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Exámenes: Una verdadera herramienta de evaluación para mejorar

Viernes, 25 de Noviembre 2016 - 16:30

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Alejandra Ruiz Sánchez

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Hasta hace algunos años las técnicas de evaluación utilizadas por los colegios se reducían simplemente a un examen escrito que en muchos casos podía ser contestado sólo a base de memorización y en el que el resultado numérico ahí obtenido era tomado como el único nivel de avance del alumno.

Con la revolución de la pedagogía y la evaluación por competencias, ahora contamos con diversas técnicas que nos permiten evaluar desde muy diversos ángulos el nivel de desempeño de los estudiantes, desde los conocimientos académicos básicos, hasta sus actitudes, aptitudes, capacidades, habilidades y talentos, logrando así obtener una verdadera muestra de los avances de nuestros alumnos y ayudándolos a comprender sus procesos y fortalecer su autoestima.

Pero, ¿realmente podemos decir que los exámenes escritos son inútiles y solo evalúan la capacidad de memoria de nuestros estudiantes?

La respuesta definitiva es no. El problema no está en el examen en sí, como herramienta de evaluación, sino en la manera en la que estas pruebas son diseñadas y en la forma en la que deben responder específicamente a los estándares de aprendizaje esperados.

Cuando los exámenes escritos están bien diseñados, se convierten en una maravillosa herramienta que nos permite medir, no el nivel de conocimiento de los alumnos, sino el grado de desarrollo que van logrando en cada proceso de pensamiento específico.

Robert Marzano y las dimensiones del aprendizaje.

Robert Marzano es un destacado investigador de la educación que ha realizado aportes trascendentales para la transformación del currículo, los procesos de enseñanza-aprendizaje y la evaluación.

A partir de su extensa investigación él y Kendall proponen una novedosa forma de evaluar a los estudiantes de manera integral, que toma como punto de partida las 5 dimensiones del aprendizaje de los alumnos y su nivel de dominio del conocimiento, lo que permite a los profesores desarrollar estándares específicos para el aprendizaje que se desea obtener y enfocar la herramienta de evaluación a ese estándar específico también.

“¡No soy un número, soy una persona!”

Cuando los alumnos son evaluados únicamente en un nivel de competencia como lo es la memoria o la mecanización, el resultado para los menos afortunados se traduce en problemas de ansiedad, frustración y autoestima baja.

Por el contrario, cuando los exámenes son diseñados para cubrir diversas habilidades en sus diferentes reactivos, los alumnos tienen posibilidades más reales de entender realmente en que parte del proceso de aprendizaje se encuentran y de esta manera se motivan más a obtener mejores resultados.

Un ejemplo de un examen planeado de esta forma debe entonces contener reactivos que evalúen la recuperación, comprensión, análisis, aplicación, metacognición, y autorregulación (pensamiento crítico) del conocimiento, en las diferentes actividades y ejercicios que lo integren.

En nuestro colegio los profesores han sido capacitados para elaborar exámenes que toman en cuenta, reactivo por reactivo dichos estándares  de acuerdo al  nivel de desarrollo en los procesos de pensamiento de nuestros alumnos, de manera que el resultado de esa evaluación no nos indica si un estudiante sabe o no sabe, sino que nos ayuda a conocer qué procesos debemos reforzar en ellos de manera individual para que alcancen el desarrollo óptimo esperado.

De esta forma una respuesta fallida no significa un error para nuestros alumnos sino una oportunidad de mejorar.

Es importante motivar a nuestros hijos para que comprendan que una evaluación numérica no los califica ni los evalúa como personas, sino que simplemente nos da un parámetro para poder ayudarlos a desarrollarse de mejor manera en lo que cada uno de ellos requiera de manera específica.



Número 24 - Diciembre 2018
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