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La Fe

Miércoles, 09 de Diciembre 2015 - 16:00

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Juventina Chonguín Camacho

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La procesión seguía, Pedrito se había cansado, sin embargo veía a su mamá tan absorta que temía romper el momento y decidió quedarse callado y continuar, a pesar de tener ganas de ir al baño. Dentro de sus escasos diez años, él comprendía la importancia del momento, sabía que Cristina había esperado años para caminar por la calzada y llegar hasta el altar de la Virgen.

Al entrar a la iglesia él mismo se maravilló de lo bien que se sintió, hasta olvidó las ganas de ir al baño. La iglesia le pareció bella, pero lo que más le impresionó fue mirar a su mamá, se veía hermosa aun cuando las lágrimas rodaban por sus mejillas, la veía tan tranquila, no sabría cómo explicarlo.

Las peregrinaciones a los santos patronos son una práctica común en México. Sin embargo, la Virgen de Guadalupe es la celebración principal en nuestro país. A la Basílica asisten cada año miles de peregrinos en busca de favores especiales, para agradecer el ya obtenido o para festejar a la Patrona de México, como suele llamarse.

El jovencito decidió sentarse en la banca más cercana a su mamá, no quería perderse en esa gran ciudad. Cristina duró varios minutos hincada rezándole a la Virgen, él sabía que estaba enfermo y su mamá oraba por él. Pedrito recordaba que ella siempre le rezaba a la virgen, sobre todo los días once y doce de diciembre… Pasaba el tiempo y volvió a inquietarse, las ganas de ir al baño habían regresado, esta vez se acercó a mamá y le dijo de su apuro.

Ya de regresó se sentaron en otro lugar, desde ahí empezó a observar a las personas que entraban, muchas lo hacían de rodillas, recordó las palabras de Cristina:

— Las personas entran de rodillas por respeto a la Virgen y porque le piden un gran favor.

Como jalado por un resorte volteó a ver las rodillas de su mamá y vio sangre seca en una de ellas, sintió dolor y un profundo amor por ella, a pesar de su pierna lastimada, el rostro de su madre lucía esplendoroso.

— ¿Cómo es posible que mamá se sienta tan bien, después de haber caminado hincada por tanto tiempo?

La fe es un poderoso motor que mueve a quienes la poseen. Independientemente de la religión, la fe cautiva el corazón y transforma todo hecho en una posibilidad real, donde no hay limitaciones, confusiones y en lugar de esperanza hay seguridad, paz.

Una vez que Cristina terminó, tomó de la mano al niño y caminó hacia la puerta, en una última comunicación volteó y miró el altar por unos segundos, después observó la cara a su hijo, giró y salió de la iglesia con paso decidido, había concluido su petición.

Al salir de la iglesia Pedrito alcanzó a escuchar que un peregrino decía una frase que le ayudó a comprender por qué estuvieron ahí:

—“La fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible…”

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