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Amar: ¿Una aventura emocionante?

La mayoría de las personas aspiramos a encontrar una pareja. Alguien que sea parte de nuestra vida hasta el final de nuestros días. Esa persona con quien poder compartir no sólo los eventos cotidianos, sino además, proyectos y emociones que el futuro nos depare. Alguien a quien podamos confiar no sólo nuestro futuro, sino hasta nuestra vida.

Tal vez suena exagerado pensar en poner nuestra vida en manos de otro ser, sin embargo, ¿qué sucede con las parejas que, al paso de los años, se reparten las tareas por cuestiones prácticas y sin darse cuenta se van separando el uno del otro y cuando reaccionan son dos desconocidos, apenas si hablan, ya no tienen tema de conversación y, muchas veces, sólo lo unen los hijos?

¿Dónde quedó el poner la vida en manos del otro? Precisamente en dejar que todo ocurra sin intervención propia, dejarse llevar por la corriente. Muchas veces esperamos que el tiempo resuelva nuestras vidas. Una vez encontrada la pareja está todo hecho, ¿para qué preocuparse?, ahora el hogar o el trabajo ascienden en la lista de prioridades.

Hagamos una lista de prioridades, antes de seguir avanzando. Dependiendo del tiempo que la pareja tenga junta serán las respuestas. Lo que sí es claro es que en esas listas, pocas veces, muy pocas, estará en primer lugar la persona quien la escribe o su relación de pareja.

Como decíamos, la cotidianidad envuelve la vida, los eventos van pasando y apenas se tiene tiempo para asistir a ellos y, con algo de suerte, para disfrutarlos. ¿Dónde queda la vida de pareja?  Ya no digamos la vida personal. Todos esos proyectos individuales y en equipo se van sin que nadie se dé cuenta, sin poderlos abrazar.

Todas aquellas frases dulces y emocionadas que nos hacían vibrar: “¿Me quieres?” “Sí, para toda la vida” “¿En verdad?” “Sí, por supuesto, estaremos juntos” “¿Siempre?” “¡Siempre!”…  Quedan en el olvido, en un baúl enmohecido, el cual quién sabe si volvamos algún día a abrir.

Con frecuencia creemos que al hacernos novios y contraer matrimonio, o encontrar una pareja con la cual vivir, se ha resuelto nuestra convivencia por los siglos de los siglos ¡Ojalá esto fuera así de fácil! La aventura apenas empieza. El noviazgo es el inicio de una relación, mientras el matrimonio o vivir juntos es la concreción de dicha relación. Concreción que puede llevar años y años en caso de lograrse.

Construir, alimentar y mantener una relación amorosa es complicado, las relaciones humanas en general son difíciles y la amorosa aún más. Esta unión está salpicada de dudas, temores, angustias… Saltan todas las creencias, traumas y limitaciones de quien somos. La pareja es la depositaria de nuestras más profundas expresiones, tanto de amor como de desamor.

Por eso, un aspecto fundamental para la pareja es crecer juntos, porque una vez que se vuelven pareja se constituyen en una unidad, y si evoluciona por separado, dejarán de tener los elementos que los unió al principio y se perderá el “encanto” que los hacía suspirar.

Lograr una pareja feliz implica mucho trabajo en común, esfuerzo por dejar de lado el miedo a ser lastimado, soltar las riendas del ego y el querer ejercer poder sobre el otro. Si se logra lo anterior tal vez se pueda volar al cielo y remontar las nubes para llegar… Hasta donde cada parte de la pareja esté dispuesta a soltar, aceptar, comprender… AMAR.

Amar se puede convertir en una emocionante aventura, donde dos siguen siendo dos y, al mismo tiempo, son uno cuando desean disfrutar de esa unión.

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Fecha: 
Miércoles, 21 de Octubre 2015 - 16:30
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La época de oro

El mundo consumista en que vivimos nos ofrece una cantidad increíble de “productos milagrosos” que prometen postergar el efecto del tiempo. Es decir,  lo viejo se vuelve sinónimo de caduco u obsoleto pero además, la vejez es un tema que nos asusta, pues nadie nos prepara para entenderla, asumirla y, mucho menos, acompañarla (cuando de nuestros padres o abuelos se trata).

De esta forma crecemos con la falsa idea de que nuestros progenitores serán eternamente fuertes, sabios, con energía y salud. Sin embargo, llega un momento en que de forma natural empiezan a perder sus habilidades y somos nosotros los que debemos procurar y asegurar su bienestar para el tiempo de vida que les quede a nuestro lado, como si de niños se tratara pues de alguna forma vuelven a serlo.

Según datos de la ONU, en el mundo existen 600 millones de personas con más de 60 años y en México habitan casi 12 millones de adultos mayores, de los cuales el 54% son mujeres.

En el mejor de los casos, algunos adultos mayores pueden gozar de los frutos de una jubilación y realizan viajes o actividades que los mantienen ocupados y en buen estado físico y mental; mientras que otros, continúan siendo el sustento económico de sus familias o no cuentan con una pensión y por eso, no es extraño encontrarlos en empleos poco decorosos para su edad. Algunos más eligen residencias para adultos mayores, aunque siempre surge la duda: ¿realmente están mejor, alejados de su familia? Creo que la respuesta es que depende de las circunstancias y del contexto en que vivan; quizá para los que viven solos o están enfermos, olvidados y/o abandonados sea mejor vivir en un ambiente tranquilo y vigilado. Julia Santibañez (Directora Ejecutiva Editorial) escribe en su blog: “Mi mamá, 84 flagrantes años, se va a vivir a una residencia de personas mayores (eufemismo para asilo de ancianos). Y yo no sé qué se me rompe por dentro.” Y así es, algo se nos rompe por dentro cuando repentinamente y sin darnos cuenta, un día de tantos, las personas que nos vieron crecer y siempre nos ayudaron, que fueron nuestro punto de referencia y ejemplo de vitalidad y energía, no solo ya no pueden valerse por sí mismos sino que nos necesitan y ahora nos corresponde cuidarlos, acompañarlos y apoyarlos.

En la ciudad de Seattle, en Estados Unidos, se está gestando una iniciativa que permite el intercambio entre generaciones, combinando la paciencia y la solidaridad de los mayores con la energía y la curiosidad de los pequeños, mediante la instalación de una guardería en un centro para adultos mayores y, al parecer, los resultados han sido extraordinarios.

En México, el tema de la calidad de vida que damos a los adultos mayores es un área de oportunidad para todos, pues debemos sensibilizarnos hacia sus necesidades y crear nuevas formas de convivencia entre ellos y las  nuevas generaciones, en un ambiente de tolerancia, respeto y aceptación que les permita sentirse valorados, escuchados e incluidos en nuestras familias y en la sociedad; de esta forma, estaremos contribuyendo a un cambio de conciencia a favor de los seres que nos dieron la vida y que al acercarse al ocaso no se vuelven caducos sino al contrario, vigentes y valiosos por el cúmulo de virtudes acumuladas a su paso por la vida.

Demos la mano a quienes tomaron la nuestra para enseñarnos a caminar y acompañaron nuestros pasos por la vida hasta convertirnos en adultos y ayudémoslos a vivir con dignidad, paz, amor y alegría la transición a la vejez, regalándoles calidad de vida para, que de esa forma, puedan cosechar lo bueno que hicieron por nosotros y disfruten su época de oro.

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Fuentes:

http://www.informador.com.mx/suplementos/2015/611157/6/el-envejecimiento...

http://elpais.com/elpais/2015/08/17/eps/1439822288_235952.html

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Fecha: 
Lunes, 05 de Octubre 2015 - 16:30
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Desde provincia: el temblor del '85

 

“No se asusten vamos a quedarnos…, ah chihuahuas…, siete con cuarenta y dos segundos, tiempo del centro de México… Sigue temblando un poquitito, pero vamos a tomarlo con una gran tranquilidad… Vamos a esperar unos segundos más para poder hablar… Sigue temblando…”. La imagen de Lourdes Guerrero se perdió y la pantalla quedó en negro.

Minutos después mi papá dijo “No es nada bueno, ya pasó un buen tiempo y no hay señal”, terminó de almorzar y se dirigió al radio, fue difícil localizar una estación, ahí empezaron a llegar las noticias… Lo primero que escuchamos fue la voz de Jacobo Zabludovsky mencionar que había edificios caídos.

Vivíamos en Acapulco y mis hermanas estudiaban en el Distrito Federal, las noticias llegaban lentas e inquietantes. Conforme transcurrían los minutos la angustia se instalaba. Las líneas telefónicas estaban cortadas, los celulares no existían. Mis hermanas no se habían reportado.

Una hora después papá se marchó a trabajar, yo quedé comisionada a esperar alguna llamada… Seguía las noticias por el radio… La información que llegaba, poco bueno presagiaba… Más edificios caídos y personas atrapadas pidiendo auxilio.

La reacción de las personas, la solidaridad empezaba a brotar. Gente ayudando a otras, tratando de sacarla de los escombros, edificios humeantes… Helicópteros volando… Ambulancias ululando… Mientras, nosotros escuchando… Empezamos a oír de personas rescatadas, heridas, muertas.

Seguimos escuchando… Esperando… Ya había señal televisiva y como servicio a la comunidad trasmitían los mensajes de miles de familiares preocupados por avisar de su situación a sus familias en provincia… La espera continuaba, mirando con ansia el televisor para ver si mis hermanas se reportaban… Y nada.

En el D.F. dos jovencitas caminaban buscando cómo comunicarse con su familia, tendrían aproximadamente 18 y 20 años de edad, sabían que el temblor había sido muy fuerte, no había electricidad ni líneas telefónicas y tampoco tenían clara la magnitud de la tragedia. Caminaban y caminaban buscando una línea telefónica para comunicarse con sus familiares...

Las horas pasaban, con tristeza mirábamos el dolor de tantas personas, nuestro propio corazón se recogía de angustia por los familiares de los cuales todavía carecíamos de noticias. Mamá rezaba y papá trataba de mantener la calma. Mientras ellos marchaban a trabajar, los hijos nos turnábamos para checar los mensajes televisivos… Y nada.

Al día siguiente, buscaban cómo reportarse, ya sabían de la gran tragedia que envolvía a la Ciudad, se empezaron a desesperar… Tampoco se podían marchar, las colas en las estaciones de autobuses eran interminables.

Las horas se acumularon y el día terminó. Seguíamos frente al televisor… Caos, muerte, desolación, crisis, depresión… Entre el temor y la tristeza  que iban in crescendo, llegó el segundo temblor, la réplica… Ya nadie soportó la espera… Papá y mamá anunciaron que papá marchaba al D.F., al día siguiente a buscar a sus hijas…

Las jovencitas al sentir la réplica ya no lo dudaron más y salieron de la Ciudad de México paradas en un camión, finalmente un chofer aceptó llevarlas a su destino…

Todas esas horas sin parpadear mirando fijamente el aparato televisivo y NADA, NADA.

Al día siguiente papá estaba por salir, cuando en el quicio de la puerta, ¡por fin aparecieron ellas!

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Miércoles, 23 de Septiembre 2015 - 17:30
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Lágrimas de cristal

“Las lágrimas no piden explicación, se explican solas”
Ángeles Mastretta, El cielo de los leones

Generalmente asociamos las lágrimas al llanto como la expresión de tristeza o dolor aunque a veces es posible llorar de alegría, especialmente cuando una carcajada espontánea es tan intensa que produce lágrimas de risa, de tal suerte que podemos considerar que las lágrimas no son más que resultado de una emoción sin etiquetarla como alegre o triste porque puede producirse en ambos casos.

Sobre el llanto, definido por al DRAE como la efusión de lágrimas acompañada frecuentemente de lamentos y sollozos, indudablemente se relaciona con la pérdida y el duelo y en consecuencia, con la tristeza e incluso en un nivel extremo, con la depresión.

Las lágrimas a las que se refiere Ángeles Mastretta son resultado de nuestra dormida capacidad de asombro ante una serie de sucesos que no tienen más explicación y que nos llevan al estremecimiento hasta las lágrimas y por ello, se explican por sí mismas.

Aquéllas otras, esas que se hacen presentes en el camino del dolor, no desaparecen pronto pero alivian y al paso del tiempo liberan el alma hasta encontrar nuevas ilusiones y motivaciones que nos ayudan a seguir adelante a pesar del vacío que sentimos.

Recientemente, he tenido experiencias cercanas de fallecimientos, acercarse al dolor ajeno es algo difícil de manejar, uno nunca encuentra las palabras precisas que expresen por un lado, el apoyo y consideración para el deudo y por el otro, el sentimiento ante la pérdida. Hay de muertes a muertes, lo seguro es que no estamos preparados para ella, nos sigue doliendo, nos sigue azotando como vendaval en el alma y nos noquea de tal forma que difícilmente encontramos el consuelo necesario. Para una madre, perder a su hijo es morir en vida o al menos, dejar morir una parte de sí misma, para una madre viuda que ha visto morir a su compañero de vida, el dolor es doblemente letal al enterrar a su hijo y para la misma mujer, acompañar el dolor de su hija al enterrar a su yerno debe ser más que otra pérdida, la muerte misma.

Las lágrimas se hacen presentes de forma natural y espontánea ante una experiencia tan dolorosa como lo son los funerales aunque a veces simplemente no se puede llorar (eso me pasó en el sepelio de mi único tío fallecido y el más amado pues era como mi padre) y otras, son contenidas por miedo a eso desconocido de lo que nadie nos habla y que significa dejar de tener o de pertenecer.

Contener las lágrimas no es muestra de fortaleza o resignación; por el contrario, es lo más cercano a dañar la salud física y mental. Generalmente, ante un proceso de duelo se nos dicen palabras del tipo: todo va a estar bien, el tiempo lo cura todo, se te pasará, estarás bien, algo mejor llegará o debes seguir adelante pero la realidad es que mientras uno se retuerce del dolor, las buenas intenciones de los demás al darnos ánimos en realidad son como palabras huecas, sin sentido y llorar, si bien no es la solución a ningún problema es una forma de liberar el cúmulo de emociones contenidas ante la experiencia: coraje, frustración, tristeza, enojo, decepción, etc. Después del llanto, llega la paz, como si uno se hubiera vaciado y limpiado; de hecho, las cosas se ven diferentes y se puede pensar de otra manera, visualizar otras posibilidades pero el miedo nos paraliza y tenemos la idea de que si nos contenemos estaremos mejor y podremos seguir adelante más rápido, nos gana el deseo y la presión por estar bien y ahí estamos con procesos de duelo inconclusos que con el tiempo, cobrarán la factura.

No he visto llorar a la mujer viuda que perdió a su hijo y cuya hija ha enviudado también, pero veo su dolor y lágrimas en sus ojos, los percibo en su respiración, en su andar, en su voz; dan ganas de tomarla de la mano y transmitirle paz, darle un gran abrazo y hacerle sentir que no está sola pero la vida a veces nos coloca ante situaciones que no podemos o que no nos corresponde resolver y el duelo se vive, se siente, se procesa, se supera y se cicatriza de forma personal aunque nunca se olvida, uno elige vivir en el sufrimiento por el dolor o superar la pérdida y aprender a vivir con la cicatriz.

Somos condicionados para no llorar como si fuera la peor de las cosas que podemos hacer y con mayor razón si se trata de un varón, porque todavía hay conservadores que defienden la idea de que “los hombres no lloran” y es tan absurdo, es como agitar una lata de refresco y evitar que explote al abrirla repentinamente.

Nadie se ha muerto por derramar lágrimas pero contenerlas tampoco es sinónimo de bienestar sino al contrario. “…No es la lluvia lo que ha empapado la tierra. Son las lágrimas de todos los que pasaron antes por este camino mientras iban llorando una pérdida…” (Jorge Bucay, Médico y Psicoterapeuta Gestáltico)

Imagen tomada de http://www.revistacronopio.com/?p=14043

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Martes, 15 de Septiembre 2015 - 16:00
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El mensaje del presidente en su 3er. informe. Debatimos con Tere Vale. Problemas emocionales y complejos

Me acompañan Kenia López Rabadán y Luis Miguel González y comentamos lo que dijo el presidente Enrique Peña Nieto en su mensaje a la Nación con motivo de su 3er Informe de Gobierno. Tere Vale opina que no ayudará mucho darle clases de inglés a estudiantes de primaria y secundaria y todos diferimos de lo que ella dice. Alejandra Ruiz Sánchez explica cómo los problemas académicos de un niño pueden convertirse en problemas emocionales. Adriana Páramo explica que es el complejo de inferioridad y cómo puede superarse.

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Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 19:30
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Mi programa:

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Debemos de tener participación ciudadana

¿Sabemos qué es un consejo ciudadano y para que sirve? Estoy seguro de que muchas personas lo saben, pero no está de más promocionarlos y apoyarlos.

Un consejo ciudadano es un organismo de la sociedad civil, cuyas metas principales son:

  • Generar mecanismos de denuncia ciudadana fáciles, sencillos, confidenciales, prontos y efectivos.
  • Diseñar y aplicar programas destinados a atender las diferentes problemáticas de los ciudadanos.
  • Operar como una organización de consulta, análisis, y participación ciudadana, tales como:  seguridad pública,  procuración de justicia, cultura cívica, atención a victimas del delito, entre otras.

Estas organizaciones son un puente entre ciudadanos y autoridades.

Son un grupo de ciudadanos igual que tú y que yo, que trabajan con nosotros, para nosotros y por nosotros.

El principal origen de estos consejos ciudadanos es, de pasar de la protesta a la propuesta y de la critica a la acción.

Seguramente en tu localidad existe un consejo ciudadano, estaría muy bueno buscarlo y averiguar un poco mas sobre sus facultades y apoyos a la ciudadanía.

En particular, quiero platicarles de un consejo ciudadano que está tomando fuerza en el Estado de México. Me refiero al que está ubicado en Valle de Bravo.

Este consejo de participación ciudadana, propone entre otras tareas, la colaboración con las diferentes autoridades tanto municipales, estatales como las federales.

Esta organización quiere impulsar la preservación y restauración de los valores arquitectónicos, culturales e históricos y así conservar un Valle de Bravo tradicional. Y con esto, seguir teniendo el honor de ser un Pueblo Mágico.

Pugnar por un desarrollo económico equilibrado para todos.

Impulsar al crecimiento planeado y ordenado de los distintos centros de población y sus comunidades y estar alerta en la protección del medio ambiente.

Pero como todo consejo ciudadano, necesita de la activa participación de los ciudadanos de Valle de Bravo. Por lo cual lleva a cabo reuniones con vecinos, tanto en Valle de Bravo como en las diferentes comunidades para informar y establecer un contacto mas cercano. De igual manera, tiene varias reuniones con los diferentes niveles de gobierno del municipio, principalmente. Y reuniones muy activas con el gobierno estatal y federal.

Nosotros, como ciudadanos, tenemos la gran oportunidad de ser activos en muchas de las tomas de decisión de nuestros gobiernos. A lo mejor pensamos que no vamos a ser escuchados o que nuestra participación será un fruto que se secará muy rápido. Pero sólo hay que pensar una cosa. ¡Nos arriesgamos a probar si esto de los consejos ciudadanos es útil, confiable y que nos pueden ayudar o seguiremos estáticos, parsimoniosos y ajenos a las distintas problemáticas que nos acogen en nuestro municipio, delegación, estado, capital y en nuestra Republica Mexicana!

El siguiente texto lo comparte el consejo de participación ciudadana de Valle de Bravo. Esperando que sirva para que más ciudadanos de esta localidad tengan participación activa y se unan por un Valle de Bravo mejor y mas bello.

“Esta iniciativa surge a partir de la preocupación de los vecinos frente a la sistemática violación a las normas de uso de suelo y de la imagen urbana y al deterioro del Centro Histórico de un Valle de Bravo tradicional y con ello la destrucción de la belleza que caracterizaba a esta población.

“El Consejo está integrado por cinco miembros; un Consejo Ampliado de veinte y un Consejo Técnico conformado a partir de la celebración de acuerdos de colaboración con distintas instituciones educativas y gremiales.

“El Consejo se propone COLABORAR con las autoridades para impulsar un crecimiento planeado y ordenado de los distintos centros de población; para lograrlo, el Consejo trabaja para:

“Fortalecer las capacidades institucionales del gobierno, nos proponemos colaborar con autoridades para que puedan cumplir plenamente con sus responsabilidades; trabajar en la actualización del reglamento de imagen urbana y vigilar su exacta aplicación, así como emitir opiniones técnicas respecto de los permisos de uso de suelo y licencias de construcción con el propósito de que unas y otras cumplan con la normatividad.

“Asesorar a los vecinos, nos proponemos ayudar a que los vecinos del municipio, independientemente de su condición económica, puedan construir sus viviendas y satisfacer sus necesidades y al mismo tiempo cumplan con las normas de suelo, construcción e imagen urbana.

“Construir ciudadanía, nos proponemos construir para que los vecinos “ de a pie” participen de manera  más activa y responsable en “la cosa publica” y en la defensa de su ciudad como lo que es, “un bien público.

“En este proceso de corresponsabilidad, autoridades y vecinos tenemos que aprender a trabajar juntos.

“Para avanzar es necesario “ponernos de acuerdo” alineando los esfuerzos y capacidades del gobierno con la enorme energía social de la comunidad vallesana. Y juntos multiplicar y alcanzar las metas que nos trazamos; para lograrlo es necesario que los vecinos sean actores permanentes del juego democrático participando de manera más activa en la “cosa pública”; y que conozcan de sus derechos y obligaciones para que estén en capacidad de ejercer y cumplir.

“Necesitamos fomentar la cultura de la legalidad a partir del conocimiento y aplicación de las leyes; de manera particular aquellas que tienen que ver con el cuidado y protección del medio ambiente y las que regulan usos de suelo, construcción e imagen urbana. En un proceso de corresponsabilidad se requiere fomentar el diálogo y la reflexión para llegar a acuerdos y asumir compromisos”.

Una buena parte de la desastrosa situación por la que atravesamos se explica a partir del divorcio entre gobierno y ciudadanos.

Mas información:

copacidevalle@gmail.com  

Facebook: consejo ciudadano valle de bravo 

Twitter: ciudadanoVdeB

Participa en tu comunidad, no dejes que otros hagan lo que tu puedes lograr.

Les mando muchos saludos y nos pondremos en contacto en la próxima.

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Martes, 01 de Septiembre 2015 - 18:30
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Cebollitas para llorar

Las abuelitas solían decir que cada quien se busca su cebollita para llorar, refiriéndose a la forma en que algunas parejas viven su relación desde el sufrimiento e incluso, la violencia. Vincularse con los demás no es tarea fácil por una sencilla razón: no somos educados desde la emoción, sino desde la razón y ello incluye el deber ser lo que los convencionalismos sociales determinan, de tal suerte que un día olvidamos esa esencia natural y ligera que tenemos cuando niños, la cual nos hace amar a nuestros padres, familia, vecinos, compañeros de escuela, etc., hasta el grado de dejar de expresar emociones y llegar al extremo de padecer incluso ciertas patologías porque no logramos establecer vínculos sanos con nadie o casi nadie.

El amor, en sentido romántico es y ha sido tela de corte para todas las expresiones artísticas y es así que los referentes cercanos que tenemos al respecto, se derivan de lo que conocemos como cuentos de hadas; sin embargo, en la realidad y en el día a día el amor es tan complicado o tan simple según la actitud que asumimos ante él, pues mal llamamos amor a dependencias afectivas que derivan en relaciones destructivas. La cuestión es que si no tenemos de origen, en nuestra familia un modelo de amor no sólo romántico sino como pilar de la autoestima, le ponemos la etiqueta a cualquier relación que establezcamos en el camino aunque sea autodestructiva.

Decir del amor implica referirse a numeroso estudios que desde la psicología, la antropología o el arte se han hecho pero lo que llama mi atención es que siga siendo un tema que se trate con pinzas, con tantos tabúes, prejuicios e incluso, desconocimiento y que la falta de educación en las emociones sea una de las razones de sufrimiento.

¿Por qué elegí este tema? Por una sencilla razón que tuvo su origen en una conversación que no pude evitar escuchar en un vagón del metro en el trayecto de la estación Centro Médico a Deportivo 18 de Marzo y que más o menos tuvo el siguiente tenor:

Anilú (nombre ficticio) contó a su interlocutor de un chico que conoció y al que le había dedicado los últimos meses de su vida en atenciones, detalles, tiempo, emociones y pensamientos; es decir, se sentía enamorada sin duda pero el sujeto de su afecto a pesar de haberle mostrado cierto interés, de expresarle su gusto hacia ella y de agradecerle sus atenciones no daba muestras claras de quererse comprometer en una relación. La emoción que expresaban sus palabras al hablar del galán no dejaban duda de lo que ella sentía por él; sin embargo, más de una vez mencionó que a pesar de todo lo linda que había sido y de sus emociones nunca le había expresado en forma verbal su interés ni sus expectativas y, evidentemente, se sentía decepcionada al no haber recibido ninguna señal que le indicara que iba en el camino indicado o si tenía que abortar la misión de conquista.

El interlocutor de Anilú atinó a decirle que era muy corta de edad para sufrir por amor (tan sólo 17 años) y que tenía un futuro promisorio con todas las actividades que realizaba y su forma de pensar, como para desanimarse por el intento fallido de una conquista. La recomendación me pareció precisa a pesar de la también corta edad del amigo en cuestión (quizá unos 20 años) y me hizo preguntarme: ¿Cuál sería la historia de vida de Anilú a sus cortos 17 años? y ¿Cómo la habrían educado emocionalmente hablando?

Los psicólogos suelen remitirse a los años tempranos de la infancia para encontrar la raíz de los problemas que como adultos enfrentamos pues la forma en que somos criados y el contexto en que crecemos determina nuestra conducta futura y por ende, la forma de vincularnos en el trabajo, con los amigos, con la pareja y por supuesto, con nosotros mismos.

Las bases de un vínculo de pareja sano y sólido están en el amor (verdadero) y el respeto (por sí mismo y la otra persona) sin miedos que impidan mostrarse tal como se es y sin perder la libertad e individualidad pero, ¿Quién nos enseña tal cosa? Al parecer, la gran mayoría lo aprende en la escuela de la vida aunque sea a base de lágrimas, quien lo aprende como parte de la experiencia familiar, tiene un gran camino recorrido aunque no garantiza del todo el éxito, pues una relación es de dos, pero el impacto puede ser menos devastador.

Lejos de buscar cebollitas para llorar, hay que tener presente que no nos merece quien nos hace sufrir, aunque haya algunos que vivan lo contrario.

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Martes, 25 de Agosto 2015 - 16:30
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Las sociedades sin cash

Soy escéptica respecto a la posibilidad de un mundo sin dinero en efectivo. Los vendedores ambulantes… bueno, algunos ya cobran con tarjeta. Y si no, dense una vuelta por la Plaza de la Tecnología, ¿pero se imaginan dando coperacha con el celular a los músicos o comediantes callejeros? ¿Se implementarán programas de acción social para que un cantante como http://www.dailymotion.com/video/x17vcfc_musico-mexicano-cantando-cancion-de-the-beatles_music tenga su maquinita para imprimir los bauchers? Lo veo muy guajiro. ¡Nada más de imaginar que alguien use su tarjeta de crédito para dar un peso, me meo de la risa!

Pero probablemente eso motive al público a pensar que si un artista urbano es merecedor de que eche mano de tal recurso, tendrá que ser por una cantidad que valga la pena. Quizá también eso motive a los artistas a mejorar la calidad de sus actividades. Viéndolo así, es lógico pensar que el mundo experimentará una mejoría en todos aspectos.

En Suecia los tratos de dinero se hacen por medio de transferencias bancarias, pero no hay probabilidades de que esa parte del orbe se haya convertido en un medio hostil para los rateros. No perdamos de vista que hasta el bote de la basura es susceptible de ser robado y que los gobiernos encuentran siempre medios eficaces para ocultar a sus pobres. Estocolmo por ejemplo, manda a los suyos a mendigar a lugares como Tenerife y Mallorca, mientras en Gotemburgo instala un hotel que le vende a los turistas la posibilidad de dormir como un vagabundo, por módicos diez dólares la noche.

Esto, desde luego, va a desembocar en un mayor control, pero de la gente de escasos recursos. La única angustiada por los cambios experimentados en el mundo financiero. La clase alta tiene décadas –casi un siglo si no es que más– de estar usando tarjetas y al mismo tiempo que disfruta de esa comodidad, seguirá evadiendo impuestos, blanqueando capitales y robando con el cuello almidonado. Las clases bajas harán circular monedas que no estén acuñadas por el Estado. Sucedió aquí a principios del siglo XX y ha pasado en otros países.

Es mentira que sin billetes y monedas viviremos en un mundo menos violento, con mayor cohesión social y más seguro. Quienes se dedican a actividades ilegales han sabido modernizarse y adoptar las formas de intercambio que surgen en el medio bancario y comercial. Se seguirá traficando con armas, drogas, personas, animales y con todo lo que se conoce. No es gratuito que el Banco de México siga sin saber qué determinación tomar ante la existencia del tumin.

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Jueves, 20 de Agosto 2015 - 16:30
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Silencio, amigo o enemigo

El silencio, por definición es la ausencia de sonido y en la cotidianeidad tiene diversas aplicaciones, desde la perspectiva musical es una pausa que da armonía y ritmo, desde el derecho se relaciona con la pasividad administrativa, para los militares es un toque al final de la jornada, en muchos sentidos es también una omisión, de forma subjetiva puede significar un momento de reflexión, un gesto ceremonial y desde las emociones, también se puede interpretar como la incapacidad de expresar lo que se piensa o siente o bien, la manera de evitar un conflicto mayor.

Aunque resulte paradójico, el silencio también comunica desde la interpretación y percepción entre los interlocutores; así pues, un silencio puede ser la pauta de algo catastrófico o de algo extraordinario y también es un llamado al orden, el inicio o fin de un suceso.

De tantas aplicaciones, en sentido positivo, la búsqueda de silencio como la forma de encontrar un momento de tranquilidad al terminar el día y después de pasar horas en el tráfico o en el transporte público en medio de la multitud y del ruido de autos, música, voces, vendedores ambulantes y de tantos estímulos visuales que recibimos con tan sólo pararnos en alguna esquina de esta agitada ciudad, significa realmente un remanso de paz que nos sirve para tomar un respiro y tener una mejor perspectiva ante la vida; es la forma de acercarse a la meditación y sus múltiples beneficios.

Con la llegada de lo “zen” a nuestras vidas, que no es otra cosa que la occidentalización del budismo, la meditación se vende hoy como la fórmula mágica que arregla todos nuestros problemas o la llave que abre una gama infinita de posibilidades para el bienestar. En realidad, la meditación no es otra cosa que el momento de introspección que obtenemos al atender plenamente nuestra respiración y dejando pasar los pensamientos que llegan a nuestra mente sin juzgarlos y sin engancharnos, así de fácil y sencillo es el inicio, practicarla de forma constante nos ayuda a ejercitar la mente y dejar el piloto automático con el que realizamos la mayor parte de nuestras actividades, lejos de la conciencia.

Erróneamente se piensa que meditar es reflexionar o analizar una situación en particular pero nada más alejado de la realidad, puesto que el ejercicio de la meditación dará como resultado la ausencia de pensamientos de toda índole como el odio, la frustración, el enojo, el miedo o la agresión entre otros pues al trabajar con los pensamientos lo hacemos también con las emociones, una emoción que nos lleve a la tristeza tendrá como resultado pensamientos de sufrimiento. De esta forma, la meditación es el camino directo al cambio de los programas mentales que nos vamos formando con el tiempo y que nos hacen etiquetar a las circunstancias y a las personas.

La meditación no es una meta a alcanzar como el estado ideal de las cosas, no se trata de ignorar lo que nos rodea como si de cubrirse con un capelo se tratara sino un trabajo constante que dará resultados en la medida que dediquemos tiempo a su práctica. Al permanecer en un estado de atención plena, vamos ganando serenidad y podemos manejar de una mejor manera lo que se nos presenta, además de que somos más conscientes de la forma en que actuamos y las palabras que decimos.

En silencio total y atendiendo a nuestra respiración es como irse adentrando en un templo alejado de la vorágine y que efectivamente, nos proporciona paz, tranquilidad, seguridad y bienestar; entre otros beneficios. Científicamente, ha sido comprobado lo mucho que ayuda la meditación para curar ciertos males físicos partiendo del principio de que cuerpo y mente son una unidad tanto de infinitas posibilidades como de catastróficos resultados si no hacemos caso a las señales que y he aquí la explicación: http://memoriaemocional.com/psiconeuroinmunologia-lo-que-el-corazon-quiere-la-mente-se-lo-muestra/

Es así que, el silencio como antesala de la instrospección sin duda, es un amigo que nos ayuda en mucho a tener una vida plena.

Y como siempre digo, del otro lado de la moneda, el silencio utilizado como una sanción, eso que conocemos como la “ley del hielo” rompe y destroza toda posibilidad de armonía y de comunicación, en palabras de Miguel de Unamuno (Filósofo y Escritor español) “Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende”, es el silencio que lastima las relaciones convirtiéndose en el enemigo.

El silencio amigo sana, el silencio enemigo enferma ¿cuál eliges tú?

 

Imagen tomada de Google

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Jueves, 20 de Agosto 2015 - 18:00
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La vida se nos fue como un suspiro

Volvió a caminar… Toda era parecido y al mismo tiempo desconocido… “Han pasado muchos años, cuántas veces caminé por aquí, a prisa, a todo lo que daban mis piernas… Cruzaba el parque todas las mañanas para llevar a mis hijos a la escuela, después lo volvía a cruzar para recogerlos”.

Se había cansado y se sentó lentamente en la banca más cercana… Vio venir al vigilante. “Su hija le suplica regresar, está un poco inquieta. Le pide ir a desayunar con ella, lo espera en la cafetería de la esquina… Si gusta lo puedo acompañar”.

“Ni que la cafetería estuviera tan lejos…, bueno…, mi hija es un poco exagerada”, Pensó Pablo. Mientras caminaba siguió recordando. Su hija menor tenía ya alrededor de cuarenta años, así que en aquél entones ella tendría ocho o nueve años.

Los hijos y en especial las hijas suelen estar al pendiente de los padres, llegando incluso a ser sobreprotectores… Si bien los adultos mayores necesitan de cuidados y supervisión, no es igual para todos, cada persona es diferente. Los cuidados para los adultos mayores dependen de varios factores como: deterioro, enfermedad, entorno familiar, edad, sexo, etc.

“Hace treinta años cruzaba dos veces al día este parque”, recordó Pablo mientras veía a su hija saludarlo con la mano y venir a encontrarlo. Su esposa había muerto dos años atrás y aunque él se encontraba más o menos saludable, su vida había cambiado desde entonces.

El desayuno con su hija fue muy agradable, siempre disfrutaba estar con ella, tenían muchas cosas en común. “Lástima que trabaje tanto y la pueda ver tan poco”, se quejó consigo mismo. Después del desayuno ella se excusó, le dio un beso y se fue a trabajar… Él la vio entrar al edificio, la siguió con la mirada hasta que su silueta se perdió…

Tomó el jugo y observó sus arrugadas manos, de pronto le vinieron imágenes de sí mismo, se veía como un joven fuerte, seguro, rodeado de varios pequeños… Siete, siete hijos. Alcanzó a verse disfrutar de ese momento… Después, todo se opacó y volvió a su realidad actual.

Recordó a su amigo Manuel, ahí solían tomarse el café cuando él estaba en la ciudad. Manuel era agente viajero y había muerto, así que sólo lo podía traerlo a su memoria. De pronto se dio cuenta que la mayoría de sus amigos habían partido…  Ya no los podía llamar para compartir otra taza de café.

Era una mañana soleada, calurosa… Decidió quedarse sentado un rato más. El restaurante cada vez estaba más lleno… Él siguió rememorando… “¿Qué más da?, ¿Cuál es la prisa? Puedo continuar aquí todo el tiempo que quiera, nadie me espera” , volvió a pensar.

Extrañaba a su esposa, también en ese jardín la conoció, se enamoraron… Suspiró. Ella también partió… De pronto se sintió triste, agobiado, el tiempo lo rebasó, reflexionó. La nostalgia llegó y amenazó con instalarse en la silla vacía, mientras él murmuraba la frase que su esposa le había dicho alguna vez: “La VIDA se nos fue como un SUSPIRO”.

“No, no”, sacudió la cabeza, “como dice mi yerno: Y si no la hubiese conocido... Eso sí que NO… ¡Cómo habría sido mi vida sin ella! ¡CÓMO DISFRUTÉ!”. Entrecerró los ojos y vinieron las imágenes de sus tres bellas bodas. Tres veces se casó con su esposa…

Su primera boda, qué jóvenes estaban. La segunda boda: los veinticinco años y la del cincuentenario… Todos esos días, esos festejos… Recordó, rememoró, añoró… Al final se dio cuenta que tenía una sonrisa en sus labios… Cuántas experiencias, algunas tristezas y muchas alegrías.

Es difícil continuar el camino cuando la persona se va quedando sola, sin sus afectos más queridos… ¿Cómo sobrellevar el día a día? ¿Cómo reconstruir su mundo y llenarlo de nuevos objetivos, con nuevos personajes y nuevas historias por contar? A veces el contacto con gente joven puede inspirarlos ya que ellos suelen ser un gran ejemplo a seguir.

Cuando Pablo regresó, su hija lo esperaba checando el celular sentada en el vestíbulo, al sentirlo levantó la vista y él entusiasmado le comunicó “Me inscribí en clases de fotografía… ¡Decidí que quiero tomar las mejores fotos de mi vida!”

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Miércoles, 19 de Agosto 2015 - 16:00
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