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Las pequeñas cosas: palabras

Jueves, 24 de Enero 2019 - 13:55

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Las palabras son contraseñas. Liberan el poder, abren la puerta.” – Kevin Hall.

La palabra (representación gráfica de la palabra hablada) no se limita a formar de un lenguaje que nos permite comunicarnos, la fuerza y el poder de las palabras es extraordinario y muy pocas veces somos plenamente conscientes de ello. Cuando niños, nuestros padres nos transmitieron conocimiento a través de palabras e incluso nos etiquetaron y formaron nuestra personalidad gracias a las palabras. En la escuela, aprendimos cientos, miles de palabras que después aplicamos en la vida profesional; tan sólo en el diccionario de la Real Academia Española existen 88,000 palabras, y ya que tocamos el dato ¿cuántas palabras hablamos en realidad?

Mucho se ha dicho y escrito en torno al lenguaje que hoy en día empleamos, la tecnología ha impulsado a crear un sistema de signos que sustituyen algunas palabras, por ejemplo: txt = texto, xq = por qué/porque, tmbn = también y así sucesivamente en un intento por enviar un mensaje con los pocos caracteres que las diferentes aplicaciones permiten. Twitter modificó el límite de los caracteres de 140 iniciales a 280 actualmente y aún así, no es suficiente por eso ahora existen los “hilos” de la conversación, lo cual me remite a la expresión “perdió el hilo” aplicada al momento en que alguno de los interlocutores de una conversación perdía el seguimiento de lo hablado por distracción.

Pero las palabras no son nada sin su significado y su contexto, los idiomas han heredado términos que se han quedado intactos en culturas ajenas a las de su origen y forman parte del dialecto cotidiano; tal es el caso de: alfombra, petite, hot dog (por cierto, los colombianos los llaman: perritos y así los piden cuando los compran) en el mundo virtual tenemos varios: “mándale un whatsapp”, “twittear”, “like”, “fake news”, entre otros. La riqueza de las palabras no sólo da origen a grandes obras literarias, a la poesía o la oratoria sino que impacta tanto en quien las pronuncia como en quien las escucha, a diario escuchamos palabras como: corrupción, delito, violencia, huachicoleo, ninis, fifís, transformación, gasolina entre las más destacadas que incluso, se han vuelto tendencia en las redes sociales y en ese contexto, de tanto escucharlas y repetirlas terminamos adoptándolas y terminan siendo parte del inconsciente colectivo, son palabras que llegaron para quedarse y que desayunan, comen y cenan con todos y cada uno de los que habitamos en México y que pueden significar nada o tener un significado diferente para un alemán, un colombiano o un canadiense (no digamos un japonés o africano).

También existen otras palabras como: amor, cariño, amistad, lealtad, respeto, honestidad o ritual que impactan de manera diferente y que por cierto, pareciera que están en desuso últimamente. Tan importante es cuidar las palabras que elegimos para comunicarnos como las palabras a las que prestamos atención, los niños son principalmente susceptibles de las palabras que eligen al hablar y de las que escuchan porque les dan un significado propio y particular según quién y cómo se las dicen.

El universo de las palabras es tan basto y extenso que seguiremos revisando ese poder oculto que encierra cada una de ellas y que puede llevarnos a un estado de tristeza profunda o por el contrario, al momento más entusiasta de nuestra vida porque el contexto depende también de la emoción que inyecta cada palabra y si no lo cree, pregúntese qué significó para usted el momento en que pronunció las palabras: ¡Sí, acepto! Y no precisamente por haber contraído nupcias. ¡Se los dejo de tarea!


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Número 25 - Enero 2019
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