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Multimillonaria multa del PVEM. Robotización y automatización de bienes raíces. La mujer en México

El vocero del PVEM y lider de los diputados federales, Arturo Escobar, comenta sobre la multimillonaria multa que le impuso el INE. En el estudio me acompañan Liliana Alvarado y Juan Azcárraga y comentamos sobre la robotización y automatización de los edificios y demás bienes raíces y; la situación de la mujer en México. Carlos Velasco habla sobre la explotación de los jornaleros en Baja Californiana. Luis Enrique Mercado analiza los diversos pronósticos de crecimiento de la economía nacional. Marco Paz Pellat presenta datos que muestran la inmensidad de Facebook.

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Fecha: 
Martes, 12 de Mayo 2015 - 19:00
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El Mito de la Intimidad en la Red

Morelia, 29 de abril 2015.- La Intimidad no existe en Internet, o mejor nuestra expectativa de ejercicio de un derecho a la Intimidad en la red es un nado muerto . Las nuevas estructuras de interacción de las sociedades contemporáneas han aumentado la capacidad de las personas para conectarse y colaborar con terceros más allá de su ubicación física inmediata. También han aumentado las posibilidades de ruptura de la seguridad de nuestros datos personales y de violaciones a nuestro derecho a la intimidad en Internet. En particular, las redes sociales, nos han colocado en el centro de  una “casa de cristal” abierta a todos los “voyeurs” globales. Somos “visibles” en todo momento, pero , y, en esta paradoja reside el peligro para nuestras libertades y derechos, raramente podemos ver o  controlar a quién nos vigila.

Estos cambios son a menudo considerados, tal como lo propuso Castells , como un cambio en la democratización de las relaciones sociales y políticas de los espacios territoriales relativamente cerradas de los estados-nación para abrir, las relaciones en red que atraviesan el globo entero y, transforman lo universal en una “aldea global”. 

Otros, como Morozov , apuntan  para la emergencia de contornos de un nuevo espacio- hiperconectado, transfronterizo , cibervigilado, difuso- con nuevas formas de represión  individual y colectiva, cuya columna vertebral es Internet, y que potencian las capacidades de los estados totalitarios, de los regímenes autocráticos para  avanzar para estructuras orwellianas. Sea como sea, estamos entrando en la Telepolis[i], de que habla Javier Echeverría.

Esta interpretación en “blanco y negro” sin embargo, oculta una imagen mucho más ambivalente. Es verdad que muchas redes basadas en la comunicación en Internet son relativamente abiertas, a pesar de los diversos niveles de la censura estatal y la creciente prominencia de paywalls para acceso a los contenidos. Pero, en su opuesto, muchas de las redes globales y transnacionales, que van desde agencias gubernamentales, grupos empresariales multinacionales, proveedores de servicios en red a las organizaciones cibercriminales,son tan cerradas y jerárquicas como los estados territoriales, si no más.

A esto, hay que sumar, que las redes funcionales o redes de información nuevas, a menudo crean nuevos límites, y nuevos tipos de discriminación, nuevas periferias, en que la participación depende del nivel educativo, de las credenciales sociales, del acceso a la tecnología y del control más amplio de los recursos materiales y culturales.

En consecuencia, la opacidad de las redes funcionales y las brechas digitales, anudadas a las estructuras securitarias de los estados en la era de la seguridad global, han dejado al individuo en una posición potencialmente débil en que el ejercicio de sus derechos fundamentales puede estar en recesión. El nivel que presenta los riesgos más evidentes para el ejercicio efectivo de derechos y libertades  en la S.I.C. es el de la conjunción de la  masificación de datos con las posibilidades de geolocalización y de producción de biopolíticas de seguridad por los estados.

En este medioambiente securitario, nuestra última barrera de defensa del derecho a la intimidad y a la protección de datos en la red- la constitucionalización del principio de autodeterminación informática- se derrumba frente al carácter difuso de la soberanía en la sociedad de la información y al problema de la definición de las jurisdicciones y de los órganos de tutela de nuestros derechos fundamentales en Internet que son deficitarios para contrarrestar las posibilidades tecnológicas del cibertotalitarismo.. Es altura, por lo tanto, de pensar en un encuadramiento normativo y en órganos de tutela supranacionales.

El cambio de paradigma en este campo es urgente. Hemos entrado, por un lado,  en una era de masificación de la recolección y almacenamiento de datos, conocida por los expertos como “Big Data” [ii]o sea en la revolución de los datos masivos . Por otro lado, en la era del cloud computing, en que toda la información se encuentra en manos de servidores controlados por proveedores multinacionales,  ubicados físicamente en territorios que salen fuera del control jurisdiccional de nuestros tribunales. Es un universo (universos) en que el individuo está sumergido en un océano de información y, a su vez, es la fuente primera de datos.

Datos ya no son analizados (ni pensados) como algo estático cuya utilidad deja de existir cuando la función para la cual fueron recabados, almacenados y tratados se realiza. Tal como lo afirman Mayer-Schönbergen y Cukier[iii]: “Los datos se convirtieron en una materia prima [...]. Los datos pueden reutilizarse inteligentemente para convertirse en un manantial de innovación y servicios nuevos. Los datos pueden revelar secretos a quienes tengan la humildad, el deseo y las herramientas de escuchar”.

En esta nueva etapa tecnológica, los algoritmos de búsqueda permiten acceder y agregar datos personales dispersos que de esta manera facilitan- a buscadores, gobiernos, agencias de inteligencia, empresas-  un perfil de la persona afectada, cosa difícilmente realizable sin ellas, al menos no sin abonar unos costes muy elevados.

También permiten poder conocer las actividades realizadas al navegar por Internet, saber si se visita una página u otra o si se compra determinado producto, o cuáles son nuestras preferencias políticas y nuestro círculo de relaciones sociales, laborales y familiares. Todo eso sin que la persona afectada tenga conocimiento de ello y sin dejar, prácticamente, ningún rastro o huella de esta vigilancia continua.

En este contexto , el individuo no puede realizar ningún control sobre esos datos ni sobre el uso primario o derivado que de ellos se realiza.Para contrarrestar los riesgos inherentes  a esta ausencia de control sobre las esferas de la intimidad y de la privacidad en la red, deben establecerse algunos nuevos principios generales[iv] si se desea que los ciber-ciudadanos  estén mejor protegidos y tengan un control funcional sobre su entorno .

O sea, tenemos que ir más allá del ejercicio de los derechos ARCO y del acotado ámbito de tutela del IFAI y, construir una nueva panoplia de instrumentos de control de nuestra información y de defensa jurídica de nuestros datos personales que pasa por la implementación de nuevos principios  y de nuevas reglas.

Ahora bien, en la era del Big Data y de la NSA, ese control “funcional” no es posible sin el ejercicio del derecho al olvido (tipificado en base a los criterios jurisprudenciales del Tribunal de Justicia de la Unión Europea[v]) y, de  la aplicación del principio de encriptación y anonimato reversible .

Por un lado, ejerciendo el “derecho al olvido”, el individuo debe tener  la posibilidad de  defender  su derecho “funcional” a la protección de datos en Internet contra la capacidad tecnológica de procesamiento de datos mediante un motor de búsqueda. Si, tal  puede tener implicaciones de privacidad más importantes para un individuo, también podríamos argumentar que la eliminación de los datos de un motor de búsqueda en lugar de una página web también toma en cuenta la necesidad de proteger la libertad de expresión , ya que impide el acceso fácil a los datos para un mayor número de individuos, pero no elimina la información del soporte original .

Por otro lado, el derecho del  ciber ciudadano al anonimato debe ser establecido en oposición a intereses mayores de Estado, el cual podría imponer restricciones si fuesen necesarias “para proteger la seguridad nacional, defensa, seguridad pública, [y para] la prevención, investigación, detección y persecución de delitos”, siempre y cuando para tal exista un fundamento normativo reforzado por un mandato judicial.

Lograr un equilibrio entre la monitorización legítima de delitos y el derecho a una la Protección funcional  de Datos personales no es solamente aconsejable o deseable. En la actual encrucijada, es la diferencia entre vivir en un mundo a la “1984” o mantener y fortalecer las libertades y derechos individuales propias de las sociedades democráticas.

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[ii]    “Big Data” es una expresión anglosajona que hace referencia a los sistemas que manipulan enormes cantidades de datos. Podría traducirse al castellano como “datificación masiva”, pero la mayoría de los autores usa el término inglés.

[iii]  MAYER-SCHÖNBERGEN y CUKIER, Big data: A revolution that will transform how we live, work, and think. Houghton Mifflin Harcourt, 2013.

[iv]  Office of the Australian Information Commissioner (OAIC) , Guide to information security, consultado en : http://www.oaic.gov.au/images/documents/privacy/privacy-guides/informati...

[v]   DA CUNHA LOPES, T. : Análisis de los criterios jurisprudenciales del Tribunal de Justicia de la UE en el asunto C-131/12 [. Revista Internacional de Ciencias Jurídicas  (RICJ). 21 de mayo 2014,  Consultado en : http://revistainternacionalcienciasjuridicas.org/article/las-nuevas-fron...., 2014

Fecha: 
Miércoles, 29 de Abril 2015 - 19:00
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Consumo de Medios y Dispositivos Digitales en México (IAB México)

El Internet ya es parte cotidiana de nuestra vida. Dejo de ser una moda y se convirtió en la gran herramienta para comunicarnos, informarnos, trabajar y divertirnos. Si alguien está sorprendido por la actual penetración de la red, tenga la seguridad que todavía no ha visto nada.

La empresa de infraestructura para redes Cisco asegura que para 2016 el tráfico en Internet de información mundial anual será de 1.3 zettabytes (un zettabyte equivale a un sextillón de bytes o a un trillón de gigabytes). La empresa informa que solo el aumento del tráfico mundial proyectado entre 2015 y 2016 supera los 330 exabytes, casi la cantidad total del tráfico mundial generado en 2011 (369 exabytes).

México no es la excepción, y está acelerando poco a poco su acceso a Internet, con hábitos que vale la pena analizar.

Consumo de medios y dispositivos digitales en México

IAB México y Millward Brown presentaron el Estudio de Consumo de Medios y Dispositivos entre Internautas Mexicanos en 2014. Entre los hallazgos más interesantes, destacan:

  • 42% de los mexicanos no pueden salir de su casa sin sus dispositivos móviles.
  • Los mexicanos tenemos 4 dispositivos diferentes en promedio y utilizamos 3 para conectarnos a Internet: computadoras portátiles (70%), celular inteligente (62%) y tableta (35%). Las preferencias para conectarnos a la red son 34%, 30% y 9% respectivamente.
  • De todos los lugares posibles de conexión, el único que bajó es el café Internet (3%), lo cual sugiere que es un espacio en extinción.
  • La conexión por medio de WiFi tiene un crecimiento importante entre los mexicanos y ya es la primera vía de acceso a Internet: 83% nos conectamos desde una opción contratada y 28% de una pública.
  • Usamos de manera diferenciada los dispositivos para distintas labores del mundo digital: las computadoras para buscar información (69%) y revisar correos electrónicos (68%); el celular como despertador (60%) y tomar fotos (59%), y las tabletas para leer libros/revistas/periódicos (19%) y descargar aplicaciones (15%).
  • Visitamos en promedio 8 sitios o aplicaciones por semana, principalmente redes sociales (88%), correo electrónico (80%) y buscadores (73%), mismos sitios que utilizan para buscar información de interés con 72%, 43% y 80% respectivamente.
  • Cada vez es más habitual para el internauta mexicano conectarse a Internet mientras ve la televisión: 49% realiza actividades relacionadas con el contenido que ven en la televisión (meshing), tales como leer comentarios sobre el programa en las redes sociales y también para hablar sobre este contenido con otras personas.
  • Los contenidos en video son de los favoritos para el usuario mexicano, sobre todo los videos musicales (64%), las películas (53%), los tutoriales (49%) y las series de televisión (40%). Los internautas disfrutan viendo videos en línea, dedicando en promedio una hora por día y 5 de cada 10 ha compartido algún video en la web.
  • Revisamos 5 veces al día sus redes sociales y sólo una vez hacemos una publicación.
  • 9 de cada 10 internautas nacionales declara estar registrado en alguna red social, pero sólo utilizan dos con mayor frecuencia, especialmente Facebook (93%), YouTube (40%), Twitter (23%), Google+ (20%) e Instagram (18%).
  • El contenido en redes sociales que principalmente comparten son fotos (67%), frases celebres/letras de canciones (46%) y noticias (41%), pero el contenido que prefieren es información de amigos/conocidos, bromas/chistes/memes y entretenimiento.

Conclusiones

En un mundo cada vez más conectado y que está consumiendo de manera voraz más información, los mexicanos nos sumamos de manera proactiva. Somos grandes usuarios de Internet y la usamos intensivamente en nuestra vida personal y profesional.

Hay tres tendencias que se identifican del consumo mexicanos de medios y dispositivos digitales: 1) somos voraces consumidores de información digital, 2) nos conectamos cada vez más por vía WiFi, y 3) preferimos los medios móviles a la computadora de escritorio.

Si nos sorprende el papel de Internet en nuestra vidas actuales, nada de ello será comparable con lo que sucederá en el futuro. Así que hay que meternos de lleno al uso y disfrute de los medios digitales, mismo que pueden abrirles nuevas oportunidades a los mexicanos. Pese a la ausencia de esfuerzos de impacto de las autoridades responsables.

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Fecha: 
Martes, 28 de Abril 2015 - 18:30
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En tiempos de la paranoia mexicana

En nuestros días, es cada vez más común escuchar la palabra “paranoia” para referirnos a un comportamiento maniático o exagerado de una persona. De acuerdo al RAE la definición de paranoia es: 1. f. Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.

Ciertamente, somos asertivos al usarla.

Nuestro país ha vivido diferentes sucesos fatídicos y violentos a lo largo de sus 205 años de historia, hechos que se han vuelto “noticia” y, que a través de los años, han impactado a la sociedad por generaciones; no obstante, nunca antes, estas noticias habían sido tan visibles, alcanzables y expeditas para las personas como ahora; todo, gracias a los medios masivos de comunicación que existen en la actualidad; y por supuesto, las cada vez más presentes: redes sociales, destacando por supuesto a Facebook y Twitter.

Cada hecho, cada declaración, cada movimiento, cada escándalo, es posible ser conocido en tiempo real; a cualquier hora y en cualquier sitio en el que nos encontremos.

Esa condición de estar enterados de todo lo que pasa en nuestro país y fuera de él, ha hecho, que la gente cada vez comprenda más y mejor, los porqués de las situaciones que afectan a la nación; cuestionándose cada vez más y con toda razón, acerca del desempeño de los legisladores: rendición de cuentas, transparencia, legalidad,  etc…, debido, desde luego, a los vergonzosos episodios de corrupción por parte de nuestros representantes; escándalos siempre existentes pero más manifiestos que nunca.

El conocer todos estos casos deshonrosos, en un país en vías de desarrollo como es México, en donde 27 millones de personas viven con menos de USD 4.00 al día, es por demás, indignante. Nombres como: Elva Esther Gordillo, Humberto Moreira, Andrés Granier y una larga lista de otras figuras públicas al frente de gobiernos, sindicatos o instituciones gubernamentales, han estado en el ojo del huracán, por sus sonados casos de desvío de recursos del erario para sus intereses particulares (entre muchos otros delitos no menos graves). Hechos que sin duda alguna, viven en la memoria de todos los mexicanos.

¿La  consecuencia? un óptimo caldo de cultivo para la paranoia colectiva, en donde la desconfianza, es protagonista.

Si existen traumas psíquicos en lo individual, ¿por qué no pensar en lo colectivo? ¡tiene lógica!, los habitantes de este país en su conjunto, padecen de severos traumas que los han convertido en un grupo social evidentemente desconfiado, con una férrea postura defensiva. Lo interesante es determinar si su actuar es justificado o no.

Es innegable, que la sociedad mexicana, ha sido herida por demasiadas malas acciones y decisiones de parte de quienes nos gobiernan.

Recordando las palabras del presidente Enrique Peña Nieto hace unos días, en su visita a la Riviera Maya, Quintana Roo:

A veces pareciera que no quisiéramos o nos negáramos a reconocer los avances y a registrar las buenas noticias, estamos en búsqueda de ellas, y cuando las tenemos frente a nosotros pareciera que no las vemos” (…).

Está claro que al mismo presidente Peña le indigna la paranoia social y la denuncia a los cuatro vientos, pero todos sabemos que la cura para que la sociedad pueda recobrar la credibilidad, el optimismo, la confianza y la certidumbre, es en resumidas cuentas, la tan ansiada justicia social, cuestión, que es suma de voluntades de muchos frentes.

Dicha paranoia colectiva, juega indudablemente, un papel importante en la actual carrera electoral, en la mayoría de los ciudadanos, abunda un hartazgo generalizado por las acciones proselitistas y las votaciones y los partidos políticos lo saben; por lo que nunca antes habían tenido que pagar precios tan altos por sus malas acciones.

Por otro lado, qué pasa si no sólo consideramos la paranoia “negativa”, sino, la paranoia “positiva”, refiriéndome a los numerosos casos de personajes controversiales que se han visto involucrados en situaciones extremas, que han causado ecos inusitados dentro y fuera de nuestro país, considerados por algunos como “héroes; desde el plano social hasta el periodístico o humanitario, han sido sólidamente defendidos y apoyados; por mencionar algunos: el conocido líder de las autodefensas en Michoacán, José Manuel Mireles preso en algún lugar de Sonora, los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y sus familias, la periodista Carmen Aristegui o el Padre Solalinde, defensor de los migrantes.

El poder de la gente es su expresión en las redes sociales, y es a mi pensar, un desahogo legítimo.

Nunca hay que olvidar que a toda acción, una reacción, después de todo, estoy segura, que en algún momento de nuestras vidas, cada uno de nosotros ha sido un “paranoico”.

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Referencias:

http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=paranoia

http://es.wikipedia.org/wiki/Pobreza_en_M%C3%A9xico

http://www.milenio.com/politica/EPN_avances-EPN_buenas_noticias-EPN_turi...

Fecha: 
Lunes, 04 de Mayo 2015 - 18:00
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Un “Like” no es un Voto

El efecto multiplicador de las redes sociales se logra generando contenidos de calidad con el que los usuarios deseen interactuar.

Iniciaron las campañas políticas en todo el país y con ellas la obsesión de los candidatos y sus equipos de campaña de obtener el máximo de Likes en sus páginas de Facebook y seguidores en sus cuentas de Twitter.

Pareciera que la meta es cuantitativa y no cualitativa. ¿Quién tiene más likes? ¿Quién sube más fotos de sus recorridos, visitas al mercado y apretones de mano? ¿Quién hace más posts en su twitter? Esta obsesión por la cantidad, es alimentada por algunos medios de comunicación que publican análisis (bastante superficiales) del uso de las redes sociales por parte de los candidatos, destacando a aquellos con números brutos mayores (likes en su página y seguidores en twitter).

Es un hecho que la comunicación en medios digitales ya es clave en una campaña política para hacer llegar el mensaje a los públicos masivos, en especial a los más jóvenes. Rápidamente, las redes han dejado de ser un medio para acceder a mercados de nicho, para convertirse en una forma de acceso a grupos de todos los niveles socioeconómicos, culturales y de intereses muy diversos.

Sin embargo, en las redes sociales la cantidad no es igual a calidad y está demostrado que un Like de Facebook no es igual a un voto el día de la elección. O sea que meterle mucha lana a las campañas de likes, no garantiza ningún resultado.

Cuando un usuario decide seguir la página de Facebook de un candidato o seguir su cuenta de twitter, no está diciendo que votará por él, lo único que está haciendo es mostrar un grado de interés por escuchar el mensaje.

A partir de ese like a la página de Facebook o el follow a la cuenta de Twitter, el usuario se convierte en una oportunidad para hacerle llegar mensajes que sean de su interés y de convertirlo en un multiplicador de los mismos. Es por ello que una publicación dentro de una cuenta con 20,000 seguidores, que logra sólo 100 likes, 50 comentarios y 5 compartidos, tendrá mucho menor impacto que una publicación que logra 500 likes, 200 comentarios y 300 compartidos, aunque la cuenta que lo publica sólo cuente con 10,000 seguidores.

Este efecto multiplicador se conoce como alcance orgánico y se logra entendiendo lo que los seguidores quieren escuchar y generando contenidos que los usuarios consideren que tienen el valor suficiente como para hacer comentarios personales sobre los mismos (reply o comentar) o incluso compartirlos (retweet o compartir) con sus comunidades digitales.

Los candidatos, jefes de campaña, agencias de comunicación digital y medios de comunicación, deberían poner más atención en este tipo de comportamientos y no sólo privilegiar el crecimiento de supuestas audiencias que al final terminan por no atender los mensajes, no interactuar con ellos, no multiplicar su efecto y no generar interés e intención de voto.

Por supuesto que lo ideal es una comunidad digital grande en la que la mayoría está interactuando de manera activa. Pero también es recomendable una comunidad modesta con gran involucramiento.

Al final, los medios digitales son una herramienta más para dar a conocer los productos políticos, las ideas, los valores, las personalidades y los proyectos. Y esto debe estar alineado con el gran objetivo del candidato y su campaña que es obtener los suficientes votos para ganar la elección.

Fecha: 
Miércoles, 22 de Abril 2015 - 16:00
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Música en Línea: Streaming y Spotify

Según Wikipedia, streaming  es la distribución digital de multimedia a través de la red de manera que el usuario consume el producto, generalmente archivo de video o audio, en paralelo mientras se descarga. El streaming se refiere a una corriente continuada, que fluye sin interrupción y se contrapone al mecanismo de descarga de archivos, que requiere que el usuario descargue por completo los archivos para poder acceder a su contenido.

Esta nueva tecnología ha liberado importantes posibilidades a las industrias del video y la música, azotadas por la piratería y los altos costos de la industria. El streaming está cambiando los modelos de negocios de la industria del entretenimiento de manera acelerada, y dando respuestas más satisfactorias en materia de precios y acceso a contenidos a los consumidores.

El triunfo del streaming en la música

Según la industria de la música, el año pasado fue el peor año en la venta de discos físicos, y uno de los mejores en crecimiento del consumo de la música por streaming.
El año pasado, las ventas de álbumes físicos cayeron 10%, y lo mismo ocurrió en 2013. Sólo cuatro álbumes obtuvieron el “disco de platino”:

  • 1989 de Taylor Swift.
  • La banda sonora de la película Frozen.
  • In the Lonely Hour de Sam Smith.
  • That's Christmas to Me de Pentatonix.

Estos datos dejan en claro que el modelo tradicional de vender discos llegó a su fin, y que el mercado está listo para recibir nuevas propuestas.

Spotify

Dentro de esta nueva manera de consumir música, destacan dos jugadores que tienen números impresionantes en crecimiento: Pandora y Spotify. Pandora es el líder en este sector con 70 millones de usuarios activos, pero acosado muy de cerca por Spotify.

El servicio de venta de música en línea basado en la tecnología streaming,  Spotify, tiene actualmente 60 millones de usuarios, de los cuales 16 millones pagan suscripción al mismo. Las suscripciones a este servicio crecieron de 2013 a 2014 en 181% y en 522% en el caso de las suscripciones Premium, para llegar a 15 millones de usuarios de este tipo a inicio de este año. Los datos muestran que en tan sólo dos años sus membresías se ha triplicado.

Conclusiones

La tecnología streaming cambia la forma de hacer negocios y consumir la música en el mundo. Su gran ventaja es que todos ganan con este nuevo modelo: la industria evita la piratería, que tanto daño les ha hecho y abarata sus medios de distribución usando Internet; y los consumidores obtienen mejores precios y mayor flexibilidad para consumir la música de su interés.

Spotify ha aprovechado, al igual que Netflix en el caso de las películas, las oportunidades tecnológicas para cambiar la industria del entretenimiento. Y creemos que el impacto no se quedará ahí. Seguramente la industria editorial entrará pronto a este tipo de modelos, como lo deja ver actualmente el servicio de Flipboard.
Así que esperemos más cambios, donde el centro de los mismos es el uso de la tecnología para ofrecer mejores condiciones para los consumidores, pero también mejores posibilidades para que la industria del entretenimiento.

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Martes, 21 de Abril 2015 - 17:30
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Redes (Anti)Sociales

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo sólo tendrá una generación de idiotas”. Albert Einstein.

Tenía meses queriendo escribir sobre esto, pero ya saben, que si el trabajo, que si la falta de tiempo, que si el cansancio, que si los pretextos. Pero hoy por fin me he decidido.

Como comunicólogo a veces parece incongruente que no haga uso de las redes sociales. Critico demasiado a los que viven inmersos en ellas como si de ello dependiera su vida. No saben cuántas discusiones he iniciado por el tema y, por supuesto, siempre salgo con alguna mentada de madre. Pero es que la verdad no puedo con ésto. Entiendo que estamos en tiempos de tecnología y que ésta avanza diariamente, que es importante y necesaria, que nos hace la vida más fácil y que la información se vuelve accesible para todos. Pero hay una enorme diferencia entre el uso de tecnología y la enajenación por la misma. Y eso es justo lo que nos está pasando.

Mucha gente fatalista habla de una “conspiración” mundial ejercida por las grandes empresas y gobiernos para mantener a la sociedad en un bajo perfil para poder aprovecharse de ella y seguir manteniendo un control. No estoy de acuerdo con la teoría, sin embargo sí creo que la misma sociedad se ha encargado de auto idiotizarse con el uso excesivo de la tecnología.

Es cierto que en nuestros días es importante ser localizables y estar comunicados todo el tiempo. Los smartphones son una herramienta que se ha hecho casi indispensable, sobre todo para quienes trabajamos y necesitamos estar en contacto con clientes, proveedores, etc. Pero hemos caído en el abuso y llegado al extremo de la pateticidad.

Las redes sociales han hecho de la comunicación y socialización algo verdaderamente de lamentar. Hoy parece que para ser alguien importante, aceptado o influyente debes pasar la mayor parte de tu tiempo atrás de una pantalla publicando lo que haces de tu vida (que es nada en el momento que vives en las redes) y esperando la aprobación de los demás. Parece increíble, inaceptable e imperdonable el no contar con perfil en al menos una de todas las redes existentes.

Y no trato de satanizarlas ni mucho menos. Hasta celebro la importancia que tienen o han tenido en algunas situaciones. Gracias a ellas se logran dar noticias de forma directa e inmediata. Ha sido por medio de las redes que se han organizado movimientos como el que ayudó a la toma de conciencia y liberación en Egipto. Por medio de Facebook se han realizado grandes campañas publicitarias, campañas sociales; han ayudado al crecimiento de las micro y pequeñas empresas e incluso han servido para el rencuentro de amigos y familiares perdidos que de no ser por estos medios no se habrían vuelto a ver nunca en sus vidas.

Esto lo acepto y hasta lo puedo admirar. Pero lo que no entiendo es que la gente desperdicie todo su tiempo en ello. ¿Qué en verdad a alguien le importa si el perico de quien sea dijo una nueva palabra, si el tipo del coche de al lado se saca el moco mientras maneja, si el compañero de alguien se queda dormido en clase o en el trabajo o si la forma del cereal que se comieron en la mañana parece la cara de algún conocido? Porque estupideces como esta son las que en realidad se publican en la mayoría de los perfiles. La gente no pierde oportunidad para sacar su teléfono y gritarle al mundo cualquier tontería. Hemos llegado al punto en que la privacidad está cayendo en decadencia por privados que sean los perfiles de cada uno (valga la rebusnancia). Y lo peor de todo es que los que viven en estas comunidades han caído en un estado de egocentrismo tan grande que creen que tienen la verdad absoluta de todo y atacan a quienes no están de acuerdo con ellos. Ese caso lo vimos con las pasadas elecciones, donde lo twiteros y facebookeros atacaban a Peña Nieto y López Obrador de manera fulminante y quien se atreviera a defenderlos podría casi sufrir un destierro mediático.

¡Como si en verdad representaran una mayoría!

Pero este no era mi punto. El tema aquí es la falta de comunicación en los Tiempos de la Comunicación; el aislamiento en los tiempos de las mal llamadas Redes Sociales.

Todos hemos estado en alguna comida, fiesta o reunión en la que más de uno se aparta de los presentes para clavar la nariz en su teléfono. Antes era molesto que en medio de una plática sonara el celular de alguien ¡pues ahora lo hace segundo a segundo! La gente no puede estar apartada de su Twitter, Facebook o WhatsApp un solo momento. Teclean cientos de letras por minuto compartiendo con los que no están con ellos si la fiesta está aburrida, si alguien llegó con tal persona, si el grupo que toca suena bien o si los hielos del chupe no duran. Comparten todo, platican todo, pero si alguien que está con ellos le pregunta cualquier cosa se limitan a contestar (después de varios segundos de procesar las palabras) “eeeh… ¿mandeee?”. Están completamente idiotizados, no se enteran de lo que pasa a su alrededor, si caes muerto junto a ellos en ese instante ni cuenta se dan.

Llega un momento en toda reunión en el que todos los presentes están metidos en sus teléfonos, no se hablan entre ellos, no se voltean a ver, incluso hay veces en que aún estando en la misma mesa se comunican por mensajes. Y, por supuesto, si te atreves a pedir que dejen los celulares puedes sufrir graves daños físicos y emocionales. Pregunto ¿si no quieren estar en una fiesta para qué van? O si prefieren estar en sus celulares ¿no sería mejor que se queden en sus casas chupando y publicando en sus perfiles? Al menos ahorrarían una lana.

Tal vez no soy el más autorizado para hablar de socializar, pero aún con todo lo antisocial que soy, es indignante estar en una reunión rodeado de personas que no piensan, que no opinan, que se les acaba el mundo cuando se quedan sin batería.

Es increíble preguntar a alguien por algo interesante porque ya no tienen nada que decir, pedir una opinión porque no la tienen, ya no se diga preguntar qué es lo último que leyeron porque (a menos que sea una mujer y “50 shades of Grey”) eso es prácticamente un insulto. Pero si quieres saber cuál fue el trending topic de la semana o quién cortó con su novio, estos entes son las mejores fuentes de información.

En fin, que esta sociedad ya de por si en decadencia, se acerca rápidamente a su fin.

Publicado desde mi iPhone (…)

Autor:

Fecha: 
Viernes, 17 de Abril 2015 - 18:00
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Democracia internetiana

La aparición de la Internet ha venido modificando la realidad política alrededor del mundo.

Barack Obama ganó la presidencia estadounidense en 2008 gracias al uso inteligente que hizo de las redes sociales para ampliar el número de sus seguidores, estar en contacto permanente con ellos, transmitir mensajes, generar trending topics y obtener financiamiento para su campaña. Hay analistas que aseguran que el triunfo del entonces inexperto senador por Illinois solo se explica por el uso inteligente que él y su equipo hicieron de la red social Twitter.

La caída del dictador egipcio Hosni Mubarak a principios de 2011, durante la llamada Primavera Árabe, se debió en gran medida a los millones de textos e imágenes que se transmitieron por las redes sociales desde los lugares mismos en donde los ciudadanos se manifestaban en su contra y las fuerzas del orden los reprimían. Twitter fue un factor clave para derrocar en cuestión de semanas a quien gobernó con mano de hierro durante 30 años.

En México, el ganador de la elección presidencial de 2012 se definió, en parte, en el ciberespacio. Ganó el candidato que más seguidores verdaderos logró atraer a sus cuentas en Facebook, Twitter y YouTube, el priísta Enrique Peña Nieto. Un dato, los videos en YouTube que más fueron vistos de principio a fin fueron precisamente los del exgobernador del Estado de México.

Los casos de Obama y Peña Nieto indican la importancia que tienen la Internet y las redes sociales para lograr que un candidato obtenga la victoria. El caso de Mubarak muestra como un gobierno autoritario como el que él presidió puede desmoronarse gracias a la acción colectiva de miles de ciudadanos interconectados por Twitter.

En pocas palabras, la Internet está modificando la relación entre los ciudadanos y sus gobernantes sin que nadie hasta ahora sea capaz de predecir hasta dónde y como se transformará dicha relación.

Por ejemplo, en el sitio change.org cualquier persona puede iniciar una campaña a favor o en contra de determinada idea, causa, organización o persona y, si ésta es lo suficientemente atractiva, sumar adeptos a su campaña. En su sitio, change.org se presenta como “la plataforma de peticiones más grande del mundo, nuestra misión es empoderar a las personas para que generen el cambio que quieren ver. Somos más de 70 millones de usuarios en 196 países, en los que todos los días personas como usted usan Change.org para transformar sus comunidades en lo local, nacional e internacional”.

Entre las campañas iniciadas en México a través de change.org figuran la exigencia de que Carmen Aristegui regrese a MVS Noticias (222,260 adherentes), la de que se le retire el registro al PVEM (80,628 adherentes) y la de que renuncie Enrique Peña Nieto (85,835 adherentes). Los números obtenidos por cada campaña representan un porcentaje minúsculo del total de los adultos de nuestro país pero conforme change.org tenga más seguidores aumentará su poder para promover cambios cada vez más substanciales.

Change.org y sitios similares en la red de redes están contribuyendo a que la democracia se vuelva más directa, en donde los ciudadanos necesiten cada menos a los llamados “representantes populares”.

Estamos presenciando el nacimiento de la democracia internetiana que liquidará mucho de la democracia decimonónica que cada vez es más disfuncional.

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Fecha: 
Martes, 14 de Abril 2015 - 12:00
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Hoy nadie se salva

El número de usuarios de teléfonos celulares inteligentes o smartphones en nuestro país ha crecido de manera impresionante durante los últimos años.

De acuerdo a datos publicados en www.statista.com, en 2011 había 8.9 millones de usuarios de smartphones en México. Un año después eran 18.4 millones. En 2013 la cifra llegó a 27.2 millones y a 33.3 millones en 2014. Este año se espera que sean 40.4 millones de mexicanos quienes los usen.

Lo anterior indica que cada vez más mexicanos -uno de cada tres- obtenemos gran parte de la información que requerimos a través de nuestros teléfonos inteligentes y tabletas. Nos enteramos de lo que nos interesa utilizando diversas apps, entre ellas las de las redes sociales, o el navegador de nuestros dispositivos móviles.

Además, nuestros smartphones y tabletas no solo nos permiten el acceso a la información sino que nos dan la capacidad de generarla y dispersarla por el Internet. A través de redes sociales como Twitter, Facebook y YouTube podemos diseminar videos, fotografías, documentos, textos y cualquier material que nos venga en gana, con la seguridad de que alguien, tarde o temprano, lo verá y que mientras más interesante sea la información más personas la verán.

El crecimiento en el uso de los smartphones explica, en gran medida, la fuerza destructora que pueden tener una foto o un video en donde un personaje público aparezca cometiendo un acto indebido o en una situación embarazosa.

Por ejemplo, en 2009 se difundió a través de YouTube un video en donde el entonces presidente municipal de Metepec, Estado de México, el petista Oscar González Yáñez, en completo estado de ebriedad se enfrentaba verbalmente contra policías que detuvieron el vehículo que conducía. La borrachera de quien ahora es diputado local mexiquense por el PT no trascendió gracias a que hace seis años no existían muchos usuarios de dispositivos móviles ni suscriptores de las redes sociales que hoy tanto influyen sobre la opinión pública.

Solo cinco años después, en agosto de 2014, Jorge Alberto Villarreal fue obligado a renunciar al cargo de coordinador de los diputados del PAN y Alejandro Zapata Perogordo perdió la oportunidad de ganar la candidatura panista a la gubernatura de San Luis Potosí después de que ambos aparecieran acompañados de prostitutas en un video grabado en una fiesta que en enero del año pasado se celebró en una lujosa mansión de Puerto Vallarta, Jalisco. El video fue difundido a través de las redes sociales, donde los comentarios de millones de tuiteros y facebookeros los hicieron pedazos.

Al igual que hicieron pedazos al recién renunciado director general de la Comisión Nacional del Agua, David Korenfeld, después de que uno de sus vecinos publico en Facebook las fotos que tomó del entonces influyente funcionario subiéndose con su familia a un helicóptero de la CONAGUA que los fue a recoger a su casa en Huixquilucan para llevarlos al Aeropuerto de la Ciudad de México de donde viajaron hacia Vail en un vuelo de Delta Airlines.

Insisto: las redes sociales y la facilidad de subir cualquier fotografía, video, audio o documento desde un dispositivo móvil para que sea visto en cuestión de segundos por millones de usuarios de móviles inteligentes han cambiado las reglas del juego para quienes son considerados, de alguna manera u otra, personas públicas.

Hoy nadie se salva de que alguien lo capte en lo que pudiera ser un mal momento. La vida privada ha dejado de serlo y más para quienes de alguna manera viven del público, sean políticos, periodistas, artistas o deportistas. Las redes sociales han demostrado ser capaces de arruinar reputaciones y carreras.

Hoy nadie se salva y muchos parecen no entenderlo.

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Fecha: 
Lunes, 13 de Abril 2015 - 12:00
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Chusma digital

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española define así las siguientes palabras:

1. Chusma: Conjunto de gente soez, muchedumbre de gente vulgar, persona chismosa y entrometida; persona de modales groseros y comportamiento vulgar.

2. Soez: Bajo, grosero, indigno, vil.

3. Vulgar: Que es impropio de personas cultas o educadas.

4. Grosero: Descortés, que no observa decoro ni urbanidad.

5. Chismoso, sa: Que chismea o es dado a chismear.

6. Chisme: Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna.

Todas estas definiciones vienen a mi mente cuando leo algunos de los mensajes que recibo cotidianamente via Twitter o Facebook, Mensajes que provienen de la chusma digital conformada por personas soeces, vulgares, groseras y chismosas que han sido empoderadas por las redes sociales para manifestarse libremente a favor o en contra de ideas, organizaciones y personas.

Estoy totalmente a favor de que cualquier hombre o mujer se exprese libremente sobre cualquier asunto. Después de todo, la humanidad ha luchado durante miles de años para poder disfrutar del derecho a la libre expresión y las redes sociales definitivamente han hecho realidad ese derecho.

Con lo que no estoy de acuerdo es que al expresarse por medio de Twitter, Facebook o cualquier otra red social muchas personas insulten, descalifiquen y hasta amenacen con lastimar físicamente o matar a quienes no piensan igual que ellas.

Ahora bien, no me extraña que en México esto ocurra. Después de todo, la inmensa mayoría de los mexicanos ha sido obligada a adquirir sus conocimientos en la escuelas públicas y privadas que forman parte de un sistema educativo que nunca ha enseñado a los estudiantes a pensar, analizar, reflexionar y debatir. Un sistema educativo desde siempre fallido, propio de un país subdesarrollado, tercermundista y corrupto como el nuestro.

La chusma digital que tanto vulgariza las redes sociales mexicanas se mantendrá mientras el sistema educativo no tenga los niveles de calidad que se registran en Shanghái, Singapur, Hong Kong, Taipéi, Corea, Macao, Japón, Liechtenstein, Suiza, Holanda, Estonia o Finlandia, que son los 12 países cuyos niños de 15 años de edad obtuvieron en 2012 las mejores calificaciones en el examen PISA que la OCDE aplica en 65 países. Y en muchos otros países con sistemas educativos que sí educan.

En conclusión: la chusma digital mexicana seguirá reduciendo a su mínima expresión el nivel del debate que se da en las redes sociales durante por lo menos 30 años más. Lo anterior, suponiendo que a partir de mañana mismo el sistema educativo de nuestro país adquiriera las características de los 12 países arriba anotados.

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Fecha: 
Miércoles, 18 de Marzo 2015 - 12:00
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