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Cápsula del tiempo: Costumbres

Este breve espacio nombrado como cápsula del tiempo o el ropero de la abuelita, pretende echar un vistazo a aquéllos usos y costumbres que con el paso de los años se han perdido, evolucionado o permanecido y como una ventana hacia una realidad menos amarga como la que nos rodea día con día y en la que habita la violencia de múltiples formas, provocando el desencuentro, el conflicto y lo contrario al amor.

No se trata simplemente de todo aquello que solemos hacer o utilizar como herramienta o accesorio sino incluso, de aquéllas prácticas que con el tiempo hemos perdido, algo tan simple como saludar al vecino o al pasajero que viaja junto a nosotros en el transporte (bueno, ahora no viajamos, nos amontonamos y el transporte público parece una jungla) y que no existe más porque nos ocupa más alcanzar un espacio que empujar o lastimar al otro porque al fin y al cabo, es cosa de todos los días y es “normal” aunque no hay que confundirse entre lo normal (lo habitual u ordinario o de un comportamiento que se ajusta a ciertas normas) y lo que es costumbre (lo que se hace como práctica tradicional de acuerdo al contexto y/ entorno). La humanidad ha convertido en normal todo aquello que se repite constantemente (otra vez, la violencia, la corrupción, los asesinatos, etc.), pero ello no significa que deba ser una costumbre y que todos deban realizarla para encajar en una sociedad que se está quedando vacía de tradiciones, de cultura, de valores, de principios, de sentido.

Asumimos como “normal” lo que todos hacen o dicen, así pasa con el lenguaje, con las modas, con la música porque está hecho en serie para la masa y se ignora lo que parece extraño o diferente porque sólo unos cuantos se atreven a hacerlo o a conservarlo como en mi ejemplo y entonces saludar ya no es la regla sino una opción que no está mal vista por nadie porque da igual saludar o no, total, hay cosas “más importantes” que atender por ejemplo un mensaje en el celular o una llamada o responder un correo electrónico.

Entonces, ¿qué pasa o qué pasará con las tradiciones, usos y costumbres que durante años se han heredado de generación en generación? ¿La humanidad ha evolucionado lo suficiente como para establecer un nuevo orden de ideas que nos permita convivir en armonía y en un marco de justicia y legalidad? ¿Eso es lo que estamos enseñando a las nuevas generaciones? ¿Estamos fomentando una cultura del esfuerzo o les estamos facilitando al extremo la vida a los más pequeños? En resumen, ¿qué estamos haciendo con la vida y el mundo que nos toca vivir?

Aquí hemos revisado el uso del sombrero, la evolución del vestido en las mujeres, pasamos por el pañuelo como accesorio aunque también tiene una connotación de consuelo como un gesto compasivo del hombre por una mujer (aunque brinquen las feministas a ultranza), también revisamos el uso de la bolsa de mandado (que se pondrá de moda nuevamente por un breve tiempo), el rebozo, la tradición de enviar tarjetas navideñas, las posadas, el arte de tejer a mano, el uso de los espejos, los collares, entre otros y ¿qué más no queda? En efecto, parece como si ciertas costumbres fueran parte de una cápsula del tiempo que quedaron atrapadas y que nadie más se atreve a ejecutar o continuar porque han quedado “fuera de moda” y porque no es lo actual, lo funcional, lo “in”; sin embargo, es en la raíz de todas ellas que encontramos identidad y sentido de pertenencia a pesar de que el mundo tenga múltiples formas y posibilidades, a pesar de la existencia de otras tradiciones y culturas pero tan sólo pensemos un momento en un inocente viaje de vacaciones a algún estado de la República Mexicana o incluso, a otro país y nos sorprenderá descubrir que cada vez da igual el sitio que elijamos porque la globalización está borrando la huella que ha dejado la historia de las diferentes regiones, porque no llegamos a vivir y experimentar costumbres diferentes sino que nos quedamos en la versión turista del lugar que visitamos para no perder la “normalidad” de los lugares que frecuentamos todos los días y que ahora existen por todos lados. Hay excepciones, sí pero solo para los más aventurados que de verdad quieren conocer y descubrir algo diferente a la cotidianeidad y a lo que encontramos en cada esquina, así que los usos y costumbres se van diluyendo y con ellos, nuestra historia aunque nunca es tarde para traerlos a valor presente, para retomarlos y utilizar todo lo bueno que han dejado en el paso de la humanidad por el mundo, habrá que desempolvar muchas cápsulas del tiempo y seguir abriendo viejos roperos para descubrir que hubo una vez, un mundo que existió con grandes diferencias al que actualmente vivimos pero que así dejó grandes legados para la humanidad. ¡Sigamos explorando!

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Fecha: 
Martes, 30 de Julio 2019 - 13:20
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Fecha B: 
Martes, 30 de Julio 2019 - 15:35
Fecha C: 
Miércoles, 31 de Julio 2019 - 04:35
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De padres de familia a Reyes Magos

¿Quién no recuerda aquéllas mañanas del seis de enero cuando la combinación de curiosidad y emoción nos impulsaba a madrugar para descubrir los regalos que los Reyes Magos nos habían dejado durante la madrugada? Sin duda, todos pasamos por esa experiencia al menos una vez en la vida y la recordamos con singular alegría y cierta nostalgia. En México, la tradición de los Reyes Magos como una celebración enmarcada por juguetes y Rosca de Reyes tiene su origen durante los primeros años de evangelización en el Nuevo Mundo y sigue vigente en la actualidad.

El Santo Evangelio según San Mateo Capítulo 2, Versículos 1 al 12 nos dice: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»… Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.”

Más allá de los juguetes que reciben los niños cada seis de enero ¿realmente reciben lo necesario para disfrutar de una vida digna cuyos derechos fundamentales sean respetados? De acuerdo con datos de la UNICEF en México, se estima que “el 62% de los niños y niñas han sufrido maltrato en algún momento de su vida, 10.1% de los estudiantes han padecido algún tipo de agresión física en la escuela, 5.5% ha sido víctima de violencia de sexual y un 16.6% de violencia emocional.”  Y de acuerdo a su último informe anual, aunque México ha logrado mejorar sus índices en el acceso a la educación básica, existen otros problemas a los cuales se enfrentan los niños y adolescentes en nuestro país como pobreza extrema, mortalidad infantil y materna en comunidades marginadas, inequidad por ingreso, origen étnico y género sin ignorar que en el mundo “existen 275 millones de niños que son maltratados con golpes, insultos, humillaciones y abandonos” (según datos de la ONU) además de los casos de prostitución, pornografía, tráfico humano, explotación laboral y reclutamiento como soldados en las filas del ejército en el caso de países en guerra y que da lugar a otro problema que empieza a trascender fronteras: los niños migrantes.

María Cristina Rosas, Profesora e Investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, escribe en la revista Etcétera: “La tragedia de los niños migrantes tiene muchas aristas. Muchos países han optado por ofrecer paliativos –generalmente para estar a tono con la presunta “solidaridad internacional” de cara al desastre humanitario imperante en Siria-, como la aceptación de algunos cientos de refugiados sirios.”

Nos encontramos ante una crisis que debemos considerar como una oportunidad para sensibilizarnos ante la población infantil y poner manos a la obra con lo que está a nuestro alcance resolver: nuestros hijos y su entorno. Los niños aprenden jugando y durante algún tiempo los juguetes son la forma en que socializan y se divierten con otros niños pero también requieren atención de nuestra parte, respeto, amor, tranquilidad, tiempo y acceso a otros universos más allá del entorno familiar y escolar como visitas al zoológico, al parque, mecerse en los columpios, jugar en la arena, escalar, brincar, reírse, leer, nadar y hasta donde la imaginación los lleve y nos lleve con ellos porque serán niños una sola vez en su vida y de nosotros depende que el recuerdo de su infancia esté colmado de momentos gratos y felices para que se conviertan en adultos seguros de sí mismos, sanos emocional y físicamente y sensibles a las necesidades de la sociedad en la que viven.

Al estilo de los cuentos de hadas en que una calabaza se convierte en carroza y una humilde doncella en princesa, que el amor a nuestros hijos nos convierta en Reyes Magos para brindarles lo mejor que está a nuestro alcance para que disfruten de una vida bella y no tengan que padecer el horror que los adultos les estamos heredando en un mundo injusto y violento. Démosles razones para celebrar y no para llorar.

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Fuentes

http://www.mexicodesconocido.com.mx/los-reyes-magos.html

http://es.catholic.net/op/articulos/12382/-fiesta-de-la-epifana-o-da-de-reyes.html

http://www.forbes.com.mx/violencia-infantil-la-otra-cara-de-mexico/

Rosas, María Cristina en Revista Etcétera, Octubre 2015, pp. 37 – 40.

Fecha: 
Martes, 05 de Enero 2016 - 16:00
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¿Feliz Navidad?

Los adornos de Navidad son de Navidad y se promocionan en diciembre, no antes. Si hablamos del espíritu navideño, dicen que la gente “pierde” tradiciones y sensibilidad y es la mercadotecnia que se encarga de corromper las emociones. Este año desde septiembre salieron a relucir los adornos, que imagino, quedaron del año anterior y los estantes se llenaron de esferas y escarchas o guirnaldas junto a los disfraces de Halloween, las banderas y rehiletes del Día de la Independencia y las calaveritas del Día de Muertos. Poco recuerdo el nombre de cada objeto necesario para arreglar una casa en la temporada navideña, fue hace siglos que adorné una pared y no recuerdo cuándo fue que puse el último arbolito.

Hacer remembranzas y volver a la siempre nueva vieja frase de “en otros tiempos”, me parece tan añejo como el espíritu de Navidad. Cierto, todo cambia y los que van llegando adoptan y se adaptan a sus nuevos mejores tiempos; el problema está en que la prioridad de las fiestas decembrinas se centra en la economía y la modernidad material, ya no las otras cosas que quienes las vivimos podemos sonreír hacia adentro pensando que todo era mejor. No, no es mejor, es diferente y el tiempo de hoy será el mejor tiempo de quienes empujan de prisa, sacando poco a poco las nostalgias de un pasado de reuniones familiares en donde había mucho más que regalos de compromiso y derroche de publicidad.

De qué valdría decir cómo se esperaban las Navidades, el tiempo pasaba lento y el año en verdad tardaba trecientos sesenta y cinco días, no 365 rápidamente. Aquel tiempo era una eternidad y aunque la hora sigue teniendo 60 minutos y los meses siguen siendo 12, hoy es como si todo sucediera de la noche a la mañana viviendo de prisa y esperando lo que aún no llega. “No goza de lo que tiene por ansia de lo que espera” reza el encabezado del periódico que sostiene el payaso pintado en un puente rumbo a la línea internacional en Tijuana, aviso que no todos leen porque van de prisa ansiando cruzar a Estados Unidos sin atender lo interesante que pueda suceder alrededor. Así el año entero les pasa muchas veces con más pena que gloria, ya ni de las cabañuelas en enero se habla y cuando lo recuerdo me suena a que soy la única que lo sabe; por supuesto, insisten que es un invento mío y no tengo a quien acreditarlo porque no recuerdo quién lo dijo primero. Todavía anoto en el calendario el clima de cada uno de los primeros 12 días de enero, aunque ha dejado de ser infalible porque parece que ni la naturaleza sabe a dónde va.

El recuento de aquellos diciembres empieza en los primeros días con la compra de las esferas en la fábrica de vidrio soplado “Santo del Monte” en Tlalpujahua, Michoacán (que ahora tiene nombre francés “Saint Du Mont” y los compradores son en su mayoría extranjeros). Cada uno podía elegir el modelo de esfera que más le gustara para colgarla en la rama del árbol que podía alcanzar. Después, un día de paseo al casi olvidado bosque del Kilómetro 23 en la carretera Mil Cumbres para recolectar las piñas caídas de los pinos, arrancarle heno a los árboles y cortar musgo fresco a la vera del camino junto al río, material perfecto para armar el nacimiento. Por último, al mercado a comprar el árbol que cada año parecía más pequeño -todo se vuelve pequeño cuando uno crece- y quedaba adornado con las piñas y un montón de cosas de muchos colores, nada de elegancias que combinaran y nunca adornos del mismo color.

Las tiendas se encendían de colores, luces y música de castañuelas y campanas solo iniciado diciembre en preparación a la primera posada del día 16, ahora ya hay pre-pre-posadas ¡he sido invitada a una para el día 4! En fin, los recuerdos dejan de ser bilis negra porque también se pierden las ganas de hacer tiradero por toda la casa para llenarla de cosas por unos días y como el tiempo pasa tan rápido, apenas se cuelgan los focos, se funden y ya se tienen que quitar.

Cada año la mercadotecnia junta tanto las festividades que terminaremos por celebrar un día amontonando todas al mismo tiempo, así el reguero por la casa quedará tan psicodélico que no sabremos en qué tipo de mundo vivimos, por supuesto que para los pequeños y para los que van llegando serán los mejores tiempos y quizá de grandes piensen que ese tiempo desordenado era más divertido.

Si todos quieren ir corriendo, me adelanto a desearles que tengan un excelente fin de año, iré preparando mi cartita para los Reyes Magos porque ya sé qué les voy a pedir y mientras, disfruto con calma lo que queda de noviembre.

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Fecha: 
Martes, 24 de Noviembre 2015 - 18:00
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Cancionero

Esta vez, en nuestra cápsula del tiempo de cada cinco semanas recordaremos la forma en que la música era un sano pasatiempo para los jóvenes a través de los cancioneros y las serenatas.

Existió un momento en la historia de México en el que tocar la guitarra era un pasatiempo común entre los jóvenes de la época y para ello, utilizaban un cuadernillo que contenía los acordes y letras de las canciones llamado: cancionero. En ese mismo tiempo, el bolero (canción de ritmo lento, bailable y originaria de Cuba con un compás de dos por cuatro y letras melancólicas) llegó a México a través de la Península de Yucatán y de la mano de Guty Cárdenas cuando aproximadamente en 1913 compusiera el primer bolero llamado “Presentimiento” mismo que grabó en Nueva York; sin duda, fue la influencia de la radio y principalmente, de la XEW (estación radiofónica) lo que ayudó a consolidar al bolero durante casi treinta años en el gusto popular hasta mediados de los años sesenta cuando empezó su decadencia.

Con el bolero llegaron también los dúos, tríos o cuartetos musicales y con ellos, se extendió la costumbre de llevar serenata a las damas con ánimos de conquista, reconciliación o simplemente de expresar sentimientos a través del romance de las canciones. Con el tiempo, la serenata tradicional emigró a las estaciones de radio para dedicar por esta vía las canciones a la persona celebrada o amada o como broma entre amigos.

La costumbre de tocar la guitarra como pasatiempo dio lugar a serenatas con motivo del día de las madres, para celebrar el día de la amistad o simplemente para reunirse y pasar un buen rato cantando. Seguramente en algún rincón de la casa, nuestras abuelitas guardan algún disco de boleros o un cancionero.

De entre los compositores e intérpretes más destacados, hemos heredado hermosas letras y melodías:

Solamente una vez se entrega el alma / con la dulce y total renunciación / y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse / hay campanas de fiesta que cantan en el corazón (Solamente una vez, Agustín Lara)

Tú me acostumbraste a todas esas cosas / y tú me enseñaste que son maravillosas / sutil llegaste a mi como la tentación / llenando de inquietud mi corazón (Tú me acostumbraste, Olga Guillot)

Bésame, bésame mucho / como si fuera esta noche la última vez / Bésame, bésame mucho / que tengo miedo a tenerte y perderte después (Bésame mucho, Consuelo Velázquez)

Somos novios / mantenemos un cariño limpio y puro / como todos procuramos el momento más oscuro (Somos novios, Armando Manzanero)

Angustia de no tenerte a ti / tormento de no tener tu amor / angustia de no besarte mas / nostalgia de no escuchar tu voz (Angustia, Bienvenido Granda)

¡Qué dicha y qué privilegio para quienes vivieron la época dorada de un México que parecía marchar a otra velocidad, con una sensibilidad más romántica y una creatividad que daba lugar a composiciones que dieron la vuelta al mundo y que conquistaron más de un corazón o dieron paso a la reconciliación! Ojalá rescatáramos esos momentos al menos por mera cultura general y para descubrir que los antecedentes de la música mexicana distan mucho de lo que hoy conocemos como el pop en español.

¡Ay qué tiempos, señor Don Simón!

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Fuentes:

http://www.dcubanos.com/sabiasque/el-bolero-la-herencia-de-cuba

Fecha: 
Martes, 10 de Noviembre 2015 - 16:00
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Entre flores e inciensos

El uno de noviembre, Día de Todos los Santos y el dos de noviembre, Día de los Fieles Difuntos son dos fechas en el calendario que marcan la celebración del día de muertos. Ancestralmente, las culturas que poblaron territorio mexicano realizaban una serie de rituales mortuorios como parte de una dualidad vida-muerte presente en un ciclo sin fin de la existencia humana. Para dichas culturas, el culto a la muerte se relacionaba directamente con la adoración a sus dioses y a ellos les dedicaban sus ofrendas y sacrificios, de ahí la costumbre de enterrar a los difuntos con diversos objetos que los acompañaban por el largo recorrido hasta el Mictlan (En náhuatl, lugar de los muertos).

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Las ofrendas que conocemos actualmente y que incluso solemos colocar en nuestros hogares, oficinas, escuelas o en espacios públicos son resultado de la mezcla de la religión politeísta de la época precolombina y la influencia cristiana de los españoles, por ello encontramos como elementos esenciales una cruz, la foto del difunto y flores de cempasúchil.

Sobre estas últimas (flor de veinte pétalos por sus raíces en lengua náhuatl cempoal-veinte y Xóchitl-flor), se dice que además de estar presente en los altares de ofrendas y tumbas, es uno de los íconos representativos de México a nivel mundial y su uso se ha extendido para la fabricación de insecticidas y ciertos medicamentos. Las flores, presentes en todos los grandes momentos de la vida (incluida la muerte), son también un lenguaje que comunica sentimientos y emociones, quizá de ahí la frase: “dígalo con flores” y aunque hay quien opina que es mejor regalarlas en vida que llevarlas a una tumba, en el caso de las ofrendas se dice que sirven para guiar las almas de los difuntos en este mundo a través del olor.

La Catrina (así bautizada por el muralista Diego Rivera) y creada por José Guadalupe Posada a la que él llamaba La Calavera Garbancera (la que pretende aparentar lo que no es) –a través de la cual realizaba fuertes críticas sociales a las situaciones de injusticia y desigualdad en el país durante la época porfiriana– actualmente es otro elemento distintivo de la celebración a los muertos, además de haberse convertido en una artesanía que simboliza el mestizaje, y resalta la riqueza formal y espiritual de México.

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Otro elemento más lúdico e intelectual a la vez es la calaverita literaria, escrita con un lenguaje satírico o burlesco y compuesta en verso para hacer burla tanto al vivo como al muerto en un afán de reflejar el espíritu y festividad del mexicano ante la muerte.

Ofrendas, calacas vestidas de catrina, calaveritas literarias o comparsas (como las realizadas en Oaxaca) todas ellas, son parte de una tradición que ha ido tomando forma y elementos desde la época prehispánica hasta nuestros días y que desde mi apreciación, nada le pide a las celebraciones o disfraces del día de brujas realizado en el país vecino gringo, razón por la cual debemos tener cuidado de no caer en el exceso y el consumismo tan solo por seguir una moda o para hacernos presentes en las redes sociales únicamente.

Más allá del ritual o del tipo de celebración que realicemos, vale la pena preguntarse qué significado tiene la muerte para cada uno en un contexto que nada tiene que ver con el sentido religioso de las culturas precolombinas y que está enmarcado de violencia, desigualdad, enfermedad, caos y guerra por mencionar algunos y que nos vuelve indiferentes ante la muerte porque la vemos todos los días en los noticiarios como parte de los encabezados, en los periódicos, en las series de televisión, en el cine o en Internet. Una situación que no dista mucho de lo que Octavio Paz reflexionaba en su texto Todos Santos, Día de muertos: “Para el mexicano moderno la muerte carece de significación. Ha dejado de ser tránsito, acceso a otra vida más vida que la nuestra” y es que nuestra actitud ante la muerte tiene que ver con nuestra actitud ante la vida. De niña leí un cuento que quedó en mi memoria por mucho tiempo y que hace poco reencontré en Internet: Francisca y La Muerte (Jorge Onelio Cardoso, Cubano)  del cual me gusta su final:

"Francisca, ¿cuándo te vas a morir? Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre: - Nunca, (dijo) siempre hay algo que hacer."

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Si disfrutamos cada minuto de vida, si nos entregamos con pasión a ella y agradecemos despertar cada día, quizá en nuestra tumba haya muchas flores como muestra de los corazones que tocamos en vida y podamos retornar cada dos de noviembre a disfrutar de uno que otro pan de muerto o hacer alguna travesura a los seres que nos amaron y amamos.

La comunión que logramos con los difuntos a través de una ofrenda, una oración o simplemente una veladora en su retrato tiene su esencia en el acto espiritual y de fe que realizamos, nada que ver con un disfraz o una película de terror.

Se los dejo de tarea.

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Fuentes

http://www.mexicodesconocido.com.mx/haz-tu-propia-ofrenda-de-dia-de-muer...

http://www.mexicodesconocido.com.mx/la-flor-de-cempasuchitl.html

http://culturacolectiva.com/origen-e-historia-de-la-catrina/

http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/abd9b60a2_...

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/index.php?clave=francis...

 

Imágenes

http://www.chilango.com

https://www.google.com.mx

Fecha: 
Martes, 03 de Noviembre 2015 - 16:30
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¿Me da mi calaverita?

Es el final de octubre y llegamos a una de las fiestas mexicanas que más me gustan. Durante años he escuchado de mi papá (y desde hace tiempo lo repito) “debemos rescatar las tradiciones de nuestro país”. Y esta es una de las que más nos define como mexicanos y que más nos une con nuestro origen.

Mucho se ha dicho que las tradiciones de México se están perdiendo por la fusión con otras culturas, especialmente con la estadounidense, lo cierto es que, afortunadamente, existen lugares de nuestro país que las conservan y evitan que se extingan y queden en el olvido, ejemplo de ello son las fiestas en los pueblos de Mixquic, Xochimilco y Coyoacan (DF), Pátzcuaro, Jarácuaro y Arocutín (Michoacán), Huaquechula (Puebla), La Huasteca Potosina, Aguascalientes, Oaxaca y tantos lugares más en donde se pintan de costumbres locales que le dan, no sólo vida, sino variedad a nuestra fiesta.

Y no es que tenga algo de malo que queramos festejar el Halloween gringo, es divertido, para todo niño es emocionante disfrazarse y salir a pedir dulces. Aunque en mi infancia poco lo hice, más grande, como gran fanático del terror, llegué a disfrutar de caracterizarme como alguno de los hollywoodenses personajes, aunque tampoco me entusiasma mucho la fiesta, pero esto tiene más que ver con mi aversión a lo gringo.

Lo malo es no conocer nuestra cultura y poner las demás por sobre ella. El divertirnos con una e incluso la fusión de ambas es válido, en el más estricto de los sentidos el Halloween tampoco es estadounidense, viene de las culturas celtas y sajonas. De hecho lo que hoy conocemos como las fiestas de muertos en México son una fusión de las costumbres prehispánicas y la imposición de las fiestas católicas que introdujeron los españoles durante la conquista para imponer su cultura. En el México prehispánico se le rendía culto a la muerte porque se entendía como parte de la vida, fueron los españoles quienes con sus cristianas ideas trajeron los conceptos de cielo e infierno como premio o castigo, y con ello el miedo, pero el pueblo supo conservar su tradición al tiempo que incluía las nuevas enseñanzas y la fiesta ha logrado sobrevivir a lo largo de los siglos.

Lo que tenemos hoy es el resultado, como he dicho, de la fusión de dos culturas. De la prehispánica la costumbre de las ofrendas que incluían objetos que le gustaran y habían sido usadas por el difunto: recipientes, ornamentas o adornos de obsidiana. Usaban unas hileras de cráneos unidas por perforaciones en la parte superior, estos restos eran de los sacrificados en honor a los dioses (muerte considerada un honor).

Cuando llegan los españoles, el festejo se comenzó a hacer el 1 y 2 de noviembre porque las costumbres católicas realizaban misas, oraciones y responsorios por las almas de los fieles difuntos. Visitaban el cementerio con flores, veladoras y comida que se consumía en compañía de las almas de los seres queridos.

Con el tiempo lo ritual y solemne dio paso a lo festivo y burlesco, en el que se cambian elementos como los cráneos por las calaveritas de azúcar, y se agregan otros como el papel picado, pan de muerto, dulces típicos, sal, etcétera. Pero aún en el típico altar de muertos mexicano existen diferentes versiones dependiendo del lugar donde se realice.

Otra de las costumbres de estos días es “pedir calavera”, cosa que sólo escuchamos en los niños que piden dinero en las esquinas. Pero originalmente se rezaba junto a los altares y al final se repartía la fruta y la comida de la ofrenda (la calavera). Con el tiempo los niños empezaron a salir vistiendo a uno de ellos de muerto y lo llevaban de casa en casa cantando versos al estilo de cuando se pide posada y dando gracias al final por lo que les daban: pan, tamales (elementos de las ofrendas) y en algunos casos, dinero.

Falta escribir todavía de la calaverita literaria, o de la falsa idea de la Catrina como un elemento de estas fechas. Pero el punto es, pues, insistir en que no es malo seguir una tradición ajena, pero es primordial conocer las propias ¿por qué? Porque todas ellas son parte de nuestra historia, el legado de nuestros antepasados, nuestro origen y nuestra esencia. Es nuestra obligación conocerla. Como muchas otras, es vergonzoso saber que mejor viene un extranjero a conocerla y admirarse de ella que nosotros mismos.

En fin, lo bueno es que con todo, y aunque año con año escucho que son tradiciones condenadas a desaparecer, veo que afortunadamente no es así, que hay cientos de pueblos que aún las siguen, familias que las retoman y gente preocupada por rescatar los orígenes.

Ya se va la calavera bien agradecida, porque en esta casa sí fue recibida.

Voy vengo.

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Viernes, 30 de Octubre 2015 - 16:00
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¡De la tumba al AMOR!

— ¿A dónde vas?, preguntó un mortal al verla pasar.

— No voy, vengo, le contestó la interfecta…

— ¿Te gustaría un trago conmigo degustar?

Y así la charla continuó, hasta que por fin al mortal se le ocurrió preguntar, ¿quién era esa dama?, con quien tan amena charla sostenía.

— ¿Para qué quieres saber? ¿Te estás entreteniendo o no?

— Sí, ¡claro que sí!

— Entonces, mejor sigamos platicando… Te decía que es muy fácil mi oficio… Porque sólo necesito esperar, ni siquiera demasiado, con un poco de paciencia y ya está: Misión cumplida. ¿Cómo ves?

Pedro empezó a inquietarse, esa mujer se daba el lujo de entrar sola a las cantinas, a altas horas de la noche por las calles deambular, con ese porte y vestimenta elegante… Se quedó mirando a los dedos de la Doña y hasta ahora se dio cuenta lo huesudos que ellos estaban. Entonces, Pedro se dedicó a observar a la dama que, de alguna forma, lo tenía cautivado con ese cadencioso y suave hablar.

— Fíjate, los mortales no cuidan su cuerpo, mírate tú: Gordo, feo y panzón. Todos los días tome y tome por ahí has de andar. Y quién sabe cómo estarás de diabetes y colesterol, que son las enfermedades de esta nación. Además, les gusta sufrir, con facilidad se arman unas historias que cualquier telenovela corta se queda. Y ahora con los resultados del huracán Patricia, cuando algo les sale bien, ni ustedes se lo creen.

— ¿Te cae?

— Fácil, mira el periódico. El 99% son malas noticias. Parece la agenda de la Catrina. Que si un choque por aquí, la guerra por allá y de la violencia mejor ni hablar…

— En eso tienes toda la razón. ¿Y a qué te dedicas, pues?

Pedro seguía pensando, que estaba lejos de considerarla bella, se dijo así mismo, mientras sonreía levemente. En ese instante notó una mueca de molestia en su compañera y  prefirió decir algo para halagarla:

— Bueno, veo que erudita has de ser, para tener todo ese conocimiento de las enfermedades, a lo mejor doctora resultas ser.

— No, doctora no. Tal vez tanatóloga podría ser. Va más de acuerdo con mi desempeño… Ya te dije, lo demás lo sabrás en un momento… Ya me estás haciendo hablar de más.

— ¿Dentro de un momento?

— Faltan unos segundos para las 12 de la noche.

— Ohhh. ¿Y por qué esperar hasta entonces?

— Porque así son las reglas… 10, 7, 5, 3…

— ¡Alto! ¡Para!, como que esto ya no me gustó… ¿Yo sólo quería saber a dónde iba usted?

— Sí, y yo te contesté. “No voy, vengo”… ¿Estamos de acuerdo?

— Cierto, cierto…

— Pedro, vengo por ti. Se terminó esta historia… Vámonos, que para hoy tengo más trabajo todavía por hacer.

Entonces Pedro observó a la dama que lo había cautivado, con todo y su fealdad y, en un suspiro, comprendió cómo es que estaba ahí. Miró al infinito, vio las ráfagas de historias compartidas. Esa dama era SU DAMA…

Ahora todo estaba claro, por eso nadie le quería, ni él nunca encontró a alguien de su medida con quien compartir la vida.

Y cuando la fea y flaca mano lo acarició, Pedro en un hondo sueño entró, por fin reconoció el bello rostro de su amada, y enamorado vio como ella le sonrió.

— En vida no tuve lo que en mi muerte tendré en demasía… Bueno, mi querida Catrina, por fin recuerdo el pacto que hicimos antes de venir aquí. Esperabas la fecha acordada para regresar por mí… Aquí estoy pues, ¡todo listo para TI!

En ese instante, el Pedro gordo desapareció para transformarse en un esbelto y cadavérico personaje, acorde con su amada.

— Jajajaja….

Y se escuchó la carcajada de Pedro, mientras él por fin partía en tan dulce compañía.

Fecha: 
Miércoles, 28 de Octubre 2015 - 16:00
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El ropero de la abuelita: ¡Me quito el sombrero!

En nuestra cápsula del tiempo de cada cinco semanas, abriremos esta vez la que nos lleve a recorrer el uso del sombrero en México como un accesorio de vestir que es difícil encontrar por las ciudades actualmente y que ha perdido incluso, cierta popularidad.

El sombrero, ese que hemos visto en las películas mexicanas y que usaron Jorge Negrete, Pedro Infante, Joaquín Pardavé, Fernando Soler, Arturo de Córdova y muy probablemente nuestros abuelos o tíos, fue símbolo de elegancia para las clases medias y altas durante las primera décadas del siglo XX y para quienes lo portaban era parte de un atavío estilo americano con traje, chaleco de casimir, corbata y zapatos.

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Otros sombreros también han sido parte de la indumentaria mexicana, tan solo el típico sombrero de charro es uno de nuestros iconos de identidad nacional y qué decir del sombrero de palma utilizado en las costas que no es el mismo que el jarocho ni el yucateco o el texano de las partes altas del país.

En México, incluso existió un slogan muy famoso: “De Sonora a Yucatán se usan sombreros Tardán” refiriéndose a la prestigiada tienda que todavía existe gracias a que ha ido evolucionando junto con la moda para no dejar morir la costumbre. José Agustín escribe: “todos los hombres usaban sombrero, ya fuera de palma, surianos, tejanos o de fieltro para los citadinos... Las mujeres también usaban variedades inagotables de sombreros”.

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El uso del sombrero entonces, obligaba a seguir cierto protocolo tanto en interiores como exteriores y básicamente era una muestra de cortesía o saludo de los caballeros hacia las damas o cualquier otra persona que encontrara por su camino; de esta forma, para saludar había dos gestos: levantar el sombrero sin quitárselo completamente lo cual implicaba algo así como un saludo de cortesía o retirarlo totalmente de la cabeza para cuestiones mucho más formales o de respeto como por ejemplo al entrar a una iglesia, conversar con alguien, en un funeral y por supuesto, ante los símbolos patrios o al entonar el himno nacional mexicano.

La gallardía y porte que daba el sombrero a los caballeros de entonces no tiene igual, pues no sólo representaba la clase social a la que pertenecían sino tenía la función social de señalar un rango, identificar a líderes o a un grupo social y por su tipo, distinguir incluso nacionalidades o etnias.

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Actualmente, es posible que cada vez más personas utilicen sombrero en la ciudad para mitigar un poco los efectos de los rayos ultravioleta o en las playas para cubrirse del sol pero es innegable que como uso y costumbre ha ido perdiendo adeptos. Las nuevas tendencias de la moda lo han rescatado para posicionarlo como accesorio y aunque existen diversos tipos de sombreros, básicamente se utilizan cuatro estilos: Los Fedora  (incluyen el Borsalino y el Trilby), hace años eran obligatorios para que un hombre saliera a la calle, posiblemente son los que permiten atuendos más serios. El pork pie, similar al anterior pero con la parte superior plana. Las gorras, comúnmente asociadas con las utilizadas en el béisbol, pero existen las militares y otras muchas. Las boinas, son como las gorras pero con la parte superior no abombada y una visera pequeña.

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Finalmente, en sentido metafórico cuando nos referimos a una persona o un suceso que nos inspira respeto utilizamos la frase: ¡Me quito el sombrero! Tal fue su trascendencia en un contexto en el que su uso simbolizó no sólo la masculinidad de una época sino el respeto y las buenas costumbres que se han ido perdiendo con el paso del tiempo y que no han encontrado sustituto.

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Fuentes:

http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matdidac/sitpro/hist/...

Tragicomedia mexicana 1. La vida en México de 1940 a 1970. Agustín, José en https://books.google.com.mx/

http://www.xaviworld82.com/2012/05/sombreros-para-hombre-tipos-usos-y.html

https://www.protocolo.org/social/vestuario/normas_de_uso_del_sombrero_et...

Imágenes tomadas de Google

Fecha: 
Martes, 28 de Julio 2015 - 18:00
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De la gastronomía y sus inventos

Voy a renegar del cocinero Rick Bayless; hay muchas novedades en la cocina, en las recetas. La evolución en sí obliga que todo deba ser diferente por mercadotecnia, por promoción, por egolatría, por sobresalir y muchas más razones.

La gastronomía en su caso ha hecho malabares por darse a conocer como lo mejor de lo mejor aunque todo sean revolturas, cerritos de comida, platos adornados, palabras rimbombantes para calificar un simple taco que no deja de ser taco por llamarse diferente así como John Pérez no deja de ser mexicano por llamarse John.

Chefs por todos lados, antes cocineros. Food trucks, antes puestos de comida, Plazas o colectivos gastronómicos, antes mercados.

De los pocos programas de cocina que me gusta ver es más por los lugares que recorren que por la comida o las recetas. Uno en particular, el del señor Rick Bayless, el restaurant de éste ha sido calificado por revistas especializadas como la mejor comida mexicana.

Hay que ver lo que hace para sentirse molesto. Recorre México y lugares importantes, restaurantes de prestigio, fondas, mercados o casas particulares de pueblos en las que se cocina para  los jornaleros. En todos comparte con los propietarios y empleados, cocina con ellos, conoce la receta, la aprende y ¡zaz! Aquí es donde llega la molestia.

Regresa a su casa o a su restaurante en Chicago, IL (porque de Los Angeles, CA, casi lo han vetado) y prepara las recetas a su forma y mal gusto.

Como comida mexicana para quien no conoce lo original está bien, supongo, solo que no pueden calificar como "mejor" a un cocinero que viaja, come, aprende y regresa a su casa a cambiar las recetas, a agregarle ingredientes que las descomponen.

Me enoja que invente sobre una receta original. Puede hacer lo que quiera, solo que no debe comparar. Me ofende como mexicana, por ejemplo, que va a Morelia y conoce los gazpachos originales y en su receta los sirve en copa de martini y le agrega camarones. ¡Por favor!, eso es un sacrilegio.

Los tacos al pastor los ha despedazado agregando papas rayadas. Las tortas ahogadas las ha metido al horno. A los chilaquiles les ha añadido pimiento morrón. Los tacos de chorizo con queso los ha revuelto, otra vez con papas rayadas y queso amarillo.

Insisto, puede hacer lo que quiera, después de todo para eso es cocinero, solo que no debe hacer comparaciones entre el original y su invento menos, asegurar que su idea es mejor y presentarla en su restaurant como “original mexican food” on a “so called” Mexican Restaurant. Para los que no saben, se creen que eso viene directo de México y como el señor habla un pésimo español durmiente sus comensales le creen toda la historia.Lo malo es que cuando vengan a México van a pensar que aquí no sabemos cocinar.

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Viernes, 24 de Julio 2015 - 17:30
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Tarde de Faena… ¡Rabo y orejas!

El toro corrió hacia el centro del ruedo, dio algunas vueltas, hasta ubicarse. Esperaba salir y divertirse… Al levantar la vista vio el capote “Ahora sí que me voy a divertir” Óleeee… “Sí, esto está divertido, corretear a un trozo de trapo, parece interesante, ¡Nunca imaginé, que la ‘fiesta’ fuera así!”

Empezaba a sentirse cómodo cuando de pronto vio venir al picador… “Esto se pone interesante, ¿será una competencia entre caballeros?” –Se preguntó- “Dos a dos, me parece bien…” -El primer puyazo lo sacó de sus pensamientos- “¡Ay!... Esto no me lo esperaba, seguro mi pareja se distrajo y no me protegió con su trapo…”

¡Ough! –sintió el segundo el segundo pinchazo… Dio unos pasos para atrás, segundos que le permitieron observar el entorno y captar la realidad-… “¡No es posible! De esto se trata, de golpearme hasta matarme… Ingenuo de mí, me lo advirtieron y no lo creí…” –Reflexionó-.

Éste es un relato de alguien que alguna vez disfrutó de la fiesta brava…, hace mucho tiempo era yo pequeña y no recuerdo con precisión la terminología, la intención es compartir con ustedes mi impresión de hoy en día…

“Entonces –Se dijo el toro- todos los que gritan están de acuerdo en lastimarme… ¡Oh!, seguro hice algo malo sin darme cuenta…” –Un golpe más era asestado sobre su lastimado lomo y un agudo tormento inundó su alma-. Ya el dolor era generalizado y la sangre fluía por sus costados… Tuvo que resoplar y respirar profundo… Vio al torero plantarse frente a él, seguro de sí mismo. “¡Sólo a mí me van a lastimar! En verdad: ¿Qué hice mal?” –Repitió-.

De pequeña fui varias veces a la corrida de toros, recuerdo que me gustaba la “Fiesta Brava”. Disfrutaba de las faenas, los bellos trajes de luces, los pases largos, el capote, la muleta, la espada... Después, mi papá nos dejó de llevar, no supe el por qué… Ahora comprendo su razón.

¡Óleeee!, –Escuchaba enojado el toro-. Se fue sobre el torero y en un descuido de éste logró prenderlo con el cuerno… El torero rodó alejándose de él y cuando el toro esperaba lanzarse sobre él, se vio rodeado por capotes y perdió de vista al torero. La plaza quedó en silencio…El torero se levantó cojeando, sacudió su traje y volvió a plantarse frente a SU toro. “Ahora sí, TÚ Y YO, nos vamos a enfrentar” –le dijo el torero-.

De nuevo, entró el caballo, ahora el toro estaba prevenido e inmediatamente se lanzó sobre él. El picador lo volvió a pinchar, una y otra vez… El toro ya agotado se decía: “Ya no puedo ¿Qué más me esperará?”. Entonces apareció el torero, gallardo, erguido, envuelto en su bello traje de luces… ¡Óleee!...

Años después acepté que si bien las luces y los pases son bellos, más importante es el bienestar de un ser indefenso y valoré la magnitud de la frase de Gandhi: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

Después de algunos pases el torero se detuvo… levantó la montera, se paró al centro del ruedo –Mientras pensaba- “¡Que buen ejemplar!” –Y el toro se decía- “¡Me van a indultar!” Se empezaron a ver los pañuelos blancos...y los gritos en la plaza… ¡Torero!...

El torero pidió permiso… Pero los pañuelos blancos no fueron suficientes… El juez ordena la muerte del toro… El torero caminó parsimoniosamente, muleta y espada en mano. Tras unos pases, saca la espada, la coloca frente a sus ojos midiendo, calculando… El toro esperaba…

El toro miraba al torero, de pronto sintió el frío acero cruzando por su pecho… Se doblaron sus cuartos delanteros, cayó hincado mientras el torero mano en alto se paraba frente al toro…, se miraron un instante… Y el toro volvió a preguntarse “¿Qué hice mal?”, mientras cerraba sus ojos ya para descansar… Y el torero dando vuelta al ruedo, salía cargado en hombros.

Hay muchos intereses en juego: empleados, ganaderos, empresarios, empleos secundarios… El hombre es sabio y creativo,  y cuando se lo propone aprovecha los momentos coyunturales para mejorar sus condiciones vida…

El nivel de conciencia se genera poco a poco, reconozco mi gusto por la “fiesta brava”, sin embargo, en algún momento comprendí el sufrimiento del OTRO. Entonces ELEGÍ: ¡AMAR en lugar de maltratar!

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Foto: http://www.davideallegri.com/wp-content/uploads/2013/04/corrida-torero-t...

http://www.donquijote.org/cultura/espana/los-toros/vocabulario

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Miércoles, 15 de Julio 2015 - 18:30
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