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Despedida de soltera

Viernes, 03 de Marzo 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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Es lo mismo de siempre con tema diferente. A las mujeres les gusta presumir que se van a casar con el hombre de su vida, con el príncipe azul, con el amor más grande. Van llenas de sueños que se inventaron mientras eran novias, traen un costal repleto de planes que no saben si van a realizar, tienen listos hasta los portarretratos de los hijos que no saben si tendrán. Se han embotado de ideas para la boda, han peleado con las mejores amigas porque ahora resulta que solo una puede ser la dama principal. Han discutido con el novio porque no quiere invitar a los vecinos y parte de la familia que no es agradable. Al final, nada de lo que se ve es importante, y se vuelve muy importante todo aquello que no se ve.

Es lo que veo cada vez que alguien jura que se amará para el resto de su vida por sobre todas las cosas y aunque no hay garantía absoluta de ello, hay muchos que consiguen su vida exactamente como la planearon los primeros años y después, después aprendieron a tomar las realidades claras, a olvidarse de las fantasías y siguieron caminando hasta el final. Nunca felices para siempre, porque el siempre no existía, existía el ahora y las soluciones del ayer. Así se camina, así se vive con un desconocido que será un día, parte fundamental de un núcleo que un día llamarán, exitosamente Familia.

Esta es una fiesta de despedida de soltera, en la que Lorena es el centro de atención y hoy es la más bella de todas sus amigas, es la mejor amiga y la mejor novia. Y Lorena recibe regalos para su futura casa, detalles que, sobredecorarán las paredes del inmueble, plantas y electrodomésticos repetidos que llenarán los mostradores de su cocina y una que otra sexual idea de sus amigas para que Lorena disfrute en la intimidad, eso nunca falta.

Me siento en una esquina del salón adornado con velos y corbatas, vestidos de papel y trajes de aluminio. Veo la llegada de cada una de las invitadas, emperifolladas, perfumadas y muy sonrientes, dirigen sus pasos a la mesa de regalos que, recién abierta la puerta ya tiene más de diez, quizá los trajeron de la casa de Lorena desde ayer. Hay también una alcancía en forma de corazón para los ya comunes certificados de regalo.

Es igual siempre, el ritual, los juegos, las bromas, las risas, el desayuno, los adornos y la abridera de regalos delante de todas para escuchar el coro nefasto: aaaahhhhh, ayyyyyyyyyy, uuuuuuy.

Nada nuevo que se pueda contar, de no ser que Lorena decidió tomar un solo regalo, a manera de sorteo eligió uno mediano de moño blanco, lo puso sobre sus piernas y sus manos aplastando el moño, respiró profundo, tragó saliva y dijo:

“Estoy muy asustada, ya me cansé de sonreír. No voy a abrir los regalos porque no quiero evidenciar la economía de ninguna, ni la mía. Quiero abrir todos los paquetes cuando regrese de mi luna de miel, junto a mi esposo. Separaremos las tarjetas y las leeremos después de abrir cada regalo. Espero que no se sientan ofendidas, en realidad nunca me han gustado estas cosas, se supone que, si yo decidí casarme, somos mi novio y yo quienes debemos hacernos de las cosas que hoy nos regalan. Esto de tener una fiesta en la que yo invito a desayunar y a cambio recibo regalos, nunca ha sido de mi agrado. La idea de cumplir con el protocolo social fue de mi Mamá y mis hermanas.

No tengo idea de cómo será mi matrimonio, no tengo idea de quién seré junto a Enrique y mucho menos sé, quién será él junto a mí. Me siento como jugar a la ruleta rusa, esto es un juego de azar que quiero jugar. Ni Enrique ni Yo, hemos hecho grandes planes, ni tenemos expectativas altas. Queremos que el trayecto de matrimonio sea con toda la consciencia y la realidad posible. Queremos ver quiénes somos en una vida en común. No, no pienso en si acaso no funciona, porque mi compromiso va más allá de una simple emoción. Acabo de elegir a mi testigo de vida y no sé si sabrá anotar cada momento importante de mi vida o si yo sabré hacer lo propio. Haremos un instructivo diario y no haremos promesas que no sabemos si vamos a cumplir. Estoy muy asustada, de pronto quiero pensar en que mejor me quedo con la vida que tengo ahora y que no necesito andar en molestias emocionales, sin embargo, mi vida y la de Enrique tienen un propósito y queremos encontrarlo juntos.

Ahora tenemos una casa, cada regalo, cada tarjeta, cada detalle que me obsequian, formará poco a poco el espacio al que llamaremos Hogar y las tarjetas serán el recordatorio de los buenos deseos. Gracias por acompañarme y entenderme, les aviso que la boda no será lo que todos esperan, será exactamente como mi novio y yo queremos, es la forma en la que decidimos empezar nuestro matrimonio, como nosotros queremos. Y, por último, cuando Enrique y Yo vayamos a ser padres, por favor no nos inventen un Baby Shower, para entonces, creo que tendremos lo necesario para recibir a nuestro hijo, y por favor, no se les ocurra empezar a sobarme la panza. Ahora finjan que no es una despedida de soltera y vamos a bailar como en una fiesta cualquiera”.

Así, termina la imagen de la despedida que Lorena no quería, dejé a todas bailando, los regalos envueltos sobre la mesa y los vestidos de papel colgados. Al salir, escuché a varias de las presentes decir que ellas quieren lo mismo para su despedida, nada, solo amigas divirtiéndose como en una fiesta cualquiera y los regalos, si hay alguno, se desenvuelven en casa.


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