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teología

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De 1928 - Nace Hans Küng

Hans Küng (Sursee, Cantón de Lucerna, Suiza; 19 de marzo de 1928), es un sacerdote suizo católico, teólogo y prolífico autor. Desde 1995 es presidente de la Fundación por una Ética Mundial (Stiftung Weltethos). Küng es "un sacerdote católico en activo". Famoso por su postura contra la infalibilidad papal. Profesor emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tübingen desde 1996. A pesar de no tener permiso por el Vaticano para enseñarteología católica, ni su obispo ni la Santa Sede han revocado sus facultades sacerdotales.

Será uno de los teólogos más cuestinados del pensamiento católico contemporáneo. Sostendrá la necesidad que tiene la Iglesia de abrirse al mundo moderno, transformando sus estructuras. Asimismo abogará por un acercamiento entre religiones sin el cual resultará imposible lograr una paz mundial. Entre sus muchas obras, de carácter histórico y teológico, cabrán destacar "Concilio y reunificación", de 1960, "Estructuras de la iglesia", de 1962, "¿Infalible? Un interrogante", de 1972 y"¿Existe Dios?", de 1977

Fecha: 
Jueves, 19 de Marzo 2015 - 10:00

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La idea bajar el Cielo a la Tierra se llama Progreso

Las ideas que gobiernan nuestra vida, y que por una especie de pudor se ocultan bajo el ropaje de ciencia, tienen su origen en antiguas historias míticas, en la metafísica y en la teología. Tal es el caso del concepto de Progreso. ¿Cuál es el origen de esta idea cardinal del mundo? En la antigüedad, los griegos y otras civilizaciones concebían el tiempo de manera cíclica: todo se repetía y volvía a empezar, como la vida y la muerte o las estaciones del año. El universo era casi estático: lo que nacía moría y volvía a nacer o encarnaba. Esta concepción del mudo es transformada por la narrativa cristiana que introduce una nueva forma de ver y entender las cosas. Ella engendra la idea de la salvación. A partir de entonces, el tiempo deja de ser cíclico. Ahora la humanidad va a ser recompensada al final de sus días por la venida del Reino de Dios. Hay principio y fin: hay un más allá. Hay futuro: el tiempo es lineal.

La secularización de la idea de recompensa futura origina el concepto de Progreso. Se invierte el sentido de la recompensa con el advenimiento del Reino de Dios por la recompensa aquí y ahora. El Paraíso ya no está en el Cielo sino en la Tierra. Buena parte de esta transmutación la debemos a los economistas clásicos: Bernard de Mandeville, John Locke, David Hume, Adam Smith, John Stuart Mills, que en mayor o menor medida abrevaron de las ideas hedonistas de Epicuro, el antiguo filósofo griego y, en particular, de la concepción cristiana que relativiza el mal. El apóstol Pablo dice en Corintios 10:23: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. En sus reflexiones teológicas, Tomás de Aquino añade: “todo mal se funda en un bien… El mal no puede existir de por sí, puesto que no tiene esencia…” (Suma contra los gentiles, cap. 11).

Siglos después, Mandeville convierte esta idea de que no hay mal que por bien no venga en su famosa tesis de que el vicio privado se trasmuta en virtud pública, que a su vez Adam Smith denomina como “la mano invisible del mercado”: la maquinaria del Progreso está en marcha. Como se ve, la teología, los mitos y las leyendas que explican el mundo dan origen a la idea del Progreso, de crecimiento infinito, de la productividad por la productividad, y demás dogmas de nuestro tiempo. Aunque hoy esta leyenda se cuenta, para darle un barniz científico, por medio de una narrativa matemática. Por ello, dice Tomáš Sedláček en su monumental obra, Economía del Bien y del Mal: “La historia del pensamiento nos ayuda a deshacernos del lavado cerebral de la época, a ver a través de la moda intelectual y dar un par de pasos hacia atrás”.

Fecha: 
Jueves, 25 de Septiembre 2014 - 17:00
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La teología es el origen de la mano invisible

¿Acaso tiene alguna importancia que hablemos de asuntos tan antiguos y esotéricos como el teorema de la mano invisible del mercado, que misteriosamente transforma el egoísmo, el interés propio, e inclusive el vicio privado en beneficios públicos? ¿Cómo afectan a nuestra vida? Sí importa comprender estos fenómenos porque la manera como vemos y entendemos el mundo (cosmovisión) es lo que norma y guía a nuestro subconsciente y determina nuestra conducta y nuestras acciones. El símil son los programas (software) de una computadora, los cuales le hacen posible realizar determinadas tareas. A esa especie de piloto automático, que determina nuestra conducta, el psicoanalista Wilhelm Reich lo llamó subyugación deseada en "La psicología de masas del fascismo". Sólo una ruptura y una nueva teoría sobre el origen de las cosas o del mundo (cosmogonía), modifican nuestra forma de actuar.

Entonces, ¿qué origina la idea de la mano invisible, esa ideología que da forma a la manera como nos relacionamos los hombres para producir, comerciar… para vivir? Es sabido que esta visión del mundo, sostiene que debemos al egoísmo, al anhelo de lucro (del carnicero, del panadero… del empresario) nuestro alimento y bienestar. Por tanto, el vicio privado y hasta la inmoralidad explican el vigor del comercio y la riqueza de las naciones. El corolario de entender así el mundo es la reducción del hombre a una entidad económica, que determina su ser egoísta, calculador y racional. Nada existe fuera del mundo-mercado. Si el mercado o base económica determina a la ética, a la política, a la sociedad entera y por ende a nuestro ser, el hombre al final del día es sólo una mercancía. A tal grado de degradación nos lleva esa creencia.

Hay otras derivaciones de esa visión del mundo: la codicia, el afán de lucro, que son el motor del egoísmo, nos mueven a anhelar siempre más: es origen del progreso y de la búsqueda del crecimiento económico perpetuo, que si bien nos ha llevado a cumbres excelsas de bienestar, también nos ha condenado a poseer sin límite, al consumo infinito. Crecimiento por el crecimiento. Consumo por el consumo... El progreso a cualquier costo. ¿Acaso la visión del mundo de crecer por crecer, no ha causado la degradación ambiental y la montaña de deudas, amenazas apocalípticas? ¿Pero de dónde viene la idea de progreso, cuyo origen es la creencia de que la mano invisible transforma el egoísmo, el pecado o vicio, en bienes? La idea se remonta a la Suma Teológica de Tomás de Aquino, quién dedujo que el mal se funda en el bien, que si se comete un mal es en aras de un bien. La teología es cuna de la economía moderna.

Fecha: 
Jueves, 11 de Septiembre 2014 - 17:30
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