaciones políticas. ¡Se los dejo de tarea!


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Número 30 - Junio 2019
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