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Las pequeñas cosas: ¡Vida!

Jueves, 16 de Mayo 2019 - 13:45

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte.” – Doménico Cieri Estrada / Escritor mexicano

Esta es otra colaboración especial y lo será por muchos años más no sólo porque quedará guardada en algún lugar de la inmensa Internet sino porque quedará guardada en mi biografía como el momento más especial y coyuntural en mi vida. Hoy, jueves 16 de mayo del año 2019, quien suscribe la presente cumple 40 primaveras (o en palabras de un entrañable amigo: es mi cuarta transformación) y en medio de una contingencia ambiental, el fin de lo que ha sido el peor negocio de mi existencia (al menos, en parte), la demencia de mi padre y la recuperación lenta pero segura de la fractura de cadera de mi madre; entre otras cosas, la vida se sigue abriendo camino y me demuestra que por cada minuto en el que puedo respirar en este mundo contaminado, caótico y del revés hay una alegría que me permite celebrar; como hoy, que es mi cumpleaños y que me puedo tomar una pausa (en realidad quería decir respiro pero queda fuera de lugar por obvias razones atmosféricas).

Y es que el aniversario propio sólo me sirve de pretexto para habar de la vida no en su significado biológico únicamente sino en el sentido que le ponemos cada uno diariamente al levantarnos porque ya estamos aquí y de nosotros depende que la estancia sea satisfactoria o frustrante a pesar de los alti bajos que tiene la existencia porque la misma naturaleza nos demuestra que un día estamos a punto de morir exterminados por partículas contaminantes (radicalmente expresado) y al otro, una tormenta nos sorprende como si la tierra supiera lo que necesita (así como nuestro cuerpo biológico). Como especie humana, somos fuertes y adaptables a los cambios pero a veces, sucumbimos a las pendientes, nos derrotamos, nos vencemos y nos escondemos en un oscuro rincón presas del miedo, la inseguridad y la incertidumbre; lo cual se traduce en pura falta de fé en nosotros mismos y en el maravilloso ciclo natural de la vida que nos pone justo en el momento preciso para aprender, para crecer, para hacernos más fuertes aunque parezca que hemos sido aplastados por el mismísimo Hulk en persona preso de una furia incontrolable.

La vida es una celebración diaria por el simple hecho de poder respirar y todo lo demás, cada sentido (vista, oído, gusto, tacto y olfato) es un milagro para quien lo posee e incluso, para quien carece de alguno de ellos, es una fortaleza que lo impulsa a levantarse y seguir adelante. No importa si la celebración es a lo grande y por todo lo alto o en la intimidad, en la flor que encontramos a nuestro paso o en el canto de un pájaro o en las nubes que forman inmensos dragones o en la sonrisa de un niño, lo importante es celebrar ¡Que hay vida, que somos vida! Porque sólo tenemos una y porque no hay vuelta atrás en la carrera de la existencia, porque la inercia es ir hacia adelante y nunca hacia atrás, porque lo aprendido ahí se quedará para siempre pues como dice el dicho: lo que bien se aprende nunca se olvida y lo que queda guardado en la memoria es el último tesoro y el único recurso que tenemos en la vejez cuando empezamos a hacer el recuento de lo que ha sido nuestro paso por este mundo, de las huellas que hemos dejado y de las huellas que nos han dejado, de las heridas y las cicatrices, de los triunfos y los fracasos, de los acreedores que tenemos o de los benefactores que tuvimos.

Cada día es digno de celebración porque estamos en este mundo para disfrutar la vida minuto a minuto y construimos a cada momento una historia única e irrepetible: la propia.

¡GRACIAS VIDA!



Número 30 - Junio 2019
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