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El Meollo del Asunto: Regresará el civismo a las aulas

Con el plan de regresar el civismo y la filosofía al sistema educativo público, ¿estará pensando el secretario de educación, señor Esteban Moctezuma el que los mexicanos nos volvamos buenas personas? ¿Personas virtuosas?

El Programa Nacional Pro Integridad Avanza Sin Tranza que dirijo establece que una de las causas que originan la corrupción tiene que ver con la falta de educación cívica, filosófica, ética y moral en las escuelas mexicanas.

El civismo, la ética y la filosofía son materias que se dejaron de enseñar en el sistema educativo mexicano hace ya décadas.

En 1972, el gobierno de Luis Echeverría, transformó estas materias en Ciencias Sociales y en la administración del “Memo”, es decir, de Vicente Fox, se retiraron oficialmente del cuadro de materias.

Lo demás es historia. México cayó en todos los indicadores sociales. Sólo en el de Transparencia Internacional, México está en el lugar 138 de 173 países.

Desde entonces, mucho se ha hablado e insistido de regresar tales materias al plan de educación de estudiantes en los sistemas públicos. Pero nada más. Han sido los sistemas particulares los que sí iniciaron con ello, pero como materias optativas o extra curriculares.

Ahora con en la administración de la 4T parece que sí regresarán tales materias a la currícula. Lo llaman; “El Modelo de la nueva escuela mexicana”.

Uno que busca impulsar “la cultura de la paz” desde las aulas fomentando “la honestidad, el civismo y los valores necesarios para transformar la vida pública del país”.

Así lo señala el proyecto de la Ley General de Educación que discutirán los diputados federales.

El artículo 74 de la futura ley plantea que “las autoridades educativas, en el ámbito de su competencia, promoverán la cultura de la paz y la no violencia para generar una convivencia democrática basada en el respeto a la dignidad de las personas y a los derechos humanos”, involucrando a educandos, docentes, madres y padres de familia o tutores, así como el personal administrativo.

Es mi esperanza que esto no lo estén utilizando como una medida desesperada para tratar de paliar los problemas sociales que tenemos y que son muchos. ¿Cómo cuáles?

Secuestros, asesinatos de todo tipo, asaltos, embarazos de adolescentes, divorcios, consumo de drogas, desaparición de jóvenes, robo de infantes, bulling, acoso sexual y una gran muestra de irresponsabilidad cívica y social por parte de la ciudadanía que valora la tranza, la trampa y el abuso de todo tipo, que están arraigadas en la cultura mexicana y también, en el “pueblo bueno y sabio”.

Claro que existen muchos individuos que se empeñan y se esfuerzan en ser diferentes y no dejarse llevar por ella. La cultura de la tranza.

Una que se compone de costumbres articuladas, moldeadas del yo, conforme al ideal perfilado por las ciudades del país en cada momento histórico que vive.

Que actúa sobre la subjetividad para reformarla y emanciparla mediante el inicio de un proceso de individualización personal y colaborando en su progreso moral. Es complejo, pero es así como en la sociedad se da origen a lo que se conoce como las “Buenas Costumbres”.

La virtud está constituida por costumbres, hábitos y modos de ser cívicos y paraestatales.

Por ello es magnífico que las materias en mención regresen a las aulas. Solo que como faltará ver y constatar los “bemoles” de esto. Los puntos finos de tal reforma. ¿Cuáles son estos?

Las definiciones ideológicas que tiene un gobierno llamado o conocido como de izquierda con matices de radical y que quiera imponerlas para tales las materias.

Las que como decía Descartes, son solo de sentido común y no de ideología política social. Sería antiliberal obligar a alguien a ser virtuoso.

Más, si se quisiera utilizar la coactividad del Estado y el instrumento coercitivo de la ley para difundir entre la ciudadanía la virtud.

La cual está constituida por costumbres, hábitos y modos de ser cívicos y paraestatales.

Una pasión excesiva por la independencia, la libertad y la individualidad conduce a la anarquía del “Todo” social.

En las sociedades democráticas está visto que lo fracciona en mil pedazos. Por ello hay que saber administrar bien los recursos sociales, éticos y emocionales para conjurar los peligros de excesos de libertad o independencia que se presentan.

No obstante la importancia de la  iniciativa de ley que estipula el regreso a las aulas del civismo, filosofía y ética y sexualidad; su discusión se aplaza a septiembre.

No hay que “inventar el hilo negro”, sólo hacerle caso al filósofo Descartes y sí me apuran, incluir a Adam Smith y a Blas Pascal.

Porque ellos sabían distinguir El Meollo del Asunto.

Autor:

Fecha: 
Viernes, 26 de Julio 2019 - 13:25
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 26 de Julio 2019 - 15:40
Fecha C: 
Sábado, 27 de Julio 2019 - 04:40
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10 gramos de reconocimiento

Una sociedad productiva se compone de individuos felices

Vivimos en un mundo de paradojas. Gran parte de nuestro diario actuar está regido por emociones, no obstante, pareciera que no nos percatamos de ello, o no lo aceptamos. Nuestros estados internos, son tópico de escaso análisis en el catálogo de interacciones sociales. Si no vemos al lobo, no podemos prevenirnos en contra suya.  Si no estamos conscientes de la capacidad que tienen nuestras propias emociones, para detonar conflictos, no podremos evitar que estos aparezcan.

Hechos cotidianos que dan cuenta de lo anterior:  En un crucero vial, el conductor del segundo o tercer vehículo se prende del claxon dos milisegundos después de que la luz cambia a verde y la fila no ha avanzado. En el supermercado, está el cliente que exige –hasta de manera grosera– que le atiendan en la caja rápida, siendo que trae el carrito copado de productos. Ante la negativa de la cajera, se enfurece.  De cuadros de corte local, pasamos a relaciones internacionales, en las que se hacen presentes los estados de ánimo, como detonadores de conflictos. En todos estos casos las emociones internas de un individuo son el disparador, activan una cascada de sensaciones y expresiones, que terminan por caldear el ambiente.

Vida tenemos una sola.  Hecho contundente que la mitad de las veces olvidamos.  Vivimos como si mañana pudiéramos reeditar el hoy, recortarle o añadirle aquello que de momento ha salido mal.  Y de este modo se nos pasa el tiempo, como arena entre las manos, prendidos de la ira. Esto me lleva a recordar aquella frase del inmortal Facundo Cabral: “No estás deprimido, estás distraído”.

Hasta hace pocos años comenzó a estudiarse la inteligencia emocional. En especial a partir de 1995, con la publicación del libro de Daniel Goleman. Se reconocen varios tipos de inteligencia, así el proceso educativo se orienta a favorecer las más prominentes en cada persona. Hay un ejemplo que lo explica de manera clara: “No se puede catalogar de incompetente a un pez porque no sabe trepar árboles como hace un chango”.  Los individuos poseen atribuciones propias, y en dicho sentido habrá de orientarse el proceso educativo, iniciando en casa, hasta obtener de ese niño, un ciudadano feliz, satisfecho con lo que hace, y que además sabe hacerlo muy bien. Un ser humano que sale de su ensimismamiento, dispuesto a respetar las normas que la sociedad impone. Quien además reconoce que en la balanza su derecho pesa lo mismo que el derecho del otro, y se guía de manera cordial y ordenada.

En el sistema tradicional, las mediciones de coeficiente intelectual derivaban –muchas de las veces—en callejones sin salida.  Una calificación baja daba al traste con la autoestima del examinado. Se utilizaba una batería de reactivos estándar, que separaba tontos de brillantes, y así, sin mayores contemplaciones, sellaba destinos.  Para nuestra fortuna las mediciones han cambiado, ahora se parte del concepto de que cada cual posee destrezas y habilidades únicas. El objetivo es trabajar para pulirlas y encauzarlas.  Por este camino se consolida el futuro adulto, para beneficio de la sociedad en conjunto. El sistema educativo permite al chico explorar sus gustos y competencias con libertad; expresar sin tapujo qué le agrada y qué no, en lugar de encajonarlo en un método rígido, común para todos. Cierto, hay que decirlo, no funcionaría dejar al arbitrio del alumno la elección de materias escolares.  Imaginemos un niño que odia las matemáticas, y por ende las excluye de su programa educativo, para dedicarse de tiempo completo al violín o a la entomología. A fin de cuentas, se convertiría en un adulto incapaz de controlar sus finanzas personales.  Hay medicinas que, así resulten desagradables, son de prescripción obligatoria, sin excepción.

Antídoto para la prevención de conflictos: 10 gramos de reconocimiento, comenzando por el niño en casa.  En vez de alargarle el dispositivo electrónico, sentémonos a su lado para preguntar cómo estuvo su día, qué aprendió hoy, y cómo se divirtió. Representa una palmadita, una demostración tangible de aprecio y reconocimiento. 10 gramos en la escuela, como educador, como alumno, como compañero.  En la vía pública prodigando pequeñas atenciones a ese personaje atufado, que seguramente es quien más lo necesita. 10 gramos de reconocimiento, un gesto amable, a esa persona sencilla, cuya desnudez material, no le permitiría corresponder más que con una sonrisa desde el fondo de su corazón. Y finalmente 10 gramos al protagonista de nuestra propia historia, aquel que saludamos en el espejo cada mañana, antes de salir de casa.  Él se merece esto y más, ¡y son tantas las ocasiones cuando nos olvidamos de su necesidad de reconocimiento! No por deprimidos ni por enojados, sino –como diría el sabio Facundo—por simple distracción.

Secciones:

Fecha: 
Lunes, 17 de Junio 2019 - 13:10
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1
Fecha B: 
Lunes, 17 de Junio 2019 - 15:25
Fecha C: 
Martes, 18 de Junio 2019 - 04:25
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Cibernética Social

¿Que qué he hecho?... Nada hombre, quizá no lo entenderías. Ya no es como antes, cuando el ocio te hacia inventar. Ahora no me alcanza el tiempo ni para ver lo que hacen los cientos de amigos que tengo y que no conozco. No hay turnos, todos hablan al mismo tiempo, y aunque los menos lúcidos sólo repiten lo que los poco creativos dicen, la información es demasiada. ¡Esto se ha convertido en un Babel!...

No puedo pensar qué pasaría si dejara de escuchar a toda esa gente que no tiene nada que decir, son mis amigos; aunque sea, que sepan que no los he bloqueado en mi cuenta ni en mi memoria. Compartimos nuestras emociones, nuestros anhelos y nuestros reproches, eso es lo que nos une. Pertenecemos a... a... a un grupo, o a más. No lo entenderías... Eso de pertenecer a algo tiene una connotación trascendental.

Puedes decir lo que quieras, poner una imagen, o copiar lo que alguien más ha dicho, en realidad no importa, en el fondo siempre compartes tus emociones, ese es el punto. Ves lo que quieres ver y escuchas lo que quieres escuchar, sólo lo que en ese momento te place, todos hacemos lo mismo. Recomiendas una película porque te hizo recordar el empeño que pusiste para alcanzar algún objetivo; copias una frase que te devolvió el ánimo que habías perdido; promueves un vídeo porque te hizo sentir ternura, porque te divierte la forma en que alguien sufre un percance, o porque te indigna alguna situación. Son tus emociones el tapiz que muestras, es tu reflejo. No creo que lo entiendas.

Puedes seleccionar un tema y pasar cientos de horas discutiendo, investigando, descubriendo, platicando, todo, lo viejo y lo más reciente, viendo imágenes, escuchando opiniones, etcétera, aunque tiene sus riesgos...

No, no creas que soy de esos que se vuelven adictos a las redes sociales, porque sólo ahí encuentran consuelo frente al fantasma de su inexistencia, no... no soy de esos que seducen, acosan, o se aprovechan de este medio, del anonimato, de las debilidades, miedos y carencias de sus usuarios, de su vulnerabilidad y falta de experiencia, o de su inocencia. No, no es mi intención engañar; ni quisiera, ni me gustaría, que a mí me engañaran y me atraparan en alguna de tantas falacias lucrativas que abusan de la inestabilidad emocional de sus víctimas.

La tecnología es una herramienta, puedes usarla para construir o para destruir, igual que cualquier otra herramienta, es solamente un lenguaje, el concepto depende de la sintaxis. Las redes sociales se establecen sobre esta tecnología de comunicación; si estamos preparados para ella o no, es otro asunto, su uso es responsabilidad de cada quién; el contenido de la comunicación no depende del medio de comunicación, sino de la estructura que la contextualiza. Así, viajando en estas estructuras, puedes medir el grado de vulnerabilidad del ámbito social de la red, su nivel cultural, sus intereses, su tendencia evolutiva, etcétera, sólo clasificando y observando el comportamiento de sus contenidos.

Quizá no lo entiendas, pero es lo mismo; la tradición oral, el lenguaje escrito, y ahora, Internet. Antes eran periodicazos lo que presionaba y hacía actuar a los políticos y gobernantes, ahora son tuitazos, si se les puede llamar así, más rápido, y más contundente, sobre todo contundente; pero igual de volátil.

La mayoría de mis amigos, de esa sociedad a la que pertenezco, y que no conozco, lo cual antes simplemente ignoraba, ahora me ha enseñado el valor de la unidad y la necesidad de la cohesión social. Pero sobre todo, la necesidad de la autorregulación individual, que te permita caminar sin extraviarte en este mundo virtual, que paradójicamente, se convierte en un atajo que pone a tu alcance un mundo más real e inmediato. El aprendizaje electrónico, presencial y a distancia ha demostrado su efectividad contrastado frente al modelo tradicional.

En este universo cibernético todo sucede a tu propio ritmo, y sin darte cuenta se va acelerando, te exige lectura rápida, abstracción, análisis, selección; no te imaginas cuánto puedes viajar en las redes sociales en el tiempo que te tomaría leer el periódico, cuánto puedes aprender en el tiempo que te toma estudiar una carrera. Pero exige autorregulación, disciplina. No es la herramienta, no es la tecnología, somos cada uno de nosotros. La mejor arcilla se convierte en lodo en manos torpes.

Fecha: 
Martes, 11 de Agosto 2015 - 16:00
Redes sociales: 
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¡Aprendamos!

¡Aprendamos!... más que un exhorto, es una consigna. No estoy en posición de juzgar si las técnicas pedagógicas son apropiadas o no, ni sé si se estén utilizando las mejores en los sistemas educativos de nuestra cultura. Lo cierto es, que en las estructuras de la enseñanza básica de nuestra sociedad, donde docentes, mercenarios eruditos en las disciplinas de la política, la provocación, y la simulación; víctimas de la evolución pedagógica que requiere nuestro país, torturados y sometidos por el fantasma de la ignorancia, temerosos de no poder subsistir a la reforma educativa; nos enseñan las estrategias del parasitismo social, la prepotencia, el abuso y el chantaje nacional; sin importar las consecuencias de lo que siembran, sin pensar que nuestros hijos, y sus propios hijos, también lo cosecharán el día de mañana.

El agente corrosivo se disemina por las arterias de la ignorancia colectiva de las generaciones más jóvenes y vulnerables; anticipando así los procesos catabólicos del organismo social. Ya es tarde para hacer campañas de salud preventiva, ya se ha iniciado la metástasis, un proceso de propagación y contagio del pensamiento patógeno, egoísta y decadente de quienes se supone deberían ser los pioneros del desarrollo social, funcionarios de la transformación, y líderes de la evolución... No somos nuevos en esto.

También es inútil seguir discutiendo el diagnóstico y negociando el tratamiento, cuando en el fondo la sociedad, muda y pusilánime, exige un pronóstico. Saber si existe un remedio, si debemos desahuciar algunas generaciones, algunas zonas de nuestra cultura, o como siempre... esperar a ver qué pasa... ¿Hay esperanza de recuperación?, ¿es cuestión de tiempo?, ¿debemos practicar una sociotomía educativa parcial?, ¿existe alguna solución emergente que logre revertir la condición degenerativa?... ¿Tiene la sociedad el ánimo, el temple y las agallas para combatir su padecimiento?

No hay una respuesta que todos podamos compartir, la comunidad se polariza. Disidencia, gobierno, usuarios y una generosa cantidad de observadores; cada uno aferrado a su pedazo imaginario de madera que le ayuda a flotar; sólo asido a sus convicciones. Nadie escucha para aprender, si no sólo para argumentar las razones de su ceguera. Creen que la democracia y el pluralismo, los va a devolver a la vida. Una asamblea donde se decida por votación unánime, no va a evitar que la tierra gire, pero si puede determinar el destino de un país; no por lo que se decida, sino por el espíritu de acciones consecuentes y congruentes emanadas de esas decisiones.

Pero qué puede enseñar quien no sabe escuchar… desdichados alumnos, agonía nacional, víctimas todos de su participación social; de su idiosincrasia.

Todo mundo, en el fondo, buscamos lo mismo: sobrevivir; aunque cada quién interpreta de manera diferente las amenazas a su supervivencia. ¿Qué podemos aprender de quienes se agrupan para defender sus intereses individuales? ¿Cómo nos puede instruir quien se niega al diálogo?... El sistema de enseñanza y aprendizaje es un binomio donde docente y alumno coexisten… o no existen; si alguno pierde competencia, le resta competencia a su parte complementaria, hasta el límite de su mutua existencia. Si aprendemos a vivir en comunidad, aprenderemos a sobrevivir como sociedad; pero sólo hasta que los intereses individuales no estén por encima de los intereses del binomio pedagógico. La supervivencia del grupo es la supervivencia del individuo, de la misma forma que la supervivencia del individuo es la supervivencia del grupo. Se dice fácil y parece sencillo, pero todos lo olvidan cuando sienten amenazados sus intereses particulares, sin importar si beneficia o perjudica a la comunidad; sin importar si destruye esa semilla dicotiledónea. Es ahí donde la sociedad se escinde, donde se infecta esta patología pedagógica de la civilización, donde la tierra se hace estéril.

Aprendamos que la evolución es la única condición del bienestar. ¡Liberémonos de esa paranoia de pensar que el mundo conspira en nuestra contra! Dejemos que la academia expanda sus fronteras, y con paso firme, poco a poco, conquistemos los terrenos de la ignorancia de nosotros mismos y de nuestra comunidad. ¡Seamos competitivos!

¿A qué le tenemos miedo? ¿Cuál es el precio de la evolución didáctica?... “¡Qué tema la ignorancia!”, ese debería ser nuestro lema revolucionario. ¿Pero quién puede promover esta lucha contra la ignorancia, sin tener que luchar consigo mismo?

El temor se ha desplazado sobre los arquitectos de la evolución, los motores del progreso se ahogan y oxidan en las aulas, los heraldos del conocimiento duermen en la inopia cultural, el entusiasmo por descubrir se diluye en la apatía, ¡no hay vocación!, un granito de arena no es suficiente… ¿A quién le importa?

Fecha: 
Martes, 21 de Julio 2015 - 18:30
Redes sociales: 
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