Se encuentra usted aquí

vecindad de mexico

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CLIV

Querida Tora:

El portero descubrió que un muchacho que vive en un cuarto de azotea se estaba dedicando a cultivar unas plantitas como las que tuvo la enfermera una temporada, y se enojó mucho; porque dijo que esas plantitas servían para hacer curaciones, y este chavo las vendía para fumárselas. Pasó varios días pensando qué hacer: correr al chavo de la vecindad, tirar sus plantitas a la basura, quemarlas, denunciarlo a la policía… pero nada le gustaba.

Por fin, un domingo a mediodía citó a todos los vecinos a una junta urgente. Se reunieron muchos, y parecían muy contentos. Entonces, el portero sacó un sobre grande, se los enseñó y dirigiéndose al chavo, a quien habían colocado en primera fila, le dijo que había conseguido la dirección de su mamacita, allá en el pueblo, y que esa carta contenía una relación de lo que estaba haciendo, que estaba muy mal hecho porque afectaba la salud de todos los que fumaban sus plantitas y, sobre todo, de los niños; que ya había varios casos de niños que enloquecían de repente o se volvían agresivos o insultaban a sus padres; que eso no se podía tolerar y que solicitaba su ayuda para meter al orden a su hijo. Luego se calló, esperando la reacción del público.

Esta no se hizo esperar, pero se limitó a murmullos y a miradas de soslayo al chavo, quien se puso a conferenciar con sus cuates (no son gemelos; es otra forma de decir “carnal”). Al cabo de unos minutos, los muchachos se retiraron sin dignarse ni siquiera mirar al portero.

El portero estaba enchiladísimo (no, no lo iban a guisar. Se explica solito, ¿no?). “Pero para que vean que no amenazo en balde”, dijo, “ahorita mismo pongo la carta en el correo, con copia para su abuelita”. Y la entregó a uno de sus guaruras, con la orden de ponerle timbres y echarla al buzón.

Los vecinos se retiraron enseguida, hablando en voz baja. La verdad la mayoría se iban riendo, diciendo que no iba a pasar nada. Y así fue, por un tiempo.

Un día, el chavo de la azotea fue a un pizarrón donde ponen avisos de interés para todos, y engrapó unos papeles; luego le puso un foco que los iluminara bien, cogió un altavoz e invitó a los vecinos a que los leyeran.

¿Sabes lo que decían? Los copio para que te enteres; pero corrijo un poco (más bien, un mucho) las faltas de ortografía y de redacción para que los entiendas. Ahí te va:

“Hijito. Me da harto gusto que tengas tu propio negocio. Yo sabía que tu la ibas a hacer en la capital. Con el dinero que me mandas, vivimos mejor que nunca, y el Erasto y su primo el Güero ya están juntando pa’ los pasajes pa’ ir a ayudarte. Y si quieres, mándame unas plantitas, que nosotros tenemos aquí unas tierritas (ya las conoces, las de arriba del monte) que no se usan pa’ nada, y a lo mejor podemos plantarlas aquí. Si algo sabemos, es de agricultura. Acuérdate qué elototes sacaba tu papá, lástima que lo mataran por andar de coscolino que, si no, ya seriamos dueños del pueblo. Pero yo confío en que vengas tú y acabes con el cuadro; o que pongas a todos a cultivar tus plantitas. Quién me iba a decir que mi muchacho iba a salir tan bueno pa’ los negocios. Adiós, Cuídate. Tu jefa. Ah, tu abuelita dice que le reces mucho a San Judas Tadeo pa’ que las cosechas se te den bien. Otra vez adiós”.

El portero quiso arrancar la carta, pero el chavo y sus cuates no lo dejaron; y cuando les echó encima a sus guaruras, les pegaron  a todos; luego volvieron los guaruras con palos  y piedras, pero el portero les dijo que no fueran salvajes, que eso lo iba a resolver él de una manera civilizada; y le ofreció al muchacho pagar unas copias para que las distribuyera entre todos, pero que quitara la carta del pizarrón. Así se hizo, y los vecinos se acercaron al chavo para ver cómo podían entrarle al negocio. Pero el chavo no quiso; dijo que ese asunto era idea suya, y que así quería conservarlo. Sin embargo, los niños del 57 ya se robaron unas semillitas de las plantas y las sembraron en unas macetas que tienen en la azotehuela, donde nadie las ve, y ya empieza a asomar un tallito verde. En fin, ya veremos qué pasa.

Por lo pronto, la agitación terminó en la vecindad, y ya parece que no hubiera pasado nada. Pero quién sabe lo que vaya a pasar.

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 01 de Noviembre 2019 - 10:10
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 01 de Noviembre 2019 - 12:25
Fecha C: 
Sábado, 02 de Noviembre 2019 - 01:25
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CXLIV

 Querida Tora:

El portero anda muy activo. Ya te imaginarás por qué. ¿No? Pues porque quiere irse con la Flor (y su prima) a Acapulco. No quiere llevar a la prima, pero quién sabe lo que ella diga.

La idea le vino porque los vecinos empezaron a protestar de que el Seguro Vecinal estaba en muy malas condiciones: el piso era una porquería que ya ni lavándolo con ácido muriático se aclaraba, las persianas se estaban cayendo, la enfermera siempre estaba dormida y lo único que recetaba eran chiquiadores de ruda. Y le exigieron mejorar las condiciones generales del Seguro.

Al principio se negó, claro. Pero luego vió en eso la oportunidad de  hacer el anhelado viaje. Y, claro, pidió una cuota especial. Con tal de contar con un buen Seguro, los vecinos accedieron y algunos a regañadientes y otros con buena voluntad, la entregaron (Con excepción de los del 56, que como siempre están incróspidos, ni se enteraron de lo que les pedían).

Total, que en dos días (La Flor quiere irse de viaje ¡¡YA!!) empezaron los trabajos. Trajeron varias cajas de loseta, que nadie vió porque estaban cerradas; algo que parecían persianas, dos o tres estantes de diversas formas y bastante arruinados, un  sillón largo y negro que parece de psiquíatra de película, un banquito, tres macetas con ruda y otras dos con quién sabe qué plantas, que se veían muy sospechosas.

Era loseta en pedazos, que encontraron en alguna demolición. Debo decir que los que la instalaron (Los guaruras en sus ratos libres, que son la mayoría) hicieron un buen trabajo uniendo los pedazos, y aquello parece una alfombra oriental de muchos colores. Lo que parecía persianas son persianas, pero también tuvieron que pegar las láminas; y no pueden abrirlas ni cerrarlas, porque se parten, Los estantes los pintaron de negro, porque así no se notan las imperfecciones. El sillón es para el uso exclusivo del portero cuando necesite sus cuidados paliativos, y es nuevo. Y las macetas las colocaron junto a la ventana, donde les de el sol y las puedan regar sin mojar nada. El aspecto en general es bastante bueno

Como ya te imaginarás, todo lo consiguió el portero a precios irrisorios, y hasta regalado. Lo único que pagó, y a buen precio, fue una de las macetas. Lo sé porque una noche le vinieron a cobrar; y como los que llegaban eran unos perfectos desconocidos, me fui a una ventana de la portería y me enteré de todo. Me da pena que abuse de los vecinos, pero pensé que, con todo y todo, el Seguro Vecinal estaba mucho mejor que antes. Y me dije “Bienvenido que los estafen, si con eso mejoran su vida”.

Me equivoqué de medio de medio (no sé cuáles son esos medios). Al día siguiente de la instalación varios vecinos fueron  a quejarse de dolor de cabeza o de estómago; y uno dijo que le dolía el corazón. ¿Y sabes lo que la enfermera les dió? Chiquiadores de ruda. Según dijo, no había alcanzado para más medicinas que las tres macetas y una hierba del sapo, que es muy buena para bajar de peso. La señora esa que bajó 100 kilos y luego los volvió a subir vino corriendo; pero las dosis que le ha dado no le han servido de nada. Entones la enfermera, con mucho misterio, le dio unas hojitas de la maceta que había costado tan cara: le dijo que la pusiera a secar, que la machacara y que la metiera en un papel de cigarro y se la fumara…

Justo lo que te imaginas. Era marihuana. Al que le dolía el corazón le dió como para tres cigarros. Ninguno de ellos se ha curado, pero por lo menos se pasan las tardes tranquilos, viendo visiones que luego comparan entre sí, a ver quién las tuvo más bonitas.

El portero y la Flor no se fueron a Acapulco sino a Los Cabos, que está mucho más lejos. Y volvieron muy contentos. Sobre todo la Flor, porque se empeñó en llevarse a la prima “para que la sustituyera cuando se sintiera muy cansada”. Lo que ocurrió todos los días, porque ella se iba desde temprano a nadar, y regresaba arrastrando la lengua (es un decir, por supuesto). La prima también volvió muy contenta, porque era la primera vez que viajaba en avión; pero el portero tuvo que ir al Seguro por sus cuidados paliativos.

En fin, la vida sigue sin mayores novedades. En la azotea tampoco ha pasado nada digno de mención, salvo que la gatita rubia ya está otra vez embarazada. Pero eso, en realidad, no es novedad.

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 25 de Octubre 2019 - 08:00
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 25 de Octubre 2019 - 10:15
Fecha C: 
Viernes, 25 de Octubre 2019 - 23:15
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CXXXIX

Querida Tora:

Llegó un vecino nuevo al 17, ¡y no sabes la que se armó! Es un muchacho de veintitantos años, bastante bien vestido, y que es “el hombre más guapo del universo”, según declaración formal de la del 42, que se dice experta en esas cosas. No es alto; tiene cara de niño anda muy sonriente, dando los “Buenos días” a todo el mundo sin  distinción y siempre alegre.

Las vecinas se volvieron locas. Todas. Se pasan el día acechándolo para “darse un taco de ojo”; le salen al paso; le llevan “unos chilaquilitos, unas enchiladas, un taco de chicharrón”, lo que sea; a tal grado que a veces no tiene que hacerse nada para desayunar o cenar (Nunca come en la casa). Una noche las oí hablar; unas decían que querían que fuera su hijo, para poder apapacharlo todos los días; y otras lo querían para “cosas más prácticas”. El caso es que hablando, hablando, le pusieron “el Niño Dios”. Pero la del 42,  que se las sabe todas (Según dice) declaró “Es demasiado guapo para ser normal. Debe ser el demonio”, Todas se quedaron medio impresionadas, pero decidieron no hacerle caso, y siguieron agasajándolo.

Como a las dos semanas, una noche se oyó un estruendo en su vivienda; y luego gritos, cosas que se azotaban, algo que se rompía. Todos los vecinos salieron y fueron a escuchar, llenos de miedo. Los gritos arreciaron, y luego hubo gruñidos y otras cosas feas.  Y la del 42 dijo “¿Lo ven? Se los dije. Se va a convertir en un monstruo”. Todos echaron a correr. Pero pudo más la curiosidad, y regresaron a escuchar. Por fin, se hizo el silencio y la del 33 se atrevió a llamar a la puerta. Y al cabo de unos segundos se oyó la voz del muchacho, pero algo modificada, como muy cansada, que les dijo que no se preocuparan, que había tenido una pesadilla horrible.

Todos se retiraron, tranquilizados pero escamados. Y a partir de esa noche, lo empezaron a mirar con desconfianza. Pero bastaron unas sonrisas para que todas volvieran a adorarlo como al principio.

Pero un día el Niño Dios salió de su vivienda vestido de blanco, como si fuera a hacer la Primera Comunión, y todas dejaron escapar un suspiro de admiración. Pero justo cuando estaba en el centro del patio, al borde del agujero, cayó al suelo y empezó a  temblar y a quejarse. No sabes el susto que se llevaron. Todas corrieron a auxiliarlo;  pero en ese momento empezó a  convulsionarse y a lanzar patadas y a gritar como un  condenado. Y nadie sabía qué hacer. El portero salió a ver qué pasaba, pero no se atrevió a acercársele (Por si las moscas, dijo). La del 42 empezó a gritar “¡Llamen a la Mocha! ¡Traigan a la Mocha!”. “¿Por qué?”, le preguntaron?”. “Pues porque es Mocha. Ella podrá hacer algo”. No hubo necesidad de irla a llamar. Ella bajó, angustiada. Y la del 42 “¡Está poseído! ¡Hazle un exorcismo!”

Lo que hizo la Mocha fue quitarle a la del 47 una cuchara que tenía en la mano (Estaba haciendo el desayuno en ese momento) y se la puso al muchacho en la boca. “Para que no se muerda la lengua, ni se la trague”, les dijo. “Es un ataque de epilepsia”. Todas se quedaron de a seis (¿Por qué de a seis y no de a cuatro o de a ocho?) “Se le pasará pronto. Sólo hay que cuidar que no se haga daño”.

Efectivamente, en unos minutos más el muchacho se calmó. Se quedó todo desguansado, como si se hubiera muerto, ante el horror de todas las viejas. Pero no estaba muerto, solamente muy cansado; y no contestaba si le preguntaban algo. Entonces, la Mocha lo empezó a bolsear, ante el horror de todas. Y el portero le prohibió abusar de un hombre que no se podía defender. Pero ella no hizo caso. Encontró una libretita; y allí, el nombre de una persona a quien avisar en caso de accidente. Allí mismo sacó su celular y marcó el número que encontró.

Antes de una hora llegó una señora muy arreglada y muy angustiada, que dijo que era su madre y que el muchacho, que por cierto se llama Julio, tiene epilepsia; pero que quería vivir solo y bastarse a sí mismo, sin tomar en cuenta su condición. Añadió que lo llevaría al hospital para que lo siguieran atendiendo, pues el doctor le daba esperanzas de que podía mejorar; pero él no había querido esperar. Dio las gracias a todos por la ayuda que le habían prestado, prometió volver a informarles cómo estaba, y se lo llevó en una camilla.

Así terminó la historia del Niño Dios. Por lo menos, en lo que a la vecindad respecta, pues no volvimos a saber de él. Ya me dirás  si sacas alguna conclusión de todo ésto.

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 12 de Julio 2019 - 13:15
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 12 de Julio 2019 - 15:30
Fecha C: 
Sábado, 13 de Julio 2019 - 04:30