Se encuentra usted aquí

virreinato

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

De compras por los mercados virreinales

Nicolás Enríquez, El Parian, óleo sobre tela, ca. Siglo XVIII. Colección Banamex

Continuando con el tema gastronómico en la colonia, en el que me he centrado en los últimos artículos, hablaré sobre aspectos de la vida cotidiana enfocados a los mercados, puertos y artículos que se usaban y comerciaban en aquella época.

Durante el virreinato para abastecerse se contaba con unos cuantos mercados principales así como también en todas las plazuelas se establecían diariamente “pequeños mercados al viento”, tipo tianguis. Gracias a pinturas de la época podemos imaginar y recrear tanto el mercado de la Plaza Mayor (siglo XVIII) como la misma Plaza (o Zócalo como hoy lo conocemos), con sus colores, olores y sabores. En la obra que muestro a continuación podemos apreciar todo este movimiento comercial y citadino.

mercados2.png
Anónimo, Vista de la Plaza Mayor de México, Óleo sobre tela, 1797.
Aquí podemos apreciar al mercado El Parián sobre la Plaza Mayor (hoy Zócalo) visto desde el Portal de Mercaderes. A su izquierda se encuentra la Catedral, al fondo Palacio Nacional y a su derecha el Palacio del Ayuntamiento. Lo que hoy es una calle que divide el Zócalo del Palacio del Ayuntamiento (Gobierno del D.F.) en ese entonces, tal como se puede ver, era la Acequia Real. De los pocos canales que quedaban de aquella Tenochtitlán con calles de agua.

Sobre la Plaza Mayor se encontraba el mercado El Parián, inaugurado en 1702 y demolido en 1844, edificio en el que se comerciaba todo tipo de mercancía y además el único en el que se ofrecía la que llegaba en barco desde Filipinas: jarrones de porcelana, tapices de seda, marfiles tallados, vajillas de porcelana, maderas laqueadas, taraceas, especias, en fin, artículos de gran valor que solo la nobleza y la clase más adinerada podía adquirir. La gente de todas clases sociales iba a ver lo que llegaba al mercado. A pesar de no poder pagarlo, era un espectáculo admirar.

A continuación presento una pintura al óleo, encontrada en el interior de un arcón de madera que muestra el puerto de Manila en el siglo XVII.

mercados3.png
Anónimo, Puerto de Manila, óleo sobre madera, siglo XVII. Pintura sobre un arcón de madera, museo Julio Bello y González, Puebla.

La mercancía asiática proveniente del puerto de Manila la cual era esperada durante todo el año arribaba al puerto de Acapulco en el Galeón de Manila después de haber navegado durante 8 meses por largos y traicioneros mares.

A continuación presento un grabado del Galeón de Manila o la Nao de China, como también era conocido, y obra que muestra el puerto de Acapulco en el siglo XVII.

mercados4.png
Anónimo, Galeón de Manila, grabado, ca. Siglo XVI

mercados5.png
Adrián Boot, Puerto de Acapulco en el Reino de la Nueva España en el Mar del Sur, Acuarela, 1628.
“Atlas Blaeu van der Hem”, Biblioteca Nacional de Viena.

mercados6.png
Theodor de Bry, Puerto y Bahía de Acapulco, 1650

mercados7.png
Anónimo, Puerto de Acapulco, grabado, 1671.

Una vez en tierra se transportaba toda la mercancía sobre carretas y animales de carga hasta la Ciudad de México para venderse en el Parián. Los artículos sobrantes, es decir aquellos que no había comprado la nobleza (que era muy gastadora por cierto) junto con la que se apartaba para el rey y la nobleza española, se llevaba por tierra desde la Ciudad hasta el puerto de Veracruz para zarpar en barco en un viaje de tres meses rumbo a España.

Aquí imágenes del puerto de Veracruz y de Sevilla en los siglos XVI y XVII.

mercados8.png
Atribuido a Adrián Boot, Puerto de la Vera Cruz Nueva, ca. 1620. University of Texas

mercados9.png
Anónimo, Puerto de Sevilla, siglo XVI

Volviendo al mercado el Parián, se menciona en escritos que la variedad de productos que se ofrecían en este mercado era enorme. Se habla de “calles” o pasillos enteros de tan solo un tipo de comida o artículo. En el aspecto de comida había de todo, tamales, quesos, leche de cabra y/o de vaca, mantequillas, etc., un sin fin de productos. También había puestos para almorzar, comer o cenar enfocado a forasteros, pero donde podía comer cualquiera.

mercados10.png
Anónimo, Plaza Mayor de la Ciudad de México, Óleo sobre tela, ca. 1766. Detalle                                                                      

A espaldas de los muros del Parián se colocaban cientos de puestos ambulantes, alrededor de la fuente pública, para ofrecer todo tipo de artículos de variados precios. Se vendían alimentos, muebles, telas, vajillas e incluso había puestos para comer. Nada ajeno a nuestros tianguis y mercados al aire libre actuales.

A continuación presento otra pintura que muestra el mercado visto desde otro ángulo en el que se pueden observar los puestos y toda la gente que inundaba la plaza.

mercados11.png
Anónimo, Plaza Mayor de la Ciudad de México, Óleo sobre tela, ca. 1766.
En esta pintura podemos ver el mercado El Parián con vista desde el Palacio Nacional. La Catedral se encuentra a la derecha y a la izquierda se puede apreciar el canal de la Acequia Mayor y el Palacio del Ayuntamiento. Junto al mercado se pueden ver los puestos de mercado ambulante y la gran cantidad de gente que transitaba por sus pasillos y por la Plaza (Al igual que hoy en día).

A la Plaza Mayor llegaban trajineras (balsas de madera) que venían de sembradíos y de chinampas (sembradíos sobre agua de infraestructura prehispánica conservada durante la colonia) de los alrededores de la ciudad como Xochimilco por ejemplo. Llegaban navegando por las acequias, es decir, por los canales que aún perduraban de lo que antes habían sido calles de agua. Para ese momento habían dos principales canales: uno que cruzaba la ciudad de norte a sur y otro de este a oeste. Se puede apreciar la Acequia Mayor en la pintura anterior, al costado del mercado. Las balsas llegaban llenas de colores, con fruta, verdura y flores, mercancía tanto de orígen prehispánico como europeo. Chayotes, ejotes, quelites, flores de calabaza, jitomates, hongos, coles, rábanos lechugas, zanahorias y coliflores, en fin, una gran diversidad de alimentos para depositar en los mercados ofreciendo artículos frescos para el consumo de los habitantes de la ciudad.

mercados12.png
Anónimo, Puesto de Mercado, Óleo sobre tela, 1766, Museo Nacional de Historia, INAH.
Aquí podemos ver un ejemplo de la variedad de productos que podía ofrecer un solo puesto.

En la Plazuela de la Paja se ubicaba otro mercado en las calles de Flamencos y Cerrada del Parque del Conde (cerca de Palacio Nacional), ahí se colocaban jacales de tablas y petates que además de servir como tiendas le daban cobijo por las noches a los mercaderes indígenas (tipo “viviendas”). Lo destacable de este mercadito es que ahí se vendían tortillas y atole, algo que no se encontraba en todos los mercados. Otro cercano a la Plaza Mayor estaba en en la Plaza de Jesús Nazareno, frente a la Iglesia y Hospital de Jesús (hoy Pino Suárez y República del Salvador). Este mercado se volvió más importante durante el siglo XIX pero ya desde la colonia ofrecía variados artículos. Había un mercado a la altura de Vizcaínas y San Juan de Letrán (hoy Mesones y Eje Central) enfocado a los comestibles. Y en la Plaza de Santa Catarina Mártir se construyó un edificio para alojar un mercado en 1794 el cual se destruyó cuando se construyó el Mercado de la Lagunilla (1905).

El mercado El Volador se construyó a finales del XVIII inaugurándose en 1792 y se volvió el más importante para el siglo XIX. Este se encontraba junto a Palacio Nacional, en el terreno que actualmente ocupa la Suprema Corte de Justicia (Pino Suárez y Venustiano Carranza) y fue destruido a inicios del siglo XX. En este mercado se vendían desde animales hasta menajes.

mercados13.png
Anónimo, plano de la Plaza Mayor, ca. siglo XVIII.
En este plano podemos observar la Plaza Mayor desde arriba, con la Catedral a la izquierda y al centro el mercado El Parian. Atrás de este todos los puestos ambulantes y a la derecha el canal de la Acequia Mayor. Junto a Palacio Nacional se pueden ver los puestos ambulantes que serán después reemplazados por la construcción de el mercado el Volador.

El Parián y el Volador, mercados con poca distancia entre sí, formaban el centro del abastecimiento citadino más importante.

A continuación se puede apreciar en un mapa del siglo XIX la ubicación del Volador y una foto de este a principios del siglo XX.

mercados14.png
Julio Popper Ferry, Plano del perímetro central. Directorio Comercial, 1883, detalle.

mercados15.png
Anónimo, mercado el Volador, fotografía, ca. inicio siglo XX.

En los recetarios antiguos coloniales a menudo en las instrucciones de las recetas se ofrecen opciones para sustituir un ingrediente por otro “en caso de no tenerlo a mano” redactan en las recetas. Este aspecto nos sugiere que no siempre había todo lo necesario en estos mercados y que no era cuestión de buscarlo en otro, sino había era por que venía de lejos o por alguna otra razón por lo que se requería de alternativas para elaborar las recetas.

También hay condimentos o ingredientes en los recetarios que se mencionan no por medida sino por precio, lo cual indica que había costos pactados o estabilidad en ciertos alimentos o ingredientes. Un ejemplo de estas menciones es: “un real de…”. El real era un tipo de moneda, por lo que sería como hoy decir “un peso de …”. Por ejemplo, picar un peso de ajo”.

Otro aspecto interesante acerca del abastecimiento de ciertos condimentos gastronómicos es que se adquirían en su mayoría en las boticas o farmacias, por ser relacionadas también con fines medicinales. Ejemplo de algunas de estas: jengibre, salvia, mejorana, tomillo, yerbabuena, toronjil, clavo, perejil, cilantro, nuez moscada, almendras dulces y amargas. Para hacer chongos zamoranos o queso, por ejemplo, se adquiría el cuajo de cabrito en la farmacia. Así como la grenetina de cola de pez (proveniente de Holanda), las esencias de jerez o anís, los colores vegetales y la vainilla en vaina con la que se perfumaba el chocolate.

CONTINUARÁ…

_______________________________________________________

BIBLIOGRAFÍA

1. Barros, Cristina, Los libros de la cocina mexicana, México, CONACULTA, 2008.

2. Castelló Yturbide, Teresa, Libro de cocina del hermano fray Gerónimo de San Pelayo, México, CONACULTA, 2003.

3. Gemelli Careri, Giovanni Francesco, Viaje a la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.

4. Marco Buenrostro y Cristina Barros, La cocina prehispánica y colonial, México, Tercer Milenio, 2001.

5. Mónica Lavín y Ana Benítez Muro, Sor Juana en la cocina, México, Editorial Grijalbo, 2010.

6. Novo, Salvador, Cocina mexicana. Historia gastronómica de la Ciudad de México, México, Editorial Porrúa, 2013.

7. Revista Artes de México, Los espacios de la cocina mexicana, México, núm. 36, 1997.

8. Revista Centro guía para caminantes, Una historia de aromas, colores y sabores: la tradición gastronómica del Centro Histórico, México, núm. 34, año V, octubre de 2006.

Autor:

Fecha: 
Miércoles, 08 de Julio 2015 - 16:00
Redes sociales: 
1

Columnas:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

De rutinas, paseos y cortejos en la vida de la nobleza virreinal

Anónimo, El retrato de la familia Fagoaga Arozqueta a los pies de la Virgen de Aranzazú, óleo de 248 x 333 cm, colección de Concepción Obregón Zaldívar de Valadez, siglo XVIII.

Viajemos en el tiempo y situémonos en la época virreinal cuando México era Nueva España. Periodo gobernado por la corona española en donde los títulos de nobleza eran comunes, adquiridos al inicio de la colonia (siglo XVI) por conquistas y batallas o a lo largo de la colonia por donaciones a la corona o a la Iglesia.

En este y los próximos artículos me centraré en la vida cotidiana y rutinas de las familias de condes y marqueses que habitaron la Ciudad de México durante el virreinato. Usaré el arte que se produjo y se empleo en esas épocas para rescatar los detalles de hábitos de la nobleza virreinal.

En este artículo abarcaré por medio de planos las dimensiones de la ciudad. Hablaré de cómo iniciaba la mañana en los palacios y cuáles eran las primeras actividades en un día común en la vida de la nobleza de la Nueva España, todo apoyado con pinturas de la época que muestran las clases sociales de la época y los espacios de recreación y de ocio visitados durante las mañanas.

En el siguiente artículo continuaré relatando las actividades de la nobleza al medio día, la comida y el paseo a la Alameda por las tarde.

LA CIUDAD DE MEXICO A TRAVES DE PLANOS Y SIGLOS

La sociedad virreinal vivía en una ciudad que durante la colonia fue creciendo muy poco en dimensión, pero que fue embelleciendo cada vez más sus edificios.

A continuación se pueden apreciar diversos planos que muestran la ciudad en los diferentes siglos de la colonia (XVI-XVIII). Debo aclarar que presento estos planos ya que dan una idea de cómo era la ciudad que habitaba la nobleza virreinal. Ver sus calles, dimensiones, despoblados en todos los alrededores, incluso las acequias (acueductos), nos permite comparar lo diferente que era la vida entonces a la que conocemos hoy y más quienes habitamos la Ciudad de México.

virreinato1.png
Anónimo, Primer plano publicado de México Tenochtitlán, archivo internet, 1524.

virreinato2.png
Juan Gómez de Trasmonte, Forma y levantado de la Ciudad de México, archivo internet, 1628.

virreinato3.png
Anónimo, “Vista de la Ciudad de México”, Biombo, Museo Franz Mayer, finales siglo XVII.

virreinato4.png
Antonio Álvarez y Miguel Rivera, Plano de la Ciudad de México, 1720.

virreinato5.png
Don José Antonio de Villaseñor y Sánchez, Mapa plano de la muy noble, leal e imperial Ciudad de México, 1753.

 

LOS OLORES Y SONIDOS AL ALBA

Cada mañana en los palacios virreinales, antes que la familia noble se levantara y aún antes de que amaneciera, los ruidos, los fogones y la actividad en el segundo patio iniciaban.

Estas grandes casas, llamadas palacios, contaban con dos a tres pisos de altura y dos patios. En el principal era donde se encontraban las alcobas y todos los salones de la nobleza, pero solo en la planta alta. Y en el segundo patio era donde se alojaba toda la gente del servicio, los cuales podían llegar a ser 25-30 personas (ya que incluso las costureras vivían en estos palacios). En el primer piso del segundo patio se encontraban las dependencias, es decir, cocina, despensa, guardavajillas, repostería, caballerizas, huerto, entre otros. Es en este patio donde a la aurora todos se despertaban, se daban un pequeño baño tipo “francés”, se acicalaban y bajaban lo más rápido posible para ponerse a las órdenes de la ama de llaves o de los mayordomos para iniciar las labores del día.

Una gran variedad de “castas” o mezclas raciales conformaban la servidumbre y poblaban las calles y la vida de la Nueva España. La colonia vivió una fuerte división dentro de la sociedad llamadas castas. A continuación presento algunos ejemplos de estas “mezclas” plasmadas en “pinturas de castas”, obras que mostraban los nombres de la casta a la que pertenecía cada “mezcla”. En los palacios se podían encontrar diversas castas, cada cual con una posición diferente y trabajo, siendo cada una limitada a ciertas áreas, responsabilidades o incluso siéndoles negada la posibilidad de trabajo dentro del palacio.

virreinato6.png
Anónimo, Pintura de castas, ca. siglo XVIII

Volviendo al segundo patio al amanecer, en la cocina se comenzaban a avivar los fogones con carbón y madera para preparar los alimentos del día. Los olores a madera quemada, ollas de barro, especias, vapores y sazones invadían con aromas el patio completo. Los sonidos de loza lavándose en la fuente del patio, la verdura picándose sobre la mesa de madera sólida al centro de la cocina y las semillas moliéndose en metates sobre el piso, más el ir y venir de la servidumbre era lo único que el palacio escuchaba al amanecer.

virreinato7.png
Édouard Pingret, Cocina poblana, óleo sobre tela, 63 x 51 cm, colección Museo Nacional de Historia, INAH, 1853

virreinato8.png
Anónimo, Cocina. Exconvento dominico de Santa Rosa, Puebla, Siglo XVIII.

virreinato9.png
José de Páez, De español y negra, produce mulato, óleo sobre tela, sin medidas, colección particular, México, hacia 1780.

Bajo el mando de mayordomos y amas de llaves el resto del “regimiento” de servicio alistaba las salas y salones. Corriendo los pesados cortinajes, desempolvando muebles, alfombras, tapices y encendiendo candiles y candelabros para las habitaciones más oscuras. Los caballerangos y cocheros tenían a los caballos alimentados, cepillados y alistados en los carruajes. Todo para tener lista y en orden la casa para cuando la familia y sus invitados despertaran.

 

PASEOS PARA LAS LARGAS MAÑANAS

Apenas comenzaba a calentar el día la familia del conde o marqués despertaba. La servidumbre ya estaba lista con agua caliente para el baño y los asistían para acicalar y vestir. Esto funcionaba igual para los invitados, quienes viajaban con su propia servidumbre pero en caso de no contar con ello se les asignaba alguien para que le sirviera durante toda su estancia. Era usual tener familiares de visita hospedados en la casa e invitados externos a la familia. Incluso podían llegar a hospedarse por temporadas largas como semanas o meses.

Una vez vestidos desayunaban algo ligero y sencillo para no estropearse el apetito debido a que a medio día se comía la comida fuerte. Vestían algo campirano ya que la actividad durante la mañana era pasear por los alrededores. Leer, tocar algún instrumento, cantar o simplemente caminar y adentrarse en la vegetación que la Nueva España ofrecía: mezcla de selva y bosque.

Puedo decir que la mañana se pasaba larga, pero solo para aquellos que no tenían nada más que hacer que esperar a que llegara la hora de la comida, es decir para la nobleza.

virreinato10.png
Anónimo, Pintura de castas, óleo sobre lienzo, 104 x 245 cm, colección particular, México,  siglo XVIII. 

Dependiendo a qué lugar querían ir es que elegían entre el carruaje o caminar. Podían caminar por sus extensos terrenos adentrándose en la maleza. Buscando un lugar para sentarse a leer o simplemente para disfrutar de la naturaleza. Muchas de las veces estos paseos propiciaban o aspiraban el cortejo de alguien.

virreinato11.png
Anónimo, Pintura de castas, óleo sobre tela, sin medida, México, siglo XVIII.

Las damas, hijas de los nobles, en caso de querer ir a pie y “solas”, debían de ir siempre acompañadas de un niño esclavo quien además cargaría su libro, abanico y cualquier otra cosa que necesitara.

virreinato12.png
Anónimo, Pintura de castas, óleo sobre lienzo, sin medida, México, siglo XVIII.

Los nobles y sus invitados también podían salir en carruaje a visitar alguna hacienda aledaña a la ciudad, ya fuera propia o ser invitados por alguna otra familia para pasar la mañana y tomar algún refrigerio.

virreinato13.png
Anónimo, El palacio de los virreyes, biombo de ocho hojas (incompleto), México, siglo XVII

virreinato14.png
Anónimo, biombo de cuatro hojas (incompleto), México, ca. finales siglo XVII

Los condes del Valle de Orizaba, quienes construyeron y habitaron la casa que hoy conocemos como Casa de los Azulejos, por ejemplo, tenían su hacienda en lo que hoy es la avenida Ribera de San Cosme (edificio que hoy pertenece a la UNAM y es conocido como Casa de los Mascarones). En la fotografía que presento a continuación se puede apreciar la Casa de los Azulejos o palacio de los condes del Valle de Orizaba.

virreinato15.png
Anónima, Casa de los azulejos, archivo internet, ca. finales siglo XIX.

En el siguiente mapa se puede ver la distancia entre la casa y la hacienda. Es muy probable que en aquella época les tomara llegar en carruaje aproximadamente entre media hora y unos cuarenta minutos, sino es que más. Pero podemos ver que en realidad su hacienda estaba realmente muy cerca del palacio y del centro de la ciudad.

virreinato16.png
Google Maps, distancia entre Casa de los Azulejos y Casa de los Mascarones, internet, 2015.

A continuación presento una foto de finales del siglo XIX en la cual se puede ver la fachada de la hacienda, construcción que debió de ser tan solo una pequeña parte de toda la propiedad.

virreinato17.png
Désiré Charnay, Casa de los Mascarones. San Cosme, archivo internet, ca. nov 1857- sep 1858

Otra familia noble que tenía una hacienda en los alrededores de la ciudad era la de los condes de Miravalle (su palacio es hoy el nuevo hotel Down Town del Grupo Habita, ubicado sobre Isabel la Católica entre 16 de Septiembre y Madero). La entrada principal a su hacienda tenía al frente una gran fuente y el resto de la construcción y terrenos comprendían parte de las actuales colonias Roma y Condesa.

La fuente que hoy conocemos como de la Cibeles y que está al centro de toda una glorieta en la colonia Roma era exactamente donde se encontraba la fuente original, pero en 1980 fue transformada colocando en su lugar la que hoy conocemos, esto como muestra de hermandad entre España y México.

La glorieta aun conserva la misma dimensión que tenía aquella fuente conocida como de Miravalle. En el mapa a continuación se puede ver la dimensión de la glorieta e imaginar el tamaño de la hacienda y sus terrenos.

virreinato18.png
Google Maps, Antigua fuente de Miravalle. Hacienda de los condes de Miravalle, internet, 2015.

El paseo terminaba con la posición del sol justo sobre sus cabezas. Acompañado por las campanadas de la Catedral anunciando misa de 12. El hambre ya se dejaba sentir y todos volvían a sus palacios para refrescarse, cambiarse de ropa y asistir al comedor donde una vasta y variada comida de hasta más de 25 platillos diferentes los esperaba.

Continuará…

Autor:

Fecha: 
Miércoles, 27 de Mayo 2015 - 19:00
Redes sociales: 
1

Columnas:

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

De 1738 - Nace Tupac Amaru II

José Gabriel Condorcanqui Noguera, Marqués de Oropesa llamado igualmente José Gabriel Túpac Amaru (Surimana, Canas, Virreinato del Perú, 19 de marzo de 1738 - Cuzco, 18 de mayo de 1781), conocido posteriormente como Túpac Amaru II o simplemente Túpac Amaru, fue un caudillo indígena líder de la mayor rebelión anticolonial que se dio en América durante el siglo XVIII. Descendía de Túpac Amaru I (último Sapa Inca, ejecutado por los españoles en el siglo XVI).

Lideró la denominada «Gran rebelión» que se desarrolló en el Virreinato del Río de la Plata y el Virreinato del Perú, pertenecientes al Reino de España, rebelión iniciada el 4 de noviembre de 1780 con la captura y posterior ejecución del corregidor Antonio de Arriaga.

Curaca (jefe nativo) de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, era adinerado y se dedicaba al comercio. Se trataba de un personaje de origen mestizo (fue Marqués de Oropesa) en el que confluía la sangre del Sapa Inca Túpac Amaru con la de los criollos. De hecho, durante una gran parte de su vida, habiendo sido criado hasta los 12 años por el sacerdote criollo Antonio López de Sosa y luego en el Colegio San Francisco de Borja, mostró preferencia por lo criollo llegando a dominar el latín y a utilizar refinadas vestimentas hispanas, pero posteriormente se vistió como un noble inca, hizo uso activo de la lengua nativa quechua en su vida y proclamas, y fue excomulgado de la Iglesia católica.

Encabezó el mayor movimiento de corte indigenista e independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en pedir la libertad de toda América de cualquier dependencia, tanto de España como de su monarca, implicando esto no sólo la mera separación política sino la eliminación de diversas formas de explotación indígena (mita minera, reparto de mercancías, obrajes), de los corregimientos, alcabalas y aduanas (14 de noviembre de 1780). Además decretó la abolición de la esclavitud negra por primera vez en América (16 de noviembre de 1780). Su movimiento constituyó un «parteaguas», debido al cual las autoridades coloniales eliminaron a la ya escasa clase indígena noble y acrecentaron la represión contra lo andino, por el temor de que algo así se a repitiese.

En Perú ha sido reconocido como el fundador de la identidad nacional peruana. Fue una figura capital para el régimen velasquista (1968-1975) y desde entonces ha permanecido en el imaginario popular reivindicado.

Fecha: 
Jueves, 19 de Marzo 2015 - 09:40

Efemérides:

Redes sociales: 
1