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Se va Urzúa, llega Herrera: ¿qué podemos esperar?

Después de que la mañana del martes 9 de julio el secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, anunciara su renuncia vía twitter, se desencadenó una serie de reacciones. Por un lado, los opositores del gobierno vaticinaron toda clase de catástrofes e infirieron de la carta de renuncia una retahíla de diagnósticos preocupantes. Por otro lado, los que apoyan al gobierno tendieron a minimizar la situación y declararon que Arturo Herrera era la persona idónea para asumir el relevo, que no solo no habría desajustes, sino que habría crecimiento económico y se fortalecería la confianza de los empresarios e inversionistas. ¿Quién tiene la razón? En mi opinión, ambas visiones son reduccionistas e ingenuas.

Es cierto que la renuncia de un secretario de Hacienda no es un asunto menor. La carta de Urzúa revela desavenencias con su jefe, el presidente López Obrador, y al mismo tiempo hace patente la intromisión de personas no calificadas en asuntos tan técnicos como lo son las cuestiones hacendarias y financieras. La renuncia de Urzúa implica también una crítica a ciertas políticas públicas que son emblemáticas para el gobierno, las cuales fueron emprendidas, según el ex-secretario, sin un sustento suficiente. Aunque Urzúa no menciona en concreto qué decisiones o proyectos carecieron de un debido sustento, podemos intuir varios: la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la creación de un muy costoso sistema aeroportuario que a pocos convence (Benito Juárez, Santa Lucía, Toluca), la erección de la refinería de Dos Bocas, la construcción del Tren Maya, un número cada vez mayor de programas sociales asistenciales, la relación con PEMEX, y un largo etcétera. Es verdad que decisiones tan trascendentes no deben tomarse a la ligera, sino de una manera fría y calculada, sin contaminación de ideologías, pues a fin de cuentas son asuntos de gran complejidad técnica y únicamente personas muy calificadas –y a veces ni ellas– podrían prever, después de mucho análisis y estudio, los posibles efectos. Una mala decisión puede producir consecuencias devastadoras en la economía nacional, como ya ha sucedido varias veces en nuestra historia reciente.

Los detractores del gobierno federal presentaron un panorama casi apocalíptico. Algunos dijeron que la renuncia era la antesala de una crisis económica severa y de una devaluación. Cierto que en los minutos siguientes a que se conoció en Twitter la renuncia de Urzúa, se registró un incremento de alrededor de 40 centavos mexicanos en la cotización del dólar. Pero conforme transcurrió el día, la paridad se estabilizó y no presentó un sobresalto importante. Es más, si analizamos el tipo de cambio de los últimos cuarenta días, notaremos que la cotización del dólar el martes 9 de julio –el supuesto “martes negro”– es menor que en otros momentos de ese lapso. Por ejemplo, el 3 de junio, luego de la amenaza de Trump de imponer aranceles a todos los productos mexicanos, el dólar interbancario se cotizó a 19,75 pesos. En cambio, el martes 9 de julio la cotización fue de 19,16, el miércoles 10 fue de 19,17, y hoy jueves 11 es de 19,18. Así que no hay ninguna base para sostener que la renuncia de Urzúa es la antesala de una devaluación importante. Por otro lado –y advierto que esto constituye un argumento ad hominem–, el ex-secretario de Hacienda era un funcionario sometido al escrutinio y a la crítica dura de la oposición, por ser el cerebro pensante y la mano ejecutora de las finanzas públicas de la 4T, y, de un momento a otro, voilà!: Carlos Urzúa se convierte en un hombre valiente e íntegro que ha dejado en evidencia al presidente. Los mismos que hace unos días lo criticaban, ahora “alaban” su congruencia. Urzúa no es un mártir del gobierno federal. Urzúa ya le había hecho exactamente lo mismo a López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad: le renunció al cargo de Secretario de Finanzas y fue sustituido por el mismo Arturo Herrera. La historia se repite exactamente igual. Como dice el refrán popular: el niño es chillón y lo pellizcan.

Es verdad que, según los pronósticos más autorizados, nuestra nación entrará a un periodo de recesión económica en agosto. La verdad es que hemos estado en un impasse las últimas décadas. Fenómenos como la recesión, la inflación y la devaluación son acontecimientos que no deberían espantar a nadie, pues se trata de ciclos por los que atraviesan todas las economías del mundo. Cuando se habla de recesión, mucha gente empieza a imaginar escenarios terribles, y el pánico se difunde como pólvora encendida a través del WhatsApp y las redes sociales. Los fenómenos que he mencionado, mientras estén dentro de parámetros razonables, son hasta cierto punto normales y obedecen a ciclos económicos. No es el fin del mundo. Japón y Estados Unidos han sufrido recientemente recesiones en sus economías, y nadie diría que están heridos de muerte. Claro, todos deseamos que México crezca al 4%, 5%, 6% y hasta 7%, pero eso no será posible en este sexenio ni en el siguiente. No hay economía en el orbe, ni siquiera la china, que sostenga un ritmo creciente sin presentar altibajos. Desgraciadamente, algunos grupos de inversionistas y empresarios llegan a utilizar estos fenómenos económicos para chantajear o coaccionar a los gobiernos: si un gobierno no lleva a cabo la política económica que ellos esperan, amenazan con irse y advierten que los mercados han perdido la confianza y que, de continuar las cosas así, habrá crisis económica, o si ya la hay, ésta se agudizará. Es verdad que decisiones equivocadas de política económica pueden dañar severamente a un país. Nos ha sucedido en varias ocasiones. Pero también es cierto que el discurso de la confianza de los mercados es también un medio para hacer recular a los gobiernos. Y no solo en México. Pasa hasta en economías como la de Estados Unidos. Por esta razón, los dictámenes de las calificadoras internacionales deben ser tomados, sí, con seriedad y prudencia, pero nunca con pánico o escándalo.

Cierto que en Morena existe un grupo radical que quisiera que México adoptara las políticas del socialismo bolivariano y se convirtiera en una nueva Venezuela, pero eso no puede pasar en absoluto. Morena no es un monolito uniforme, sino un mosaico en el cual se pueden encontrar todas las posiciones del espectro político y económico: desde los más neoliberales hasta los más izquierdistas. Como en toda organización social, en Morena hay grupos que pugnan por sus intereses y pretenden anular a los demás. No prevalece el espíritu fraternal y solidario de un “proyecto”, sino las envidias, las bajas pasiones y las traiciones. Y eso sucede exactamente igual en Morena o en cualquier otro partido. En mi opinión, en este momento no existen las condiciones para que el grupo, digamos, “bolivariano” de Morena, se imponga. No existen condiciones internas, porque hay otros grupos que tienen mayor peso, y esos grupos, al día de hoy, van de la mano con el presidente; tampoco existen condiciones externas, porque el intercambio comercial entre México y Estados Unidos hace imposible que se instaure un régimen como el de Cuba o el de Venezuela en nuestro país. El TMEC viene a ser como una “vacuna” contra el socialismo bolivariano, y dicho tratado es prioritario para la actual administración. El intercambio comercial entre México y Estados Unidos es tan fundamental para ambas partes, que el gobierno mexicano está haciendo lo que nunca antes: está frenando el paso de inmigrantes centroamericanos que buscan llegar a los Estados Unidos, a cambio de que Washington no imponga aranceles a nuestros productos. No se puede hablar de una coyuntura, porque esta situación no es transeúnte. Por el contrario, la vecindad de México y Estados Unidos ata a ambas naciones irresolublemente y para siempre. El destino de Estados Unidos y México es uno solo, y no hay posibilidad de fractura, aún con un presidente como Donald Trump. Si se presentara una crisis de gran envergadura que comprometiera la viabilidad económica y política de nuestro país, Estados Unidos sería el primero en acudir a nuestro rescate, como ya lo ha hecho en varias ocasiones; baste recordar la línea de crédito que, a moción del presidente Clinton, los americanos otorgaron para que México sorteara la terrible crisis que casi lo destruye al inicio de la administración de Ernesto Zedillo.

La fantasía es la hermana locuaz de la teoría. Pero al final del día, ambas son impotentes ante la realidad. Las discrepancias entre AMLO (fantasía) y Urzúa (teoría) se saldaron con una renuncia estridente. Quizá el presidente mexicano crea que con Arturo Herrera las cosas serán muy diferentes, pero eso es virtualmente imposible. Claro que cuando López Obrador lo entienda, experimentará frustración y probablemente acabe distanciado de Herrera. Por mucho que quiera e intente, por mucha que sea la ensoñación, fantasía y deseo de justicia social que alimenta sus acciones, la realidad económica pondrá en su lugar al presidente.

Herrera es un economista en la línea de Urzúa, han sido colaboradores y tienen una historia común. Son técnicos muy calificados. Difícilmente Herrera haría una locura que destruyera la economía de nuestro país y sería inocente pensar que su gestión será un giro de 180º respecto a Urzúa. El presidente tampoco es un loco, a pesar de lo que sus opositores piensan y a pesar de que muchas veces sí podría parecerlo. Es un político muy hábil y lo ha demostrado. Así que hay que tener confianza: no estamos en la antesala al Apocalipsis de la economía mexicana.

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Fecha: 
Jueves, 11 de Julio 2019 - 13:35
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Fecha B: 
Jueves, 11 de Julio 2019 - 15:50
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Viernes, 12 de Julio 2019 - 04:50
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Firmemente anclados en las nubes

Agustín Carstens comentó en febrero de 2008 sobre el decrecimiento de la economía de Estados Unidos: a México “le dará un catarrito y no una pulmonía como antes”. Por esa recordadísima frase han puesto verde al entonces secretario de Hacienda y hoy gobernador del Banco de México.

Es peligrosa una frase recordable: se recuerda la palabra pero no el contexto, argumentos o circunstancias en que fue dicha. Felipe Calderón habló de “guerra” contra los narcos, lo cual tacha con tinta negra su memoria y le cargan la culpa hasta de los ajustes de cuentas entre bandas. Otro ejemplo: Adam Smith sólo escribió en una línea lo de “mano invisible” en La Riqueza de las Naciones, sin ser esencial a lo mucho que dijo en esa gran obra. Las metáforas recordables son peligrosas.

Incurro en el riesgo de que me echen en cara una frase recordable: en lo financiero estamos firmemente anclados en las nubes. Lo dije hace días en un grupo de gente informadísima en que tengo el por demás inmerecido privilegio de participar. La reacción no fue favorable. Trataré de explicar por qué insisto en algo tan subido.

Al comparecer ante senadores el 23 de abril, ya no usó don Agustín la recordable metáfora del catarrito sino la de una tormenta:

“Nos hemos… venido preparando para esta tormenta. Desde el año 2008, 2009, que fue cuando realmente se inició esta crisis financiera global, el Banco de México ha venido acumulando montos muy importantes de reservas: hemos aumentado en más de 120 mil millones de dólares las reservas, desde 2008. Y por otro lado, también hemos contratado la línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional, lo cual nos da un arsenal de cerca de 270 mil millones de dólares para enfrentar cualquier contingencia.”

Los comentadores financieros hablan de tormenta por los trastornos y secuelas de aumentar tasas acá cuando las suban allá, impactando más una economía herida por la deforma fiscal. Yo creo que don Agustín —una de las mentes más inteligentes e informadas en nuestro ámbito financiero— sabe algo más. No creo que hable de una tormenta ordinaria.

Claro que ayuda a México el arsenal de dólares construido gracias a una larga temporada de sensatez financiera, pero falta averiguar si esos dólares son roca o vapor de agua.

El 15 de agosto de 1971 Nixon desligó del oro al dólar, al que estaba sujeto desde 1944. Cantina libre para The Federal Reserve System, banco central privado que no se atreve a decir que lo es, que no tiene reservas, ni es federal, y no parece un sistema sino un cártel: sin la obligación de que cada dólar estuviera obligatoriamente respaldado en equis onzas de oro, la Fed pudo legalmente emitir dólares según se le antojara.

Lo mismo pasó en el resto del mundo porque toda moneda tenía alguna liga con el dólar, y así indirectamente con el oro. Por eso desde 1971 están ancladas en las nubes las monedas del mundo: monedas fiduciarias. Monedas fiat. Monedas sujetas a la siempre elástica moral de burócratas y grandes bancos que emiten algo que llaman “dinero”, con papel o dígitos en un registro informático. Moneda fiat (de decreto), moneda virtual sólo basada en la fiducia, la fe, la muy evanescente confianza; la fe en un burócrata que en todo caso —y digo en todo caso— cae en la tentación de financiarse emitiendo de más. Falsificando legalmente, pues. Si creemos que la falsificación legal de dinero es una práctica saludable o decente, de plano estamos en las nubes.

Claro que hay grados de irresponsabilidad y de fiducia; no todos los burócratas son iguales y hay monedas mejores y peores. El peso es infinitamente mejor hoy que el de Miguel de la Madrid, mientras que en Venezuela Maduro imita al campeón: Zimbabue. La desgracia es que los responsables del otrora prestigioso dólar actúen como dictador bananero. Desde 2008 han hecho crecer la moneda en circulación más de cuatro veces. Me parece ingenuo pensar que algo así no traiga consecuencias gravísimas. Y la deuda nacional de ese país ha crecido 80% desde ese año. Cada contribuyente de EEUU promedia una carga de $154,200 dólares, mucho más de 2 millones de pesos. Uf.

En tiempos más decentes Thomas Jefferson escribió que el papel es pobreza; sombra de dinero, no dinero de verdad. No hay que confundir dinero con moneda. A la moneda fiat la llaman dinero pero el auténtico dinero mantiene su valor independientemente del decreto, la declaración, la confianza o desconfianza en el gobierno que la emite. El dinero de verdad no depende de un burócrata; trasciende gobiernos, revoluciones y fronteras y pervive a los años, sexenios y siglos. El oro y la plata son auténtico dinero, no nada más mercancía o commodity como el cobre o el petróleo. El oro amonedado emitido en Liria o Atenas o Egipto sigue teniendo valor en sí, no sólo histórico o numismático. En cambio los billetes emitidos por Echeverría no pasan de curiosidades para coleccionistas. Si el dólar se ha degradado 96% desde 1913 ¿cómo le ha ido al peso? No quiero ponerme a llorar.

Addison Wiggin ha investigado que en toda la historia mundial, ningún sistema monetario basado en la fiducia ha perdurado. Cero absoluto. Todos han muerto porque siempre los políticos encuentran motivos magníficos para imprimir billetes de más. Toda moneda fiduciaria morirá. Unas pronto, otras después. Todas. Nuestro indispensable filósofo de Güémez avalará que las únicas monedas que no han muerto son las que están vivas. Y son las únicas que conocemos.

Si toda moneda fiduciaria se acaba, no esperemos al largo plazo en que todos estaremos muertos. Según Mike Maloney cada 20 o 30 años cambia el sistema monetario mundial, y el actual lleva 44. Las probabilidades y evidencias apuntan a que el sistema monetario basado en el dólar morirá en la presente década. No puedo imaginarme una bomba más nuclear, que la implosión de ese tinglado de naipes. Será desagradable confiar en un arsenal de nubes cuando el dólar demuestre su verdadera condición de moneda sin respaldo en algo de verdad, como era el infalsificable oro.

Las generaciones vivas sólo saben del sistema fiduciario y han nacido sin conocer monedas de plata y mucho menos de oro; les sonará a vejestorio hablar de metal precioso amonedado, cosa del pasado y no del futuro. Las escuelas de economía suelen hablar del oro y la plata como ven en las de historia el transporte en carabelas. Y además, quien esté fosilizado en sus paradigmas standard (sigo hablando de las escuelas de economía y de sus egresados) no acepta que el todopoderoso dólar esté plantado sobre las nubes y pueda derrumbarse.

Si algo no ha pasado aún no hay que suponer que no pasará nunca, como reza la fábula del señor que se lanza desde el mirador de la Torre Latinoamericana y cuando va por el piso 5 dice que los rumores de su suicidio son exagerados. Los judíos que no huyeron oportunamente de los nazis porque pensaban que las cosas no podían ser peores, no se imaginaron las consecuencias de un cambio radical de paradigma.

Resulta tan ridículo pensar que el fin de un sistema monetario fiduciario obligará a regresar al trueque de granos de café, como suponer que el automóvil haría que se extinguieran los caballos. Hace 2,600 años inventaron en Grecia un medio de cambio y unidad de cuenta duradero y auténtico, con piezas de oro fino de la misma forma y peso. Las piezas de cuño y gramaje uniformes, además de ser durables, pueden transportarse, intercambiarse fácilmente a cambio de mercancías, y muy importante: la pieza que trae en su bolsa otra persona se acepta en el mercado y paga lo mismo que la que traigo yo.

Si el sistema basado en el dólar se muere, habrá de venir uno más sólido. China es el mayor comprador y productor de oro del mundo. Dudo que lo compren por toneladas porque les guste una “reliquia bárbara” (Keynes). Algo saben, y no hacen planes sexenales sino centenarios. China se prepara para sustituir al dólar con una moneda fuerte, respaldada en oro. Lástima que el Banco de México sólo tenga unas 150 toneladas en sus reservas, y no en territorio nacional.

Vivimos en la mayor burbuja monetaria en la historia, y ninguna burbuja es estable ni tiene los pies en la tierra. Todas ocurren en la estratosfera nubosa de las ilusiones, los fraudes y las mentiras. Más vale prepararnos para la tormenta.

¿Cómo? México tiene la oportunidad de monetizar plenamente onzas de plata en un sistema monetario paralelo al peso fiduciario que nos daría, de un día al otro, la mejor moneda del mundo: dinero verdadero. Pero aunque el Banco de México o sus patrones del norte no acepten esta posibilidad, todavía es legal comprar y atesorar onzas Libertad de plata pura. 

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Fecha: 
Lunes, 11 de Mayo 2015 - 16:00
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Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda y Crédito Público

El secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, platica conmigo sobre la marcha de la economía, la informalidad, la nueva Ley de Seguros, el aumento espectacular en el número de contribuyentes, la contradicciones entre diversos aspectos de la economía nacional y otros temas.

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Miércoles, 06 de Mayo 2015 - 21:30
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Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda y Crédito Público

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Mi programa:

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El futuro visto por los “economistas” que “mueven a México”

El señor Luis Videgaray (que sigue cobrando como Secretario de Hacienda) inauguró The Real State Show 2015, que es el evento más importante del sector inmobiliario de México, organizado por la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI). En ese evento dijo algunas cosas que resultan de interés para todos los mexicanos:

  • Es evidente que habrá un ajuste de la tasa de interés de la Reserva Federal estadounidense y ello contraerá el flujo de capitales hacia México.
  • El precio internacional del petróleo se mantendrá bajo durante muchos años pues los países exportadores no tienen intención de reducir su producción.
  • Existe un panorama económico internacional incierto a mediano y largo plazos que tendrá como consecuencia un bajo crecimiento económico global.

Tras ese su diagnóstico, nos hizo saber su pronóstico: “no estamos enfrentando una situación transitoria sino algo de características permanentes” y obviamente su “receta” para evitar la catástrofe: “la reducción del gasto público será permanente”

El señor Agustín Carstens estuvo en el Comité Monetario y Financiero Internacional (IMFC) del FMI y BM en Washington. Aunque funge como Gobernador del Banco de México, asistió en su calidad de jefe de Comité Monetario y Financiero en Fondo Monetario Internacional (FMI) y parece que anduvo repartiendo entrevistas, pues varios diarios se atribuyen ese mecanismo para reproducir sus opiniones de la economía mexicana.

Pues bien, el siempre “muy atinado” analista de la situación económica nacional, según El Economista, aseguró que: “México ha venido fortaleciendo su macroeconomía, está preparado para el impacto de un incremento de la tasa de interés de la FED, además nuestra nación mantiene una política monetaria flexible, tiene el apoyo de finanzas públicas sanas, un sistema financiero bien capitalizado y muchas reservas internacionales. Es un periodo transitorio, que puede tener buenos aspectos como el que la Reserva Federal considere que retires políticas monetarias, eso implica que Estados Unidos se va recuperando y nos beneficia”

También hizo mención a la deuda pública en manos de extranjeros y consideró que “es un reto, es manejable”. En resumen, Carstens, nos informó que “México está preparado para salir adelante”

Me resulta preocupante -y debía resultar así para muchos de nuestros preocupados inversionistas nacionales, para muchos de los posibles interesados en invertir en México y para el resto de los mexicanos - que la visión de la SHCP y Banxico sean tan diferentes. Es más, según Carstens, “la flotación del peso (sin decir devaluación) no es un factor que deba influir en la decisión de incrementar la tasa de interés doméstica”

Adecuadamente interpretada la “intervención” de Videgaray, debemos suponer tres cosas:

  • La economía mexicana (según él ante la volatilidad e incertidumbre de los mercados mundiales) no despegará en su crecimiento en un plazo mediano (tres años)
  • Los precios internacionales del petróleo se mantendrán bajos y ello obliga a una disminución de gasto público en ese periodo.
  • Las inversiones internacionales se retardarán, e incluso se retraerán, debido al incremento de la tasa de interés en Estados Unidos.

Pues bien, el escenario pintado por el señor Videgaray es catastrófico. Llevamos dos años con crecimiento económico menor al 2.2% (promedio de los últimos 20 años) y no hay esperanza de que los próximos cuatro sean mejores, pues ante su previsión de bajo crecimiento global, no llegada de inversiones y poco gasto social, lo más probable será una desaceleración.

Por otra parte, lo dicho por Carstens es que no importa una devaluación si no hay inflación,  aunque no explicó cómo puede lograrse eso y hasta donde sé no es posible lograrlo.

En fin, esperemos unas elecciones tranquilas pues seguramente después los principales de la economía se descompondrán y una devaluación (deslizamiento muy pronunciado) será inevitable, lo que seguramente influirá en un menor crecimiento económico y hasta en un mayor descontento social.

SALUD

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Fecha: 
Martes, 28 de Abril 2015 - 16:30
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El presupuesto base cero o la caída del petróleo

¿Qué está detrás de la propuesta de hacer un presupuesto base cero? Pero antes, ¿qué significa esto? Este sistema para elaborar un presupuesto es usualmente utilizado en el sector privado, y consiste en asignar recursos solamente a los proyectos que tienen una sólida justificación, por su viabilidad, oportunidad y rentabilidad. En el caso del gobierno mexicano, el secretario de Hacienda ha dicho que se van a revisar aquellos programas y proyectos que están duplicados y que no se justifican. Parece razonable. Sin embargo, en el campo de la política mexicana, los programas públicos están vinculados a clientelas políticas o grupos de presión de diverso tamaño y poder: el clientelismo en México es la forma arcaica del Estado de bienestar de los países ricos, en donde los apoyos sociales sí son universales y transparentes. Así que aquí este ejercicio parece un tanto complicado.

Algunas proyecciones que se han hecho sobre qué tanto impacto podría tener el presupuesto sobre base cero estiman que, para 2016, sólo podrá involucrar a poco más de 5% del gasto público, y a mediano plazo esa cifra podría subir a casi 30%. ¿Cuál es la razón de que su alcance sea tan menor? Los principales motivos son la inamovilidad del gasto público para el pago de la deuda interna y externa; los salarios y prestaciones de profesores, médicos y funcionarios; las erogaciones en pensiones y jubilaciones, los gastos multianuales en obra pública, etc. Así, más que un presupuesto base cero se trata de justificar el recorte de la pérdida de ingresos por la caída de los precios del petróleo. Por ello cabe preguntar: ¿en qué áreas recaerían los recortes? La estructura clientelar del gasto social permite suponer que será una batalla campal.

En consecuencia, es posible que los recortes del gasto público no afecten a los programas obsoletos y redundantes, sino a los sectores menos organizados o con menor fuerza política. Es decir, la racionalidad de los recortes –de eso que se dio en llamar presupuesto base cero– no será el bienestar general, que es lo óptimo. De esta manera, los posibles programas candidatos a perder recursos serán las inversiones en salud, educación, petróleo, (sin tocar los intereses sindicales) y combate a la pobreza. También son fuertes candidatos los recursos para el campo, la inversión productiva y ciencia. El desprestigio, descrédito y deslegitimación de la elite gobernante –teniendo en frente la lucha por la presidencia de la República que ya se inició– difícilmente tocará clientelas que podrían favorecer al rival favorito: López Obrador. Así que es muy probable el sacrificio de programas socialmente útiles.

Fecha: 
Jueves, 23 de Abril 2015 - 18:00
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Importemos panameños, dominicanos o bolivianos

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas presentó ayer su Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe correspondiente a 2014, en donde analiza el comportamiento económico de los 33 países del área durante el año en curso y pronostica el crecimiento que cada economía registrará en 2015.

La CEPAL anota, antes que nada, que “En 2014, el crecimiento de la economía mundial ha presentado una leve recuperación, en un contexto de desempeño heterogéneo de los países desarrollados y de desaceleración de las economías emergentes. La tasa de crecimiento mundial aumentó al 2,6% en 2014, en comparación con un 2,4% registrado en 2013. Los países desarrollados han mostrado una dinámica de crecimiento diferenciada, en la que se destaca el Reino Unido, cuya economía se expandió un 3,1% en 2014, frente a un 1,7% en el año anterior... El crecimiento de los países en desarrollo continuó desacelerándose en 2014, si bien se sitúa en niveles que siguen siendo muy superiores a los del mundo desarrollado. En promedio, el crecimiento de estas economías se estima de un 4,4% en 2014. Se destaca la disminución de la tasa de crecimiento de China, que pasó de un 7,7% en 2013 a un 7,3% en 2014, en tanto que la expansión de la India aumentó de un 4,7% en 2013 a un 5,4% en 2014.”

Refiriéndose al área latinoamericana y caribeña, CEPAL anota que “En 2014, el producto interno bruto (PIB) de América Latina y el Caribe creció un 1,1%, la tasa de expansión más baja registrada desde 2009. A pesar del resultado regional, se verifican diferencias importantes en los ritmos de crecimiento de los países. El bajo crecimiento regional de 2014 obedece principalmente al escaso dinamismo, o a la contracción, de algunas de las mayores economías de la región: Argentina (-0,2%), Brasil (0,2%), México (2,1%) y Venezuela (República Bolivariana de) (-3,0%). La mediana de las tasas de crecimiento del PIB de los países de la región fue de un 2,8%, similar a la observada en 2013”.

El Balance de la CEPAL estima que la economía de México crecerá un decepcionante 2.1% este año, arriba del aún más decepcionante 1.1% del año pasado. Para 2015 estima que crecerá un 3.5%, cifra que conforme pasen los meses del año venidero irá ajustándose a la baja hasta terminar entre el 2.8% y el 3.0% según cálculos de los economistas que acostumbro consultar y que para este año pronostican un crecimiento de entre el 1.8% y 2.0%.

Durante los últimos 24 meses los altos funcionarios del gobierno federal, especialmente los de las secretarías de Hacienda y Economía han insistido que la economía nacional ha sufrido debido a la debilidad económica de Estados Unidos y a la inseguridad prevaleciente en gran parte del territorio nacional.

Si lo anterior es cierto, me preguntó cómo le hicieron las economías de Panamá, República Dominicana o Bolivia para crecer cuatro o cinco veces más que la de México, dependiendo como dependen de la economía estadounidense.

De acuerdo a la CEPAL, durante 2013 y 2014, la economía panameña creció 8.4% y 6.0%, respectivamente. En 2015, crecerá 7.0%, más de lo doble que se espera crezca la mexicana.

La economía de la República Dominicana creció 4.1% en 2013 y 6.0% en 2014. El año entrante crecerá 5.0%.

La economía boliviana creció 6.8% en 2013 y 5.2% este año. El entrante crecerá 5.5%.

La economía de Guatemala, un país tan inseguro y violento como México, ha crecido casi cuatro veces más que la mexicana en estos dos años: 3.7% en 2013 y 4.0% en 2014. En 2015 crecerá otro 4.0%.

Evidentemente alguien está haciendo bien las cosas en estos cuatro países y mal en el nuestro. Por ello sugiero que importemos a los panameños, dominicanos o bolivianos que estén a cargo del manejo de la economía de sus respectivos países. Caray, hasta a los guatemaltecos.

Los que están a cargo en México pueden irse a trabajar a un organismo internacional en donde sus decisiones no hagan tanto daño.

Foto: www.colegionacionaldeeconomistas.org

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Fecha: 
Miércoles, 03 de Diciembre 2014 - 12:00
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