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Las pequeñas cosas: atención

Jueves, 07 de Marzo 2019 - 13:05

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“El auténtico arte de la memoria, es el arte de la atención.”

– Samuel Johnson / Escritor inglés (1709-1784)

 

¡Atención! La vida ocurre aquí y ahora, no te pierdas los mejores momentos (una playera que diga). Porque la atención es la antesala de una buena relación, el pilar de una buena observación, el recordatorio de que estamos vivos, de que respiramos, de que cohabitamos con miles de humanos en nuestro vecindario y del otro lado del mundo también.

Atención (del lat. attento, -timis) f. Acción de atender (del lat. attendere; de ad, a y tendere, extender) tr. e intr. Aplicar los sentidos al conocimiento de algún objetivo. Mirar por alguna persona o cosa. En filosofía – concentración espontánea o voluntaria del espíritu en un objeto externo o interno que le interesa y traslado a palabras comunes y corrientes, el acto de estar presentes para conectar con la situación que se vive en ese preciso instante.

Entre escolares se ha vuelto común hablar de déficit de atención e hiperactividad, lo cual significa que tienen una atención limitada y exceso de actividad; es decir, son niños que no pueden permanecer en calma o en un solo lugar, olvidan tareas, etc. Es discutible la existencia o no de dicho trastorno pues hay especialistas que se inclinan por una falta de estructura familiar, lo cual se refleja en alteraciones de la conducta. Para hablar de cuestiones neurobiológicas o psiquiátricas, es necesario realizar algunas pruebas médicas; sin embargo, habría que medir las diferencias entre una persona diagnosticada con TDAH (por sus siglas) y la falta de atención que permea actualmente gracias a los aparatos electrónicos que hacen parecer como verdaderos zombies a los que caminan con la mirada clavada en la pantalla de su smartphone o a quienes frente a una conversación hacen una pausa para atender un mensaje.

La falta de atención no es exclusiva de un trastorno biológico, tiene que ver con otros muchos factores a los que por cierto, no prestamos la suficiente atención para evaluar y revisar tanto sus causas como sus consecuencias. Para acompañar, escuchar, recordar y amar es necesario permanecer atentos o de lo contrario, nada fluye. Dos sucesos en mi vida me dejaron muy claro esto de la atención: el primero fue en tercero de primaria, la maestra dictaba su clase de historia cuando un compañero se agachó por algo al suelo, la maestra le pegó monumental grito y le dijo que un minuto de distracción podía traer consecuencias gravísimas en la vida, como un accidente, que debía poner atención en todo lo que hiciera. Lo injusto fue que el pequeño infractor era justamente el niño más tierno y tímido del grupo, así que terminó llorando. El segundo suceso fue en la universidad, con un maestro de historia del arte que en la primera clase nos dio todo un discurso sobre responder “presente” al momento de pasar lista de asistencia, su tesis se centraba en que estar presentes significaba, eso: estar de cuerpo presente en el salón y atendiendo la clase, no respondiendo mensajes o platicando o haciendo muecas, por lo que más de una vez echó del salón de clases a quien consideraba estaba en todas partes menos atendiendo su cátedra.

No es casualidad que el verbo atender, entre otros significados, se refiera a cuidar de una persona o cosa, por ejemplo, atender a un enfermo. ¡Vaya riqueza de vocabulario con el que contamos! Así que atención y atender van de la mano y por cierto, están muy próximas una de la otra en el diccionario. Pero volviendo al tema central, prestar atención implica también un compromiso y si no, fíjese en el próximo niño que platique entusiastamente con usted y notará su interés y constante demanda de atención, en tiempo presente, como un sello que quedará en la memoria de ambos para siempre y lo mismo aplica con los ancianos que a cierta edad requieren de mayor atención.

Permanecer en atención plena significa mantener la conciencia en tiempo presente libre de juicio, de pasado y de expectativas; significa un estado de paz y bienestar profundos porque la atención en el aquí y el ahora nos recuerda que estamos vivos y que la vida es apenas, un suspiro.

¡Se los dejo de tarea!

 


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Número 33 - Septiembre 2019
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