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No se necesitan excusas, urgen respuestas

Atorada en el tráfico estaba una ambulancia con la sirena abierta intentando pasar, los conductores de los autos parecen no escucharla, nadie se mueve, es como si no pasara nada, segundos vitales para la vida de alguien se escurrían ante la indiferencia del mounstro urbano, frío, ausente, inmóvil.

Cambia la luz del semáforo y por fin la ambulancia avanza unos metros para ser detenida de nuevo por un conductor que de un brusco movimiento ocupa el espacio y de nuevo atora la vida de alguien, finalmente la ambulancia logra pasar, seguida por tres autos que le ponen cola para avanzar más rápido.

Esta es una escena que cada vez se vuelve mas frecuente.

Estamos perdiendo el humanismo, la indiferencia ante las necesidades de los demás nos alejan, nos separan. 

Ejemplos de ello los vemos continuamente en las redes sociales donde los memes de la desgracia se han multiplicado y son festejados y reenviados por más y más personas.

El acceso a la información generada en las redes sociales nos ha permitido ver sucesos atroces, desde asaltos, peleas hasta decapitaciones o balaceras, nuestra capacidad de asombro está rebasada, ahora es pequeña, muy chiquita, casi nula. 

No es lo mismo ver esto en el celular, que pasar por un evento en el que la falta de solidaridad y compromiso social sea de vida o muerte como en aquella ambulancia en la que iba una persona que demandaba atención urgente y un poco de cooperación social hubiera ayudado mucho.

Mientras la tragedia o el apuro no sea personal, simplemente no existe.

La actitud del gobierno ante la muerte de una pequeña por falta de medicina contra el cáncer es triste e inhumana pues no fue de arrepentimiento ni de solidaridad, fue la acostumbrada actitud de buscar culpables externos, en este caso los fabricantes de medicinas. Como dijera Cantinflas ahí esta el detalle, las personas que padecen o tienen hijos con cáncer no necesitan excusas, urgen respuestas, buenos resultados.

Ya tienen nueve meses como gobierno, en ese tiempo, ¿no podrían haber llegado a una negociación favorable con los laboratorios?

Casualmente cuando las noticias del desabasto llegan a las mañaneras, en ese momento como truco de Harry Poter llegan las medicinas a los sistemas de salud…¿Quién miente? ¿Por qué no llegaban las medicinas? ¿Es este un problema provocado para aparentar que lo solucionan después? ¿Es administración del caos?  O simplemente es una omisión, un descuido o es producto de la centralización del poder en la que nada se mueve si no lo indica el presidente. 

Fecha: 
Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 13:15
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Fecha B: 
Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 15:30
Fecha C: 
Martes, 03 de Septiembre 2019 - 04:30
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El Meollo del Asunto: Discurso de odio

Hoy voy a generar una hipótesis que el espacio para mi texto no me permite desarrollar todo lo que quisiera.

En las últimas décadas hemos venido escuchando decir, “eso es un discurso de odio”.

Generalmente se refieren a términos, palabras o mensajes que atacarían a una mujer diciéndole, “perdida”, a un homosexual diciéndole, “joto”, a un inmigrante “mugroso”, en contra del feminismo, “feminazi” o contra el aborto “asesinato”. Esa sería casi la regla.

No se considera discurso de odio si lo mismo se habla o se dice en contra de la familia ancestral, “patriarcado arcaico”, si se refieren a los hombres, “rata de dos patas”,  a los heterosexuales “retrogradas machos”, a la iglesia “conservadores”, o en contra del cristianismo “fanáticos”. ¿Por qué es así?

Aunque lo sepa, es difícil establecer el por qué y desde cuándo se trastocó el sentido de las cosas. Podría decir que inicia en el momento en que como dicen, los principios y valores dejaron de enseñarse y el sentido común se volvió un común sin sentido, el que como dice Chesterton, “encontramos en muchos que atacan el primero”.

Establecer cuándo fue este momento es igualmente difícil. Pero me arriesgaré a decir que inicia en 1969 y tal vez antes, una década antes. Cuando “Elvis Presley” o “Elvis The Pelvis”, hace su arribo al escenario del rock, volviendo locas a las muchachas y siendo el ejemplo a seguir de los muchachos de entonces.

De ahí “revienta” Woodstock, la cultura hippie y el consumo generalizado de drogas. El que prevalecería una década en su esencia produciendo un efecto que llegaría hasta la actualidad.

Se transformaría conservando sus principales postulados. “Haz el amor y no la guerra”. “Libertad, Libertad”. La sicodelia y la estridencia de la música.

El mundo no sería el mismo después de Woodstock. Los postulados de entonces no son los mismos hoy. Han pasado cincuenta años. La decadencia y la deconstrucción hicieron su efecto.

El concepto de libertad se degeneró a tal grado que se confundió y mezcló con filosofías de antes de Cristo y se tuvo un híbrido entre lo pasado y el presente.

Transformando las antiguas creencias para una Nueva Era, revistiéndolas de sofisticación, modernismo mal entendido. Donde en el caminar y la mezcla con un ingrediente en especial, trastocó la sociedad. Siendo ese ingrediente, la maldad.

La sociedad de la primera parte del SXX entendía que para cada derecho existe una obligación.

Mas la liberalidad de finales del mismo siglo provocó que la mente del ser humano se olvidara de la obligación y pensara sólo en los derechos. En los Derechos Humanos.

Así, los grupos minoritarios ganarían terreno. Más cuando entre los grupos mayoritarios se desbocaron los sentimientos de rechazo y les ofendieron de las más perversas maneras.

Surge entonces la llamada Acción Afirmativa. Una política estadounidense que trataría de darle garantías a estos grupos minoritarios.

Los que se vieron dotados de un poder que antes no tenían. Un respeto que como seres humanos se merecen, pero que no se les daba. Hasta que esto fue llevado al extremo y las posiciones se voltearon con la complacencia de la ley ad hoc a sus ideologías y causas.

Ganaron posiciones políticas mediante el uso de un recurso al que se le llamó y se le conocen en EUA como el Discurso de Odio. Que no es otra cosa que una ofensa retórica o invectiva.

Este concepto lo hemos importado a nuestro país casi textual, siguiendo en ejemplo estadounidense.

El discurso de odio (en inglés: hate speech) es la acción comunicativa que tiene como objetivo promover y alimentar un dogma cargado de connotaciones discriminatorias, que atenta contra la dignidad de un grupo de individuos.

Dicho discurso es propagado con intención maligna​ para incitar al interlocutor, o lector, a que lleve a cabo acciones destructivas en contra de un grupo, por lo general, históricamente discriminado.​ Fuente: Wikipedia.

En el reciente hecho violento en El Paso, TX, donde un joven atacó a la gente en la tienda Walmart de Cielo Vista, fueron asesinadas 22 personas y 40 más fueron heridas, después del atentado se dio a conocer un manifiesto racista que habría sido distribuido con antelación al hecho.

Inmediatamente se ha venido culpando al presidente Trump por ese tipo de crímenes. ¿Por qué?

Porque se dice que hace uso de un discurso de odio en contra de inmigrantes hispanos, como le dicen a todo el que no es güero anglosajón, fundamentalista religioso.

Si es esto cierto o no, si es así o no lo es, el tiempo lo habrá de decir y mostrar.

Ahora bien, si se califica de discurso de odio a aquél que es capaz de animar a personas a que mate a otra porque no son de su misma raza. Si las palabras presuntamente descalificadoras de un presidente que llama violadores y ladrones a una raza exacerba otra para llegar a cometer crímenes, el que otro presidente llame conservadores hipócritas, corruptos, fifís neoliberales a otras, en otra latitud, provocarían lo mismo que en EUA. Yo creo que sí.

Y creo que en México ya está sembrada la semilla del odio que podrá provocar el mismo fenómeno como el que hemos visto el sábado pasado en El Paso, Tx.

Basta entrar a las redes sociales donde se puede palpar el efecto del discurso de odio que se desborda cada mañana, a manera de “broma”, desde el Palacio Nacional.

Un “discurso de odio” que muestra, El Meollo del Asunto.

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Fecha: 
Lunes, 05 de Agosto 2019 - 13:25
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Fecha B: 
Lunes, 05 de Agosto 2019 - 15:40
Fecha C: 
Martes, 06 de Agosto 2019 - 04:40
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Cápsula del tiempo: Costumbres

Este breve espacio nombrado como cápsula del tiempo o el ropero de la abuelita, pretende echar un vistazo a aquéllos usos y costumbres que con el paso de los años se han perdido, evolucionado o permanecido y como una ventana hacia una realidad menos amarga como la que nos rodea día con día y en la que habita la violencia de múltiples formas, provocando el desencuentro, el conflicto y lo contrario al amor.

No se trata simplemente de todo aquello que solemos hacer o utilizar como herramienta o accesorio sino incluso, de aquéllas prácticas que con el tiempo hemos perdido, algo tan simple como saludar al vecino o al pasajero que viaja junto a nosotros en el transporte (bueno, ahora no viajamos, nos amontonamos y el transporte público parece una jungla) y que no existe más porque nos ocupa más alcanzar un espacio que empujar o lastimar al otro porque al fin y al cabo, es cosa de todos los días y es “normal” aunque no hay que confundirse entre lo normal (lo habitual u ordinario o de un comportamiento que se ajusta a ciertas normas) y lo que es costumbre (lo que se hace como práctica tradicional de acuerdo al contexto y/ entorno). La humanidad ha convertido en normal todo aquello que se repite constantemente (otra vez, la violencia, la corrupción, los asesinatos, etc.), pero ello no significa que deba ser una costumbre y que todos deban realizarla para encajar en una sociedad que se está quedando vacía de tradiciones, de cultura, de valores, de principios, de sentido.

Asumimos como “normal” lo que todos hacen o dicen, así pasa con el lenguaje, con las modas, con la música porque está hecho en serie para la masa y se ignora lo que parece extraño o diferente porque sólo unos cuantos se atreven a hacerlo o a conservarlo como en mi ejemplo y entonces saludar ya no es la regla sino una opción que no está mal vista por nadie porque da igual saludar o no, total, hay cosas “más importantes” que atender por ejemplo un mensaje en el celular o una llamada o responder un correo electrónico.

Entonces, ¿qué pasa o qué pasará con las tradiciones, usos y costumbres que durante años se han heredado de generación en generación? ¿La humanidad ha evolucionado lo suficiente como para establecer un nuevo orden de ideas que nos permita convivir en armonía y en un marco de justicia y legalidad? ¿Eso es lo que estamos enseñando a las nuevas generaciones? ¿Estamos fomentando una cultura del esfuerzo o les estamos facilitando al extremo la vida a los más pequeños? En resumen, ¿qué estamos haciendo con la vida y el mundo que nos toca vivir?

Aquí hemos revisado el uso del sombrero, la evolución del vestido en las mujeres, pasamos por el pañuelo como accesorio aunque también tiene una connotación de consuelo como un gesto compasivo del hombre por una mujer (aunque brinquen las feministas a ultranza), también revisamos el uso de la bolsa de mandado (que se pondrá de moda nuevamente por un breve tiempo), el rebozo, la tradición de enviar tarjetas navideñas, las posadas, el arte de tejer a mano, el uso de los espejos, los collares, entre otros y ¿qué más no queda? En efecto, parece como si ciertas costumbres fueran parte de una cápsula del tiempo que quedaron atrapadas y que nadie más se atreve a ejecutar o continuar porque han quedado “fuera de moda” y porque no es lo actual, lo funcional, lo “in”; sin embargo, es en la raíz de todas ellas que encontramos identidad y sentido de pertenencia a pesar de que el mundo tenga múltiples formas y posibilidades, a pesar de la existencia de otras tradiciones y culturas pero tan sólo pensemos un momento en un inocente viaje de vacaciones a algún estado de la República Mexicana o incluso, a otro país y nos sorprenderá descubrir que cada vez da igual el sitio que elijamos porque la globalización está borrando la huella que ha dejado la historia de las diferentes regiones, porque no llegamos a vivir y experimentar costumbres diferentes sino que nos quedamos en la versión turista del lugar que visitamos para no perder la “normalidad” de los lugares que frecuentamos todos los días y que ahora existen por todos lados. Hay excepciones, sí pero solo para los más aventurados que de verdad quieren conocer y descubrir algo diferente a la cotidianeidad y a lo que encontramos en cada esquina, así que los usos y costumbres se van diluyendo y con ellos, nuestra historia aunque nunca es tarde para traerlos a valor presente, para retomarlos y utilizar todo lo bueno que han dejado en el paso de la humanidad por el mundo, habrá que desempolvar muchas cápsulas del tiempo y seguir abriendo viejos roperos para descubrir que hubo una vez, un mundo que existió con grandes diferencias al que actualmente vivimos pero que así dejó grandes legados para la humanidad. ¡Sigamos explorando!

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Fecha: 
Martes, 30 de Julio 2019 - 13:20
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Fecha B: 
Martes, 30 de Julio 2019 - 15:35
Fecha C: 
Miércoles, 31 de Julio 2019 - 04:35
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La crueldad animal y los derechos

A propósito de los animados debates contemporáneos sobre si los animales deberían tener derechos, el pasado 21 de agosto del año en curso, con 16 votos a favor y 5 en contra, el Congreso del Estado de Coahuila aprobó el dictamen que prohíbe las corridas de toros.

En mi opinión, existen muy buenas razones que justifican dicha prohibición. Si compartimos la idea que los animales son "alguien" y no "algo" por lo tanto compartiríamos los principios morales fundamentales y en este sentido un elemental derecho: el de ser tratados con respeto.

La crueldad con la que son tratados los animales en las corridas de toros erosiona ese principio; el debate al fin y cabo tiene mucho que ver con la capacidad que tenemos como sociedad de construir un debate moral razonado, y articular criterios que promuevan la idea del "bien común" como virtud cívica.

Los animales se encuentran conscientes de lo que sucede en el mundo que los rodea y tiene una importancia para sí, en este sentido, los animales no solo están en el mundo per sé, sino cada uno tiene experiencias de vida que pueden ser mejores o peores.

La idea en torno a los  los derechos de los animales y su relación con los derechos humanos,  no pretende sugerir que vale para uno (animales) y para otro (humanos) lo mismo en todos los sentidos posibles1, sin embargo, lo que si se intenta sostener es que los animales y los seres humanos comparten derechos morales básicos.

En esta línea, los seres humanos tienen una responsabilidad ética con los animales, que se sustenta en una de serie valores intrínsecos, a saber, el bienestar, respeto, libertad e igualdad. 

La justificación de los derechos de los animales, no se encuentra en la respuesta a las preguntas: ¿pueden hablar? o ¿pueden pensar?, sino a la pregunta ¿pueden sufrir? Esa capacidad de sufrir es compartida por  humanos y animales.

Por tanto, corresponde a los seres humanos respetar la vida en todas sus formas. Este respeto debe expresarse tanto para la unidad como para diversidad de todos seres vivientes y para la dignidad de todos los animales2.

En suma,  el reconocimiento de los derechos que los animales tienen y la responsabilidad moral de la humanidad que dicha cuestión conlleva, nos  remite necesariamente a la construcción de discursos éticos razonados que por un lado constituyen un elemento básico de la virtud cívica comunitaria y por otro un avance civilizatorio de gran importancia.

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1 Por ejemplo, no podría sustentarse que los animales pueden tener el derecho a la libertad de expresión, o derechos culturales, como acceso al arte, la música. Mucho menos pensar que los pollos tengan derecho a votar, etcétera.

2 “El espíritu de la Declaración Universal de las Derechos Animales” Juan Ramón Blanco Aristín, Madrid, 2012. 

Fecha: 
Miércoles, 26 de Agosto 2015 - 18:30
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La Comisión Nacional Bancaria y de Valores

En los primeros meses de 1995, después del “error de diciembre” y durante una de las más severas crisis económicas que ha sufrido nuestro país surgió una de las instituciones fundamentales para el buen desarrollo de nuestro sistema financiero. Estoy hablando de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Así, el 28 de abril de 1995, el Congreso de la Unión aprobó la Ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (LCNBV), fusionando en un sólo órgano desconcentrado, las funciones que correspondían a la Comisión Nacional Bancaria (CNB) y a la Comisión Nacional de Valores (CNV). 

La CNBV nace con el mandato de supervisar y regular las entidades que conforman al sistema financiero mexicano, con el fin de procurar su estabilidad, correcto funcionamiento, mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo del sistema financiero en su conjunto, y proteger los intereses del público usuario. 

Así, la CNBV conserva plenamente las facultades de autoridad que tenían la Comisión Nacional Bancaria (CNB) y a la Comisión Nacional de Valores (CNV). Pero complementándolas con el establecimiento de programas preventivos y de corrección para eliminar irregularidades en las entidades supervisadas. 

La ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores señala que ésta es un  órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con autonomía técnica y facultades ejecutivas. Tiene por objeto supervisar y regular en el ámbito de su competencia a las entidades integrantes del sistema financiero mexicano, a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, así como mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo de dicho sistema en su conjunto, en protección de los intereses del público.

También su objeto es supervisar y regular tanto a las personas físicas como a las personas morales, cuando realicen actividades previstas en las leyes relativas al citado sistema financiero.

Para la consecución de su objeto y el ejercicio de sus facultades la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) tiene una Junta de Gobierno que está integrada por diez vocales, más el Presidente de la Comisión, que lo es también de la Junta, y dos Vicepresidentes de la propia Comisión que aquél designe. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público designa cinco vocales; el Banco de México tres vocales y las Comisiones Nacionales de Seguros y Fianzas y del Sistema de Ahorro para el Retiro un vocal cada una.

De conformidad con el artículo 14 de la Ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (LCNBV), el Presidente de la Comisión será designado por el Secretario de Hacienda y Crédito Público. Este nombramiento debe recaer en una persona que reúna varios requisitos, entre otros, haber ocupado por lo menos durante cinco años, cargos de alto nivel en el sistema financiero mexicano o en las dependencias, organismos o instituciones que ejerzan funciones de autoridad en materia financiera.

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Miércoles, 26 de Agosto 2015 - 17:30
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Columnas:

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Lunes negro. Regreso a clases. Papa quiere rentar basílicas, iglesias y hasta la Capilla Sixtina

Esta tarde conduce Bernardino Esparza. Lo acompañan en cabina José Luis Romero Hicks, Hugo González y Mónica Uribe
 Los temas que abordaron esta tarde fueron:

  • Lunes negro, caída de todas las Bolsas de Valores del mundo. 
  • Regreso a clases: en México 25 millones niños y jóvenes ya están en las aulas. Oaxaca y Guerrero iniciaron sin mayores manifestaciones.
  • Reunión en Cancún para la venta y control de armas.
  • El Papa quiere rentar basílicas, iglesias y hasta la Capilla Sixtina, según la Revista Forbes. 


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Lunes, 24 de Agosto 2015 - 19:00
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Mi programa:

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¿Por qué la ciudadanía no cree en los partidos políticos, la política ni en sus políticos?

Las democracias contemporáneas se encuentran articuladas bajo tres componentes sustanciales: la ciudadanía, los derechos humanos y los partidos políticos. Hoy en día la idea de democracia es difícil concebirla sin alguno de estos elementos.

En particular, los partidos políticos desempeñan dos papeles centrales en una democracia: por una parte, una función social como responsables de la estimulación de la opinión pública y la socialización de la política, y por otro lado, una función institucional como parte instrumental de la conformación de los órganos del estado y el poder público[1].

Sin embargo, hoy en día está extendida la sensación de descredito y de un déficit de confianza por parte de los ciudadanos con respecto a la política, los políticos y los partidos políticos.

Si bien es cierto, existen problemas sistémicos -estructurales, como la corrupción, la opacidad, el déficit en el funcionamiento de las instituciones democráticas, etc.- que hacen que crezcan los índices de desconfianza en los políticos, los partidos políticos y los políticos por parte de la ciudadanía, existen otras razones de carácter filosófico- político que explican este fenómeno de desesperanza con todo lo relacionado con la política. 

El debate público de nuestras sociedades no está funcionado óptimamente hoy en día. Existe un cierto vacío en la vida pública, mismo que explica el por qué en las sociedades democráticas occidentales existe una frustración generalizada. La razón fundamental de esa frustración tiene que ver con el poco o nulo caso que los políticos, los partidos políticos y la política hacen de las grandes e importantes preguntas relacionadas con el significado y el propósito de nuestras vidas colectivas, así como del contenido mismo de nuestros derechos. No se abordan discusiones sobre la importancia de construir valores asociados a la virtud cívica de la ciudadanía o el bien común.

En esta línea, cabe preguntarse: ¿Por qué los políticos no quieren debatir sobre estas cuestiones fundamentales?. Desde mi punto de vista, hay dos posibles respuestas. Por un lado, desde la década de los años 80s, los políticos han profesado una especie de  “fe en el mercado”, o “triunfalismo de mercado”[2],  esto es, los valores asociados a las economías de libre mercado que estimulan el individualismo son suficientes para generar justicia social.

Se piensa que el trabajo como premisa fundamental para obtener ganancias nos hace irremediablemente libres, independientes, estables económicamente y que, como consecuencia de todo ello, se articularán sociedades más justas y democráticas. No existía debate alguno sobre las cuestiones fundamentales asociadas a la justicia, la ética y los derechos humanos.

Ahora bien, una segunda razón del por qué es casi inexistente la discusión a fondo sobre estas cuestiones, tanto en la política como en los medios de comunicación, es que a menudo los políticos evitan el debate por considerar que estas interrogantes sobre la buena vida o la moralidad son políticamente arriesgadas.

Desde luego, en las sociedades caracterizadas por el pluralismo existen marcados desacuerdos acerca de las cuestiones morales, acerca de cuál es la mejor manera de vivir, y el contenido propio de nuestros derechos. Sin embargo, temas fundamentales como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parejas del mismo sexo, la muerte asistida (eutanasia), la distribución de los ingresos y la riqueza, cuestiones de bioética, etc., son temas que deben necesariamente ser debatidos en la arena pública.

Ante este escenario, los partidos políticos, la política y los políticos han tenido la tendencia a simplificar los problemas posicionándose en la “neutralidad” o, peor aún,  articulando discursos que justifican su no intervención esgrimiendo razones que intentan pasar estos asuntos como “no importantes”.

En suma, en democracia no sólo es importante el debatir públicamente sino decidir cuáles son aquellos temas que se deben debatir. Resulta imperativo que los políticos empiecen a cambiar las posiciones neutrales y pongan en el escenario del debate público las cuestiones más importantes sobre el contenido de nuestros derechos, la ética pública y del cómo construir de mejor manera una sociedad que sea capaz de discutir estos temas sin ruborizarse, aún  y cuando existan profundos desacuerdos razonables sobre estos.

De conseguirse lo anterior, la ciudadanía, los políticos, la política y los partidos políticos darían un ejemplo claro de que cómo en las sociedades democráticas es posible confrontar y debatir aquellas cuestiones fundamentales sobre nuestra vida con discursos morales razonados.

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[1] Cárdenas Gracia, Jaime F., Crisis de legitimidad y democracia interna de los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

[2] Sandel, Michael, Justicia: ¿hacemos lo que debemos?, Debate, Madrid, 2011.

Fecha: 
Jueves, 14 de Mayo 2015 - 18:00
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¡Por favor regáleme una sonrisa!

Lamentable es que uno vaya por la vida encontrando meseros, taxistas, vendedoras, cajeros, mensajeros, contratistas o enfermeras que desempeñan su labor sin una pizca de agrado por lo que hacen, como una especie de robots que repiten una y otra vez el mismo procedimiento de forma automatizada con cada cliente sin empatizar con él, sin intercambiar al menos un saludo agradable o una expresión de “gracias” al recibir el pago a cambio de sus servicios. Por ello resulta relevante poner la atención en aquellos que se esfuerzan cada día por dar lo mejor de sí, que trabajan con la convicción de que hacen lo que les gusta, que sienten la satisfacción del deber cumplido en cada jornada por pesada que ésta resulte y piensan que harían lo mismo toda la vida incluso gratis, porque el nivel de satisfacción está más allá de los números en un recibo de nómina o de honorarios.

Cierto es que en el caso de empleados de grandes cadenas comerciales los sueldos son muy bajos y las jornadas exhaustivas, casi podemos decir que son explotados; sin embargo, eso no los justifica para realizar su trabajo a disgusto y con enfado, con falta de cortesía hacia el cliente pues finalmente, y aunque es algo discutible, en el momento que firman un contrato, adquieren obligaciones igual que derechos al emplearse para una empresa “X” del giro que se trate y más obligados están si su función principal es la de brindar un servicio, el cual debe ser con y de calidad.

Y ya que de calidad hablamos, es tan común escuchar el término por todas partes que pareciera que ha perdido su sentido. Para los japoneses el significado es sencillo: hacer las cosas bien a la primera o al menos, así lo explica Carlos Kasuga, Presidente del Consejo de Administración de Yakult México, en sus múltiples conferencias que imparte por todo el país, en las cuales dicho sea de paso, agrega los valores como parte de la calidad, mismos que en cada persona tienen una jerarquía distinta y que en algunos, ya ni siquiera son considerados como el eje de nuestro actuar diario pues pareciera que hoy día los valores ya no se usan o han pasado de moda, que los olvidamos en el baúl de los recuerdos y junto a los valores, la ética profesional.

Para no meternos en el espinoso asunto de la calidad, sólo me referiré a ella como parte de lo que deberían tener todos aquéllos que prestan un servicio cualquiera que este sea, desde un oficio hasta una profesión o especialidad. Creo que la calidad es algo que va de la mano con la vocación de servicio en todos los ámbitos.

En ese sentido, una de las profesiones que me parecen más admirables por estar la vida de por medio es la medicina. Según mi apreciación, existen dos clases de atención médica: la que recibimos como una prestación de seguridad social y la que podemos pagar de forma particular. En el caso de la primera, los médicos que encontramos en una institución gubernamental trabajan bajo condiciones laborales muy cuestionables y lo importante es atender al mayor número de pacientes con menos recursos cada vez y sí, más de una vez han sido objeto de queja. En el caso de la segunda, la atención médica particular que podemos pagar según el nivel de los recursos económicos de que dispongamos, nos da la opción de elegir a un médico que nos genere confianza, con quien hagamos una especie de “click” desde la primera consulta, ya que es un vínculo especial para nuestra vida pues será quien vigile el estatus de nuestra salud.

En mi historial clínico, he visitado diversos médicos, desde los más costosos en su consulta hasta los más accesibles, pasando por los que encontramos en el IMSS y el ISSSTE. Difícilmente pude conectar de forma especial con alguno. Sin embargo, puedo destacar a tres o cuatro que me han parecido espléndidos, pero uno en particular merece mi reconocimiento por tener como prioridad su vocación al servicio de la sociedad y ejercerla con profesionalismo y honestidad. Yo digo en broma que es un rock star porque no hay día que su consultorio no esté abarrotado. A su consultorio acuden desde los más pequeños hasta los más ancianos y él con gran calidez y calidad humana atiende a cada uno de ellos con minuciosidad, con atención plena a cada caso particular, con una gran sonrisa al recibirlos y con otra sonrisa de satisfacción por el deber cumplido al término de la consulta, su nombre: Doctor Tomás Ruiz Campos, Médico Cirujano.

La forma en que lo encontré mi camino es un largo relato, sólo diré que fue quien me atendió en el parto de mi bebé y quien ha seguido mes a mes su desarrollo. Pero no es sólo la atención que de él recibimos lo que hoy me impulsa a agradecer su existencia, sino lo que observo en la sala de espera, los comentarios, las recomendaciones de sus colegas y sobre todo, su trato con los otros pacientes.

Como representación de lo anterior, elegí “El rebozo de Soledad”, filme mexicano de 1952, que nos muestra a través del personaje principal, Doctor Alberto Robles, el momento en que debe tomar la difícil decisión entre ingresar a una élite de médicos lo cual le significa fama y dinero o seguir trabajando en el consultorio de un lejano poblado para atender a sus necesitados habitantes, oprimidos por el cacique local. Al final de la cinta y después de que vemos las vicisitudes por las que debe pasar, el Doctor Robles da una lección sobre ética y moral al grupo de médicos eruditos que pretenden contratarlo, el cual me parece más que conmovedor.

Será que la vocación es algo que se transpira y que los demás perciben, algo que transmite confianza y que genera un vínculo especial entre médico-paciente. Será que el profesionalismo y la entrega que ponemos en cada cosa que hacemos, en automático atrae más y más seguidores.

Ojalá todos tuviéramos no un médico, sino un abogado, una costurera, un mecánico, una mesera, o un taxista que nos haga sentir satisfechos y felices de ser atendidos por ellos. Reconocer la labor de los profesionistas u oficiantes que nos prestan un servicio es un estímulo para ellos y para futuras generaciones, para que el entusiasmo los impulse a realizar su labor con humanismo, con pasión y entrega a favor de la sociedad a la que sirven y como un camino hacia el éxito.

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Fuentes:

http://cinemexicano.mty.itesm.mx/peliculas/rebozo.html

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Fecha: 
Martes, 12 de Mayo 2015 - 16:30
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Un retrato de las elites mexicanas

“La buena educación es sinónimo de buena cuna y no de conocimientos; viene con el paquete heredado y no con el aprendizaje que se obtiene en la escuela”, escribe Ricardo Raphael en el capítulo que versa sobre la educación en su estupendo libro Mirreynato: la otra desigualdad. El apartado Mala educación, no tiene desperdicio. Es una profunda y bien documentada investigación que revela cómo y en dónde se educan las elites que gobiernan a México. De entrada relata que a un joven -futuro heredero de una empresa importante- le sugiere un profesor de las escuelas de los Legionarios de Cristo, que estudie derecho para dirigir la compañía. El joven, tajante, le responde que contrataría abogados chingones para que hagan la chamba y le ofrece a su tutor, para que sepa con quién trata, contratarlo desde ya, si quiere.Ante el dinero y el poder, no hay saber ni méritos que tengan valía.

Este pasaje retrata a nuestro México. Las elites desprecian a todoaquel que no sea de su clase. Revela que la educación no es el medio por excelencia para la movilidad social, ni tampoco el mérito. El país está congelado: la cuna, el origen de la persona, determina su futuro: el jodido así se queda. La herencia lo es todo. Muy pocos logran subir a los peldaños superiores de la escala social. El texto también muestra otro lado obscuro de las elites dirigentes: a la escuela van a relacionarse con los de su clase para establecer o reforzar lazos o conexiones. Para cursar las materias contratan a personas que les hagan sus tareas o de plano sobornan al profesor o al mismo centro escolar. Los valores que aprenden en su paso por la escuela son impunidad y corrupción, que a la postre perpetúan los privilegios y la desigualdad. Raphael nos acerca, con esta descarnada imagen, a quienes dirigen a nuestro país.

“Si, como se viene señalando a lo largo de todo el libro, el mérito y el esfuerzo son inútiles para mejorar la posición social, ¿por qué estudiar sería relevante?”, pregunta el autor, y añade: “Si los roles de éxito, según las revistas de sociales, los programas de televisión y la mitología de mi comunidad son personificados por aquellas personas que lograron reconocimiento gracias a razones desconectadas con su desempeño escolar, ¿por qué valorar el salón de clases?” En suma, añade páginas adelante, “México exhibe uno de los indicadores más bajos de correlación entre ingreso, educación y movilidad social”. La crítica a las clases dirigentes es un ejercicio esencial para comprender nuestro atraso, la violencia y el crimen que nos asuelan. El cambio debe pasar por la reforma de nuestras elites. Tremendo desafío. ¿Es posible?

Fecha: 
Jueves, 15 de Enero 2015 - 17:00
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Hiel y Miel: la urgencia de nuevos valores en la sociedad, la economía nacional que no despega y mis recomendaciones

Creo cada vez más que el peor caldo de cultivo para la irritación, la violencia y el rencor social es la desigualdad y la pobreza. Y no se trata como dicen algunos eruditos de criminalizar a la miseria, no, pero ¿quién puede dudar que en un país donde la brecha entre clases altas y populares es apabullante no se va gestando una especie de odio y desprecio para los que han tenido muchas más oportunidades que otros? Y ésto viene al cuento por el vandalismo que vemos exacerbado en distintas ciudades de México. Desde luego los desmanes que se han cometido recientemente tanto en Guerrero como en el DF (por mencionar dos ejemplos) deben ser castigados como bien ha dicho el nuevo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González. La mayoría de los mexicanos pedimos que al fin se cumpla la ley y podamos vivir en ese ansiado Estado de derecho que merecemos todos los seres humanos. Evidentemente una democracia tiene como uno de sus puntales la libertad de expresión y el respeto a la protesta social, pero de ahí a permitir que unos cuantos desquicien el funcionamiento de las ciudades y agredan impunemente a otros ciudadanos y a la ciudad, es simplemente vivir en la ley de la selva. Cualquier forma de violencia es reprobable, cualquier agresión nos remite a la parte más reptiliana de nuestro cerebro, ¿qué hemos hecho tan mal como para generar jóvenes así? Pienso que esto se debe a una trágica combinación de personalidades desestructuradas, familias rotas, altos niveles de frustración, falta de valores y educación, y desde luego, una carencia de alternativas económicas que les permitan salir de ese marasmo. Nadie más poderoso que el que no tiene nada que perder, la falta de todo vuelve a los humanos invulnerables, no lo olvidemos. Ahí estamos, en ese alto forzoso en el camino en donde mucho tendríamos que reflexionar sobre la necesidad de una suerte de código de valores laicos que más allá de las restricciones religiosas les fuera dando a niños y adolescentes (creo que muchos adultos ya no tienen remedio) las claves emocionales para la convivencia. ¿Habrá alguien pensando en esto que va mucho más allá de planes y propuestas para sobrevivir a la coyuntura?...Pero vayamos a temas más alegres, como que la economía nacional no despega, que el crecimiento del país se ajusta una y otra vez a la baja, que los empresarios no tienen liquidez, que el precio del petróleo disminuye y el costo del dólar se dispara. O hablemos del desastre que es el microcosmos de Polanco, donde vecinos y comerciantes se preguntan como sobrevivirán estas navidades a las delirantes ideas del Delegado Víctor Romo que ha convertido esta parte de la ciudad en zona de desastre. Se talan árboles, se abren y cierran avenidas, se impide la circulación y quiebran negocios y se desploma la actividad económica en este México que clama por un fortalecimiento del mercado interno que lleve un poco más de dinero a los bolsillos de todos. Sí, las clases medias también están muy lastimadas y ni quien se acuerde de ellas…Va la recomendación de hoy para seguir aquello de “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Si les gusta la comida china no pueden dejar de visitar el famoso China Girl de Prado Norte 370 en las Lomas de Chapultepec. El lugar está realmente bien decorado con sombrillitas de papel, las clásicas pagodas y unos simpáticos budas (de plástico, claro…son chinos). La comida es deliciosa. Mi menú favorito: tallarines fritos remojados en salsa agridulce (como la vida mesma) de mostaza picante, crujiente pollo al ajonjolí, chop suey de vegetales y el arroz frito que de cerdo, pollo o mariscos es de chuparse los dedos. Tiene desde luego área de fumar. Y hasta aquí hoy y de verdad denles muchos pero muchos besitos a los niños.

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Viernes, 05 de Diciembre 2014 - 18:00
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