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Glaucoma

Martes, 03 de Marzo 2015 - 18:30

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Fidel Ruiz-Healy

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Esta 8 al 14 de marzo es la semana mundial del glaucoma. El glaucoma es un conjunto de enfermedades que ocasionan daño progresivo al nervio óptico en el punto en el cual este sale del ojo para llevar la información visual al cerebro. Si no se trata a tiempo la mayor parte de los casos de glaucoma progresan de forma usualmente asintomática con un deterioro visual que puede llegar hasta la ceguera. Una vez que hay daño al nervio óptico este es usualmente irreversible por lo cual el glaucoma es conocida como la ceguera silenciosa.

El glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo y en México. Se estima que 4.5 millones de personas en el mundo están ciegas debido al glaucoma y que este número se elevara a 11.2 millones en el 2020. En México cerca del 2 % de la población padece de glaucoma, más de 2 millones de personas, y cerca de 65 millones de personas en todo el mundo padecen de glaucoma. Debido a su progresión silenciosa, hasta un 50% de los enfermos no saben que padecen glaucoma en países desarrollados y cerca de un 90% de los enfermos en países en desarrollo están en la misma situación. Alrededor de un 10% de estas personas quedaran completamente ciegas debido al glaucoma.

El nervio óptico es como el cable que conecta los ojos con el cerebro y está compuesto por millones de fibras nerviosas que son como los diferentes filamentos dentro de un cable. Al irse dañando estas distintas fibras nerviosas aparecen pequeñas manchas en el campo visual del paciente que al inicio son imperceptibles. Solo es hasta que el daño al nervio esta avanzado, y estas manchas pequeñas se juntan en zonas más grandes de ceguera en el campo visual del paciente, cuando lo nota la persona. Sin embargo, desde el inicio de la enfermedad por tratarse de una lesión a neuronas el daño es irreversible. Debido a esto, la detección temprana y oportuna son esenciales para poder iniciar un tratamiento que disminuya o disminuya la progresión de la enfermedad.

Anteriormente se pensaba que el tener la presión del ojo elevada era sinónimo con padecer glaucoma. Actualmente, sabemos que existen múltiples factores de riesgo relacionados con el desarrollo de la enfermedad. Estos factores de riesgo son: edad mayor a 60 años, ser de raza negra o hispana, tener familiares con glaucoma, utilizar esteroides, tener antecedentes de traumas oculares, diabéticos, hipertensos, personas con miopía elevada y personas con grosores corneales centrales disminuidos (<500 micras).

El glaucoma crónico de ángulo abierto es la forma más común de la enfermedad. Dentro de la parte anterior del ojo circula un líquido llamado humor acuoso que constantemente se está produciendo y drenando por un sistema de micro filtrado del ojo. Cuando el sistema de drenaje pierde su función existe un sobre llenado de líquido adentro del ojo que ocasiona un aumento de la presión intraocular, esta presión elevada va dañando al nervio óptico. El riesgo de desarrollar glaucoma crónico de ángulo abierto aumenta con la edad debido a que el drenaje del ojo se vuelve menos eficiente con el paso del tiempo. En algunos pacientes existe glaucoma de presión normal, por condiciones únicas de esas personas sus nervios ópticos son más sensibles a la presión normal del ojo y van dañándose sin tratamiento. El glaucoma de ángulo cerrado es otra variante de la enfermedad en donde algunos ojos se forman con el iris muy cerca del ángulo de drenaje del ojo. En esta clase de ojos (con frecuencia pequeños e hipermétropes) el iris bajo ciertas condiciones puede desplazarse hacia el ángulo de drenaje bloqueándolo completamente. Debido a que el fluido no puede salir, la presión dentro del ojo aumenta rápidamente causando un ataque de glaucoma de ángulo cerrado agudo. Este tipo de glaucoma sí da síntomas que pueden incluir: visión borrosa, dolor severo en el ojo, dolor de cabeza, ver halos coloreados alrededor de las luces, náusea y vómito. Esta es una verdadera emergencia oftalmológica que puede provocar ceguera, a menos que sea tratado rápidamente. Desafortunadamente, dos tercios de las personas con glaucoma de ángulo cerrado lo desarrollan lentamente y sin síntomas previos a un ataque.

Los exámenes regulares de la vista realizados por un oftalmólogo son la mejor manera de detectar el glaucoma. El examen ocular que sólo controla la presión del ojo no es suficiente para determinar si usted tiene glaucoma. La única manera segura de detectar el glaucoma es realizando un examen oftalmológico completo. Durante la evaluación del glaucoma, su oftalmólogo hará lo siguiente: medirá la presión intraocular (tonometría), inspeccionará el ángulo de drenaje de sus ojos (gonioscopia), evaluará la presencia o ausencia de alguna lesión del nervio óptico (oftalmoscopia) y con pruebas computadas, comprobará la visión periférica de cada ojo (examen del campo visual o perimetría), estudiara el grosor de su cornea para determinar la correcta toma de presión de su ojo y valorara el estado de su nervio óptico con estudios de imagen sofisticados.

El tratamiento con gotas, la cirugía con láser, y la cirugía en sala de operaciones, son los métodos utilizados para ayudar a prevenir mayores daños. En algunos casos, también podrán prescribirse medicamentos orales. Con cualquier tipo de glaucoma, es importante realizar exámenes periódicos de los ojos para prevenir pérdidas de la visión. Debido a que el glaucoma puede progresar sin que el paciente lo sepa, y es posible que se requieran ajustes al tratamiento. La pérdida de la visión puede prevenirse. Un examen periódico de los ojos puede prevenir una perdida innecesaria de la visión. Una persona de cualquier edad que presente síntomas o tenga alguno de los factores de riesgo debe de consultar a su oftalmólogo para un examen.


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Número 35 - Noviembre 2019
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