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El amor es de dos

Miércoles, 11 de Noviembre 2015 - 16:30

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Juventina Chonguín Camacho

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La pareja llegó y se sentó. Él con una sonrisa, nervioso. Ella se veía seria, ansiosa y molesta.

Los saludos fueron breves. Ella quería tratar de inmediato el asunto que los trajo aquí.

—Él me engaña, ya le dije que si va a seguir así mejor aquí la dejamos…

Mientras ella hablaba él miraba para todos lados, con su sonrisa permanente.

—No podemos seguir así. Él decía que todo era mentira, producto de mi imaginación, hasta que le comprobé su engaño. Los mensajes del celular los delataban a los dos.

Ella estaba exaltada, su enojo se manifestaba a cada momento con más evidencia, le costaba trabajo hablar, expresarse…

—Ya le dije que si prefiere a esa vieja nos va a tener que dejar de ver a mí y a sus hijos… De por si nunca me ha querido…

En este momento ella rompió a llorar. Nos quedamos callados por unos segundos. Ella continuó en silencio.

La infidelidad es un duelo que pone a prueba todas nuestras resistencias, requiere tiempo, paciencia, amor consigo mismo y para el otro.

—Es como si me hubieses dado una puñalada y yo ni siquiera pude meter las manos.

Confirmó ella, mientras volvía a quedarse en silencio.

Su esposo tomó la palabra, expuso sus pensamientos y emociones, desde su perspectiva cómo habían sido los hechos… Cierto que no se casó tan enamorado como ella, pero siempre la ha querido. Conocer a esta amiga no fue algo planeado, simplemente se dio, ella era su compañera de trabajo y el contacto diario fue orientando las cosas.

A pregunta expresa sobre si querían continuar, él tomó un aire serio y dijo:

—Sí, quiero seguir con ella y mis hijos. Sé que te lastimé y eso ya no lo puedo remediar, pero por eso ahora te aviso dónde estoy y qué hago todo el día. ¿Qué más quieres? Sabes todo de mí.

— ¿Y cómo sé yo que todo eso es cierto? Te vas y vuelves ya entrada la noche.

María estaba en un círculo de reproches, ella se había enterado de la infidelidad de su esposo apenas hacía un mes.

Enterarse de una infidelidad suele desestabilizar a la persona, ésta se siente engañada y el duelo puede durar mucho tiempo. Como todas las pérdidas es importante dar espacio para que se sanen las heridas, el coraje se manifieste y la paz llegue.

—Eso no es cierto, me pediste que dejara el trabajo y lo hice. Ahora, estoy trabajando en línea desde la casa y cuando salgo sabes a dónde voy… Y de todas formas sigues enojada y sin confiar en mi. Créeme, volveré a ser como antes. Saldremos a pasear. Dedicaré más tiempo para ustedes.

La infidelidad es una situación de pareja donde ambas partes han contribuido a tal situación, comprenderlo es un proceso que requiere la participación consciente de ambos, de lo contrario será complicado salir del atolladero en el que la pareja se encuentra.

María escuchó atentamente todo lo que su esposo expuso y tras una pequeña reflexión expresó su posición:

—Está bien acepto, porque yo te quiero mucho, te amo, sólo que no sé cómo sacarme este dolor que me traspasa el pecho…

En estas situaciones el sufrimiento es de ambas partes, él ante el temor de ser rechazado y perder a su familia, y cargar con esa culpa a cuesta.

Mientras ella, es un corazón lastimado que, en el mejor de los casos, tardará en sanar. La desconfianza, el orgullo herido, sentirse traicionado y la autoestima son elementos difíciles de superar, a pesar del amor a la pareja.

Recobrar la confianza en sí misma y en el otro, suele ser un acto de fe tan grande como la propia autoestima lastimada.


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