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reelección

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No hay que hacerse “peje...”

El actual presidente de la República, ni siquiera tendría que haberse comprometido a no buscar la reelección en el cargo, como lo hizo el pasado 19 de marzo firmando públicamente un documento que ahora, nadie encuentra por ningún lado. (1)

Sin embargo, Andrés López anda coqueteando con la idea de emular a San Benito Juárez que se aferró al poder hasta que lo ayudaron a bien morir entre Lerdo de Tejada, Díaz, González Ortega y Guillermo Prieto.

Entre el discurso expreso de AMLO y sus señales prácticas, hay diferencias que permiten augurar que la famosa revocación de mandato es un trampolín diseñado para que el actual Congreso de la unción (2) de mayoría obradorista le endose la misma catafixia que le hicieron a Jaime Bonilla los panistas empleados legislativos de MORENA en Baja California.

López Obrador podría y debería haber sido categórico en rechazar y denunciar  la trampa descarada cometida por el Congreso de Baja California que, contra lo afirmado por el presidente, SI ES MATERIA DE SU COMPETENCIA.

Es materia de su competencia, porque los diputados locales de un estado, NO PUEDEN hacer reformas contrarias a la Constitución Federal.

En Derecho Público, LO QUE NO ESTÁ PERMITIDO, está EXPRESAMENTE PROHIBIDO.

Y la Constitución Federal de México, es inequívoca en cuanto al principio fundamental de NO REELECCIÓN DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

En días recientes el INAI requirió a la presidencia de la República que entregara el documento firmado por López Obrador el 19 de marzo,  comprometiéndose a no buscar la reelección valiéndose del triunfo que espera obtener el 2021 cuando no le revoquen el mandato.

Resulta que nadie sabe donde quedo el dichoso compromiso presidencial de no perpetuarse en el poder más allá del 2024.

No hace falta encontrar su compromiso del 19 de marzo, porque basta con su compromiso del 1º de diciembre de 2018 en el que se obligó a respetar la totalidad de los mandamientos constitucionales, INCLUIDO EL DE LA NO REELECCIÓN.

Su evasiva respuesta respecto de la trampa orquestada en Baja California para extender a más del doble el periodo para el cual fue elegido como gobernador Jaime Bonilla, es evidencia muy clara de que López Obrador busca aprovechar el precedente bajacaliforniano para burlar LA NO REELECCIÓN a través de una prórroga que, según el Peje no sería reelección en estricto sentido...

López Obrador debería incluso presentar una controversia constitucional ante la Suprema Corte, impugnando lo actuado por el Congreso de Baja California, porque lo hecho por sus empleados legislativos del PRIAN en la península bañada por el Mar de Cortés, es directamente violatorio de la Constitución Federal que AMLO se obligó a hacer respetar.

El actual presidente debería recordar dos cosas en cuanto al principio revolucionario de la NO REELECCIÓN:

En 1910, todo el pueblo mexicano se levantó en armas precisamente para impedir la reelección de Porfírio Díaz.

¿Qué le hace pensar a AMLO que los mexicanos no se levanten en armas nuevamente si se le ocurre pretender quedarse cómodamente instalado en el muy fifí Palacio Nacional?

También debería recordar lo sucedido a Álvaro Obregón, traidor al principio revolucionario de la NO REELECCIÓN, que pagó con la vida su ambición de perpetuarse en la Silla del Águila.

En 1928 no se levantó en armas todo el pueblo mexicano, pero afortunadamente los invitados al banquete para Obregón en la Bombilla, se aseguraron de que León Toral no fallara en su intento de asesinar al traidor sonorense que se pasó por el arco del triunfo nada menos que la SEGUNDA TRANSFORMACIÓN enarbolada por López Obrador como pilar de su famosa 4T.

Los mexicanos tenemos derecho a un pronunciamiento inequívoco  del presidente López Obrador, del Instituto Nacional Electoral y de MORENA, que disipe las dudas y los coqueteos que hacen más que probable que el tabasqueño intente lograr lo que no pudieron lograr ni Juárez ni Obregón.

Los mexicanos tenemos derecho a que el presidente de la República no se haga “peje” y se conduzca con honestidad inequívoca mediante un pronunciamiento claro, conciso y apegado a la Constitución Federal.

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  1. “En consecuencia, reafirmo que no estoy de acuerdo con la reelección y que nunca, en ninguna circunstancia, intentaría perpetuarme en el cargo que actualmente ostento porque ello no solo significaría ir en contra de la Constitución sino también traicionar mis principios y renegar de mi honestidad, que es lo más valioso que tengo en la vida.

 

  1. Unción.  Dícese del arte de untar, embarrar y hacer embijes.

También se dice del hábito y costumbre de uncirse, someterse o rendirse a la voluntad del poderoso en turno, como ocurrió en Baja California, donde los empleados legislativos de MORENA (aliada con el PRIAN) prepararon el trampolín prorrogador para que AMLO se extienda más allá del 2024 en su residencia fifí de Palacio Nacional.

chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com

Fecha: 
Miércoles, 24 de Julio 2019 - 13:15
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Fecha B: 
Miércoles, 24 de Julio 2019 - 15:30
Fecha C: 
Jueves, 25 de Julio 2019 - 04:30
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Revocación de mandato

El 17 de julio de 1928, a Álvaro Obregón le revocaron el mandato y le anularon su flamante reelección  con 21 tiros de cuatro diferentes calibres, disparados por un “asesino solitario”…

Noventa años después de la muerte del último caudillo, el Pejelagarto anda jugando a la psicología inversa con su rollo de la “revocación de mandato” de manera que, si a medio sexenio el  pueblo bueno y sabio le pide que no se vaya, podría ser convenientemente interpretado como una súplica para que se quede más allá del 30 de noviembre de 2024.

El voto electoral se cumpliría como los votos conyugales: hasta la muerte; igualito que lo sucedido a Obregón.

Si la férrea salud del juvenil Peje se lo permitiera, él,  querría emular las once presidencias de Santa Anna, o la dictadura camuflada de Juárez, y de serle posible, aferrarse a la silla del águila hasta llegar a octogenario como Porfirio.

¿Qué le depara al Pejesidente la bola de cristal; Tlaxcalantongo,  la Bombilla o el Ipiranga?

Si  su majestá el Peje Primero, de verdad supiera historia, sabría que los 21 balazos hallados durante la autopsia al cadáver de Obregón, venían de otras tres pistolas accionadas en aquel banquete dado en su honor, por comensales emisarios de otros aspirantes del mismo partido del sonorense, que no querían envejecer esperando a que Dios se lo llevara, y decidieron revocarle el mandato, como lo saben revocar los mexicanos.

Cuando Plutarco Elías Calles fundo el PNR no pretendió legarnos un partido político común y corriente; nos dejó un mecanismo diseñado para lograr que los muchos caudillos que ambicionaban la presidencia, actuaran en un marco de DISCIPLINA sin el cual, la guerra de pandillas llamada “revolución mexicana” no habría parado ni hasta la fecha.

 

El PNR de 1928, sirvió para apaciguar a los Bejaranos, Monreales, Ebrards, Padiernas, y  Yeidicoles de aquel tiempo,  que, como es ampliamente sabido, solamente sueñan con servir a México desinteresadamente.
El PRI de 1994,  a raíz de la muerte  de Colosio, todavía alcanzó para amansar a Camacho Solís, Ortiz Arana, Gutiérrez Barrios  y cualquier otro suspirante.

Lo de su majestá el Peje, NO es ninguna transformación; es un salto cuántico al pasado que regresa a México al momento preciso en que Obregón mandó matar a Carranza que tambien quiso reelegirse hasta que sus ambiciones se descarrilaron con todo y el Tren Olivo en Tlaxcalantongo.

El PNR, PRM, PRI, nació en  un sólo párrafo del último informe presidencial del General Calles, cuando dijo:

“La muerte del General Obregón, nos plantea la necesidad de pasar, de ser país de caudillos,  a nación de instituciones y de leyes”.

La llegada de López “hablador”, como lo ha rebautizado la Chachalaca de Guanajuato, es la vuelta al tiempo de los caudillos;  ni más, ni menos.

Salinas de Gortari tiene cuentas pendientes con México; tambien tiene más defectos que cualidades, pero es incomparablemente más inteligente que el juvenil olmeca que hoy dice no residir en La Toscana.

Si salinas a pesar de sus ambiciones y su inteligencia, no se atrevió a romper el principio de la NO REELECCIÓN,  no fue por su vocación democrática y su altruismo, sino porque no quería terminar de bruces sobre un  plato de mole, como le ocurrió al manco de Celaya y León.

San Juárez fue ayudado a bien morir un 18 de julio de 1872, porque de haberse recuperado de la angina de pecho, Lerdo de Tejada y Porfirio, se habrían hecho viejos entre las reelecciones del mañoso pastorcito de Guelatao, y por eso le revocaron el mandato con la daga de Riva Palacio que un bisnieto suyo, puso en manos de mi  padre, mientras la contaba los pormenores de la muerte del “benemérito”.

Curiosamente, un día antes, el 17 de julio, pero de 1928, a Obregón tambien le revocaron el mandato los comensales que ayudaron a Toral a no fallar, mientras Alfonso Esparza Oteo estrenaba la canción “El Limoncito”,  dedicada al violador del principio intocable de la NO REELECCIÓN.

Sin embargo, la psicología inversa que se descubre detrás de la prédica del Peje sobre “su firme e irrevocable  decisión de no intentar reelegirse”, hace pensar precisamente TODO LO CONTRARIO.

Intentar salirse con la suya, donde Obregón no pudo, puede demostrarle al Peje y a cualquier otro, que en 90 años, la única norma revolucionaria que sigue vigente, es la que condujo a San Juárez al panteón de San Fernando, a Porfirio a navegar en el Ipiranga,  a Carranza a morir en Tlaxcalantongo,  y a Obregón a no escuchar completo “El Limoncito” ni acabarse su sabroso mole con ajonjolí.

Aunque pudiera reformarse la constitución (al igual que hizo Obregón para lavarle la cara a su imposición), los sufragios de su reelección, se transformarían en sufragios por su eterno descanso y el gusto efímero de las urnas electorales, terminaría en la urna  funeraria con sus cenizas.

El PRI, que todavía sirvió para evitar la tormenta que pudo haberse desatado con la muerte de Colosio, hoy es una caricatura sin garras ni colmillos, totalmente incapaz de capear el temporal que se dejaría venir con una revocación de mandato al estilo de la de Obregón.

Ninguno de los partidos existentes,  incluida la MORENA, tiene la estructura sectorial, hoy desaparecida.

Hace mucho que México no es ni siquiera un remedo de país de instituciones y de leyes, pero a pesar de lo mal que están las cosas, podrían ponerse mucho peor,  con un intento de reelección a través de la catafixia tipo Chabelo,  disfrazada de revocación/confirmación/prórroga indefinida de mandato.

La NO REELECCIÓN no desaparecerá con una reforma constitucional made in MORENA.

Es un principio que no puede derogarse desde que, irónicamente lo acuñó Porfirio Díaz como lema de su Plan de Tuxtepec.

Puede que el sufragio en México, no sea tan efectivo, pero la NO REELECCIÓN, es a prueba de pejes y de pelones…

(Y si no, que le pregunten a Salinas).

El PRI nació el 1º de septiembre de 1928, en un simple párrafo del último informe presidencial de Plutarco Elías Calles.

El párrafo dice así:

“…debe permitirnos, va a permitirnos orientar definitivamente la política, del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de "país de un hombre" a la de "nación de instituciones y de leyes".

El PRI nunca fue un partido político creado para competir con otros partidos en la gran farsa democrática; el PRI desde su fundación, fue un sistema de gobierno.

La primera contribución del PRI (nacido PNR), fue la pacificación del país, y la canalización civilizada de todos los liderazgos, con lo que se evitó la prolongación de las  disputas  violentas  por el poder.

El PRI  garantizó que la muerte de un  presidente no hundiera al país de nuevo en el caos y la violencia política, porque contenía los mecanismos  y los conductos corporativos que hoy son utilizados por la iniciativa privada.

La pomposamente  autoproclamada  “cuarta transformación”  a bordo del Movimiento de Renegociación Nacional, más que transformación es una reversión  a julio de 1928.

El Peje Lagarto López Obrador, es un caudillo; un caudillo surgido del desmantelamiento del PRI.

Ese desmantelamiento comenzó con Miguel de la Madrid, cuyo perfil personal y político nada tenía que ver con ese partido.

Los llamados sectores: Campesino  (CNC), Obrero (CTM)  y Popular (CNOP) le daban estructura, operatividad y cohesión, además de garantizar orden y continuidad en un marco de disciplina.

Fecha: 
Miércoles, 22 de Mayo 2019 - 13:10
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Fecha B: 
Miércoles, 22 de Mayo 2019 - 15:25
Fecha C: 
Jueves, 23 de Mayo 2019 - 04:25
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¿Agonizan los partidos?

Una mirada detenida a la prensa mexicana fácilmente concluye que los partidos están fuertemente desprestigiados. Este no es un fenómeno reciente, lleva años midiéndose en diferentes encuestas. El desprestigio afecta de manera diferencial a los partidos. El PRI sigue siendo equivalente al demonio en amplios círculos sociales. Basta hacer un reconocimiento al PRI o a Peña Nieto por alguna medida para que más de un oyente tuerza la boca o responda acremente, las más de las veces de lo profundo del hígado, no del cerebro. Su pasado lo alcanza en todas partes.

PRD y PAN eran, hasta hace poco más de una década, partidos más o menos presentables, pero los escándalos, la corrupción, la ineficacia, las divisiones y la falta de proyecto político han minado su credibilidad. De los otros, mejor ni hablar, verdes, naranjas, rojos son propiedad de familias, o grupos identificados plenamente. MORENA nace como un partido de una sola voz, la de López Obrador, un líder carismático e inteligente que está más cerca del mesianismo que de una propuesta sólida de gobierno.

Los partidos políticos viven una crisis, pero están recibiendo ayuda para mantenerse con vida artificial, digamos. El PRD de parte de sus gobiernos locales y legisladores, el PAN vivió del gobierno de Calderón y ahora es igual que el PRD. El PRI del propio gobierno federal. Todos ellos del INE y los miles de millones de pesos que les otorgan. También de una legislación que dificulta otras vías, como las candidaturas independientes o la reelección libre. Ambas figuras existen, pero están acotadas por una serie de mecanismos para garantizar la preminencia de los partidos existentes. Otro tanto pasa para la creación de nuevos partidos políticos; se requieren millones de pesos y pactar con grupos de interés locales.

Mientras todas estas ayudas lleguen a los partidos, estos seguirán viviendo una cómoda vida artificial, sin importar su falta de eficacia social y política. Este descrédito de los partidos explica en buena medida el por qué muchos ciudadanos de todas las edades se inclinan a la negatividad política, al caudillismo (en beneficio de AMLO) o al cinismo. Otros, buscan formas radicales de expresión.

No hay forma de cambiar el sistema si no hay un cambio en la forma en que los ciudadanos accedemos a él. Hay que facilitar la creación de organizaciones políticas que puedan participar en elecciones locales, regionales o nacionales; facilitar el acceso a las candidaturas independientes y a la reelección; disminuir radicalmente el monto de recursos que se les da a los partidos; fiscalizar sueldos a los militantes que ocupan cargos, etc.

Si no logramos este cambio (y otros) veremos a los partidos como entidades extrañas y corruptas y no como vehículos de participación ciudadana. 

Fecha: 
Jueves, 08 de Enero 2015 - 17:30
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