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Cápsula del tiempo: Costumbres

Martes, 30 de Julio 2019 - 13:20

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Este breve espacio nombrado como cápsula del tiempo o el ropero de la abuelita, pretende echar un vistazo a aquéllos usos y costumbres que con el paso de los años se han perdido, evolucionado o permanecido y como una ventana hacia una realidad menos amarga como la que nos rodea día con día y en la que habita la violencia de múltiples formas, provocando el desencuentro, el conflicto y lo contrario al amor.

No se trata simplemente de todo aquello que solemos hacer o utilizar como herramienta o accesorio sino incluso, de aquéllas prácticas que con el tiempo hemos perdido, algo tan simple como saludar al vecino o al pasajero que viaja junto a nosotros en el transporte (bueno, ahora no viajamos, nos amontonamos y el transporte público parece una jungla) y que no existe más porque nos ocupa más alcanzar un espacio que empujar o lastimar al otro porque al fin y al cabo, es cosa de todos los días y es “normal” aunque no hay que confundirse entre lo normal (lo habitual u ordinario o de un comportamiento que se ajusta a ciertas normas) y lo que es costumbre (lo que se hace como práctica tradicional de acuerdo al contexto y/ entorno). La humanidad ha convertido en normal todo aquello que se repite constantemente (otra vez, la violencia, la corrupción, los asesinatos, etc.), pero ello no significa que deba ser una costumbre y que todos deban realizarla para encajar en una sociedad que se está quedando vacía de tradiciones, de cultura, de valores, de principios, de sentido.

Asumimos como “normal” lo que todos hacen o dicen, así pasa con el lenguaje, con las modas, con la música porque está hecho en serie para la masa y se ignora lo que parece extraño o diferente porque sólo unos cuantos se atreven a hacerlo o a conservarlo como en mi ejemplo y entonces saludar ya no es la regla sino una opción que no está mal vista por nadie porque da igual saludar o no, total, hay cosas “más importantes” que atender por ejemplo un mensaje en el celular o una llamada o responder un correo electrónico.

Entonces, ¿qué pasa o qué pasará con las tradiciones, usos y costumbres que durante años se han heredado de generación en generación? ¿La humanidad ha evolucionado lo suficiente como para establecer un nuevo orden de ideas que nos permita convivir en armonía y en un marco de justicia y legalidad? ¿Eso es lo que estamos enseñando a las nuevas generaciones? ¿Estamos fomentando una cultura del esfuerzo o les estamos facilitando al extremo la vida a los más pequeños? En resumen, ¿qué estamos haciendo con la vida y el mundo que nos toca vivir?

Aquí hemos revisado el uso del sombrero, la evolución del vestido en las mujeres, pasamos por el pañuelo como accesorio aunque también tiene una connotación de consuelo como un gesto compasivo del hombre por una mujer (aunque brinquen las feministas a ultranza), también revisamos el uso de la bolsa de mandado (que se pondrá de moda nuevamente por un breve tiempo), el rebozo, la tradición de enviar tarjetas navideñas, las posadas, el arte de tejer a mano, el uso de los espejos, los collares, entre otros y ¿qué más no queda? En efecto, parece como si ciertas costumbres fueran parte de una cápsula del tiempo que quedaron atrapadas y que nadie más se atreve a ejecutar o continuar porque han quedado “fuera de moda” y porque no es lo actual, lo funcional, lo “in”; sin embargo, es en la raíz de todas ellas que encontramos identidad y sentido de pertenencia a pesar de que el mundo tenga múltiples formas y posibilidades, a pesar de la existencia de otras tradiciones y culturas pero tan sólo pensemos un momento en un inocente viaje de vacaciones a algún estado de la República Mexicana o incluso, a otro país y nos sorprenderá descubrir que cada vez da igual el sitio que elijamos porque la globalización está borrando la huella que ha dejado la historia de las diferentes regiones, porque no llegamos a vivir y experimentar costumbres diferentes sino que nos quedamos en la versión turista del lugar que visitamos para no perder la “normalidad” de los lugares que frecuentamos todos los días y que ahora existen por todos lados. Hay excepciones, sí pero solo para los más aventurados que de verdad quieren conocer y descubrir algo diferente a la cotidianeidad y a lo que encontramos en cada esquina, así que los usos y costumbres se van diluyendo y con ellos, nuestra historia aunque nunca es tarde para traerlos a valor presente, para retomarlos y utilizar todo lo bueno que han dejado en el paso de la humanidad por el mundo, habrá que desempolvar muchas cápsulas del tiempo y seguir abriendo viejos roperos para descubrir que hubo una vez, un mundo que existió con grandes diferencias al que actualmente vivimos pero que así dejó grandes legados para la humanidad. ¡Sigamos explorando!



Número 31 - Julio 2019
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