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psicología

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La tragedia

¡Harto!... las mismas noticias con diferentes personajes, la misma historia en diferentes momentos; la moda se repite, las emociones se contagian, el tráfico persiste, y la tierra vuelve a girar; otra vez el equinoccio de primavera, rituales para cargarse de energía, nacieron quintillizos, muere luchador en el rin, explota toma clandestina en ductos petroleros, periodistas despedidos arbitrariamente, ataque a la libertad de expresión; casi da lo mismo hojear el periódico del 20 de marzo de cualquier año, es prueba de ausencia de evolución, la historia se repite, porque nuestra condición humana también se repite.

Política, economía, corrupción, poder y pasiones; creyendo ser sólo observadores, somos en realidad actores circunstanciales de reparto en el teatro de la vida colectiva de nuestro país, a veces protagonistas ciegos que no hacemos más que repetir un libreto incomprensible a cambio de una palmadita del ejecutivo. Se pierde entonces el efecto pedagógico de la tragedia mexicana, desaparece la mímesis y la catarsis, y tarde o temprano cada quien se convierte en el dramaturgo de su propia epopeya.

Todos contra todos en la familia, pretendiendo unidad, pero arrebatándonos o negociando posiciones y derechos. Todos contra todos en la sociedad, acumulando poder lícita o clandestinamente, finalmente sólo leales a nosotros mismos, protegiéndonos de los fantasmas del futuro, donde la única y última ética se fundamenta solo en la percepción de la supervivencia individual en un contexto colectivo. Y todos contra todos en el mundo, abandonados al vacío de nuestra soledad universal, buscando el sentido de nuestra existencia.

¿Qué hemos aprendido?... ¿tolerancia?, ¿respeto?, ni siquiera somos autónomos frente a la seducción del poder, somos súbditos de nuestras pasiones, lacayos del miedo, marionetas de nuestras emociones… y pregonamos libertad... ¡Vaya engaño!

¿Crees que exagero?, continuamente se repite la puesta en escena de la tragedia, desde que la inventaron los griegos; es la historia y profesía de las civilizaciones, y así permanecerá mientras no podamos quebrantar la paz del statu quo. Eso... sólo se logra en el interés individual, aunque es inútil si no permea al interés general. Justo es ahí donde estamos atrapados; poco ponemos atención en crear el interés general, y cuando lo hemos intentado, el tiempo no ha sido suficiente; el cambio de paradigma debe ocurrir en la misma generación, cada generación tiene su propio statu quo. Si no lo logramos, entonces regresamos a la supervivencia individual, a nuestra soledad ontológica.

Basta poner las manos sobre el volante del auto para que emerja el hombre verde henchido de prepotencia, el individuo solitario tratando de abrirse paso en la jungla de asfalto, peleando con la maleza de autos en una carrera contra el tiempo; o que sienta el yugo del poder para que se convierta en el dócil y servil minino restregándose y ronroneando por una caricia. Ahí está nuestra sociedad, en el estado intermedio infinito entre Hulk y el lindo gatito, ideando siempre la forma de tragarse al Piolín. La ironía de la tragedia, es que todos desempeñamos cada uno de los roles circunstanciales que nuestra condición humana nos permite; todos somos el héroe y el villano, el sancho y la dulcinea.

Sergio Manuel Martín Gamboa

El Navegante

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Fecha: 
Martes, 14 de Abril 2015 - 14:15
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