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La revolución social subestimada

Lunes, 05 de Septiembre 2016 - 15:00

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Ricardo Rojas

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La firma del presidente de la iniciativa del matrimonio igualitario, bajo la determinación de constitucionalidad de la Suprema Corte, vuelve a sacar a flote en México la polarizada discusión de si se debe otorgar o no el derecho a las personas del mismo sexo de contraer matrimonio. Cada uno de los dos grupos en discusión se ha armado con lo que ha podido para apoyar su posición, desde opiniones con fundamento legal de derechos, hasta interpretaciones religiosas.

Pareciera todo el asunto simplemente se trata de dar los mismos derechos humanos a todos los ciudadanos, donde el sexo de las personas que desean casarse de ley no sea motivo para negarles ese derecho, algo que el grupo en contra opina se opone a la concepción y valores conservadores católicos.

No obstante, tal vez no notamos que esta discusión es apenas la punta del iceberg de un cambio radical en más de 2000 años de cultura occidental, así como una puerta que irremediablemente llevará a otras puertas de cambios sociales que deberemos enfrentar y reflexionar, siendo una oportunidad para preguntarnos hasta donde estamos dispuestos a llegar para repensar el concepto de género, matrimonio, familia, modelos sociales y reglas morales, algo mayor a los cambios ideológicos de la idea de razas o de libertad en el siglo XX.

Todavía hay cierta confusión de los conceptos de sexo, género y modelos sociales; también de identidad, preferencia y práctica sexual.

Aunque todavía el consenso es que biológicamente el sexo de una persona basado en las características de su fisonomía solo se define como de hombre o mujer, desde los noventas varios estudios del cerebro han mostrado diferencias entre hombres, mujeres y homosexuales, con estructuras neurológicas específicas que se crean antes de nacer. Esto sugiere que el sexo tiene origen cerebral y podría resultar en más de dos sexos; se sabe que entre los nativos norteamericanos existía la idea de al menos cinco sexos. Lamentablemente el temor de mal interpretarse las diferencias biológicas como una búsqueda para curar a los gays, restringe sea investigado.

El sexo definido cerebralmente es el que da comportamientos y respuestas sociales innatas, incluido el instinto de atracción sexual a ciertas características físicas de otra persona.

Es probable que crea que el sexo biológico con que nació sea el que le dicta la manera de vestirse, comportarse, moverse o hablar de cierto modo y no de cualquier otro. Sin embargo, en realidad todo eso son construcciones sociales aprendidas de nuestra familia y la sociedad, modelos de cómo actuar, cómo vestirnos, de qué sentir vergüenza, qué es correcto o incorrecto. Esto aplica absolutamente a todos: heterosexuales y homosexuales. Así que un hombre que se sienta incómodo con una falda y una mujer con un bigote o le parezca incorrecto andar desnudo, es creación humana, no de la biología.

De la misma forma, ser de un sexo diferente como alguien del grupo LGBT no implica biológicamente que esté forzado a seleccionar uno de los dos únicos modelos sociales (de hombre o mujer), y mucho menos la imagen deformada o caricaturizada de éstos. Sentir inclinación por ser femenino tampoco significa obsesionarse con ser una chica de Playboy, que es un modelo sexista artificial. En realidad esta comunidad bien podría crear construcciones sociales diferentes y definir líneas de comportamiento.

Todos estos cuestionamientos quizás faciliten abrirse a cuestionar los conceptos que tenemos, aún cuando pensamos que somos de ideas radicales de mente abierta.

Es un hecho que el matrimonio conservador entre hombre o mujer es una construcción social, pero extrañamente también lo es el concepto del matrimonio entre personas del mismo sexo y la familia a partir de éste al usar el mismo modelo: dos personas se unen legalmente, para después tener hijos y formar una familia con dos padres a la cabeza. Pero por qué debe ser así ¿sería diferente para el matrimonio de tres personas o polígamo? ¿Por qué si el modelo de matrimonio es una construcción social, vemos mal otro tipo de matrimonio?, ¿sería válido culpar a que nuestra sociedad no lo acepta?

Si se considera anticuada la definición de matrimonio como la unión hombre/mujer con el fin de concebir hijos ¿por qué el matrimonio igualitario implícitamente trae el derecho de tener hijos?, ¿alguien no casado tiene menos derechos? ¿Por qué le es mejor a un niño tener dos padres, en vez de uno, tres o seis padres?

Seamos más extremistas y supongamos que una pareja nudista desea adoptar hijos ¿en ese caso debería negárseles? ¿Diríamos que dañaría al niño ese modelo?, ¿les seria fácil ir a la escuela?, ¿dejaría ir a su hijo a visitar a esa familia? Antes de opinar, debe saber que hay estudios psicológicos que dicen no afectarles a los hijos ser de familia nudista.

Por qué nos detenemos solo a cuestionar el concepto conservador de matrimonio y familia, quizás sería justo empezar a hacerlo con todo el concepto actual de familia y hasta donde estamos dispuestos a llegar, aprovechando esta oportunidad.

Hay que reconocer que con cada cambio radical de conceptos sociales, debemos reformular cuales serán los nuevos modelos, así como las nuevas reglas sociales y morales para todos sin importar el sexo, y si implica ir poco a poco con mayor sustento de la ciencia, psicología y sociología, quizás debería hacerse.

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Referencias

El Cerebro Sexual, Simon Levay, Alianza Editorial, 1995

http://www.eldragondehipatia.com/articulos/dos-espiritus-la-variedad-de-genero-en-las-culturas-indigenas-americanas/

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7458000/7458817.stm

http://www.naturismo.org/docs/205-9.html


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