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Liderazgo

Lunes, 08 de Junio 2015 - 16:00

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El Navegante

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¿Qué hace a las personas más ineptas e irresponsables convertirse en líderes?, ¿es la miopía de su auto-concepto?, ¿la osadía de su ignorancia?, ¿la indiferencia de sus electores?, ¿la poca seriedad de sus promotores?... ¿Existe algún culpable, o es el azar y las circunstancias?

El universo de la política está lleno de ejemplos, al menos son los más sobresalientes. Lo hemos visto a lo largo de la historia, desde el administrador del condominio, la jefa de manzana, el delegado, el diputado... hasta la Presidencia de la República. ¿O es que padecemos de una escasez de hombres y mujeres capaces?, ¿estamos enfermos de una idiosincrasia ladina y pusilánime, donde los avaros y prepotentes destacan en una sociedad primitiva de homínidos parlantes?

Maestros, taxistas, comerciantes, universitarios, transportistas, gobernantes, colonos, etcétera. Cualquier grupo desquicia la ciudad. Basta un líder guapito, carismático o muy inocente, impuesto a jalones y empujones; aunque no sepa hablar, aunque no piense, uno que puedan ir aventando para servir a los intereses de quien no da la cara. Liderazgo, una cualidad convertida en su antítesis. La marioneta y la máscara del poder.

Si al menos supieran esos líderes lo que significan las palabras cotidianas de su propio idioma; si supieran distinguir entre división política y dicción, entre leer y hojear; si se observaran mientras hablan, si al improvisar sacaran la pata del lodo en lugar de meterla más, si no les causara gracia su propia ignorancia o las sandeces que acuñan con sus mentiras; sabríamos que son líderes.

Vemos políticos que piensan que la ignorancia de la división política de su país es un trabalenguas. Cada vez que los exponemos al ridículo y nos reímos de esa sarta de barbaridades, y nos mofamos de su ineptitud; nos mofamos de sus electores, de sus promotores, de sus simpatizantes, nos mofamos de la sociedad que les dio el liderazgo. Deberíamos sentirnos indignados como cuando presenciamos una injusticia o una atrocidad. Porque justamente es eso lo que estamos viendo, una injusticia, una atrocidad. No podemos enviar a un niño a que haga el trabajo de un hombre. Pero parece ser mejor delegar esa responsabilidad, que arremangarse la camisa para hacer el trabajo uno mismo. "No tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre".

Es fácil criticar y burlarse del inocente despistado que sin saber cómo, de pronto está sobre el escenario. Ése, o ésa, sólo cumplen una función circunstancial, sólo son un vínculo. Son el reflejo de la sociedad, son el espejo de nuestra cultura, representantes de nuestra causa. A todos nos hace gracia vernos en un espejo curvo, porque reconocemos que ésa no es nuestra imagen real, pero no reconocemos nuestra verdadera imagen cuando la vemos reflejada en nuestros líderes.

Debemos escapar de la guerra mediática del desprestigio, que lleva a los electores a elegir al menos desprestigiado o al más simpático, pero esa es la madurez política y democrática que tenemos, no hay mejores, sino menos contaminados, menos ineptos.

Partidos políticos, sindicatos, grupos parlamentarios, mesas directivas, grupos vecinales, cámaras, frentes y facciones disidentes. Todos son a imagen y semejanza de sus electores, de sus intereses, de sus anhelos, o de la carencia de ambos.

"Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen". No es una frase popular, es una dramática realidad. Escoger un líder no debería ser un juego de azar, puede ser inocuo o convertirse en una ruleta rusa.

Sin embargo, también puede que ahí esté el líder que necesitamos para crecer y desarrollar nuestra sociedad. El que nos contagie del significado de la evolución.


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