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Cursos gratis

Martes, 05 de Septiembre 2017 - 15:00

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Luisa Ruiz

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Bella, hermosa, preciosa, princesa, amiga. Bella, hermosa, preciosa, princesa, amiga. Es la moda inútil de palabras repetidas mil veces con pose y cambio de tono. Las mujeres, las niñas, tienen nombre y si fueran de cristal, el tono agudo con que se les dicen estas bobadas acaba por romperlas. Las palabras pierden sentido, no sirven, no suenan y por supuesto, no se sienten. Aturden y atarantan, como punchis punchis repetido en una discoteca, llega el momento en que no se oye y el cerebro se queda pasmado.

Muchas mujeres con ambición de autoridad, se empoderan de manera falsa tomando cursos gratis, escuchando a funcionarias de gobierno en programas sociales y leyendo libros empolvados de superación personal que con sus letras, distorsionan el lenguaje.

Cursos tan interesantes y serios como la Programación Neurolingüística (PNL) han sido mal dirigidos, mal ejecutados alimentando a los cerebros con información que se convierte en basura cuando el comportamiento incongruente de las guías queda en entredicho. Cursos que aprenden de memoria, sin práctica y con eso, alguien les dice que son expertas en el tema echando a perder el trabajo que los profesionales han dedicado por muchos años.

Estoy en contra, con énfasis, en contra de las palabras con las que inicio y, sobre todo, contra la palabra empoderar. No hay tal cosa para quien desea con todas sus ganas ubicar y distinguir sanamente sus actitudes y emociones. Se llama FORTALECER. Quien se empodera es aquel que no entiende de autoridades, quien no quiere seguir reglas y normas de convivencia, es aquel que exige que su palabra sea ley sin razón ni fundamento, que copia, memoriza y repite.

Es claro que la palabra empoderar se tomó en una traducción malformada del inglés, y traducida correctamente es fortalecer. Lo triste de los asuntos en el lavado cerebral, es que todo empieza desde los gobiernos que quieren innovar con vocabulario resonante para adornar sus programas sociales, y como ya nada les funciona, tienen que atarse a cosas que la mayoría de las veces no tienen sentido para la gente que escucha.

Las bellas, hermosas, preciosas, princesas, amigas, empoderadas congregadas en programa social no son nada de eso, menos son amigas. Son mujeres que tienen un nombre y una fortaleza que no requiere de adjetivos ni palmaditas en el hombro como si fueran seres ignorantes y tontos.

Querer enseñar a una mujer de cualquier edad a crecer, no necesita de ambigüedades. Ni siquiera se le enseña, se le acompaña a aprender porque cada una funciona diferente y piensa distinto. Lo que hará que una mujer crezca es el ejemplo que les den sus guías, mismas que no siempre son las acertadas y porque en su vida solo han leído, sin razonar, Los cuatro acuerdos o El Secreto se suponen expertas en el tema sin haber entendido o practicado lo leído.

Es de vergüenza y de muy poca seriedad que haya personas que, con autoritarismo y soberbia sean capaces de guiar a otras presumiendo un reconocimiento de participación en un curso gratis de tres horas de PNL y no ostentando una profesión, una práctica y menos, un ejemplo.

La incongruencia es protagonista en este tipo de asuntos sociales, y la lógica y el sentido común los grandes ausentes, sin lógica no puede existir un crecimiento para nadie. La gente que sabe pensar no le dice amigo a quien acaba de conocer. Quien es sensato, no le llama princesa, preciosa, hermosa, bella a nadie, la llama por su nombre. Nadie que sea ecuánime, cambia el tono normal de la voz al dirigirse a un desconocido para mostrar compasión encorvando el cuerpo y entrecerrando los ojos para hablar como si de un débil cristal se tratara. Los seres humanos, las mujeres, son fuertes por naturaleza y no necesitan de voces lastimosas ni adjetivos desgastados para crecer.

No desprestigien el trabajo de los profesionales ni el intelecto de las mujeres que buscan alternativas para crecer, no se pongan a leer libros que no entienden. Gente “empoderada”, ahórrense la saliva, los libros baratos y los cursitos gratis, primero vivan, experimenten, sean humildes y tolerantes, aprendan a hablar con la razón. La razón no necesita de falsos halagos ni le llama amigo a quien no conoce.

Ya lo escribió Eduardo Galeano en Las locuras de Simón, una de las 366 historias de su novela Los hijos de los días que dice: “...porque libres son quienes crean, no quienes copian, y libres son quienes piensan, no quienes obedecen. Enseñar, decía El Loco, es enseñar a dudar”.

Esperando que todas esas mujeres que acuden a sitios de ayudas personales o son arrastradas a los programas sociales observen, duden y sepan que, aun de lo confuso, incoherente y soberbio también se aprende, se aprende para no ser y no actuar igual que quien las guía, solo porque muestran el papelito de un curso gratis.


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Número 24 - Diciembre 2018
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