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Conejos en las nubes

Martes, 27 de Septiembre 2016 - 16:30

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Luisa Ruiz

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Clase de dibujo: Realidades en las nubes, metáforas, comparaciones, espejos, perspectivas del mundo. Anote en su cuaderno de tarea: usar la imaginación.

Siempre hay conejos en las nubes, a veces cambian de forma, se les estiran las patas o les desaparecen las orejas. Hay caballos también, esos son los menos, no tienen paciencia para detenerse y aclarar su forma; hay perros, muchos perros persiguiendo gatos entre las bolas de vapor blanco y hay también, personas de rostros barbados y ojos cerrados, algunos leones fugaces que comen avispas. En las nubes, no hay hormigas ni abejas.

En las nubes del día soleado existe un mundo sin peso ni dimensión y cuando se cansan de flotar, se vuelven oscuros, se amontonan y lloran al mismo tiempo, después el cielo se torna azul encerrando al mundo de abajo, en donde viven conejos y caballos y perros y leones y personas con forma, peso y dimensión que gustan de engullir el llanto derramado.

Algunas veces aparecen motociclistas sin casco, no lo necesitan, y les vuela el largo cabello tan lejos, que puede unirse a la cola de una ballena, se desvanecen los dos y se convierten en nube.

La vida en las nubes es tan lenta a veces que da tiempo de inventar cuentos, otras tan veloz, apenas un atisbo que se pierde en un parpadeo. Hay nubes tan locas, que se ríen cuando se dibujan como monstruos alados y se esfuman antes de sacar los colmillos y hay unas nubes chiquitas sin forma que solo se mueven para desparecer el espectáculo.

Por las noches, las nubes pasean rasgando el cielo, abriéndose como ventanas para que las estrellas aparezcan caminando detrás de la luna sin poder alcanzarla nunca. En las noches de luna, las nubes se internan en un círculo azul, no es posible verles una forma, no la tienen, no quieren, pues esa noche se hizo para que ellas bailen.

Debajo de ese zoológico en las nubes, encima de la tierra, esta pelota redonda cobijada por mares, ríos y montañas en donde también hay conejos, los roedores destructores, hay caballos salvajes de forma definida, hay perros y gatos en pelea sostenida y hay personas, esas son las menos, van perdiendo su forma como los caballos en las nubes, ya no tienen tiempo de detenerse, están perdiendo la paciencia y el león se esconde. Encima de la tierra y debajo de las nubes, hay abejas y debajo de la tierra, las hormigas.

Los motociclistas de cabello largo en la tierra, atropellan ballenas, ahogan aves, se esconden dentro del casco de metal hirviendo. Encima de la tierra, todo tiene peso, todo invade, todo se revuelve, todo se revuelca; la vida en la tierra es muy lenta pocas veces, la velocidad es una afición.

Hay personas pegadas a la tierra, que se trazan como leones y dicen comer avispas, la verdad es que comen chiclosos y pinole porque no tienen dientes, solo una melena bien peinada, ojos brillantes y escupe los monstruos que sí son verdaderos y no se desbaratan, empuñan las manos, destrozan alientos y matan ideales, también se ríen y se burlan de los insectos, de los parásitos, de la larva.

Las fauces del miedoso león se abren como ventanas para tragarse todas las posibilidades, la historia completa, la intromisión, el abuso intelectual y el deterioro en la turbulencia terrenal.

Antes de que en la tierra todo se disuelva, desaparezca despacio y se oscurezca para convertirnos a todos en nubes espesas, que nos hagan llover al mismo tiempo, y no haya quién engulla nuestro llanto; cuando no podamos evaporarnos para empezar de nuevo como las nubes blancas “vamos a dar una vuelta al cielo, para ver lo que es eterno” dice la canción Nubes de Caifanes; y desde ahí arriba, que surja el asombro al ver el mal espectáculo, que le estamos dando al universo.


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Número 33 - Septiembre 2019
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