Se encuentra usted aquí

relato

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CXXXVIII

Querida Tora:

El otro día, el portero tuvo una fricción con la inquilina del 55, que fue a reclamarle que un tubo de agua estaba roto y no se lo componían, con lo que su vivienda se inundaba un  día sí y otro también. A consecuencia de ello, el portero se enojó, gritó en medio del patio que los inquilinos no apreciaban su esfuerzo ni sus sacrificios, y decidió darles un informe de lo que había sido su gestión al frente de la vecindad.

Por supuesto, el no lo escribió. Obligó a uno de sus guaruras, que había terminado la secundaria, a que lo hiciera y luego se lo aprendiera de memoria, porque el no “tenía ganas de estropearse la voz leyendo tantas palabras”. Y mandó preparar el patio para la ceremonia.

Colgaron todo lo que te puedas imaginar; listones, banderitas de colores, papel picado (Del Día de Muertos, pero igual adornaban), cortinas viejas y hasta sábanas que le prestaron las del hotel de junto. Mandó poner un disco de la “Marcha Triunfal” (Pero el guarura se equivocó y puso la “Danza Macabra”), y se dirigió al estrado más alto que pudo conseguir.

Los vecinos estuvieron todos, hasta los bebés del 38, que acababan de llegar de la maternidad, arreados y controlados por los guaruras y por las multas que dijeron les iban a poner a los que no fueran. El portero dijo “Señoras y señores”, y cedió la palabra al guarura que tenía la secundaria.

El muchacho se lo había aprendido todo (Eran como 10 páginas), y aunque con frecuencia se le olvidaba y tenía que consultar su “acordeón” (No es instrumento musical, es un medio para resolver exámenes para los que no has estudiado, y que aquí se aplicó a conciencia) logró decirlo todo sin que le silbaran.

Les recordó que, gracias a él, el patio se  barría cada tercer día, que estaba muy pendiente de que les entregaran el gas a tiempo, que los daños a las instalaciones se reparaban enseguida (Esto lo dijo mirando a la señora del 55, que no respondió porque los guaruras la tenían amordazada), que les había hecho una fiesta para recibir el Año Nuevo (En realidad, los vecinos pagaron la fiesta; el sólo les prestó el patio); y había logrado establecer tan buen ambiente en la vecindad que sus guaruras confraternizaban con las muchachas, y hasta había nacido algún  bebé de tan buenas relaciones que tenían.

El aplauso, dirigido por sus contlapaches (Ya te imaginas quiénes son, ¿verdad?) fue largo y estruendoso. Y hubiera durado media hora, de no ser porque el chavo del 7 (El que es abogado y enemigo del portero, ¿te acuerdas?), se levantó y dijo que no había hablado de los lavaderos, que construyó a costo muy elevado y que se deshicieron en cuanto abrieron el agua; ni del programa “Un Día Sin Baño”, que no solo no ha resuelto el problema de los malos olores, sino que sólo ha servido para enriquecer al dueño del “King’s”, que quién sabe quién será; y que tampoco mencionó el agujero que había en el patio, y que ha estado a punto de cobrar tres vidas; ni de los turnos organizados a horas punta para usar las escaleras sin  pasar por el patio, y que sólo sirven para que los vecinos choquen entre sí y se insulten desde temprana hora; ni de la tolerancia que tiene con los cuartos de azotea, donde permite que vivan tres o cuatro muchachos (Masculinos y femeninos) en espacios para una persona; ni de los abusos de todo tipo que comete la Flor (y su prima) cada vez que le da la gana.

Ahora sí se enchiló el portero, y tomó el micrófono y dijo a los vecinos que a la Flor no la tocaran porque se deshojaba, y que si el le concedía algunas libertades era porque le daba la gana, y que nadie tenía derecho a meterse en sus asuntos personales. El chavo del 7 le iba a contestar, pero su mamá le señaló al guarura feo, que le estaba apuntando con una cerbatana, y le dijo “Calladito te ves más bonito”. Y el chavo no tuvo más remedio que sentarse.

Inmediatamente después, el portero hizo una señal, y los guaruras empezaron a  dispersar a los vecinos, diciéndoles que se metieran en sus viviendas y no salieran hasta el día siguiente, a menos que tuvieran una emergencia (Hubo cuatro, debidas a excesos de alcohol). Y el portero se encerró con la Flor (y su prima) a celebrar “el ejercicio democrático que acababa de celebrar”.

Yo no sé qué pensar de todo ésto. ¿A ti qué te parece?

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 05 de Julio 2019 - 13:20
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 05 de Julio 2019 - 15:35
Fecha C: 
Sábado, 06 de Julio 2019 - 04:35
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CXXXVII

Querida Tora:

La vecindad ha estado bastante tranquila, si no fuera porque la Flor se vino a meter, y causó un problemita (Así, en diminutivo, porque no corrió sangre, ni mucho menos).

Un día, la Flor decidió que estaba muy pálida; y como no tenía dinero para irse a Cancún, ni a Los Cabos, ni a Huatulco, se le ocurrió tostarse al sol en la azotea de la vecindad (En su edificio de departamentos no podía, porque están a punto de echarla “por comportamiento escandaloso en más de una ocasión”). Le pidió permiso al portero, porque sin su permiso no se mueve una hoja de árbol en la vecindad. El portero le dijo que si, pero que con cuidado lza verdad, no sé a qué se refería con eso; pero la Flor ni se lo tomó en cuenta, porque en cuanto llegó a la azotea se quitó el brassiere y se acostó sobre una toalla playera (Haciéndose ilusiones, supongo).

Enseguida se alborotaron los cuartos que hay en la azotea. La mayoría están habitados por “ninis”, así que casi todos estaban ahí, y enseguida se pusieron todos a espiar la Flor por las rendijas de sus cuartos (Casi todos son de tablas mal ensambladas, y quedan muchas rendijas (Los perdedores fueron los estudiosos y los trabajadores, que estaban en sus actividades. Fíjate qué ironía). Aunque eso de perdedores es un decir, porque la Flor ya está bastante grande y bastante ajetreada, así que lo que más exhibe son pellejos y algunas lonjas. Pero la ilusión obra milagros, y los ninis se pasaron la mañana sin hacer nada (Lo cual no es nuevo), pero imaginando lo que no pueden tener (Porque la Flor no se los va a dar, no por otra cosa).

El asunto se menciónó mucho en la vecindad, y no tardó en llegar a oídos del portero,      quien se enojó mucho; y decidíó subir a la azotea al día siguiente.

Así lo hizo, y se metió en uno de los cuartos, dispuesto a echar a todos los ninis de ahí; que, aquí entre nos, eran muchos, porque habían subido varios de los que viven abajo. Pero en cuanto se acercó a ellos, acertó a ver por una rendija el espectáculo que ofrecía la Flor; y se quedó como hipnotizado, callado, pegado a la rendija, casi sin respirar. Y es que le pareció que era mucho más interesante lo que veía por ahí que contemplar a la Flor en la portería, cuando se pasea desnuda por todas las habitaciones. Esto no se los dijo a los ninis, temerosos de que fueran a espiarla por las ventanas de la portería; pero no los regañó ni los echó a patadas, como era su intención; y se limitó a decirles que no abusaran, que no permitieran que la Flor se enterara de que la estaban espiando. Ellos, encantados, siguieron en sus puestos hasta que la mujer se cubrió y bajó.

Así estuvieron varios días, hasta que la Flor decidió que ya estaba bastante tostada (Más bien negra), y dejó de subir a la azotea. Y aunque los ninis le dijeron que se veía muy bien así, que siguiera tostándose al sol, ella no les hizo caso, porque se barruntó algo. El portero también le insistió que subiera a la azotea, pero ella le contestó que estaba muy lejos, que mejor se iba a asolear en una de las ventanas de la portería que recibía el sol de mediodía. Pero el día siguientes se encontró la ventana tapiada, sin saber cómo ni por qué. Y decidió que era mejor no asolearse tanto, no le fuera a dar cáncer de piel.

Pero las viejas de la vecindad habían  oído a los ninis elogiar el tostado de la Flor, y no se quisieron quedar atrás. Y empezaron todas a subir a la azotea, a encuerarse un rato al sol. Los ninis ya hasta cobraban por ocupar los puestos de observación, según el tamaño de la rendija y lo que se alcanzaba a ver. Pero no les duró mucho el gusto, porque  cuando los viejos se enteraron subieron a madreárselos (Perdón por la palabra, pero fue la verdad) a todos. Y a las viejas también.

Por lo demás, nada ha cambiado, Las cosas marchan como siempre. A ver qué te puedo contar la próxima vez.
 

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 21 de Junio 2019 - 13:05
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 21 de Junio 2019 - 15:20
Fecha C: 
Sábado, 22 de Junio 2019 - 04:20
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Abril 1980

Paginas adelante, entro de su sueño, la niña se encontró cerca de un rio.

Era un sitio lejano y desconocido.

Al mismo tiempo, sentía que era un lugar familiar para ella desde siempre.

Escuchó una voz que la llamaba.

Era un pez parecido al de su cuento…

Estaba fuera del agua.

Parecía estar muriendo.

Su mirada sobre ella, trataba de moverla, de acercarla a el.

Faltaban unos pocos pasos.

De pronto, se abrió la puerta de su habitación.

Eran sus padres que la habían escuchado hablar dormida.

La arroparon; acariciaron su cabello; le besaron la frente y cerraron el libro nuevamente, dejándolo a un lado de su cama.

Hacia la media noche, sono el timbre de la calle.

Alguien llamaba a su puerta.

El hombre estaba solo; vencido por el sueño junto a la chimenea sin fuego, con su manojo de páginas en blanco y una pluma expectante.

La llamada se repitió insistente, pero no fue escuchada.

El hombre  soñó  que se levantaba a abrir la puerta.

No había nadie.

Sin preocuparse por cerrarla de nuevo, salió y se alejó de la casa hasta perderse entre las sombras de la noche.

El timbre sonó   una vez más.

El siguió  dormido.

La joven que llamaba, se marchó.

La sala se llenó de olor a rosas rojas.

El, se veía sereno.

La niña de cabello largo y castaño

Que había hablado con ese joven momentos antes

Vino a sentarse en la banca junto a él.

A un lado, su bicicleta roja y vieja, reposaba sobre el piso.

No hizo intento por despertarlo, ni trato de hablarle otra vez.

Simplemente le tomo de la mano y se quedó mirando, como poco a poco, el parque se iba quedando desierto.

En el fondo de sus sentidos

Percibía la risa de los otros niños.

Se acercó más estrechamente al cuerpo de aquel hombre que descansaba a su lado.

Desde ahí, al avanzar la tarde,

Pudo apreciar la luna (ya casi llena)

Junto con el sonido de las aves que regresaban a sus nidos

En el laurel que cubría la banca donde ambos se  encontraban.

El viento del crepúsculo soplaba suavemente

Moviendo su cabello que iba a posarse sobre el hombro de él,

Que soñaba tranquilamente.

Mientras ella se perdía entre sus pensamientos

Se escuchaba también,

El sonido inconfundible de columpios al vuelo…

_________________________________________

Stahringen am Bodensee

Baden Wurttemberg, Alemania

Primavera de 2019

Fecha: 
Viernes, 24 de Mayo 2019 - 13:30
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Viernes, 24 de Mayo 2019 - 15:45
Fecha C: 
Sábado, 25 de Mayo 2019 - 04:45
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Abril 1980

Paginas adelante, dentro de su sueño, la niña se encontró cerca de un rio.

Era un sitio lejano y desconocido.

Al mismo tiempo, sentía que era un lugar familiar para ella desde siempre.

Escuchó una voz que la llamaba.

Era un pez parecido al de su cuento…

Estaba fuera del agua.

Parecía estar muriendo.

Su mirada sobre ella, trataba de moverla, de acercarla a el.

Faltaban unos pocos pasos.

De pronto, se abrió la puerta de su habitación.

Eran sus padres que la habían escuchado hablar dormida.

La arroparon; acariciaron su cabello; le besaron la frente y cerraron el libro nuevamente, dejándolo a un lado de su cama.

Hacia la media noche, sono el timbre de la calle.

Alguien llamaba a su puerta.

El hombre estaba solo; vencido por el sueño junto a la chimenea sin fuego, con su manojo de páginas en blanco y una pluma expectante.

La llamada se repitió insistente, pero no fue escuchada.

El hombre  soñó  que se levantaba a abrir la puerta.

No había nadie.

Sin preocuparse por cerrarla de nuevo, salió y se alejó de la casa hasta perderse entre las sombras de la noche.

El timbre sonó   una vez más.

El siguió  dormido.

La joven que llamaba, se marchó.

La sala se llenó de olor a rosas rojas.

El, se veía sereno.

     La niña de cabello largo y castaño

Que había hablado con ese joven momentos antes

Vino a sentarse en la banca junto a él.

A un lado, su bicicleta roja y vieja, reposaba sobre el piso.

No hizo intento por despertarlo, ni trato de hablarle otra vez.

Simplemente le tomo de la mano y se quedó mirando, como poco a poco, el parque se iba quedando desierto.

En el fondo de sus sentidos

Percibía la risa de los otros niños.

Se acercó más estrechamente al cuerpo de aquel hombre que descansaba a su lado.

Desde ahí, al avanzar la tarde,

Pudo apreciar la luna (ya casi llena)

Junto con el sonido de las aves que regresaban a sus nidos

En el laurel que cubría la banca donde ambos se  encontraban.

El viento del crepúsculo soplaba suavemente

Moviendo su cabello que iba a posarse sobre el hombro de él,

Que soñaba tranquilamente.

Mientras ella se perdía entre sus pensamientos

Se escuchaba también,

El sonido inconfundible de columpios al vuelo…

    ___________________________

Acapulco, mayo de 1993

Fecha: 
Viernes, 18 de Enero 2019 - 13:50
Redes sociales: 
0
Fecha B: 
Viernes, 18 de Enero 2019 - 16:05
Fecha C: 
Sábado, 19 de Enero 2019 - 05:05
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

¡Aquella Nochebuena!

Era costumbre que en las tardes previas a Nochebuena mis primas y hermanos nos reuníamos en mi casa. Nos sentábamos frente a un aparato de radio de paredes de madera de cedro, marca “Universal”, de esos que para que mejor se escuchara había que insertar uno de sus alambres en un botecito lleno de tierra mojada.

 Esperábamos ansiosos que el reloj marcara las siete de la noche para sintonizar la estación XENT y escuchar nuestro programa favorito dirigido por la locutora Margarita King; ella leía las cartitas que los niños enviábamos al “viejito de las barbas blancas” pidiéndole que nos trajera los juguetes preferidos.

Aquella Nochebuena, tan tardía que nos pareció por fin llegó. Con toda antelación el grupito formado por mi tía, mi madre y la señora María se abocaron a las tareas de preparación de la tradicional cena. María tenía ya tiempo de laborar en mi casa, y preparó “Tamales estilo San Bartolo”, su pueblito natal.

Mi tía Rosy  cocinó unos antojadizos “Buñuelos”; mi madre confeccionó los “Chimangos pero no podía faltar el “Champurrado”. Se prepararon los “Calientitos”,  que los adultos acostumbran agregarle una copa de tequila.       

Aquella Nochebuena, nuestro árbol navideño, desde luego que no podía compararse con un “Abeto Siberiano” pero nos parecía bonito.

Aquella Nochebuena llegaron temprano el tío Rodrigo y la tía Rosita. Mis primas ya estaban en mi casa desde la tarde. Él, un hombre alto y fortachón; ella, de talla mediana, regordeta figura y algo regañona. Mi madre, hermana de ella era tranquila y poco comunicativa, en cambio mi padre era un ser muy sociable, pero en lo general se llevaban bien entre los cuatro, aunque algunas ocasiones mi tía recriminaba al tío, como sucedió esa noche: “Apenas llevas dos copas y ya estás escandalizando. ¡Hombre imprudente!

Los concuños-compadres seguían jugando al póker, saboreando unas copas de tequila entre chupetes de limón con sal, después de ingerido el trago, interrumpiendo momentáneamente el juego para contarse una broma y carcajearse a todo pulmón, mientras el par de hermanas bebían lentamente una copita de “Rompope”.

El bailazo con el radio “Universal” estaba en su apogeo, cuando a la puerta llamó Jovita la vecina: “¡Ya viene el barco, ya viene arribando el barco!”.

Mi tío y mi padre salieron en el carro de éste rumbo al muelle, que distaba unas cuantas cuadras.

Gritos de júbilo lanzaban los señores que se posesionaron en el muelle, observando a lo lejos las tenues luces de una embarcación. Poco a poco la luminosidad fue incrementando su intensidad… Se apreciaba una luz verde a la izquierda y roja a la derecha. ¡No cabía duda, aunque distante, ese barco venía navegando rumbo al puerto!

Aquella Nochebuena la luna brillaba en cuarto menguante y, las titilantes estrellas se asomaban a ratos entre las nubes viajeras; vestigios quizá de la recién pasada tormenta que azotó el puerto de San Diego, California, muy comunes  a partir de noviembre en esa región. Por esa causa el barco se retrasó casi una semana, pues se dificultaron considerablemente las maniobras de embarque de mercancías

          -Hic ¡Un farolazo pa’l méndigo frío, compadrito! –dijo el tío Rodrigo.

Y uniendo su voz a la acción, sacó del bolsillo interior de su chamarra de cuero una anforita de tequila y se la ofreció a mi padre.

          -Compadre –expresó mi papá- ¿Qué barco es el que está por atracar?

          -El “Korrigan IV,  está más viejo que yo y el conejo de la luna juntos.

Un Oficial de Puerto que escuchaba se acercó sonriente, diciendo:

-Señores, por si les interesa saber, ese barco fue construido a principios de 1900 en Flesburgo, Alemania. Durante la Primera Guerra Mundial perteneció a la flota de la “Armada Alemana Imperial”. En aquella época se llamaba “M-147”… El informante se disculpó y se alejó corriendo para recibir al barco que empezaba a atracar.

Aquella Nochebuena eran casi las diez de la anoche cuando los estibadores empezaron a descargar… los concurrentes preguntaban angustiados, casi exigiendo, si acaso habían llegado las manzanas “Red delicius”. El destinatario de la mercancía era la negociación “Ruffo Hermanos”. Sus propietarios se dieron  cuenta de la situación; no podían llevar el cargamento de manzanas a la tienda,  pues ésta ya había cerrado y los empleados estaban en casa departiendo con su familia, además el día siguiente sería de asueto.

¿Quién les compraría manzanas después de Nochebuena y Navidad? Se hicieron formar cinco largas filas a lo largo del muelle para regalarles el apreciado fruto: ¡Diez manzanas por cabeza!, ordenó el gerente a los estibadores que gustosos ayudaron en el reparto, y los beneficiados se las llevaron a casa en los bolsillos y otros en el sombrero. Cuando regresó el tío y mi padre les arrebatamos las “Red delicius”. Pasada la medianoche, en incipiente Navidad, después de fervorosos abrazos los tíos y las primas retornaron a su casa.

Aquella Nochebuena, todo el pueblo de La Paz, Baja California Sur, estuvo a punto de festejar sin manzanas; no fue así, ¡pero por poco y sucede! Jamás olvidaré esa fecha; fue un lunes 24 de diciembre de 1956.

Autor:

Fecha: 
Miércoles, 19 de Diciembre 2018 - 14:05
Redes sociales: 
1
Fecha B: 
Miércoles, 19 de Diciembre 2018 - 16:20
Fecha C: 
Jueves, 20 de Diciembre 2018 - 05:20
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Cartas a Tora CXII

Querida Tora:

            El otro día llegó un  inquilino nuevo, y desde el primer momento causó sensación. ¿Sabes por qué? Porque nadie sabía si era hombre o mujer (Yo tampoco lo sé, pero a mi no me importa). Fueron los vecinos a preguntarle al portero, pero éste les dijo que a él sólo le importa que pague su renta puntualmente y que se llama Guadalupe. Pero Guadalupe es nombre de mujer y también de hombre (Pero más de mujer, por aquello de la Virgen).

            Viste pantalones (Puede ser hombre o mujer) y una  sudadera o playera grande (Lo mismo), y siempre de color verde (Eso no indica nada) ¿El pelo? Más largo que muchas mujeres y más corto que muchos hombres. ¿Maquillaje? Eso se discute mucho, y hasta les preguntaron a los del 41su opinión. Los muchachos dijeron que quién sabe, que no se le notaba nada, pero que ahora había verdaderas maravillas en afeites de todo tipo; que la cara igual podía ser de una mujer tosca o de un hombre blandito, y eso no significaba nada. ¿Curvatura del cuerpo? La ropa no deja adivinar más que el ángulo del codo, que combina igual con los genitales masculinos que con los femeninos.

            Lo único que quedaba era verlo (O verla) desnudo (O desnuda). Mira, para no estar escribiendo en masculino y luego en femenino voy a escribir en neutro, porque me choca estar usando tantas palabras. ¿Pero cómo lo iban a lograr? ¿Por las buenas? ¿Pidiéndole que se bajara los pantalones? ¿O bajándoselos cuando estuviera descuidado (Aquí entre nos, te diré que nunca está descuidado, y se fija en quién camina detrás él o a su lado, como si temiera algo). Ya tuvieron un problema similar, ¿te acuerdas? Cuando llegaron unas japonesitas y quisieron averiguar si de veras tenían el mono atravesado. Inventaron muchas cosas para verlas, y quedaron siempre en ridículo. Ahora no podían emplear los mismos métodos de esa vez. Tenían que ser más inteligentes.

            A los del 12 se les ocurrió  colgar a uno de sus hijos pasándole una cuerda por las axilas y descolgarlo hasta la puerta de su baño. Esperaron pacientemente a que el individuo ese se fuera a bañar (Tuvieron que esperar varios días). Por fin, un sábado se presentó la ocasión y empezaron a descolgarlo. Pero el chamaco no pudo evitar que el peso lo venciera, y empezó a escurrirse por el lazo, de modo que la cuerda le subió los brazos y amenazaba con llegarle el cuello,. A ruegos (Y manazos) de la atribulada madre, el padre lo subió y se les frustró el método.

            Otro sábado descolgaron un teléfono celular en modo de video, pensando que al no tener cuello el teléfono no habría ningún problema. Pero sí lo hubo, porque la ventana estaba  cerrada. Ya desesperados, los vecinos movieron la reata para que el teléfono se columpiara y luego rompiera el vidrio de la ventana (Ya no les importaban las consecuencias) y filmara al señor de verde. Pero calcularon mal, y el teléfono entró por la ventana del vecino de enfrente y filmó a su ocupante en amigable coloquio con una de las muchachas del hotel (No quiso pagar el cuarto, y se la llevó a su vivienda).

            El señor-señora (Lo que más te guste) se dió cuenta de lo que pretendían, se enojó y se fue de la vecindad, dejándolos con un palmo de narices (¿Por qué se dirá así? ¿Qué tienen que ver las narices con una desilusión, por violenta que ésta sea?)

            El que salió ganando fue el señor del 12, que vió la oportunidad de hacer un negocio, y le vendió el video al que se llevó a la muchacha a su vivienda, diciéndole que si no se lo compraba se lo entregaría a su esposa (Esa señora tiene un genio espantoso, y no quiero imaginar lo que le haría al marido).

            Yo vi todo desde la azotea y, a diferencia de los vecinos, sí logré ver al señor-señora desnudo. Pero no voy a decirte lo que era, porque es pura curiosidad malsana. Y, además, no te importa. Perdóname que lo diga con esas palabras, pero es la verdad. Y, por encima de todo, yo quiero protegerte de todas las cosas feas que tiene la vida.

Te quiere

Cocatú

Fecha: 
Viernes, 14 de Diciembre 2018 - 10:20
Redes sociales: 
0
Fecha B: 
Viernes, 14 de Diciembre 2018 - 12:35
Fecha C: 
Sábado, 15 de Diciembre 2018 - 01:35