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Despedazando al mundo

Viernes, 21 de Diciembre 2018 - 13:30

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Luisa Ruiz

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Hay seres humanos que no conocen las selvas de concreto y no necesitan saber de la ruina en que se han convertido las ciudades. Muchos citadinos, han huido a las selvas, a los bosques, a los espacios naturales en busca del rincón perfecto para esconderse de la maldad, la confusión y la mentira y hay compañías que buscan invadir eso que los seres humanos buscan, la tranquilidad de la naturaleza.

Algunos toman la decisión, empacan lo que quepa en sus bolsillos y corren, huyen de las ciudades, se largan. Otros, van al campo y regresan. Los pocos sueñan, solo sueñan, en vivir en un monte lejos del tránsito de personas y automotores e imaginan que, por medio de etiquetitas sobrevaloradas pueden, al menos de forma virtual, conocer eso que nunca se atreverán alcanzar.

Basta que un puñado de seres humanos hayan aprendido en lo posible, a vivir autosustentables teniendo como base lo que hay y tomando un poco de lo que a tecnología de comunicación se refiere; basta que unos cuantos hayan encontrado un lugar en la naturaleza limpia y se hayan instalado con ella, para que la necesidad de las ciudades vaya tras ellos y corrompa a los pobladores de esos pocos espacios que quedan en el mundo, les robe la serenidad, descomponga los caminos, desaparezca los bosques, contamine las aguas y termine para siempre con la luz de los cielos nocturnos.

Hace ocho años, vi la fotografía de una joven recargada en un árbol en medio de un impresionante bosque al norte de Suecia. Jonna Jinton, publicaba que ese lugar, una aldea de unos cuantos habitantes, sería su hogar permanente después de haber salido de la ciudad. Llegó con la ensoñación sobre sus hombros y poco a poco construyó su hogar, su pequeño mundo en ese gigantezco y natural espacio.

Sigo sus publicaciones desde entonces. Hoy, el árbol de la fotografía no existe y el espacio arbolado es ahora un valle. En un video publicado la semana pasada, Jonna explica sentidamente lo que sucede en la aldea y entiende que la necesidad de las ciudades tiene que depender de espacios como el suyo para llevar electricidad y energía a los habitantes de otro lugar. Y cuenta, acertadamente, que las grandes compañías irrumpen en lugares como ese, no porque sean espacios únicos, sino porque hay menos personas que puedan alzar la voz en contra.

Jonna, como tantos pobladores del mundo, encontró un lugar que ahora le están invadiendo a ella y a sus vecinos. Sus amigos y los seguidores alrededor del mundo levantan la voz por ellos y con ellos, la forma que encontraron para aportar fuerza y evitar la instalación de una granja de turbinas de aire, es con una firma en Changeorg, misma que lleva casi 30,000 de las 35,000 firmas requeridas.

Como Jonna en Suecia, está Brian Fey en México. Un ermitaño que vive en el Bosque Village desde hace casi 20 años y también se debate entre la sustentabilidad, la necesidad y la incongruencia. A él, no le han invadido su bosque compañías que buscan derruir la naturaleza, sin embargo, la necesidad de proteger el bosque, precisamente para que la industria no irrumpa y para mantenerlo como espacio natural de aprendizaje para otros, se vio obligado a solicitar y recibir aportaciones de sus seguidores y visitantes.

Como Jonna Jinton y Brian Fey, debe haber miles de personas en miles de lugares encantados alrededor del mundo que necesitan al menos, una firma de los que seguimos apresurados danzando en asfalto ardiente y cantando entre humos contaminados, no se sabe cuándo un bosque en México, una aldea nevada en Suecia o un rincón arbolado en cualquier lugar, sean lo único que le quede al ser humano para sobrevivir.

Y más nos vale no hacer alarde de los bellos espacios naturales que todavía existen en el mundo porque la tecnología, la materia, el cemento, el poder y el dinero correrán a habitarlos echando fuera a sus pobladores sin contemplación alguna.


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Número 33 - Septiembre 2019
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