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Las pequeñas cosas: amor

Jueves, 14 de Febrero 2019 - 14:45

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Y aunque no me quisieras te querría por tu mirar sombrío, como quiere la alondra al nuevo día, solo por el rocío” – Federico García Lorca / Poeta, Dramaturgo y Prosista Español.

¡Ah, el amor! Ese que flota en el aire entre los enamorados, entre la madre y su bebé, entre el artista y su musa, ¿por qué limitar el amor a lo romántico, a lo íntimo, al matrimonio? Pensamos en el amor y de inmediato nuestro cerebro nos manda imágenes de corazones, de cupidos o de besos que son no más que símbolos de una tradición cuyo origen es cristiano en conmemoración a San Valentín de Roma por sus obras centradas en el concepto universal del amor y la afectividad. La influencia de occidente, el catolicismo, la edad media, la revolución industrial y la mercadotecnia a través de los años, derivaron en una celebración para los enamorados, con el tiempo se incluyó también a la amistad y desde entonces, vemos la ciudad inundada de globos, flores y chocolates por todas partes.

De la influencia de la Edad Media rescato para ustedes un fragmento de la “Carta número 7 a un joven poeta” de Rainer María Rilke: “También, es bueno amar; porque el amor es difícil. El amor de un ser humano por otro es posiblemente la prueba más difícil para cada uno de nosotros; es el más alto testimonio de nosotros mismos; es la obra suprema en la que todas las demás no son más que preparativos. Por eso los jóvenes, nuevos en todos aspectos, no saben todavía amar. Y deben aprenderlo. Con todas las fuerzas de su ser, concentrado en su corazón que bate ansioso y solitario, aprenden a amar.”

El amor no tiene fecha de caducidad ni es exclusivo de los amantes, recuerdo que una maestra una vez nos dijo algo que me marcó para siempre: “Yo creo que no es que dejemos de amar a alguien, simplemente el amor se transforma y a veces ya no alcanza para estar en una relación. El ser humano no deja de amar.” Y estoy segura de que es así, amamos la profesión que elegimos, a nuestros hijos, el barrio en que nacimos, el hogar que construimos, la flor que brota en nuestro jardín y el animal que nos acompaña pero pocas, muy pocas veces nos detenemos a pensarlo así y nos vamos creando pequeños vacíos internos por falta de “un buen amor” sin saber ni entender que el amor va más allá de los conceptos y formas que las convenciones sociales nos han enseñado.

En ese sentido, Carlos Fuentes escribe: “El amor como atención. Prestarle atención a otro. Abrirse a la atención. Porque la atención extrema es la facultad creadora y su condición es el amor”. Y culmina su idea citando a Vissarion Gregorievich Bielinsky: “Toma con amor la mano del último hombre, de la última mujer que has visto, y en sus ojos verás reflejados todas las necesidades, todas las esperanzas y todo el amor de la humanidad entera.”

Amamos a los ancianos que nos van dejando entre recuerdos y en frases como “Abrígate que hace frío”, amamos al vecino o vecina por su deliciosa receta de pay de limón, amamos al que necesita nuestra ayuda en algún momento, amamos cada minuto, cada día y no nos damos cuenta porque nos empeñamos en un amor romántico que existe en la poesía, no tenerlo significa una sentencia y por ello muchos sufren mientras otros tantos celebran en un día en el que somos libres de festejar a nuestro antojo, el único límite está en nuestra mente y en los prejuicios. ¡Arriba el amor! Practiquemos el deporte del amor y crearemos familias y sociedades en armonía, respeto, tolerancia y alegría sin necesidad de manifestaciones ni violencia que genera más violencia.

¡Feliz Día de San Valentín!


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Número 34 - Octubre 2019
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