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tercera edad

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La vida se nos fue como un suspiro

Volvió a caminar… Toda era parecido y al mismo tiempo desconocido… “Han pasado muchos años, cuántas veces caminé por aquí, a prisa, a todo lo que daban mis piernas… Cruzaba el parque todas las mañanas para llevar a mis hijos a la escuela, después lo volvía a cruzar para recogerlos”.

Se había cansado y se sentó lentamente en la banca más cercana… Vio venir al vigilante. “Su hija le suplica regresar, está un poco inquieta. Le pide ir a desayunar con ella, lo espera en la cafetería de la esquina… Si gusta lo puedo acompañar”.

“Ni que la cafetería estuviera tan lejos…, bueno…, mi hija es un poco exagerada”, Pensó Pablo. Mientras caminaba siguió recordando. Su hija menor tenía ya alrededor de cuarenta años, así que en aquél entones ella tendría ocho o nueve años.

Los hijos y en especial las hijas suelen estar al pendiente de los padres, llegando incluso a ser sobreprotectores… Si bien los adultos mayores necesitan de cuidados y supervisión, no es igual para todos, cada persona es diferente. Los cuidados para los adultos mayores dependen de varios factores como: deterioro, enfermedad, entorno familiar, edad, sexo, etc.

“Hace treinta años cruzaba dos veces al día este parque”, recordó Pablo mientras veía a su hija saludarlo con la mano y venir a encontrarlo. Su esposa había muerto dos años atrás y aunque él se encontraba más o menos saludable, su vida había cambiado desde entonces.

El desayuno con su hija fue muy agradable, siempre disfrutaba estar con ella, tenían muchas cosas en común. “Lástima que trabaje tanto y la pueda ver tan poco”, se quejó consigo mismo. Después del desayuno ella se excusó, le dio un beso y se fue a trabajar… Él la vio entrar al edificio, la siguió con la mirada hasta que su silueta se perdió…

Tomó el jugo y observó sus arrugadas manos, de pronto le vinieron imágenes de sí mismo, se veía como un joven fuerte, seguro, rodeado de varios pequeños… Siete, siete hijos. Alcanzó a verse disfrutar de ese momento… Después, todo se opacó y volvió a su realidad actual.

Recordó a su amigo Manuel, ahí solían tomarse el café cuando él estaba en la ciudad. Manuel era agente viajero y había muerto, así que sólo lo podía traerlo a su memoria. De pronto se dio cuenta que la mayoría de sus amigos habían partido…  Ya no los podía llamar para compartir otra taza de café.

Era una mañana soleada, calurosa… Decidió quedarse sentado un rato más. El restaurante cada vez estaba más lleno… Él siguió rememorando… “¿Qué más da?, ¿Cuál es la prisa? Puedo continuar aquí todo el tiempo que quiera, nadie me espera” , volvió a pensar.

Extrañaba a su esposa, también en ese jardín la conoció, se enamoraron… Suspiró. Ella también partió… De pronto se sintió triste, agobiado, el tiempo lo rebasó, reflexionó. La nostalgia llegó y amenazó con instalarse en la silla vacía, mientras él murmuraba la frase que su esposa le había dicho alguna vez: “La VIDA se nos fue como un SUSPIRO”.

“No, no”, sacudió la cabeza, “como dice mi yerno: Y si no la hubiese conocido... Eso sí que NO… ¡Cómo habría sido mi vida sin ella! ¡CÓMO DISFRUTÉ!”. Entrecerró los ojos y vinieron las imágenes de sus tres bellas bodas. Tres veces se casó con su esposa…

Su primera boda, qué jóvenes estaban. La segunda boda: los veinticinco años y la del cincuentenario… Todos esos días, esos festejos… Recordó, rememoró, añoró… Al final se dio cuenta que tenía una sonrisa en sus labios… Cuántas experiencias, algunas tristezas y muchas alegrías.

Es difícil continuar el camino cuando la persona se va quedando sola, sin sus afectos más queridos… ¿Cómo sobrellevar el día a día? ¿Cómo reconstruir su mundo y llenarlo de nuevos objetivos, con nuevos personajes y nuevas historias por contar? A veces el contacto con gente joven puede inspirarlos ya que ellos suelen ser un gran ejemplo a seguir.

Cuando Pablo regresó, su hija lo esperaba checando el celular sentada en el vestíbulo, al sentirlo levantó la vista y él entusiasmado le comunicó “Me inscribí en clases de fotografía… ¡Decidí que quiero tomar las mejores fotos de mi vida!”

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Fecha: 
Miércoles, 19 de Agosto 2015 - 16:00
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Si yo fuera presidente (primera parte)

Hoy escribo esta nota con muy buen humor, con un optimismo desbordado y una mente soñadora y cándida. Quizá el café que me tomé esta mañana hizo algún efecto extraño en mi estado de ánimo. Quizá el día de hoy quiero alejarme un poco de mis actitudes críticas, de mis constantes inconformidades y mis recurrentes reclamos contra todo lo que sucede en el país.

Hoy quiero soñar. Quiero imaginar que por azares del destino y por extrañas circunstancias, he llegado a la presidencia de la república, y tengo la oportunidad de cambiar, si bien de manera poco ortodoxa, el statu quo que impera en nuestra sociedad.

Digo de manera poco ortodoxa, porque al ser esto un simple sueño guajiro, estoy suponiendo que puedo hacerlo sin tener que depender de nadie, sin tener que pedir permiso a nadie, y sin sufrir las consecuencias por meterme con los innumerables intereses de todos aquellos que mueven los hilos del país de alguna manera o de otra.

Por supuesto ustedes dirán: ¡Ahhh, otro dictadorzuelo! Y sí, en mi sueño me permito serlo, porque, después de todo, es mi sueño.

Pero, ¿y qué haría siendo presidente? Primero que nada debemos entender que el  mundo se mueve por y gracias a la economía. Un país inviable económicamente es un país fallido, y la economía la crean, la desarrollan y la estimulan las empresas. Por lo tanto la primera actividad sería estimular a las empresas. Grandes, medianas y pequeñas, todas gozarían de estímulos fiscales, productivos y de capacitación para sus empleados. Por ejemplo, el crear programas en los que las empresas contraten becarios recién salidos de las universidades para que estos empiecen a obtener la experiencia y los conocimientos necesarios para poder colocarse ya sea en esas mismas o en otras empresas, a cambio de beneficios fiscales (algo parecido a la propuesta del PVEM). Otro estímulo podría ser bajar el precio de los servicios como agua, luz, gas y otros combustibles para que las empresas pudieran invertir más en productividad y menos en el pago de servicios. Sin embargo obtendrían asimismo beneficios fiscales si adoptaran el uso de energías sustentables.  La contratación de personas de la tercera edad y discapacitados sería asimismo motivo para otorgar beneficios fiscales.

Estos beneficios podrían ser desde descuentos en el pago de impuestos hasta extensiones en el plazo de los mismos, o ambos. Aquellas empresas con certificaciones en materia de calidad (ISO 9000, ISO 14000, empresa limpia, etc.), empresas exportadoras, y aquellas que registrasen patentes y desarrollaran tecnología también serían beneficiadas. 

La lógica es que empresas más eficientes y con mayores recursos, generarían asimismo mayores empleos, trabajadores mejor pagados y por ende una mejor economía. En pocas palabras, haría exactamente lo contrario a lo que está sucediendo ahora.

Como ya me emocioné, en mi próxima entrega hablaré de lo que haría en cuestión de educación, otro rubro medular para el desarrollo del país.

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Jueves, 13 de Agosto 2015 - 17:30
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