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Del gasto en mantenimiento a la inversión en mantenimiento

Martes, 10 de Marzo 2020 - 09:25

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Liliana Alvarado Baena

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Recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un estudio titulado El Mantenimiento como herramienta para conseguir infraestructura de alta calidad y durabilidad. En él se analiza detalladamente la importancia y los efectos positivos que conlleva el darle un buen mantenimiento a la infraestructura con la que cuenta cada país. A menudo cuando se habla de construir nueva infraestructura se hace referencia al impacto que ésta tendrá sobre el crecimiento y el desarrollo económico, no obstante, por lo general se omite hablar de la inversión en mantenimiento que permitirá sostener en el tiempo los beneficios.

A grandes rasgos, el propósito del mantenimiento es conservar un activo que sufre deterioro o depreciación por su uso para que éste pueda cumplir con sus funciones sin fallos o interrupciones. El estudio del BID comienza revelando una problemática grave que ha pasado desapercibida por mucho tiempo: el gasto en mantenimiento ha sido soslayado frente a la infraestructura, cuando el primero es primordial para el último. 

Es cierto que pensar solo en infraestructura sin considerar el mantenimiento da por descontado que ésta seguirá ofreciendo servicios del mismo nivel de calidad por siempre. Otro aspecto que clarifica la relevancia del mantenimiento consiste en que para el caso de la infraestructura, la depreciación de los activos no es lineal, motivo por el cual, la mayoría de las veces, el deterioro no se hace visible hasta que el mantenimiento ya no puede revertir los daños y se requiere una rehabilitación o una reconstrucción que resulta mucho más costosa. 

El estudio resalta el caso de Perú, ya que entre 1992 y 2005 gastó siete veces más en rehabilitar carreteras desatendidas que lo que hubiera costado su mantenimiento de rutina. Por ello, el mantenimiento debe ser considerado un componente principal de la gestión de los activos de infraestructura de un país. Lamentablemente, a pesar de su importancia, existe un sesgo en contra del mantenimiento en el sector infraestructura   que no tiene lógica económica, pero sí impacto en los usuarios. Una carretera deteriorada se asocia a viajes más prolongados, mayor consumo de combustible y un mayor índice de accidentes. En el caso de la electricidad, la falta de mantenimiento puede generar picos de tensión e incluso incendios, mientras que en el agua se pueden generar fugas y pérdidas. 

Separar el mantenimiento del tema de la infraestructura conduce al segundo hallazgo relevante: el error de concebir solo a la infraestructura como gasto de inversión con carácter productivo, en tanto que al gasto en mantenimiento se le concibe como gasto corriente. El gasto en mantenimiento tiene un efecto igual de poderoso que el gasto de inversión en infraestructura como tal, ya que cuando el mantenimiento se realiza a tiempo y de manera adecuada, reduce drásticamente los costos que se tendrían a futuro por mantener la infraestructura en un nivel óptimo. Desafortunadamente, nuestro continente se encuentra muy rezagado en el tema del mantenimiento.

En América Latina y el Caribe (ALC) no existen informes sistemáticos que indiquen cómo y cuánto invierte la región en mantenimiento. Además, este gasto es difícil de identificar entre  las cuentas nacionales, ya que los países utilizan  metodologías heterogéneas. Si bien en nuestro continente existen muy diversas carencias de mantenimiento, el estudio del BID identifica tres fundamentales: 

1) Existe una sustancial proporción de la red vial en mal estado. En promedio, 21% de la red vial primaria  pavimentada en ALC se encuentra en malas  condiciones,  lo  que podría ser indicador de la falta significativa de mantenimiento. 

2) Considerable duración de las interrupciones eléctricas. Los resultados del estudio muestran que algunos países tienen mucho espacio para mejorar, siendo la duración promedio de los cortes de electricidad de 28 horas. 

3) Significativas pérdidas físicas de agua. En promedio, América Latina pierde el 41% del agua en el proceso entre la producción hasta la llegada a los usuarios. México se ubica exactamente al nivel del promedio latinoamericano. 


El texto del BID genera dos grandes reflexiones: 1) No invertir en mantenimiento es equivalente a un mal uso de los recursos de la sociedad. 2) Clasificar al mantenimiento  como inversión, en lugar de  hacerlo como gasto corriente, puede  darle un espacio más preponderante en  el presupuesto,  ya  que no  se vería limitado  a las reglas fiscales  que restringen el gasto corriente. Cabe señalar que éste es precisamente el caso de México, pues tiene vigente una regla fiscal de ese tipo.

1 Este texto reproduce fragmentos del estudio de Cinthya Pastor titulado El Mantenimiento como herramienta para conseguir infraestructura de alta calidad y durabilidad publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2019.

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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