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Corrupción moral: la madre de todas las corrupciones

Algunas personas son especialmente respetadas porque mantienen un comportamiento ejemplar o bien porque destacan por la conexión entre lo que dicen y lo que hacen. Estos individuos pueden convertirse en una autoridad moral para las personas que le rodean y para el conjunto de la sociedad.

La autoridad moral, en el lenguaje ético o político, se refiere al estatus de ser respetado por su trayectoria moral y seguir y defender un estándar de justicia o de bondad reconocido universalmente.

Alguien con autoridad moral es quien se compromete con sus ideas y valores hasta sus últimas consecuencias, es una persona que intenta ser coherente y en consecuencia, no expresa contradicciones entre lo que hace y lo que dice. 

En la mayoría de ámbitos profesionales existen  uno o varios jefes ejercen el poder y, en consecuencia tienen una cierta autoridad sobre sus subordinados. Esto no quiere decir que el máximo responsable de una empresa o entidad tenga autoridad moral, pues esta condición no depende de la escala jerárquica sino de las cualidades humanas del individuo.

Un individuo corrupto, hipócrita y sin principios puede llegar a tener éxito en su vida personal y profesional, pero no tendría sentido que fuera considerado un referente moral.

La corrupción moral es la fuente de todas las otras corrupciones, cuya raíz está en la formación de los valores humanos y sociales.

El responsable de este desquiciamiento universal que vive la humanidad, es la inclinación a utilizar lo que se denomina la “línea de menor resistencia”, que provoca apetito ansioso y excesivo de acumular poder y riquezas en el menor tiempo posible, aunque haya que perjudicar a alguien. Es una depravación moral.

Se inicia cuando los padres en la etapa formativa no educan valores, creando personas carentes de respeto, honestidad, justicia, integridad, lealtad, etc., que luego definirán equivocadamente su actitud frente a la vida; de esa manera la sociedad se va insertando dentro de patrones de corrupción. 

Luchar y erradicar la corrupción es de exclusiva incumbencia de cada uno de nosotros, no de toda la sociedad. La corrupción desaparecerá cuando los hombres seamos dirigidos desde nuestro espíritu, y no desde el cuerpo y sus deseos.

La ética y  la moral tienen en común el ocuparse de nuestro comportamiento y accionar en el sentido de calificar si nuestras costumbres son correctas o incorrectas, buenas o malas. Mientras la moral se ocupa de dictar normas de conducta, la ética respalda y fundamenta con valores morales esas normas que guían el comportamiento humano. 

Sin embargo en la práctica cotidiana, el propósito de la moral y ética es similar, ya que ambas constituyen la base que será la guía de la conducta humana, determinando su modo de comportamiento en la sociedad.

La formación del individuo desde el núcleo familiar es de vital importancia para mantener una cultura sana en la sociedad, y así erradicar la corrupción moral que es la madre de todas las corrupciones. 

Se necesita un cambio de mentalidad y volver a los principios morales  que en el paso del tiempo se han perdido, y que han sido reemplazados por nuevos estilos de vida que han dejado en decadencia la autoridad moral que tanto se necesita en nuestros días. 

Referencias

https://www.eluniverso.com/opinion/2015/12/06/nota/5280579/corrupcion-moral

https://www.definicionabc.com/social/autoridad-moral.php

https://www.ccpcusco.org/actualidad/articulos/fortalecimiento-de-los-val...

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Miércoles, 05 de Febrero 2020 - 12:20
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Miércoles, 05 de Febrero 2020 - 14:35
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Jueves, 06 de Febrero 2020 - 03:35
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La familia, un valor único

A través del tiempo es considera a la familia como célula principal de la sociedad, es donde se aprenden los valores y la práctica constituyendo así la base para el desarrollo y progreso de la sociedad. Es, quizá, el único espacio donde nos sentimos confiados, plenos. Es el refugio donde nos aceptan y celebran por los que somos, sin importar la condición económica, cultural, intelectual, religión a profesar o preferencia sexual. La familia nos cobija, apoya, nos ama y respeta.

Años atrás, se entendía por familia a aquella integrada por la madre, el padre y los hijos, un concepto clásico llamado familia nuclear. En la actualidad, el término ha ido modificando, ahora el concepto no sólo se centra en los lazos consanguíneos, nuestra familia puede ser el grupo de personas con el que nos sentimos protegidos, amados y felices.

Tener una familia es cimentar una buena educación, formación y valores. Es dar un espacio e importancia a cada integrante, es donde se construye la formación de la personalidad de cada uno de sus miembros; es el pilar sobre el cual se fundamenta el desarrollo psicológico, social y físico del ser humano; es aquí donde se nos enseñan las responsabilidades y obligaciones; es donde actuamos con la mejor visión de nosotros mismos.

Si todos los individuos creciéramos dentro de un seno familiar, la sociedad se enfrentaría a menos problemáticas. Tendríamos el sentido de responsabilidad bien definido, habría menos violencia (dentro y fuera del hogar) y más respeto tanto por la naturaleza como por el entorno social.

Pero desafortunadamente, no todos tenemos la dicha de crecer dentro de una familia amorosa, estable y unida; muchos individuos prefieren separarse de sus familias porque en ella no encuentran amor, respeto o apoyo y es ahí cuando deciden salir a buscar refugio en otras distracciones donde ponen en riesgo su integridad física, mental y emocional.

Si el núcleo de la célula está dañado, la sociedad adolece de estas fracturas y las refleja en sus relaciones y entornos; surgen acciones de violencia, desapegos, inconformidades. Por ello la tarea como sociedad es luchar por proteger a la familia, y promover un ambiente de respeto, valores, educación y amor a los hijos; una familia que esté unida en todas las situaciones de la vida.

El reto de mantener una familia sana y estable es dedicación de todos los días, y es en los padres donde radica la mayor  responsabilidad, el no descuidar lo más valioso que tenemos por cosas materiales, por ejemplo el proveer lo necesario en casa y dejar a los hijos en segundo término delegando nuestro compromiso a  personas ajenas. La familia, aquí y en todo lugar es valor único.

Por Elizabeth Cruz Garza  

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Miércoles, 22 de Enero 2020 - 08:25
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El Meollo del Asunto: “Paz en la Familia”
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Miércoles, 22 de Enero 2020 - 10:40
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Miércoles, 22 de Enero 2020 - 23:40
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La última enseñanza del buen vivir

Dentro del núcleo familiar acontecen situaciones y experiencias que nos marcan en la vida, es en el hogar donde los padres e hijos fungen sus roles correspondientes para contribuir con éxito a nuestra sociedad.

Es donde aprendimos a hablar, caminar, crecer, amar, respetar, etc. Fueron nuestros padres quienes  forjaron en nosotros los principios, valores y costumbres que nos marcaron desde la temprana edad hasta la adulta, nuestro carácter, y así contribuyeron en formar nuestra identidad.

Ellos se convirtieron en los primeros maestros que tuvimos antes de ir a la escuela y que nos enseñaron, un buen vivir. 

Que con el paso de los años se esforzaron en darnos lo mejor, es decir, en trascender los valores y buenas costumbres de generación en generación, formando buenas familias ante la sociedad.

En el trascurso del tiempo nos damos cuenta que la vida de nuestros padres ha cambiado y ya nos son fuertes y rígidos, sino dependientes lentos e imprecisos,  ahora son adultos mayores, es decir han llegado a la vejez.

El poeta y periodista brasileño Fabricio Carpinejar nos invita a la reflexión, sobre nuestro papel como hijos ante la vejez de nuestros padres y todo lo que esa etapa conlleva.

"Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre".

Y es cuando la vida nos lleva a la última enseñanza que es la de convertirnos en los padres de nuestros padres.

Es la oportunidad que nos da vida para devolver los cuidados y el amor que nos han dado nuestros padres por décadas sin pedir nada a cambio. Y sin embargo para muchos hijos hoy en día, es difícil aprender esta última lección, ya que los compromisos con la familia, con el trabajo y la sociedad, los priva de atender y cuidar con paciencia y cariño a los padres.

Y que sufren el riesgo de ser abandonados por los hijos al sufrir enfermedades y deficiencias físicas, y finalmente terminan por ser acompañados por personas extrañas.

El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF) dio a conocer en agosto de 2019 que:

“El 16% de adultos mayores en México sufren abandono y maltrato”.

Por lo que es un deber y compromiso moral que tenemos ante esta situación. No forzada ni fingida, el de asumir la responsabilidad que nos liga a la vida y que es ejemplo para nuevas generaciones, el demostrar la gratitud y amor que un día recibimos de ellos, nuestros padres.

Siempre hay una lección difícil que la vida nos presenta, y creo que una de ella es esta, donde ellos en su vejez cosecharán lo que sembraron en sus hijos, y si así no fuera, tenemos el privilegio hoy de marcar la diferencia y escribir otra historia.

Todo empieza  y termina en el hogar.

 

Referencias

https://www.elsoldemexico.com.mx/mexico/sociedad/el-16-de-adultos-mayores-en-mexico-sufren-abandono-y-maltrato-sndif-4103500.html

 

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Miércoles, 11 de Diciembre 2019 - 08:30
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Miércoles, 11 de Diciembre 2019 - 10:45
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Miércoles, 11 de Diciembre 2019 - 23:45
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No se necesitan excusas, urgen respuestas

Atorada en el tráfico estaba una ambulancia con la sirena abierta intentando pasar, los conductores de los autos parecen no escucharla, nadie se mueve, es como si no pasara nada, segundos vitales para la vida de alguien se escurrían ante la indiferencia del mounstro urbano, frío, ausente, inmóvil.

Cambia la luz del semáforo y por fin la ambulancia avanza unos metros para ser detenida de nuevo por un conductor que de un brusco movimiento ocupa el espacio y de nuevo atora la vida de alguien, finalmente la ambulancia logra pasar, seguida por tres autos que le ponen cola para avanzar más rápido.

Esta es una escena que cada vez se vuelve mas frecuente.

Estamos perdiendo el humanismo, la indiferencia ante las necesidades de los demás nos alejan, nos separan. 

Ejemplos de ello los vemos continuamente en las redes sociales donde los memes de la desgracia se han multiplicado y son festejados y reenviados por más y más personas.

El acceso a la información generada en las redes sociales nos ha permitido ver sucesos atroces, desde asaltos, peleas hasta decapitaciones o balaceras, nuestra capacidad de asombro está rebasada, ahora es pequeña, muy chiquita, casi nula. 

No es lo mismo ver esto en el celular, que pasar por un evento en el que la falta de solidaridad y compromiso social sea de vida o muerte como en aquella ambulancia en la que iba una persona que demandaba atención urgente y un poco de cooperación social hubiera ayudado mucho.

Mientras la tragedia o el apuro no sea personal, simplemente no existe.

La actitud del gobierno ante la muerte de una pequeña por falta de medicina contra el cáncer es triste e inhumana pues no fue de arrepentimiento ni de solidaridad, fue la acostumbrada actitud de buscar culpables externos, en este caso los fabricantes de medicinas. Como dijera Cantinflas ahí esta el detalle, las personas que padecen o tienen hijos con cáncer no necesitan excusas, urgen respuestas, buenos resultados.

Ya tienen nueve meses como gobierno, en ese tiempo, ¿no podrían haber llegado a una negociación favorable con los laboratorios?

Casualmente cuando las noticias del desabasto llegan a las mañaneras, en ese momento como truco de Harry Poter llegan las medicinas a los sistemas de salud…¿Quién miente? ¿Por qué no llegaban las medicinas? ¿Es este un problema provocado para aparentar que lo solucionan después? ¿Es administración del caos?  O simplemente es una omisión, un descuido o es producto de la centralización del poder en la que nada se mueve si no lo indica el presidente. 

Fecha: 
Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 13:15
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Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 15:30
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Martes, 03 de Septiembre 2019 - 04:30
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El Meollo del Asunto: Discurso de odio

Hoy voy a generar una hipótesis que el espacio para mi texto no me permite desarrollar todo lo que quisiera.

En las últimas décadas hemos venido escuchando decir, “eso es un discurso de odio”.

Generalmente se refieren a términos, palabras o mensajes que atacarían a una mujer diciéndole, “perdida”, a un homosexual diciéndole, “joto”, a un inmigrante “mugroso”, en contra del feminismo, “feminazi” o contra el aborto “asesinato”. Esa sería casi la regla.

No se considera discurso de odio si lo mismo se habla o se dice en contra de la familia ancestral, “patriarcado arcaico”, si se refieren a los hombres, “rata de dos patas”,  a los heterosexuales “retrogradas machos”, a la iglesia “conservadores”, o en contra del cristianismo “fanáticos”. ¿Por qué es así?

Aunque lo sepa, es difícil establecer el por qué y desde cuándo se trastocó el sentido de las cosas. Podría decir que inicia en el momento en que como dicen, los principios y valores dejaron de enseñarse y el sentido común se volvió un común sin sentido, el que como dice Chesterton, “encontramos en muchos que atacan el primero”.

Establecer cuándo fue este momento es igualmente difícil. Pero me arriesgaré a decir que inicia en 1969 y tal vez antes, una década antes. Cuando “Elvis Presley” o “Elvis The Pelvis”, hace su arribo al escenario del rock, volviendo locas a las muchachas y siendo el ejemplo a seguir de los muchachos de entonces.

De ahí “revienta” Woodstock, la cultura hippie y el consumo generalizado de drogas. El que prevalecería una década en su esencia produciendo un efecto que llegaría hasta la actualidad.

Se transformaría conservando sus principales postulados. “Haz el amor y no la guerra”. “Libertad, Libertad”. La sicodelia y la estridencia de la música.

El mundo no sería el mismo después de Woodstock. Los postulados de entonces no son los mismos hoy. Han pasado cincuenta años. La decadencia y la deconstrucción hicieron su efecto.

El concepto de libertad se degeneró a tal grado que se confundió y mezcló con filosofías de antes de Cristo y se tuvo un híbrido entre lo pasado y el presente.

Transformando las antiguas creencias para una Nueva Era, revistiéndolas de sofisticación, modernismo mal entendido. Donde en el caminar y la mezcla con un ingrediente en especial, trastocó la sociedad. Siendo ese ingrediente, la maldad.

La sociedad de la primera parte del SXX entendía que para cada derecho existe una obligación.

Mas la liberalidad de finales del mismo siglo provocó que la mente del ser humano se olvidara de la obligación y pensara sólo en los derechos. En los Derechos Humanos.

Así, los grupos minoritarios ganarían terreno. Más cuando entre los grupos mayoritarios se desbocaron los sentimientos de rechazo y les ofendieron de las más perversas maneras.

Surge entonces la llamada Acción Afirmativa. Una política estadounidense que trataría de darle garantías a estos grupos minoritarios.

Los que se vieron dotados de un poder que antes no tenían. Un respeto que como seres humanos se merecen, pero que no se les daba. Hasta que esto fue llevado al extremo y las posiciones se voltearon con la complacencia de la ley ad hoc a sus ideologías y causas.

Ganaron posiciones políticas mediante el uso de un recurso al que se le llamó y se le conocen en EUA como el Discurso de Odio. Que no es otra cosa que una ofensa retórica o invectiva.

Este concepto lo hemos importado a nuestro país casi textual, siguiendo en ejemplo estadounidense.

El discurso de odio (en inglés: hate speech) es la acción comunicativa que tiene como objetivo promover y alimentar un dogma cargado de connotaciones discriminatorias, que atenta contra la dignidad de un grupo de individuos.

Dicho discurso es propagado con intención maligna​ para incitar al interlocutor, o lector, a que lleve a cabo acciones destructivas en contra de un grupo, por lo general, históricamente discriminado.​ Fuente: Wikipedia.

En el reciente hecho violento en El Paso, TX, donde un joven atacó a la gente en la tienda Walmart de Cielo Vista, fueron asesinadas 22 personas y 40 más fueron heridas, después del atentado se dio a conocer un manifiesto racista que habría sido distribuido con antelación al hecho.

Inmediatamente se ha venido culpando al presidente Trump por ese tipo de crímenes. ¿Por qué?

Porque se dice que hace uso de un discurso de odio en contra de inmigrantes hispanos, como le dicen a todo el que no es güero anglosajón, fundamentalista religioso.

Si es esto cierto o no, si es así o no lo es, el tiempo lo habrá de decir y mostrar.

Ahora bien, si se califica de discurso de odio a aquél que es capaz de animar a personas a que mate a otra porque no son de su misma raza. Si las palabras presuntamente descalificadoras de un presidente que llama violadores y ladrones a una raza exacerba otra para llegar a cometer crímenes, el que otro presidente llame conservadores hipócritas, corruptos, fifís neoliberales a otras, en otra latitud, provocarían lo mismo que en EUA. Yo creo que sí.

Y creo que en México ya está sembrada la semilla del odio que podrá provocar el mismo fenómeno como el que hemos visto el sábado pasado en El Paso, Tx.

Basta entrar a las redes sociales donde se puede palpar el efecto del discurso de odio que se desborda cada mañana, a manera de “broma”, desde el Palacio Nacional.

Un “discurso de odio” que muestra, El Meollo del Asunto.

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Lunes, 05 de Agosto 2019 - 13:25
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Fecha B: 
Lunes, 05 de Agosto 2019 - 15:40
Fecha C: 
Martes, 06 de Agosto 2019 - 04:40
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Cápsula del tiempo: Costumbres

Este breve espacio nombrado como cápsula del tiempo o el ropero de la abuelita, pretende echar un vistazo a aquéllos usos y costumbres que con el paso de los años se han perdido, evolucionado o permanecido y como una ventana hacia una realidad menos amarga como la que nos rodea día con día y en la que habita la violencia de múltiples formas, provocando el desencuentro, el conflicto y lo contrario al amor.

No se trata simplemente de todo aquello que solemos hacer o utilizar como herramienta o accesorio sino incluso, de aquéllas prácticas que con el tiempo hemos perdido, algo tan simple como saludar al vecino o al pasajero que viaja junto a nosotros en el transporte (bueno, ahora no viajamos, nos amontonamos y el transporte público parece una jungla) y que no existe más porque nos ocupa más alcanzar un espacio que empujar o lastimar al otro porque al fin y al cabo, es cosa de todos los días y es “normal” aunque no hay que confundirse entre lo normal (lo habitual u ordinario o de un comportamiento que se ajusta a ciertas normas) y lo que es costumbre (lo que se hace como práctica tradicional de acuerdo al contexto y/ entorno). La humanidad ha convertido en normal todo aquello que se repite constantemente (otra vez, la violencia, la corrupción, los asesinatos, etc.), pero ello no significa que deba ser una costumbre y que todos deban realizarla para encajar en una sociedad que se está quedando vacía de tradiciones, de cultura, de valores, de principios, de sentido.

Asumimos como “normal” lo que todos hacen o dicen, así pasa con el lenguaje, con las modas, con la música porque está hecho en serie para la masa y se ignora lo que parece extraño o diferente porque sólo unos cuantos se atreven a hacerlo o a conservarlo como en mi ejemplo y entonces saludar ya no es la regla sino una opción que no está mal vista por nadie porque da igual saludar o no, total, hay cosas “más importantes” que atender por ejemplo un mensaje en el celular o una llamada o responder un correo electrónico.

Entonces, ¿qué pasa o qué pasará con las tradiciones, usos y costumbres que durante años se han heredado de generación en generación? ¿La humanidad ha evolucionado lo suficiente como para establecer un nuevo orden de ideas que nos permita convivir en armonía y en un marco de justicia y legalidad? ¿Eso es lo que estamos enseñando a las nuevas generaciones? ¿Estamos fomentando una cultura del esfuerzo o les estamos facilitando al extremo la vida a los más pequeños? En resumen, ¿qué estamos haciendo con la vida y el mundo que nos toca vivir?

Aquí hemos revisado el uso del sombrero, la evolución del vestido en las mujeres, pasamos por el pañuelo como accesorio aunque también tiene una connotación de consuelo como un gesto compasivo del hombre por una mujer (aunque brinquen las feministas a ultranza), también revisamos el uso de la bolsa de mandado (que se pondrá de moda nuevamente por un breve tiempo), el rebozo, la tradición de enviar tarjetas navideñas, las posadas, el arte de tejer a mano, el uso de los espejos, los collares, entre otros y ¿qué más no queda? En efecto, parece como si ciertas costumbres fueran parte de una cápsula del tiempo que quedaron atrapadas y que nadie más se atreve a ejecutar o continuar porque han quedado “fuera de moda” y porque no es lo actual, lo funcional, lo “in”; sin embargo, es en la raíz de todas ellas que encontramos identidad y sentido de pertenencia a pesar de que el mundo tenga múltiples formas y posibilidades, a pesar de la existencia de otras tradiciones y culturas pero tan sólo pensemos un momento en un inocente viaje de vacaciones a algún estado de la República Mexicana o incluso, a otro país y nos sorprenderá descubrir que cada vez da igual el sitio que elijamos porque la globalización está borrando la huella que ha dejado la historia de las diferentes regiones, porque no llegamos a vivir y experimentar costumbres diferentes sino que nos quedamos en la versión turista del lugar que visitamos para no perder la “normalidad” de los lugares que frecuentamos todos los días y que ahora existen por todos lados. Hay excepciones, sí pero solo para los más aventurados que de verdad quieren conocer y descubrir algo diferente a la cotidianeidad y a lo que encontramos en cada esquina, así que los usos y costumbres se van diluyendo y con ellos, nuestra historia aunque nunca es tarde para traerlos a valor presente, para retomarlos y utilizar todo lo bueno que han dejado en el paso de la humanidad por el mundo, habrá que desempolvar muchas cápsulas del tiempo y seguir abriendo viejos roperos para descubrir que hubo una vez, un mundo que existió con grandes diferencias al que actualmente vivimos pero que así dejó grandes legados para la humanidad. ¡Sigamos explorando!

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Martes, 30 de Julio 2019 - 13:20
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Martes, 30 de Julio 2019 - 15:35
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Miércoles, 31 de Julio 2019 - 04:35
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La crueldad animal y los derechos

A propósito de los animados debates contemporáneos sobre si los animales deberían tener derechos, el pasado 21 de agosto del año en curso, con 16 votos a favor y 5 en contra, el Congreso del Estado de Coahuila aprobó el dictamen que prohíbe las corridas de toros.

En mi opinión, existen muy buenas razones que justifican dicha prohibición. Si compartimos la idea que los animales son "alguien" y no "algo" por lo tanto compartiríamos los principios morales fundamentales y en este sentido un elemental derecho: el de ser tratados con respeto.

La crueldad con la que son tratados los animales en las corridas de toros erosiona ese principio; el debate al fin y cabo tiene mucho que ver con la capacidad que tenemos como sociedad de construir un debate moral razonado, y articular criterios que promuevan la idea del "bien común" como virtud cívica.

Los animales se encuentran conscientes de lo que sucede en el mundo que los rodea y tiene una importancia para sí, en este sentido, los animales no solo están en el mundo per sé, sino cada uno tiene experiencias de vida que pueden ser mejores o peores.

La idea en torno a los  los derechos de los animales y su relación con los derechos humanos,  no pretende sugerir que vale para uno (animales) y para otro (humanos) lo mismo en todos los sentidos posibles1, sin embargo, lo que si se intenta sostener es que los animales y los seres humanos comparten derechos morales básicos.

En esta línea, los seres humanos tienen una responsabilidad ética con los animales, que se sustenta en una de serie valores intrínsecos, a saber, el bienestar, respeto, libertad e igualdad. 

La justificación de los derechos de los animales, no se encuentra en la respuesta a las preguntas: ¿pueden hablar? o ¿pueden pensar?, sino a la pregunta ¿pueden sufrir? Esa capacidad de sufrir es compartida por  humanos y animales.

Por tanto, corresponde a los seres humanos respetar la vida en todas sus formas. Este respeto debe expresarse tanto para la unidad como para diversidad de todos seres vivientes y para la dignidad de todos los animales2.

En suma,  el reconocimiento de los derechos que los animales tienen y la responsabilidad moral de la humanidad que dicha cuestión conlleva, nos  remite necesariamente a la construcción de discursos éticos razonados que por un lado constituyen un elemento básico de la virtud cívica comunitaria y por otro un avance civilizatorio de gran importancia.

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1 Por ejemplo, no podría sustentarse que los animales pueden tener el derecho a la libertad de expresión, o derechos culturales, como acceso al arte, la música. Mucho menos pensar que los pollos tengan derecho a votar, etcétera.

2 “El espíritu de la Declaración Universal de las Derechos Animales” Juan Ramón Blanco Aristín, Madrid, 2012. 

Fecha: 
Miércoles, 26 de Agosto 2015 - 18:30
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La Comisión Nacional Bancaria y de Valores

En los primeros meses de 1995, después del “error de diciembre” y durante una de las más severas crisis económicas que ha sufrido nuestro país surgió una de las instituciones fundamentales para el buen desarrollo de nuestro sistema financiero. Estoy hablando de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Así, el 28 de abril de 1995, el Congreso de la Unión aprobó la Ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (LCNBV), fusionando en un sólo órgano desconcentrado, las funciones que correspondían a la Comisión Nacional Bancaria (CNB) y a la Comisión Nacional de Valores (CNV). 

La CNBV nace con el mandato de supervisar y regular las entidades que conforman al sistema financiero mexicano, con el fin de procurar su estabilidad, correcto funcionamiento, mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo del sistema financiero en su conjunto, y proteger los intereses del público usuario. 

Así, la CNBV conserva plenamente las facultades de autoridad que tenían la Comisión Nacional Bancaria (CNB) y a la Comisión Nacional de Valores (CNV). Pero complementándolas con el establecimiento de programas preventivos y de corrección para eliminar irregularidades en las entidades supervisadas. 

La ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores señala que ésta es un  órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con autonomía técnica y facultades ejecutivas. Tiene por objeto supervisar y regular en el ámbito de su competencia a las entidades integrantes del sistema financiero mexicano, a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, así como mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo de dicho sistema en su conjunto, en protección de los intereses del público.

También su objeto es supervisar y regular tanto a las personas físicas como a las personas morales, cuando realicen actividades previstas en las leyes relativas al citado sistema financiero.

Para la consecución de su objeto y el ejercicio de sus facultades la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) tiene una Junta de Gobierno que está integrada por diez vocales, más el Presidente de la Comisión, que lo es también de la Junta, y dos Vicepresidentes de la propia Comisión que aquél designe. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público designa cinco vocales; el Banco de México tres vocales y las Comisiones Nacionales de Seguros y Fianzas y del Sistema de Ahorro para el Retiro un vocal cada una.

De conformidad con el artículo 14 de la Ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (LCNBV), el Presidente de la Comisión será designado por el Secretario de Hacienda y Crédito Público. Este nombramiento debe recaer en una persona que reúna varios requisitos, entre otros, haber ocupado por lo menos durante cinco años, cargos de alto nivel en el sistema financiero mexicano o en las dependencias, organismos o instituciones que ejerzan funciones de autoridad en materia financiera.

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Fecha: 
Miércoles, 26 de Agosto 2015 - 17:30
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Lunes negro. Regreso a clases. Papa quiere rentar basílicas, iglesias y hasta la Capilla Sixtina

Esta tarde conduce Bernardino Esparza. Lo acompañan en cabina José Luis Romero Hicks, Hugo González y Mónica Uribe
 Los temas que abordaron esta tarde fueron:

  • Lunes negro, caída de todas las Bolsas de Valores del mundo. 
  • Regreso a clases: en México 25 millones niños y jóvenes ya están en las aulas. Oaxaca y Guerrero iniciaron sin mayores manifestaciones.
  • Reunión en Cancún para la venta y control de armas.
  • El Papa quiere rentar basílicas, iglesias y hasta la Capilla Sixtina, según la Revista Forbes. 


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Lunes, 24 de Agosto 2015 - 19:00
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Mi programa:

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¿Por qué la ciudadanía no cree en los partidos políticos, la política ni en sus políticos?

Las democracias contemporáneas se encuentran articuladas bajo tres componentes sustanciales: la ciudadanía, los derechos humanos y los partidos políticos. Hoy en día la idea de democracia es difícil concebirla sin alguno de estos elementos.

En particular, los partidos políticos desempeñan dos papeles centrales en una democracia: por una parte, una función social como responsables de la estimulación de la opinión pública y la socialización de la política, y por otro lado, una función institucional como parte instrumental de la conformación de los órganos del estado y el poder público[1].

Sin embargo, hoy en día está extendida la sensación de descredito y de un déficit de confianza por parte de los ciudadanos con respecto a la política, los políticos y los partidos políticos.

Si bien es cierto, existen problemas sistémicos -estructurales, como la corrupción, la opacidad, el déficit en el funcionamiento de las instituciones democráticas, etc.- que hacen que crezcan los índices de desconfianza en los políticos, los partidos políticos y los políticos por parte de la ciudadanía, existen otras razones de carácter filosófico- político que explican este fenómeno de desesperanza con todo lo relacionado con la política. 

El debate público de nuestras sociedades no está funcionado óptimamente hoy en día. Existe un cierto vacío en la vida pública, mismo que explica el por qué en las sociedades democráticas occidentales existe una frustración generalizada. La razón fundamental de esa frustración tiene que ver con el poco o nulo caso que los políticos, los partidos políticos y la política hacen de las grandes e importantes preguntas relacionadas con el significado y el propósito de nuestras vidas colectivas, así como del contenido mismo de nuestros derechos. No se abordan discusiones sobre la importancia de construir valores asociados a la virtud cívica de la ciudadanía o el bien común.

En esta línea, cabe preguntarse: ¿Por qué los políticos no quieren debatir sobre estas cuestiones fundamentales?. Desde mi punto de vista, hay dos posibles respuestas. Por un lado, desde la década de los años 80s, los políticos han profesado una especie de  “fe en el mercado”, o “triunfalismo de mercado”[2],  esto es, los valores asociados a las economías de libre mercado que estimulan el individualismo son suficientes para generar justicia social.

Se piensa que el trabajo como premisa fundamental para obtener ganancias nos hace irremediablemente libres, independientes, estables económicamente y que, como consecuencia de todo ello, se articularán sociedades más justas y democráticas. No existía debate alguno sobre las cuestiones fundamentales asociadas a la justicia, la ética y los derechos humanos.

Ahora bien, una segunda razón del por qué es casi inexistente la discusión a fondo sobre estas cuestiones, tanto en la política como en los medios de comunicación, es que a menudo los políticos evitan el debate por considerar que estas interrogantes sobre la buena vida o la moralidad son políticamente arriesgadas.

Desde luego, en las sociedades caracterizadas por el pluralismo existen marcados desacuerdos acerca de las cuestiones morales, acerca de cuál es la mejor manera de vivir, y el contenido propio de nuestros derechos. Sin embargo, temas fundamentales como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parejas del mismo sexo, la muerte asistida (eutanasia), la distribución de los ingresos y la riqueza, cuestiones de bioética, etc., son temas que deben necesariamente ser debatidos en la arena pública.

Ante este escenario, los partidos políticos, la política y los políticos han tenido la tendencia a simplificar los problemas posicionándose en la “neutralidad” o, peor aún,  articulando discursos que justifican su no intervención esgrimiendo razones que intentan pasar estos asuntos como “no importantes”.

En suma, en democracia no sólo es importante el debatir públicamente sino decidir cuáles son aquellos temas que se deben debatir. Resulta imperativo que los políticos empiecen a cambiar las posiciones neutrales y pongan en el escenario del debate público las cuestiones más importantes sobre el contenido de nuestros derechos, la ética pública y del cómo construir de mejor manera una sociedad que sea capaz de discutir estos temas sin ruborizarse, aún  y cuando existan profundos desacuerdos razonables sobre estos.

De conseguirse lo anterior, la ciudadanía, los políticos, la política y los partidos políticos darían un ejemplo claro de que cómo en las sociedades democráticas es posible confrontar y debatir aquellas cuestiones fundamentales sobre nuestra vida con discursos morales razonados.

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[1] Cárdenas Gracia, Jaime F., Crisis de legitimidad y democracia interna de los partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México, 1992.

[2] Sandel, Michael, Justicia: ¿hacemos lo que debemos?, Debate, Madrid, 2011.

Fecha: 
Jueves, 14 de Mayo 2015 - 18:00
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