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Las pequeñas cosas: La fe

Jueves, 19 de Diciembre 2019 - 09:15

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Una fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada.” – Víctor Hugo / Poeta, dramaturgo y novelista romántico francés.

 

Ya que nos encontramos cerrando el ciclo (o año) 2019 y que nuevos propósitos inundarán nuestras almas y corazones, es un buen momento para practicar la FE y recordar que existe un ser superior a nosotros (llámese universo, energía, naturaleza o Dios) que nos mantiene con vida y hace todo posible pues aunque un día todos moriremos, si tenemos fe, nuestra vida estará llena de bendiciones siempre.

La fe es un conjunto de creencias, significa también confianza, certeza, veracidad, afirmación en que algo va a ocurrir en favor nuestro o de terceros (como cuando pedimos por los demás) o que simplemente, no fallará. En su sentido religioso, la fe es “la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1), así que “vivimos por fe, no por vista” (2Corinitios 5:7). En el contexto budista, la fe es una convicción de que algo es, una determinación de lograr las metas personales y una sensación de dicha, producto de los dos anteriores; en resumen: combina el propósito firme y la autoconfianza de que se podrá lograr lo que se desea.

El acto de creer es de naturaleza absolutamente humana y es voluntario en tanto que nos esforzamos por alcanzar un propósito o una meta pues tenemos esperanza en algo intangible (que no podemos ver) que ocurrirá sí y solo sí mantenemos la fe en lograrlo. Se dice que “la fe mueve montañas” pero esto ocurre cuando se tiene verdadera fe y se está plenamente convencido de ello; es decir, cuando se pone toda la intención y el enfoque está dirigido a un solo objetivo, todo lo soñado se hace posible como si de magia se tratara (o como si en efecto, la montaña se moviera sola). Así que la fe también es un acto de actitud que involucra pensamientos, emociones, sentimientos y conductas (en tanto acto humano que es).

Sin fe, la vida perdería sentido pero también es cierto que “Dios dice: ayúdate, que yo te ayudaré” y es por ello, que cada día se deben renovar los votos de fe, mantenerse activo y enfocado; no es fácil debido al contexto de incertidumbre y violencia del “mundo tangible” pero de hacerlo así, viviríamos presa del miedo, paralizados por la no certeza y la desconfianza; lo cual, sin duda nos negaría la posibilidad de disfrutar al máximo de la vida que es única e irrepetible.

Así que manteniendo la fe y sin el exceso de caer en ideas demasiado románticas, es un buen momento para renovar la fe que nos mantiene de pie y que nos impulsa a seguir adelante alcanzando metas, logrando sueños y coleccionando éxitos, a pesar de las tristezas, de las pérdidas y de esos momentos de turbulencia que también son parte de la vida pero que vistos desde la fe, nos permiten aceptarlos como parte del proceso por el que estamos pasando.

No existe nada que la fe no pueda lograr, en su sentido religioso, millones de personas alrededor del mundo son movidos por sus creencias y en su sentido espiritual, la fe en sí mismo es el punto central para lograr todo cuanto se proponga. Pensar en positivo, permitir que las situaciones simplemente fluyan, no engancharse, tener sueños y ser constantes son tan solo unas de las muchas cosas por hacer en materia de fe. En la próxima cena de Navidad acudamos con el corazón abierto y compartamos desde el amor, reflexionemos acerca de todo aquello que dejamos en el tintero y que postergamos por mil y un razones o reflexionemos en torno a nuestro familiar enfermo o recordemos con alegría a los que hoy, ya no están entre nosotros, pero ante todo, sigamos creyendo en que “la fe mueve montañas.”

¡Felices Fiestas!


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Número 35 - Noviembre 2019
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