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Las pequeñas cosas: Perdón

Viernes, 29 de Marzo 2019 - 13:35

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“A falta de perdón, deja venir el olvido.” – Alfred de Musset / Poeta francés.

 

Ahora que el perdón flota en el aire y que se ha convertido en el tema central de críticas y memes, indaguemos en lo profundo; según la Real Academia Española, se trata de una remisión (liberar) de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente, desconozco los detalles de la denotación política y para ello, los especialistas en la materia nos pueden ilustrar mucho mejor pero aquí revisaremos lo que significa el perdón en un sentido personal porque es la llave que abre la posibilidad de una vida y un camino opuestos al rencor, el enojo, el resentimiento y todo un cúmulo de sentimientos que nos complican la existencia. “El perdón es un camino de liberación de la mente” (Jorge Lomar, Vivir el Perdón) y un puente entre el conflicto y la paz; por lo tanto, no se pide perdón sino que se otorga como parte de un acto de introspección y para cortar el vínculo negativo que conecta con quien causó algún daño.

Se dice que para que existe un problema debe haber al menos, dos partes en conflicto y por ello, la pregunta medular en esto del perdón es, ¿elijo paz o conflicto? Y al responder estaremos eligiendo una perspectiva diferente ante la diferencia o el acto de violencia y entonces cabe otra pregunta: ¿Se puede perdonar a quien asesina, viola, miente, difama? Se puede, no por un acto de debilidad sino por una necesidad de paz interior y de bienestar que obliga a seguir adelante a pesar del daño provocado, lo cual no implica volverse amigo del agresor sino liberarse (en primera persona) de una emoción que con el paso del tiempo resultará más problemática para el que la experimenta que para el infractor.

Si de perdón se tratara únicamente como un gesto de redimir el daño provocado (que en el caso de México data de unos 1500 años por lo menos) la realidad práctica y funcional es que un perdón no repara ningún tipo de daño. En oriente, existe una filosofía que habla de mostrar las fracturas que quedan en un jarrón roto con la finalidad de mostrar la fortaleza del material y la capacidad de reparación, lo cual se contrapone con el viejo adagio de “Lo que se rompe, roto se queda” en el sentido de que no hay manera de reparar lo que se ha roto; sin embargo, se trata también de percepciones, de contextos, de filosofías de vida y a final de cuentas, de la historia de la humanidad a su paso por este mundo del revés en el que nada tiene sentido.

Y por ello, de nada sirve que el perdón venga del agresor a la víctima sino justamente en sentido contrario porque admitir un perdón significa sentirse víctima de algo y por ende, culpable. En el caso de una conquista no se trata de pensar en términos de culpables, los hechos ocurrieron con o sin abuso, con o sin intereses de por medio pero al final de cuentas, ¿de qué sirve escarbar en el pasado si con todo y perdón me seguiré sintiendo una víctima y me lamentaré de hechos ocurridos en un pasado lejano? Los acontecimientos dieron paso a una nación diferente, para bien o para mal somos un país con sus riquezas, con sus fortalezas, con sus brillos, con sus sombras y sus matices. Si la historia hubiera sido diferente seguramente seríamos otro país pero eso ya pasó y haciendo un poco de caso a los expertos en historia de México, primero tendríamos que leer unos cuantos libros y saber y conocer antes de emitir un juicio sobre algo que muy pocos alcanzan a entender y que simplemente se dejan llevar por la emoción del tema de moda. Pensar antes de juzgar y para finalizar, les comparto un tema interpretado por el virtuoso Oscar Chávez. ¡Que lo disfruten! 


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Número 29 - Mayo 2019
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