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Las pequeñas cosas: demencia

Jueves, 07 de Febrero 2019 - 14:20

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“La demencia en el individuo es algo raro; en los grupos, en los partidos, en los pueblos, en las épocas, es la regla.” – Friedrich Nietzsche / Filósofo Alemán.

 

Las palabras, la memoria, la conducta, la razón, las emociones, los sentidos, el ritmo cardíaco, entre otras funciones son reguladas por el cerebro y pocas, muy pocas veces en nuestra vida somos plenamente consciente de ello pues cada día al despertar nos “conectamos” a la vida y todo fluye de manera normal así que entre la cama, el desayuno, el trayecto a la oficina y nuestro ordenador sólo hay un paso pero en el interior, ocurren cientos de conexiones para hacer posible nuestro andar, hablar, razonar, sentir y percibir, respirar y demás. Es posible que ni usted ni yo dediquemos un segundo a reflexionar sobre cómo es posible la respiración y qué ocurre en nuestro organismo cada vez que inhalamos aire, así como es probable que cuando lleva a la boca un delicioso bocado de su alimento preferido tampoco se le ocurra pensar cómo es que se transforma en glucosa o triglicéridos y de esas pequeñas cosas que pasan total y absolutamente desapercibidas depende a veces, la calidad de vida de alguien que padece algún tipo de trastorno cognoscitivo mejor conocido como demencia.

La demencia (aunque el diccionario la defina como locura) es un trastorno de la razón o en términos médicos es un trastorno neurológico con manifestaciones neuropsicológicas y neuropsiquiátricas que se caracteriza por deterioro de las funciones cognoscitivas y por la presencia de cambios comportamentales, sus características se deben diferenciar del deterioro cognoscitivo de acuerdo al nivel de afectación en la funcionalidad pues ambos limitan la actividad ocupacional y/o social. En México, existen pocos especialistas, cuidadores y centros de apoyo para atender este mal que afecta no sólo a quien lo padece sino a la familia completa y al día de hoy, no existe cura por lo que sus daños son irreversibles y sus efectos son progresivos, los cuales pueden acelerarse si no existe un diagnóstico a tiempo acompañado de un proceso meticuloso de medicación.

En términos prácticos y en “cristiano” como dicen algunos, la demencia no es un asunto fácil pues si bien es sabido que con la edad se pierden ciertas habilidades y funciones de manera progresiva (o tal vez no) un padecimiento de este tipo implica otros retos, un paciente puede despertar un día con todo el ánimo y la buena voluntad posible ante su enfermedad pero el cuerpo parece no responder a lo que el cerebro ordena o viceversa. El paciente puede salir a dar una caminata y a la mitad del recorrido puede que olvide cómo dar el siguiente paso y lo mismo ocurre al bañarse, comer e incluso hablar pues suelen confundir las palabras o perder el “hilo” de una conversación.

La demencia no se limita a Parkinson o Alzheimer pues existen otros padecimientos y las causas también son diversas pero además, ante la falta de información genera todavía tabúes, miedos, frustración y confusión pues suele creerse que es sinónimo de locura y quizá en niveles avanzados quien lo padece llegue a dicho estado pero en principio, no se trata de estar loco o de convertirse en uno de la noche a la mañana, sino que significa la pérdida de las funciones y de las habilidades que realizamos cotidianamente como leer esta breve introducción a uno de los padecimientos que empieza a llamar la atención de médicos especialistas porque se está presentando con más frecuencia entre la población de ancianos.

Así que la próxima vez que su atención se enfoque en el color de las flores, en el clima, en sus emociones o que recuerde la última vez que abrazó a sus padres o abuelos, piense en que al mismo tiempo, en algún lado del mundo alguien no puede hacer lo mismo aunque siga con vida porque perdió la capacidad para hacerlo o recordarlo. ¡Se los dejo de tarea!

 


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Número 33 - Septiembre 2019
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