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Tijuana, su transporte y la aventura

Los conflictos con el transporte público cobran fuerza todos los días: los que exigen porque son sindicato, los que discuten porque son independientes, los que se esconden porque son clonados, los que se enojan porque tienen unidades viejas y las autoridades que se callan porque ya no saben de qué manera poner orden.

En Tijuana hay taxis colectivos o de ruta, taxis libres, microbuses o “Calafias” y camiones que se adquieren la mayoría de ellos en Estados Unidos, y son autobuses reciclados de las escuelas. Cada uno tiene su historia, su concesionario y parece que también, cada uno tiene su propio reglamento porque cada quien hace lo que quiere.

Como cosa de rutina, la precepción de los usuarios que se transportan todos los días y la mía es muy diferente porque utilizo el transporte pocas veces por semana y en diferentes horarios, también me subo sólo para escuchar conversaciones ajenas y encontrar anécdotas o historias cuando no se me prende el foco para escribir. Entonces los conflictos y pleitos entre concesionarios y autoridades en realidad no me interesan tanto como para investigarlos y escribir una crítica sobre ellos, prefiero ir directo a las aventuras que se suscitan y que quienes viajan todos los días ya no ven.

En Tijuana no existen las paradas o lugares específicos para subir o bajar pasaje, se detienen en donde sea, donde el pasajero quiera, para bajar se escuchan cosas como: “en la ferretería”, “pasando el semáforo”, “en la clínica”, “en las hamburguesas”, “en el mercado”, “en la farmacia”. Nunca “en la esquina” y jamás “en la parada” como debería de ser, y es porque el espacio reservado para ello siempre está ocupado como estacionamiento. En una ocasión pedí bajar “en la parada” y el chofer me preguntó "¿En dónde?". Tuve que buscar cuál negocio estaba en su lugar -“en la taquería”– dije.

Hay tantos camiones y taxis en todas las calles y avenidas que si uno se para en la esquina y levanta el brazo para hacer la parada, se detienen al menos 5 de ellos. Si uno está parado en la esquina para cruzar la calle, cada taxi bajará la velocidad y sonará el claxon como avisando que ya llegó; a todos se les tiene que hacer la seña “no quiero”, de no ser así, se quedan esperando a que uno se suba.

He escrito historias de muchas hojas o unas líneas que describen un momento, como el que me sucedió hace poco, que al subir escucho la risita de un bebé, el cual en cuanto me vio agitó su manita "¡Hola!". Seguí hacia el fondo buscando lugar, una señora le pidió a su hijo que me dejara su asiento -"si ella no está viejita"- le contestó. "Gracias" –dije- y yo que pensé esta mañana que sí, que ese par de sonrisas eran solo para aminorar el viaje que seguía:

Horrible camión, los asientos diminutos inclinados hacia abajo, imposible no resbalar y en el intento por no caer sentados en el suelo llevábamos los pies en puntas y las manos en el asiento de adelante. Todos haciendo el mismo equilibrio mientras que los frenos del camión recién ajustados -quiero creer- porque el hombre al volante los pisaba cada cinco segundos. Estuve a punto de sentirme enojada cuando la siguiente frenada nos echó a todos al frente, vi las cabezas todas en perfecta sincronía, no podía ser de otra forma, empecé a reír. Siguiente frenada y otra y otra y todos al ritmo, atrás-adelante, atrás-adelante. Un pasajero que sí perdió la calma y gritó –"¡Ora’, no traes bueyes!"-. El chofer lo buscó en el espejo retrovisor y el compañero de asiento de quien gritó dijo –"Pos’ quien sabe compadre, mejor ni diga"-. Entonces entre las risas escondidas de todos y el continuo baile de cabezas me di cuenta que mi bajada era tres cuadras antes, y de todas formas llegué a tiempo.

Y no todo en los taxis y los taxistas es malo, aun cuando me he subido a ellos en versión contenedores de basura, cajas de herramientas, restaurantes ambulantes, choferes que creen que transportan ganado, al final siempre he llegado sana y salva a mi destino. En una ocasión me sorprendí gratamente, en un taxi Ruta 2 hacia Playas leí un letrero pequeño con letra manuscrita muy bien hecha encima de una cajita a manera de alcancía: “Pasaje pendiente, si gusta agregar a su pasaje un peso más o doble tarifa, le ayudará a pagar el pasaje a un estudiante o a una persona mayor. Soy honesto. No cubre borrachos o vagos”. Deposité mi parte pensando que alguien pudiera llegar a su destino, quisiera encontrarlo de nuevo para tomar el número de taxi, una foto de su letrero y felicitar como corresponde.

La modalidad de microbús también llamado "Calafia", como la Reina de las guerreras amazonas de la Isla de California, el color oscuro brillante de sus pieles, el orgullo en sus negras cabelleras y la fuerza de sus cuerpos, es parte de la leyenda que cuenta Garci Rodríguez de Montalvo en su novela “Las sergas de Esplandián” escrita alrededor de 1510.

Arriba de ese desvencijado camión no se puede evitar recordar la leyenda y se me antoja inventar que la historia descansa en los cimientos, piedras, muros y vientos del Hotel Calafia enclavado en los cerros que enfrentan el mar de la Baja California y que para llegar al Reino escondido había que emprender un trayecto de cielos y mares a través de las veredas inhóspitas de la costa en un transporte igualmente regio, único y muy exclusivo. Por supuesto había que bautizar al medio de transportación y su ruta, Calafia la Reina Negra, Calafia el Hotel y Calafia también ese elegante furgón.

Creo que aquel transporte sigue siendo hasta hoy, ¡el mismo! con todos los años encima acumulados en los asientos y la basura amontonada a través del tiempo en los rincones. Parece que la historia se disipa en el momento en que uno decide sucumbir ante la necesidad de atravesar la ciudad a bordo de una destartalada, triste y apesadumbrada Calafia. Al menos podrían cambiar de nombre para no olvidar la leyenda de hermosas amazonas y reinas, cuando al subir me veo inmersa en un contenedor de basura con el Ecoloco como chofer, y el letrero de “Lanzadera de Calafias” anuncia que de aquello, no queda más que un libro también olvidado en el tiempo.

En uno de mis paseos de tramo corto, en uno de los camiones escolares reciclados, se subió una mujer ataviada con una blusa de lentejuelas amarillas brillantes y un pantalón azul eléctrico; recorre el camión hasta atrás con pasos muy “sensuales”, muy coqueta ella sonriéndole los pasajeros. De pronto empieza a cantar, terriblemente entonada, su cara se ponía morada, por el esfuerzo gritaba casi, no se sabía la letra de las tres canciones con que nos deleitó.  Se afianzaba del tubo de arriba y bailaba, seguía cantando, después nos declamó una poesía que con seguridad se inventó en el momento, una letanía de tiempos y dolores y dijo que para despedirse, nos regalaría una última canción a cambio de una moneda limpia. Mal entonó y bailó Azúcar Amargo, hizo reverencia y agradeció.

Los pasajeros buscaban la “moneda limpia” para retribuirle su actuación mientras, una pequeñita sentada junto a su mamá se paró, juntó sus manitas, aplaudió y su vocecita gritó "¡Bravo!". Acto seguido, nos miró a todos y preguntó: "¿No le van a aplaudir a la señora?", y así obedeciendo, nos hizo aplaudir a todos.

Que del desorden en las calles y los camiones se encarguen las autoridades, porque de las anécdotas y las aventuras sin querer, se encarga la gente.

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Martes, 15 de Septiembre 2015 - 17:00
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Recordando 3

Sigo de vacaciones y no opinaré estos días sobre lo que ocurra dentro y fuera de México. Pese a lo anterior, no puedo dejar pasar el hecho de que el lunes pasado millones de niños iniciaron un nuevo año escolar en el mediocre sistema educativa mexicano.

Sobre este sistema fallido escribí, el 25 de febrero de 1983, la siguiente columna en el diario defeño El Universal:

“El fracaso del sistema que durante los últimos 55 años ha gobernado a nuestro país va quedando totalmente de manifiesto gracias a la información que está surgiendo cotidianamente de muchos de los que participan en las llamadas reuniones de consulta popular, promovidas por el Gobierno que encabeza el Presidente Miguel de la Madrid.

“Es significativo el hecho de que en cada una de las reuniones de consulta llevadas a cabo hasta la fecha, predominen las ponencias que señalan las gravísimas carencias nacionales, siendo mínimas aquéllas en donde se exalten los logros alcanzados por la nación después de más de medio siglo de gobiernos surgidos del PRI o de los dos partidos que lo antecedieron.

“Lo anterior no quiere decir que gracias a las multitudinarias reuniones se estén descubriendo o redescubriendo las mil y una fallas que caracterizan al actual esquema político-económico-social mexicano; lo que está ocurriendo es que como nunca antes se dan a conocer a la opinión pública los inmensos problemas que afligen a México y a cada uno de sus habitantes, problemas que de acuerdo a los que nos gobernaron en el pasado ya estaban resueltos para siempre.

“José Ruiz de Chávez Barrón, presidente nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia, expuso la situación que guarda la educación mediante una ponencia que leyó en días pasados en la Reunión de Consulta Popular sobre Educación organizada por el Departamento del Distrito Federal. Lo que Ruiz de Chávez Barrón dijo en ese foro corrobora lo que ya muchos han dicho: de nada han servido los millones de pesos gastados por la Secretaría de Educación Pública y de incontables consejos, institutos, fideicomisos, fondos, centros de investigación y otros organismos, para hacer más accesible la educación a los mexicanos y elevar el ínfimo nivel cualitativo de la misma.  Ruiz de Chávez Barrón dio a conocer en la reunión datos que son dignos del más representativo de los países del tercer mundo y que oportunamente fueron dados a conocer el día de ayer en este diario en nota redactada por nuestro compañero Enrique Sánchez: 60% de los niños en edad preescolar no tienen cabida en los jardines de niños que existen a lo largo y ancho del país, pese a las triunfalistas campañas publicitarias que llevaron a cabo las autoridades educativas comandadas por Fernando Solana durante el sexenio pasado, las cuales afirmaban que "ningún niño mexicano se quedaría sin escuela"; de 100 niños que ingresan a la primaria solamente 40 la terminan; de 100 educandos que logran cursar la primaria completa, solamente 32 se inscriben en la secundaria, 15 de ellos entran a la preparatoria, 10 llegan al primer año de una carrera profesional, cinco se quedan con sus estudios universitarios truncos, y tan sólo dos obtienen su título profesional. 0 sea, de los 100 que ingresan al primer año de primaria, solamente uno logrará con el tiempo llegar a ser un profesional.

“Se supone que las reuniones de consulta popular tienen como objetivo el definir los problemas nacionales y buscar las soluciones idóneas a los mismos. Sin embargo, ¿cuáles son las soluciones que piensa aplicar el Gobierno Federal para remediar la desastrosa situación que priva dentro del área educativa? ¿Estarán decididos nuestros gobernantes a restarle fuerza al sindicato nacional de maestros que encabeza el dizque gobernador de San Luis Potosí, Carlos Jonguitud Barrios, sindicato que solamente desea ser políticamente más poderoso sin que para nada le importe, el futuro de las nuevas generaciones de mexicanos? ¿Estará dispuesto el Gobierno a frenar el despilfarro de recursos cada vez más escasos pagándole a maestros que en vez de enseñar se dedican a la grilla, otorgándole subsidios estratosféricos a instituciones supuestamente educativas que en realidad son feudos particulares de personajes del pasado, o manteniendo organismos que han comprobado ser del todo innecesarios? ¿Continuarán las actitudes populistas y absurdas como la de cobrar tan sólo doscientos pesos de colegiatura anual en la UNAM?

“Los mexicanos estamos esperando que el Gobierno dé a conocer muy pronto la forma en que piensa resolver la cada vez más problemática área educativa nacional, una de las más mal administradas y corruptas del país”.

Desde que se publicó mi columna hasta que se promulgó la reciente Reforma Educativa, el 25 de febrero de 2013, transcurrieron exactamente 30 años. Durante esas tres décadas nada se hizo para remediar la situación. Es más, los presidentes priístas de De la Madrid, Salinas y Zedillo y los panistas de Fox y Calderón se coludieron con los corruptos líderes sindicales para apuntalar sus respectivos gobiernos.

Recodar es vivir…

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Miércoles, 26 de Agosto 2015 - 12:00
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La increíble y tosca historia del rey Cente I

Érase una vez un monarca absoluto que ejercía tan absoluto poder sobre súbditos, vasallos y adláteres, que había puesto de rodillas a sus muchos enemigos. Ya entrado en gustos, quiso extender su reino para convertirlo en el tercer imperio (la tercera es la vencida) luego de Agustín I y Maximiliano I.

Tan riquísimo y poderoso soberano se hizo llamar Cente I, al estilo de los Papas, que toman para la chamba un nombre nuevo en vez del apelativo dado por sus padres. Cente, el primero de ese nombre, imponía sobre brutos un poder brutal; ejerció implacablemente a nombre de sus huestes y cobró bien caro tanto amor. No en balde puso en jaque y pretendió dar mate al rey de reyes, que decía gobernar pero no desde las montañas y nudos mixtecos sino desde una residencia poblada de pinos. Desde allí, con la manifiesta torpeza e indecisión de sus caballos, torres, alfiles, y una reina distraída con casas, viajes, tiendas y faroles, el rey de reyes sólo daba un pasito para acá y un pasito para allá, aquimichú.

Ambos monarcas se enfrentaron en un ajedrez interminable. Mientras el rey de reyes perdía el turno sin mover sus piezas o, peor aún, hacía movimientos con sospecha de capitulación, el monarca montañero de piezas negras invadía con sus peones la meritita muralla del rey blanco. Los espectadores (mirones cautivos que a fuerzas pagan el boleto, financian el juego y se endeudan para sufragar las piezas, el tablero, los movimientos, el reloj y las cámaras que transmiten la partida) cada día increpaban a su rey por dejar tiempo sin mover sus piezas y le pedían cambiar de torres y alfiles e imprimir talento, valor y arrojo para no dejarse ante el rey negro Cente I.

Llevaba años mandando en sus crecientes tierras ese adineradísimo rey borrachales, que presumía de ejercer en el ramo educativo y desempeñarse como defensor de las causas “populares”. Los evangélicos cánones del catecismo posmoderno (la corrección política) ordenan defender a “la gente”. Mejor aún, ejercer el oficio samaritano de la educación. Y sobre todas las condiciones, colocarse del Lado Correcto de la Historia, en el ara inmortal de la Patria y el Progreso: ser de “izquierda”.

Con esos tres suculentos ingredientes (popular, educativo, de izquierda) Cente I logró un reinado próspero y riquísimo con una nutrida feligresía que debía cumplir con el más señero ritual de los monaguillos en pie de lucha: asamblear con puño izquierdo en alto, marchar invocando a Zapata, y muy pocas consignas correctas más.

Desde 1992, un intocable egresado de Yale y miembro de la secta Skull and Bones apellidado Zedillo había decidido regalar a la sección sindical 22 la facultad de repartir el queso: vender plazas vitalicias y heredables y privatizar la educación en la entidad que habría de gobernar el rey, siempre con el ombligo enchufado al abundoso presupuesto real. Desde entonces, su actividad prioritaria y estratégica fue ejercer la propiedad privada de los cargos públicos para beneficio privado de su corte de propietarios de plazas, otorgadas previo pago por la siempre serenísima munificencia de S.M. don Cente I pero a condición de autoproclamarse educadores, mentores, profesores y guardianes de la rectoría sindical sobre los educandos; declararse miembros del sector desplazado, desposeído, obrero, sindical, explotado y perjudiciario de la lucha de clases (vulgo: jodidos); todo para la justicia “social” pues son de “izquierda” en la más importante labor docente: acudir puño en alto (so pena de graves castigos) a toda marcha, megamarcha, plantón, megaplantón o acción justiciera de resistencia contra toda reforma al status quo o contra cualquier cosa que Su Majestad declarara como enemigo (me refiero a cuanto tocara su patrimonio de cargos vitalicios y negocios que de allí emanan).

Transcurrieron largas décadas en este reino, que los trovadores habrían de evocar en sus cantares de gesta como triunfos sindicales del rey Cente I, siempre para beneficio de la colectividad de mentores, por lo cual nada hay de criticable en que fueran riquísimos (en dinero) y poseedores hasta de cinco plazas irrenunciables, intocables, imprescriptibles y heredables, sin tener casi nunca necesidad de aprender, ni de compartir con algún alumno sus muy, pero muy escasos conocimientos. Los príncipes, juglares y cortesanos se despachaban con el cucharón los manjares y las mieles del poder y del dinero pero ¿cómo no, si forman parte del sector obrero y son de izquierda? ¡Vaya indecencia de esos padres que claman fraude educativo porque quieren educar a sus hijos, mientras los maestros andan en patrióticos plantones y comisiones sindicales! Esos padres de familia han de ser unos vulgares neoliberales.

Así y todo, al cabo de muuuuuucho tiempo, el rey blanco decidió por fin mover sus piezas: un alfil se comió a la reina negra mediante el expediente autoritario y unilateral de ejercer el poder, en algo que llamaban “Instituto Estatal de Educación Pública”. Claro que se quejaron Cente y su corte, si llevaban 23 años usando allí autoritaria y unilateralmente su sindical poder. ¡Les estaban quitando lo suyo: su propiedad privada, su educación privatizada, sus plazas heredables y hasta su dinero! El rey quedó descobijado. Los puños izquierdos se levantaron contra la abominación de arrebatarle el negocio, aparte de la anterior abominación de someter a examen a sus cortesanos para averiguar si merecían trabajar y cobrar.

Fiel a su esencia y entonando el grito de “¡atraco!” otro autócrata defendió los atracos de Cente I y de su poderosa mafia, acusando a la mafia del poder y a la “privatización” de la educación (no se refería a la privatización sindical en dicho instituto). Sin embargo, acaso celoso de su corona, el monarca sindical no quiso —por ahora— agachar la cerviz ante el tropical penacho del rey Pejelagarto. Y si a personajes zoológicos vamos, ambos tienen el instinto por que se conoce a los roedores: astutos, aunque no especialmente inteligentes (salvo en finanzas). Pero estos monarcas absolutistas, a diferencia de los que vivieron en Versalles y cuyas cabezas cayeron bajo un fino acero en el mero centro de París, dejaron grandes obras, castillos bellísimos y toda una generación de artesanos, músicos y arquitectos. Nuestros monarcas tropicales se parecen a ellos sólo en su amor al poder y al dinero pero de tan corrientes, no conocerán los pasteles o la champaña; se conformarán con ponerse hasta atrás a base de chelas y tacos de buche.

No termina aquí la increíble y tosca historia del rey Cente I y su ambición ilimitada. Le toca jugar su pieza a ese lastimado pero bien vivo rey negro luego de que el equipo blanco cosechó atronadores aplausos de quienes no ganan en ese negocio privado (hablo de los que impuestamente pagamos sus delitos y borracheras). Y a pesar de que el rey Cente I se haya repasado al derecho y al revés cualquier código penal, sonsexy para la caterva que piensa poco sus tres principales atributos correctos: tener qué ver con la educación, ser muy populares, y de “izquierda”. Pero aparte de la corrección política, cualquier autócrata “democrático”, moreno o no, querrá coronar su monárquica cabeza asociándose a tan profundos bolsillos…

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Lunes, 27 de Julio 2015 - 17:00
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¡No pasa nada!

 

Se dice, con distintos matices y propósitos, casi todos de manera crítica, que “en México, no pasa nada, hasta que pasa”. La expresión con todos comprendida es desafortunada desde su literalidad, pues en México cotidianamente pasan cosas de trascendencia para todos, y no obstante ello, la expresión primera se podría complementar con una segunda parte: “En México no pasa nada hasta que pasa; y cuando pasa, no pasa nada”.

En nuestro país, solemos estirar la liga hasta reventarla y hay sectores o actores políticos que practican, como deporte, el estiramiento de liga: el Partido Verde con un desacato continuado a la ley; López Obrador con un discurso engañoso, usufructuado por él mismo; la CNTE con acciones desbordadas de todo orden constitucional y legal.

Como ciudadanos nos debe indignar la agresión física a la que llegaron algunos maestros de la Coordinadora, al rapar a colegas, aunque de otra corriente magisterial, que buscan una posibilidad de ascender a través de la evaluación docente que se establece en la mal llamada “Reforma Educativa”.

Lo grave del asunto es que lo ocurrido en Chiapas no es un evento aislado, sino una práctica continuada que va escalando en animosidad y agresividad: en Michoacán, hace unos días, se tomó por asalto la sede de la Secretaría de Educación en el Estado, destruyendo cuanto a su paso se atravesaba; en Julio de 2012, maestros de la CNTE agredieron a alumnos que estaban haciendo la Prueba Enlace, en la secundaria 128 de Morelia, además de otras acciones agresiva diseminadas en el territorio nacional.

Cada día los actores sociales y laborales (sindicatos), transformados en actores políticos, amenazan con “tomar acciones radicales” si no se consiguen o se les conceden soluciones a demandas, muchas de ellas injustificadas.

Cuando se escarba un poco, sólo un poco, afloran las verdaderas motivaciones de las “protestas”, paros, bloqueos, etc. La organización Mexicanos Primero denunció el lunes pasado en la PGR, con demanda de investigación, al líder de la Sección 22 de la CNTE, en Oaxaca, Rubén Núñez Gines, demandando que se le investigue por cobrar, de manera ilegal, un sueldo no devengado en el aula, con dos plazas.

Se ha tratado de desvirtuar la verdadera naturaleza del conflicto, bajo la premisa de que es solamente un acto de libertad de expresión y manifestación, sin embargo, parte de sus acciones en muchos casos han trasgredido esa barrera y pasan a constituirse en delitos como daño en las cosas y agresiones físicas a personas, éste último, delito que se persigue de oficio.

Aunque es trascendente saber el origen de estas prácticas que dañan el estado de derecho y, en el caso de la CNTE, el proceso educativo de miles de infantes (sin olvidar las acciones que puedan constituir delitos del orden penal), es más valioso que la sociedad vea que hay reacciones apegadas a derecho que tengan como finalidad terminar con los abusos de los integrantes de la CNTE y de otros actores.

Es necesario, insisto, que veamos que hay una respuesta clara y contundente de la autoridad, no sólo educativa, sino de la procuración de justicia y de la de gobernación. Sí pasan cosas en México. Los hechos generalmente afloran y la demanda es que haya consecuencias apegadas a derecho, cuando sean hechos constitutivos de delitos.

Fecha: 
Sábado, 11 de Julio 2015 - 10:00
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Yo quiero ser profesor

Sí, dadas las circunstancias actuales por las que atraviesa el país en el terreno de la educación, a mí me gustaría ser profesor de la CNTE. No hay nada comparable a esa aspiración, pues nadie puede pedir nada mejor: me pagan bien la jornada de trabajo y puedo tener hasta dos o más plazas de tiempo completo; las prestaciones son inmejorables y no tengo que presentarme a trabajar salvo unos cuantos días al año y, cuando sea estrictamente necesario, les podré dar unas dos horas de algún tema del programa y el resto me acostaré en el suelo a dormir y si las cosas van bien, le pediré a mis alumnos que me den un masaje colectivo.

He trabajado en universidades privadas y la cosa es insoportable: tiene uno que entregar un programa pormenorizado de los contenidos de cada sesión de trabajo del semestre, incluyendo actividades de apoyo (visionado de material audiovisual relacionado con el contenido de la materia, visitas a empresas, instituciones, galerías o museos, etc.); tengo que decir cómo los voy a evaluar y de paso, dar clases efectivas de 110 minutos, en sesiones programadas de dos horas. Por vía paralela a lo académico, tengo que darme de alta en Hacienda para poder expedir recibos de honorarios, por lo que no tengo seguridad social; contratar un despacho contable para las declaraciones al SAT y pagar los respectivos impuestos: todo un engorro.

Por lo que a mi familia respecta, lo tengo resuelto: mi niña va a una escuela particular con inglés y computación incluidos. Los hijos de mi vecino van a escuelas públicas y no saben leer y menos comprender lo que deletrean.

Dos escenarios que conviven armónicamente en México, y aquí no hay sarcasmo. Dos realidades o posibilidades que funcionan casi en simbiosis perfecta, pero que en el fondo enmarcan una situación de injusticia. Más allá de lo que el ciudadano de pagar si opta por la educación particular, está la situación de los menores cuyos padres tienen sólo una opción, que es la educación pública. Es injusto el sistema educativo porque, frente a la oferta privada, la pública debería ser la mejor o, por lo menos igual a la que ofrece la IP, pues lo que eroga el estado en sostener las escuelas, los libros de texto y los maestros no es comparable a la efectividad de los niños que se educan es escuelas privadas.

No estoy de acuerdo con una de las conclusiones a las que se llegan en la película De panzazo, según la cual la efectividad no es estadísticamente diferente entre la educación pública y la privada. Sí hay diferencias. Los de la CNTE lo saben y no es raro enterarse que en efecto sus hijos van a escuelas privadas.

Lo del maestro dormilón y demandante de masaje, no ha sido una expresión que ayude solamente a describir la situación (entristecedora) de la educación pública. Es un hecho real que ocurre en una escuela de Morelia.

Cuando sabemos que las cuestiones vinculadas a la educación se resuelven en la Secretaría de Gobernación y no en la Educación, entendemos la naturaleza del conflicto. No es ni laboral ni educativo, sino político, entendiendo como tal la práctica de oponer fuerzas entre los poderes fácticos (los sindicatos) y los constitucionalmente establecidos. Por desgracia, por lo menos para Oaxaca, Guerrero y Michoacán, el marcador actualmente favorece a los maistros.

Fecha: 
Sábado, 27 de Junio 2015 - 10:00
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Integrantes de la CNTE violadores de leyes, cobran sin trabajar. Miles de niños afectados por no haber clases

Con la importancia que representa la educación para los integrantes de cualquier sociedad del mundo, el que un grupo de patanes mal llamados “profesores”, sigan obstaculizando no solamente que se impartan las clases, sino impedir que se capaciten y evalúen aquellas personas en manos de quienes está la educación de los niños, debe ya ponérseles un alto. Y tan sencillo que es, solamente aplicar las leyes con todo el rigor.

Es verdaderamente lamentable que no se les apliquen las leyes a estos retrogradas que integran la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), quienes no solamente faltan a trabajar y cobran, sino que violan leyes a su libre antojo.

Importante recordar que ya se hicieron acreedores a por lo menos seis sanciones administrativas y penales al colocar el campamento, en el Monumento a la Revolución, dañando el patrimonio histórico durante una movilización en Paseo de la Reforma.

Estos patanes, violaron la Ley de Cultura Cívica, el Reglamento Metropolitano de Tránsito, un Código Penal Federal por Robo de Fluido Eléctrico y la Ley Federal sobre Monumentos, Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas. ¡Y nada se les hizo!.

De igual manera tiran basura en la calle, se ‘cuelgan’ de la luz, invaden el carril del Metrobús, estacionan sus autos en la Plaza de la República y venden artículos de manera informal.

Inclusive llegaron al grado de bajar uno de los jarrones ubicados en la esquina con Bucareli, prendiéndole fuego. Esa pieza dañada, forma parte del Catálogo de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ya que fue creada en 1887 por Francisco Sosa.

La Ley Federal sobre Monumentos, Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas establece en su artículo 52, a quien por medio de un incendio destruya un monumento arqueológico, artístico o histórico, se le impondrá prisión a dos a diez años y multa hasta por el valor del daño causado. Pero a estos patanes, nadie se los aplica.

Asimismo, por tirar basura en la calle, la Ley de Cultura Cívica del DF establece, multas que van desde 20 a 200 días de salario mínimo, es decir, de mil 345 a 13 mil 458 pesos o un arresto de 13 a 24 horas. Tampoco se les aplico.

Invadir el carril del Metrobús, tiene una multa es de 20 días de salario mínimo y la remisión del vehículo al depósito. En tanto que estacionarse sobre la Plaza de la República, la sanción es de cinco días de salario mínimo y el arrastre del vehículo al corralón, según se establecen en los artículos 6 y 12 del Reglamento Metropolitano de Tránsito.

Y seguimos con las violaciones a reglamentos y leyes, por instalar puestos ambulante en el Monumento a la Revolución, las multas van desde 11 días de salario mínimo, es decir, mil 36 pesos o hasta 20 horas de arresto.

De igual manera, ‘colgarse’ de la luz en los postes instalados en el Monumento a la Revolución, es considerado robo de luz y la sanción va de una multa de hasta tres veces el importe de energía eléctrica consumida, a partir de la fecha en que se cometió la infracción, según el Código Penal Federal. Pero la impunidad prevalece para estos patanes.

En el anterior plantón que llevaron a cabo, en tres días, los comercios perdieron casi 29 millones de pesos, de acuerdo a estimaciones de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope).

El primer día el plantón sobre Paseo de la Reforma generó una pérdida calculada en 10 millones de pesos, el segundo la marcha y el plantón en el Monumento a la Revolución costaron más de 3.5 millones, mientras que el último día y tercero, la marcha sobre Reforma y su permanencia en la Plaza de la República causó una merma superior a los 12.5 millones de pesos.

El sector empresarial detalló que la marcha del último día, afectó casi mil establecimientos localizados sobre Paseo de la Reforma, lo que arrojó ventas no realizadas por nueve millones de pesos, mientras en Plaza de la República, Bucareli y Morelos, la ausencia de consumidores y clientes dejó pérdidas por tres millones 500 mil pesos.

De esta manera, dirigidos por sus dizque “líderes” de la Sección 22 de la CNTE, con sus marchas y plantones y obvio no trabajar, han privado de clases a los niños por esta movilización de la Sección 22 de la CNTE, en el estado de Oaxaca.

Y surgen las dudas, ¿hasta cuándo les aplicarán las leyes a estos patanes, vagos?, ¿Será casualidad o causalidad, que estados como Oaxaca, Chiapas y Michoacán, bastiones del perredismo, sean en donde no se cumple con la educación y se impide la evaluación de los maestros?

Importante para la ciudadanía reflexionar, a quien debe seguir apoyando, con el único elemento legal que tienen para hacer algo por el país, su voto.

Ojala lo hagan. La niñez, los jóvenes, el futuro de este país, quienes son los principales perjudicados, se lo agradecerán.

Fecha: 
Jueves, 25 de Junio 2015 - 18:00
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Próxima estación…

“…Ya me voy me lleva el metro por un peso hasta taxqueña
Si en dos horas no regreso guárdeme una tumba aquí…”

Voy en el metro, Chava Flores

Fue un 4 de septiembre de 1969 cuando Gustavo Díaz Ordaz y Alfonso Corona del Rosal, entonces Regente del Distrito Federal, inauguraron la Línea Uno del metro en su tramo inicial de Chapultepec a Zaragoza. Desde entonces han pasado cuarenta y seis años y el sistema de transporte colectivo sigue prestando servicio diariamente a millones de usuarios a través de sus 12 líneas, transportándolos de norte a sur y de oriente a poniente de la ciudad.

El metro ha inspirado algunas canciones, ha sido el personaje principal del cine y la literatura, escenario de músicos y oradores, refugio de personas vulnerables (indigentes), recinto cultural para exposiciones, murales y restos arqueológicos, albergue de libros, túnel de la ciencia y un transporte de aventuras para niños y niñas de entre seis y doce años, cuyas historias han quedado plasmadas en una Antología que se editó con motivo del 44 aniversario.

Del otro lado del andén existe un servicio de transporte que el paso del tiempo no ha perdonado y que hoy encontramos saturado, ruidoso, sucio, grafiteado, saqueado, desgastado, averiado y hasta peligroso por el índice de asaltos, disturbios y accidentes que se reportan casi a diario.

Todos hemos pasado alguna vez por el entramado de torniquetes, escaleras, taquillas, andenes, vagones y transbordos que encierra el metro y hemos sido fieles testigos de su crecimiento (¿o decrecimiento?), de forma tal que la deplorable situación en que se encuentra debería ser motivo de una seria movilización por parte de los usuarios que día con día pagan su boleto de ida y vuelta y que merecen recibir a cambio el mejor servicio. Sin embargo, pareciera que lejos de ser una prioridad en las agendas de los funcionarios, la apuesta es a que reviente cual bomba del tiempo y entonces sí, a río revuelto, ganancia de pescadores o mejor dicho, toda clase de intereses políticos y económicos.

En enero de 2014 se aprobó el incremento de tres a cinco pesos, bajo el argumento de que hacían falta recursos para el mantenimiento de la infraestructura y se nos vendió la idea de que el ajuste en la cuota traería beneficios principalmente para el usuario, los cuales se pueden consultar en el siguiente link: http://www.metro.df.gob.mx/organismo/sabiasquegracias.html y el avance en cada uno de ellos se encuentra en la página oficial del sistema. Dos de ellos llaman la atención de forma especial:

Incorporar 1,200 policías más para fortalecer la seguridad del Metro e inhibir el comercio informal en sus instalaciones. Según información oficial, este es un compromiso cumplido; sin embargo, los “ambulantes” siguen presentes en los vagones e incluso hace unas semanas hubo un serio enfrentamiento entre estos y policías. Aunque también, se han iniciado acciones para retirar todos los locales fijos que había en las estaciones para ampliar y recuperar espacios o, al menos, eso es lo que puede apreciarse en la Línea 2 que corre de Cuatro Caminos a Taxqueña.

Comprar e instalar un nuevo sistema de radiocomunicación TETRA LTE en trenes, estaciones y para el personal operativo, para tu seguridad. Aparentemente, ya se iniciaron los trabajos de instalación, los cuales concluirán en septiembre de este año y mientras ello ocurre, un alcance de trenes en la estación Oceanía el pasado 4 de mayo dejó no sólo a algunos heridos sino a un trabajador muerto durante las maniobras para retirar los trenes accidentados. Tras las primeras investigaciones, la versión oficial de lo ocurrido es que se trató de un “error humano”. Lo cual ha sido desmentido por el líder sindical del sistema al insistir que el tren se encontraba en malas condiciones para circular.

Vendedores ambulantes, accidentes de trenes, puertas abiertas de vagones en circulación, trenes desalojados en “horas pico” por fallas mecánicas y una Línea Dorada inaugurada con bombos y platillos que en poco tiempo tuvo serios problemas en su funcionamiento y que no sólo dejó de dar servicio parcialmente, sino que posiblemente no vuelva a activarse, dado lo complicado de las fallas y de lo mal que se hicieron los trabajos en su construcción, además de representar el mayor despilfarro de recursos de la pasada administración capitalina, son tan sólo algunos de los problemas que diariamente enfrentan los capitalinos y lo que reciben a cambio del incremento que se impuso al precio del boleto.

Decir que hemos sido afortunados y nunca nos ha tocado alguna mala experiencia durante un viaje en el metro no niega que lo demás ocurre y que más de uno tiene alguna historia poco agradable qué contar.

Como cereza del pastel, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, se reunió hace una semana con el líder del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (SNTSTC), Fernando Espino, y su Director General, Joel Ortega, para establecer acciones específicas en aras de mejorar el servicio que brinda el Metro, para lo cual se hará una inversión considerable, principalmente en los rubros de mantenimiento y circulación de los trenes. Habrá que esperar información complementaria al respecto, pues bien aplica la frase: “¿Dónde lo he escuchado antes?” y el cuestionamiento ¿De dónde saldrán los recursos?

Funcionarios llegan y se van, reuniones de trabajo van y vienen. Pareciera que lejos de garantizar una mejora, el Sistema de Transporte Colectivo va en picada pues aunado a todas sus problemáticas de operación, la división de intereses y de poder al interior de su administración, ha dejado ver los desacuerdos existentes entre el personal sindicalizado y de confianza. En medio, como siempre, los miles de citadinos que lidian con un servicio cada vez más problemático e inseguro.

Dadas las circunstancias, es inevitable sentir nostalgia al encontrarse con la publicidad que circuló previo a la inauguración del Sistema de Transporte Colectivo en la década de los 60 y que tanto prometía: “…Es así como el tren subterráneo contribuirá a colocarnos definitivamente entre las grandes capitales del mundo”

Sí, quizá en su momento y como todo, fue la “gran obra” y resolvió problemas de transporte en la ciudad. Sin duda, viajar en metro ahorra tiempo, reduce distancias y evita la contaminación, pero deja de ser la mejor opción cuando todos los males que le aquejan quedan por encima de las buenas intenciones por las que se creó.

Habrá que seguir de cerca los trabajos que a favor del servicio realizarán en conjunto autoridades capitalinas, administración, sindicato y trabajadores; verificar el cumplimiento de sus “promesas” y por nuestra parte, atender las recomendaciones previstas en el manual del usuario para que nuestro tránsito por él sea favorable.

“Por favor, permita el libre cierre de puertas. Gracias”

 

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Fuentes:

http://www.metro.df.gob.mx

http://www.metro.df.gob.mx/imagenes/organismo/44aniv/antologia.pdf

http://www.eluniversal.com.mx/ciudad-metropoli/2015/servicio-metro-mance...

http://www.metro.df.gob.mx/servicios/manualusuario.html

 

Imágenes:

Cortesía de “La Ciudad de México en el Tiempo” / Col. C. Villasana - R. Torres

Acervo fotográfico del STC

Fecha: 
Martes, 26 de Mayo 2015 - 16:30
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