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psicología

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¿De quién es MI planeta?

“Tomé al cachorrito con mis manos, entró a la casa sin permiso –reflexioné-, su lugar era el jardín”. Se coló por entre la malla. Recuerdo que lo tomé y bajé mi brazo hasta donde pude, la malla me llegaba arriba de la cintura –en el último momento pensé en darle un escarmiento- lo solté con fuerza hacia el piso… Lo que vi después fue una marca en mi vida: el perrito se arrastraba y gemía lastimosamente… Poco después murió.

Cuando sucedieron estos hechos yo estaba sola en la sala, estudiaba para un examen y mi familia dormía –serían las doce de la noche-. Al otro día explique lo sucedido a mis papás, omitiendo la mala intención que acompañó a mi acción, con el paso del tiempo “olvidé” estos hechos. Tendría aproximadamente quince años.

Cuando nuestras acciones son tan graves nos dejan mal parados ante nuestros propios ojos, nuestro yo ideal se ve afectado y es normal querer olvidarlas. Sepultarlas pareciera una buena opción para seguir con nuestra vida. Sin embargo, con el paso del tiempo se convierten en miedos invisibles, fantasmas que nos atrapan sin poderlos evitar.

Durante muchos años los perros me daban pánico. Cuando me tropezaba con ellos les daba la vuelta, en la calle e incluso en las casas. Era capaz de rodear toda la cuadra con tal de esquivarlos. Sí, parecía una jovencita desequilibrada. ¿De dónde vino ese miedo? No lo sabía, solo sentía el TERROR que me invadía al verlos.

Este recuerdo lo tuve almacenado MUCHO TIEMPO en lo profundo de mi alma. Hasta que un día lo recordé y, desde entonces, el perrito está presente en mi corazón.

TODOS los seres tenemos nuestra propia dualidad –Ying/Yang-. Si supiéramos manejar nuestras capacidades y calcular el alcance de nuestras acciones viviríamos en paz. La psicoterapia ayuda a traer a la luz esos recuerdos guardados en la parte obscura de nuestra alma. Comprenderlos e integrarlos desde una nueva perspectiva, que nos permita sanar esa parte lastimada.

Con los años llegó a mi vida una perrita, Meg. Era FANTÁSTICA, amorosa, casi obediente, bella, bella, ¡BELLA!… Sí, en una palabra me enamoré de ella. Al convivir tan de cerca con Meg pude observar, comprender y DEJAR DE TEMER a los perros. Me cuidaba. Hacía fiestas cuando me veía llegar… ¡Era FABULOSA!

Se teme lo que no se conoce, más aún cuando tenemos culpas, pues esperamos nuestro castigo, aún cuando hayamos sepultado la causa de ello. De acuerdo a algunas filosofías orientales, cuando se hace un daño, hay que compensarlo devolviendo bienestar al ser dañado o a otro ser, en caso de no poder hacerlo directamente.

Meg fue mi inspiración, porque al quererla a ella empecé a observar a todos los animalitos, a darme cuenta que si bien el mundo es de todos, también es de cada uno de nosotros. Entonces dije: ¡EL MUNDO ES MÍO! Es de cada perrito, pajarito, elefante, serpiente, pez, delfín, águila…

¡¿QUÉ HE HECHO POR MI MUNDO?! He pisoteado plantas, las he usado de basurero, he tirado basura en la calle, lastimado animalitos, desperdiciado agua, he sido impositiva, intransigente con quienes me rodean, he maltratado a mi cuerpo, ignorado a mi pareja. Muchas veces me he convencido a mí misma: “TENGO TODA LA RAZÓN”, aún a sabiendas que sólo me asiste parte de ella…

Finalmente, he comprendido que la OMISIÓN también cuenta, el EJEMPLO enseña, la ARMONÍA se comparte, la PAZ se VIVE y el AMOR SE DA…

 

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Miércoles, 27 de Mayo 2015 - 17:30
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Trastorno: Breve testimonio del trastorno bipolar

Para Mauricio y Gonzalo,
por su gran apoyo, durante tanto tiempo

En mayo de 2008 me traté de suicidar (los próximos días se cumplirán siete años de aquel suceso). Desde hacía mucho tiempo había soportado el dolor de una enfermedad que había tenido efectos devastadores en mi vida y en la de mi familia cercana.

Después de mucho tiempo de desesperación, mi madre y yo consultamos a un médico tras otro, sin encontrar un tratamiento eficaz. Cada doctor, en lugar de retirar los medicamentos anteriores, agregaba nuevos fármacos, llegando así a acumular nueve pastillas diarias, que debía de tomar varias veces al día. Las drogas me tenían en un estado de artificio, de enajenación.

Ya había intentado suicidarme antes, pero sentía miedo. Aunque la muerte no era el problema, el hecho de morir, sí. En el fondo, nunca quise matarme, sólo quería dejar de sufrir.

Ese último intento de suicidio no fue una decisión consciente. El día que me traté de matar estaba fuera de mí. Había pasado mucho tiempo aplastado en un sillón o recostado en la cama, sin poder moverme, y, al día siguiente, luego de despertar, me sentía pletórico. Un día, invadido por una fuerza torrencial, destruí la habitación que me había prestado mi madre. Hice todo añicos.

En el fondo creí que nunca iba a encontrar el equilibrio, ni volvería a ser feliz. Mi angustia se había tornado insoportable. Estaba en Tuxpan y sudaba a chorros. No sé por qué motivo, pero ese calor sofocante me provocaba un terrible desasosiego. Por las tardes me sentaba en la terraza para mirar a los tordos que se posaban en los almendros y el hermoso ruido que provocaban me alteraba. Una tarde, fui en un taxi hasta la veterinaria y compré un bote de garrapaticida. No sé cuántos tragos le di. Sólo sé que unos instantes después, me derrumbé. En los días que siguieron, tuvieron que provocarme un coma artificial, fui conectado a un respirador, padecí fiebres muy altas y fui desahuciado. Pero como tardaba en morir, mi madre decidió trasladarme a un hospital de la ciudad de México, para ver si allá podían hacer algo más. Después de una reunión médica, un sacerdote acudió a terapia intensiva, donde yo estaba, para aplicarme los santos óleos. Al desconectarme del aparato que me mantenía con vida, sin que exista una explicación médica lógica, empecé a respirar. Cuando desperté, no tenía una idea muy clara de lo que me había ocurrido.

Hasta entonces, mi vida había sido un intento desesperado por conciliar el desasosiego con la pasión que sentía por la vida.

A los catorce años me trasladé con mi familia de la ciudad de México al puerto de Tuxpan, donde pasé cuatro años. Fue entonces cuando comencé a advertir una variación desmesurada de mis estados de ánimo. Con toda seguridad, se había agravado la ciclotimia (una forma leve del trastorno bipolar) que padecía desde la infancia.

Muchos años después, durante mi maestría, las oscilaciones empezaron a hacerse cada vez más importantes. Sin embargo, mi vida profesional fue en ascenso; era yo un buen asesor de inversiones en bolsa. Tiempo después, empecé a perder el juicio y a comportarme de forma errática.

Buscaba libros de manera obsesiva y angustiante. Regalaba dinero a los indigentes, fuera de las iglesias, arrebatado por la compasión. Escalaba montañas y volcanes, lleno de adrenalina, hasta que casi perdí la vida. Ganaba buen dinero y lo gastaba en abundancia; viajaba por el mundo; y hacía arriesgadas operaciones financieras. Eufórico, decidí proponerle matrimonio a mi novia; le compré un anillo de un precio exorbitante; pedí dinero prestado y compré un departamento; y luego, cancelé la boda; vendí el departamento; invertí el dinero en la bolsa y lo perdí.

Terminé por derrumbarme.

Me tomó muy poco tiempo destruir a la persona que había construido a lo largo de toda mi vida. Tenía treinta y tres años.

Mi jefe y uno de sus socios, con los que yo había trabajado en una casa de bolsa, y con los que ahora trabajaba, me dieron todo su apoyo. Gracias a ellos fui a ver al primer psiquiatra que me realizó un meticuloso diagnóstico. «Usted cicla», me dijo el médico, «usted padece de trastorno bipolar». Esa fue la primera vez que escuché el término “bipolar”, que poco tiempo después se puso de moda, desvirtuando el verdadero significado de la enfermedad. Cuando supo el diagnóstico, mi jefe, aficionado a la fiesta brava, me habló de David Silveti, un torero bipolar al que admiraba y que se había terminado por suicidar de un disparo en la cabeza. A partir de entonces, mientras muchas personas de mi familia y muchos de mis amigos salían de mi vida, ellos decidieron apoyarme, y lo siguen haciendo, hasta ahora.  

El diagnóstico me provocó una gran contradicción. Por una parte, ahora el sufrimiento y el comportamiento errático tenían un nombre y una explicación científica. Por otra parte, a partir de ahora cargaría el estigma que conlleva ser un enfermo mental. Después de hacer conciencia de lo que me sucedía y de las limitaciones que de debería enfrentar, tomé la difícil decisión de renunciar a un trabajo que había hecho durante los últimos nueve años, con muchos esfuerzos, y a una propuesta que se me acababa de presentar, para trabajar en un importante banco, en Miami.

En consecuencia, también abandoné los estudios de doctorado en letras modernas que por aquél entonces cursaba.

Siguiendo los pasos de Antonin Artaud viajé a la Sierra Tarahumara y, luego de pasar algunos días entre los rarámuris, regresé decidido a irme a otra parte, donde nadie me conociera, para empezar de nuevo. Algunos meses más tarde, vendí todas las pertenencias que había acumulado durante muchos años y me fui a vivir a Madrid. Pero en Madrid, a pesar del apoyo que recibí de un amigo, no era capaz de relacionarme con los demás, y pasaba mucho tiempo solo, deambulando por la ciudad, frecuentando un círculo de ayuda para bipolares, entrando y saliendo de las librerías y de los cafés del centro y de Lavapiés. Ni siquiera fui capaz de hacer la fila para registrarme en las oficinas de migración.

Cuatro meses después, en medio de una gran depresión, regresé a México.

Al día siguiente de mi regreso, invadido por un fuerte sentimiento de fracaso e inutilidad, abrí las llaves del gas de la cocina y, ese mismo día, fui internado en un hospital psiquiátrico. En ese lúgubre sitio, con más parecido a una cárcel que a un hospital, pasé veinte de los peores días de mi vida. No obstante, de alguna manera, el internamiento funcionó.

Salí bastante equilibrado.

Tras aquella experiencia, mi madre buscó la ayuda de un psiquiatra que tenía su consultorio en Coyoacán. Fue el primero en agregar litio al resto de los medicamentos que tomaba. Al principio las manos me temblaban y tenía una muy mal sabor en la boca. Luego me acostumbré al medicamento. Desconozco si el psiquiatra pensaba retirar poco a poco los demás fármacos porque, al cabo de un tiempo, dejé de verlo y me quedé viviendo en una bohemia casa de huéspedes, donde traté de montar una obra de teatro. Además de trabajar en la obra, todas las tardes iba a la Cineteca Nacional o frecuentaba los teatros marginales del barrio. Empecé a volver a sentir un entusiasmo excesivo y me volví expansivo y locuaz. Sentía que era capaz de escribir una obra de dramaturgia genial y que todas las puertas del teatro se me abrirían. Fue entonces cuando fui a ver a un nuevo psiquiatra, un supernumerario de la orden religiosa de los Carmelitas Descalzos. Él empezó a disminuir las dosis de fármacos en mis recetas, con la idea de dejarme al final sólo con el litio. También retiró un ansiolítico del que abusaba con mucha frecuencia. Pasé una temporada muy mala viviendo en un departamento desamueblado que tenía mi madre sobre la Avenida Patriotismo. Dormía sobre un colchón y pasaba el día encerrado, sin ver a nadie. Sólo de vez en cuándo iba en autobús a las librerías de La Condesa, leía durante algunas horas y luego regresaba. Mi mamá me pidió que me fuera a Tuxpan, donde ella pudiera cuidarme, y así lo hice.

En Tuxpan sentía que no tenía ninguna perspectiva de futuro. Además, los medicamentos me provocaban violentas oscilaciones de mis estados de ánimo.

Fue entonces, en medio de ese calor asfixiante, que traté de matarme.

Al cabo de los meses no sabía lo que me había ocurrido; fue mi madre, mucho tiempo después, la que me dijo que me había tratado de suicidar. Los recuerdos fueron llegando lentamente y de manera aislada. Como flashes o fotografías. Nunca agradecí a las personas que me ayudaron durante la hospitalización o que estuvieron cerca de mi madre. No supe cómo hacerlo y me sentía avergonzado. Le di vuelta a la página. ¿Qué otra cosa podía hacer? Nadie se atrevió a hablar conmigo del tema, aunque creo que me hizo falta.

Al salir del hospital, mientras me recuperaba, recibí una propuesta de la Embajada de Francia en México para publicar, en francés, uno de mis textos, por lo que busqué a una traductora que vivía en Bélgica y a la que había conocido en mi adolescencia. Así fue como ella y yo nos hicimos amigos. El estigma no parecía pesarle y no tenía ningún problema con lo que había vivido.  

Ya bastante recuperado, me fui a Guadalajara para abrir un café en sociedad con mi hermano. Desde que salí del hospital no había tomado más medicamentos y me sentía muy bien. Siete meses más tarde abrimos el café y yo empecé a sentir, de nueva cuenta, que mis pensamientos se aceleraban. Dormía poco, estaba lleno de proyectos, ideas y creatividad. Le llamaba por teléfono a mi amiga de Bélgica y me empecé a enamorar de ella. Mi hermano me llevó a ver a otro psiquiatra que me dio litio y Seroquel (un potente antipsicótico). Esta combinación funcionó muy bien y volví a sentirme estable, otra vez.

Por aquel entonces la mujer que vivía en Bélgica se había separado de su marido, de manera que yo le propuse trasladarme a Bélgica, con el propósito de que intentáramos comenzar una relación. La idea era descabellada, pero decidí llevarla a cabo. Eso implicaba dejar el café para el que tanto habíamos trabajado mi hermano y yo. Cuando se lo comuniqué a mi madre, ella se lo dijo a otros miembros de la familia, pero  algunos pensaron que se trataba de otro episodio de manía más. Cuando tienes una enfermedad como ésta, casi nadie vuelve a creer en ti. Pero mi madre decidió apoyarme. Ella y yo sabíamos que teníamos que hacer cualquier cosa por buscar mi felicidad. Nunca hablamos de la posibilidad de volver a fracasar. Mi madre, que hablaba muy bien el francés, empezó a darme clases por las tardes.

Me trasladé a Bélgica, a la ciudad de Mons.

Veinte días después encontré trabajo en como profesor en una universidad. Fui a vivir con mi nueva mujer y con sus hijos. Junto con ella tuve un año muy bueno, en el que viajamos por Bélgica, Holanda, Francia y Alemania. No recuerdo haber ciclado mucho durante todo ese tiempo. El verano siguiente murió mi madre; su muerte provocó un enorme vacío. La enfermedad nos había unido mucho. Fue la única persona que estuvo conmigo en todos y cada uno de los momentos difíciles. Un año después, María Teresa y yo tuvimos un hijo. Ahora hace casi seis años que vivo en este país. Continúo trabajando en la misma universidad. Desde la muerte de mi madre volví a ciclar, por lo que mi vida y la de mi familia está llena de claroscuros, pero he conseguido  mantener una relativa estabilidad que me permite, hasta cierto punto, hacer una vida normal. Las oscilaciones ahora son más suaves que antes.  A pesar de todo, hay días en los que me cuesta mucho trabajo hacer hasta las cosas más simples. Y días en los que no puedo socializar. Otras veces estoy eufórico y, otras, irritable. Nuestra vida es una lucha contra mis estados de ánimo. Pero al menos ahora soy funcional. El camino ha sido largo y espinoso. Sigo el tratamiento, descanso y trabajo. Tengo el apoyo de mi mujer y de nuestros hijos; de mi suegro, mis hermanos y de algunos amigos. Pero es a través de la literatura como mayormente he intentado poner fuera el dolor, lejos, donde no lastime, o donde lastime menos. Algunas veces tengo la sensación de haber dormido durante mucho tiempo y de haber despertado cuando el mundo había cambiado. Es como si me hubiera perdido muchos años de mi vida en los que yo estaba, sin estar.  

El trastorno afectivo bipolar es un trastorno que se origina en el cerebro. Está considerado por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad grave que se extiende a lo largo de toda la vida y que constituye la sexta causa de discapacidad, afectando el bienestar y la calidad de vida de los enfermos y de quienes los rodean. Se caracteriza por pronunciadas oscilaciones en los estados del ánimo, que se manifiestan como episodios de hipomanía o manía, alternados con fases depresivas. Se estima que el 2% de la población mundial padece este trastorno. No existen muchas ayudas gubernamentales para ayudar a los pacientes. En la sociedad existe mucha confusión con respecto al trastorno bipolar, ya que la enfermedad mental está muy estigmatizada y que este término suele utilizarse despectivamente. A diferencia de otras enfermedades mentales, la persona con trastorno bipolar no presenta problemas en la mente. El problema es físico y está localizado en la parte del cerebro que se encarga de regular los estados del ánimo. El desasosiego provocado hace que la tasa de suicidios en este trastorno sea muy elevada.

El escritor estadounidense William Styron escribió en la novela autobiográfica, Esa visible oscuridad, los nombres de algunos artistas caídos (que se suicidaron) por la depresión y el trastorno bipolar: Vincent Van Gogh, Virginia Woolf, Cesare Pavese, Sylvia Plath, Mark Rothko, Jack London, Ernest Hemingway, Paul Celan, Anne Sexton, Segei Esenin, Vladimir Mayakosky… A los que yo agregaría otros más recientes, como el del escritor David Foster Wallace, el del músico Kurt Cobain y el del actor Robin Williams. Pero también el de los millones de rostros anónimos que luchan cada día para vivir con el trastorno bipolar.

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Jueves, 21 de Mayo 2015 - 16:00
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“Madre querida… ¡Soy infértil!” Parte II

Pasamos por exámenes… —molestos, por cierto— pero el deseo de tener al bebé era más fuerte que las incomodidades. Análisis médicos para él, para mí… finalmente, se encontró la causa. Después, continuar con los tratamientos —otra pequeña pesadilla— aunque TODO lo valía. Tenía el deseo, la esperanza de que este peregrinar llegara a feliz término…, con un bebé durmiendo en mi regazo.

Pasaron días, semanas, meses. Empezamos por el tratamiento más sencillo… Hasta llegar al más complejo. Pusimos todo nuestro esfuerzo. Seguíamos las instrucciones de los médicos ¡Hacíamos la tarea MÁS que al pie de la letra! Los comentarios alentadores de los especialistas nos estimulaban para seguir adelante, intento tras intento. Finalmente…, se terminó nuestra esperanza.

En retrospectiva, creo que nos faltó información o tal vez la tuvimos en exceso. Quizá fue la indecisión ¿Qué faltó? Aún no lo sé. Los procesos de fertilización no estaban tan evolucionados como hoy. Hace quince años no existían el número de clínicas, ni los avances, menos aún las facilidades económicas. Era complicado y costoso.

Las pérdidas son difíciles de aceptar, la esperanza es lo último en morir —la persona se aferra a ella lo más que puede—. A veces no se asume la pérdida y, en secreto, se termina preso de ella.

Cuando las posibilidades se acabaron, la ira surgió. El desánimo penetró en nuestros corazones mientras la meta se disolvía. Entre más se alejaba la ilusión, la depresión se iba apoderando de nosotros. Mi esposo se refugiaba en las interminables opciones… Aunque sé que él también sufría… Y mientras ello sucedía, nuestras reservas económicas DISMINUÍAN.

Cuando se pierde la ilusión es común buscar explicaciones. Después llega el enojo y la mirada se agudiza buscando sobre quién descargar la ira. Se entra en una especie de “CÍRCULO DEL FRACASO”: tratamiento-espera-desilusión. Cada tratamiento fallido se convierte en un duelo, es como casi tener al bebé y volverlo a perder. Las emociones son exaltadas por la repetición constante del querer y no poder. La pareja oscila entre la depresión, la ira… la desesperanza.

La constante pérdida, el mal humor, el insomnio, las preocupaciones económicas empezaron a cobrar factura. Me enojaba con frecuencia y mi esposo era el depositario de tanta frustración.

En estas situaciones, generalmente, la atención se centra en la mujer. Sin embargo, la angustia, la tristeza y la depresión se presentan igual para ambos. El hombre tiene sobre su espalda doble carga: apoyar a la mujer para salir adelante, mientras él queda relegado a sufrir por los rincones su propia decepción y desánimo.

 “¡Oh! no, –por fin comprendí- recogeré los juguetes guardados, los vestiditos comprados, juntaré los ensueños envueltos en suspiros y los lanzaré de nuevo al universo… Despertaré y volver a empezar…”

Soy un ser con suerte: Mi pareja, mis papás, mis hermanos, mis amigos. Estoy rodeada de cariño y respeto. Y TENGO algo MARAVILLOSO… MIS SOBRINAS, las amo y ellas a mí… ¡Cuál es la diferencia cuando se AMA EN VERDAD!

A lo largo de la vida se nos presentan infinidad de oportunidades para crecer y resurgir de los momentos de crisis. Escoger: ¡Llorar por lo que NO TENEMOS o DISFRUTAR LO QUE LA VIDA NOS DA!

Foto: mujer.starmedia.com

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Miércoles, 20 de Mayo 2015 - 14:30
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¿Se puede ser feliz?

Ayer vi por primera vez el canal de televisión WOBI (World of Business Ideas), en el 424 de Izzi. Nunca  antes lo había visto aunque sí acostumbro leer la revista bimestral que publica la misma WOBI.

En www.wobi.com, puede leerse que “llegando a más de 16 millones de hogares, WOBI TV presenta los negocios como nunca los has visto. Documentales, reportes especiales, reality shows, y entrevistas con los líderes, emprendedores, y expertos protagonistas del escenario de negocios; las compañías que están cruzando los límites y liderando la innovación; los tópicos más calientes de la agenda de negocios de hoy” y “publicada bimestralmente durante los últimos 17 años, WOBI Magazine presenta casos de estudio prácticos; ideas de vanguardia de los expertos líderes en el mundo, historias de “hacedores” de todos los rincones del planeta”.

Mi primer contacto con WOBI TV fue afortunado porque tuve la oportunidad de presenciar una conferencia dictada por Tal Ben-Shahar, el afamado psicólogo israelí-estadounidense y ex profesor de la Universidad de Harvard especializado en las áreas de la psicología positiva y liderazgo y autor de verdaderos best-sellers como son Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment, Choose the Life You Want: The Mindful Way to Happiness, Being Happy: You Don't Have to Be Perfect to Lead a Richer, Happier Life, Even Happier: A Gratitude Journal for Daily Joy and Lasting Fulfillment, y The Pursuit of Perfect: How to Stop Chasing Perfection and Start Living a Richer, Happier Life. De estos, pueden adquirirse traducciones al español del segundo, Elige la vida que quieres: 101 claves para no amargarse la vida y ser feliz, del cuarto, Practicar la felicidad: Un diario gratificante para tu realización en 52 semanas, y del sexto, La búsqueda de la felicidad: Por qué no serás feliz hasta que dejes de perseguir la perfección.

No he leído ninguno de estos libros pero la conferencia que vi me motivó a hacerlo y ayer mismo descargué la versión Kindle de Happier: Learn the Secrets to Daily Joy and Lasting Fulfillment. Lo leeré y comentaré aquí mismo cuando lo termine.

En el sitio amazon.com puede leerse lo siguiente sobre este libro publicado en 2007:

“¿Puedes aprender a ser feliz? SÍ,… de acuerdo al maestro del curso más popular y transformador de vidas de la Universidad de Harvard. Uno de cada cinco estudiantes de Harvard ha hecho cola para escuchar las perspicaces e inspiradoras conferencias sobre ese estado siempre elusivo: LA FELICIDAD. ¿CÓMO? Basado en el revolucionario movimiento de la ‘psicología positiva’, Ben-Shahar combina de manera ingeniosa estudios científicos, investigación académica, consejos de auto-ayuda e iluminación espiritual”.

¿Qué es lo que me atrajo del breve mensaje de Ben-Shahar que vi en WOBI TV?

Una frase: “él éxito no lleva a la felicidad, pero la felicidad sí lleva al éxito”.

En un mundo en donde conozco a tantas personas exitosas pero infelices, esa frase me llamó mucho la atención.

Pronto les comentaré sobre el libro que ayer empecé a leer.

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Miércoles, 20 de Mayo 2015 - 12:00
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Del bullying que impera en el país

Nuestro país ocupa el primer lugar en casos de bullying en educación básica, ya que afecta a casi 19 millones de alumnos de primaria y secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas, ésto de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (Estudio Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje, 2013, TAILS por sus siglas en ingles) El análisis de la OCDE encuentra que el 40.24% de los niños, en esta investigación, declaró haber sido víctima de acoso; 25.35% haber recibido insultos y amenazas por parte de sus compañeros; 17% haber sido golpeado y 44.47% haber sufrido algún episodio de violencia verbal, psicológica, física o a través de las redes sociales (el llamado cyberbullying). Pero, más allá de estas cifras… veamos algunos ejemplos de acoso escolar que se han dado recientemente en México: El secretario de Educación del Estado de México, Raymundo Martínez, reconoció que en la entidad dos casos de bullying terminaron con la muerte de alumnos, uno en el municipio de Jilotzingo y otro en Atizapán de Zaragoza. Señaló que en ambos casos la Procuraduría General de Justicia del Estado de México está investigando. El primero de ellos ocurrió en agosto de 2012 en el interior de la primaria “Isidro Fabela” de Jilotepec, en la hora de la clase de educación física, cuando Oswaldo J. presuntamente fue asfixiado en los baños de la escuela porque le dieron su “novatada”; al respecto el funcionario dijo que se apoya a la familia de la víctima para que se hagan los peritajes nuevamente, ya que nadie está aún consignado por los hechos. El segundo caso ocurrió el 6 de mayo de 2012 en el interior del salón de clases de la secundaria 574 "Gustavo Baz Prada", cuando un niño, Ricardo, fue baleado por su compañero de nombre Édgar Y, ocasionando su muerte días después en un hospital. Lamentablemente el niño perdió la vida después de haber estado por lo menos cuatro días en coma, dieron a conocer funcionarios del Estado de México. Más recientemente, en julio de 2014: En la escuela secundaria "Carlos Pellicer Cámara", municipio de Emiliano Zapata, Tabasco, se da otro hecho terrible. La víctima era un jovencito con problemas de lento aprendizaje quien fue amarrado de pies y manos con cinta canela para luego meterlo en una jaula; ahí le colocaron ladrillos en la cabeza. En redes sociales circulan videos de otras agresiones similares contra este niño en el salón de clases. La Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia investigan este caso. En la Huasteca Potosina, en mayo de 2014, un adolescente fue hospitalizado tras ser agredido por un compañero de clase de la Secundaria "Pedro Antonio Santos" de Ciudad Valles, San Luis Potosí. Sonia de Santiago, madre de la víctima de bullying, dijo: "Perdió el conocimiento, cuando se levantó dijo que no sabía ni quién era, ese niño (el agresor) había molestado a varios compañeros antes que a mi hijo, pero no les les hacen nada, les tienen miedo pues…". Félix Rodríguez, de 14 años, ingresó al área de Urgencias del Seguro Social. Minutos más tarde se canalizó a Pediatría donde fue internado. Ricardo Gutiérrez, director del IMSS, en Ciudad Valles, dijo: "Se le hizo una tomografía, y se pidio una interconsulta precisamente a neurocirugía para que lo valore, dado su deterioro neurológico". Sus padres ya dieron parte al Ministerio Público para iniciar una investigación judicial contra el presunto agresor. Un dato de tan solo un estado: durante 2014, la Comisión Estatal de Derechos Humanos recibió 38 quejas por violencia estudiantil al interior de diversas instituciones educativas de San Luis Potosí. Más…en mayo de 2014 se difundió en las redes sociales un video en donde una joven de Zacatecas fue acosada por otros tres compañeritos. La menor fue obligada a arrodillarse y pedir perdón por las “ofensas que causó” por publicar “chismes” en una página de Internet, sin embargo, al no hacerles caso, otra joven identificada como “Andrea” la agarra del cabello y la tira al suelo. Uno de los agresores grabó la escena. Otro caso, a menos de dos días de que un menor muriera en Tamaulipas a causa de las agresiones de sus compañeros, una estudiante de la escuela secundaria "Ignacio Zaragoza" ubicada en Chachapa, en el municipio de Amozoc, Puebla, fue agredida por sus compañeras. La joven recibió un golpe en el cuerpo y luego cayó al suelo donde fue pateada constantemente por sus compañeras, ya que al parecer les molestaba que la menor usara lentes; esto ocurrió a unos 100 metros del plantel a mediados del 2014. Hechos similares se producen día tras día en nuestro país y en todo el mundo. ¿Qué está pasando con la agresividad y falta de empatía de nuestros hijos?. Por todos los ejemplos anteriores y mucho más es trascendental que, en el primer fallo de este tipo en el país, la Suprema Corte de Justicia de la Nación amparara a un niño que sufrió bullying en una escuela particular del Estado de México, por lo que se deberán pagar poco más de 500 mil pesos por los daños que sufrió el menor. Según el fallo, el Instituto Universitario Verdad y Ciencia, de Metepec, en el Estado de México, deberá indemnizar a Angélica M., madre del niño afectado. El ministro Arturo Zaldívar dijo que la sentencia, aprobada por unanimidad, es una invitación a las escuelas particulares y públicas del país para que presten atención al acoso escolar. Y es que este fenómeno no puede seguir siendo tolerado y tanto los padres de los agresores como las escuelas deben saber que puede haber consecuencias si no se toman cartas en el asunto. Para los cinco ministros que integran la Primera Sala de la SCJN es urgente contar con deberes claros y definidos para quienes tienen bajo su cuidado a menores de edad, por lo que la sentencia dictada establece recomendaciones específicas para el Estado, para que sea posible identificar, prevenir y combatir el fenómeno del bullying en todo el país. Atención padres y maestros… La recomendación de la semana, un gran lugar para disfrutar la cocina italiana:  L'Osteria del Becco, en Goldsmith 103, en Polanco. Comiencen con unas flores de calabaza rellenas de queso pecorino y ricotta acompañadas de bolitas de parmesano rebozadas. Los risotti son inmejorables, especialmente el de azafrán con puntas de espárragos o el de hongos y trufa negra. Desde luego hay carnes y deliciosos pescados. Los postres, ¡para qué les cuento!. Mi favorito (es un pecado, pero vale la pena) el Tortino di Nocciola, un pastel de avellana y chocolate para chuparse los dedos. En fin, les va a encantar y por supuesto con gran terraza para fumar. Les mando muchos besitos a los niños, esos de los que deberíamos de ocuparnos más.

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Lunes, 18 de Mayo 2015 - 17:30
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“Madre querida… ¡Soy infértil!”

Recorrí la avenida diez, veinte, tal vez treinta veces, no lo sé. El enojo y la frustración me invadían. Las lágrimas caían y ni siquiera podía ver con claridad más allá del parabrisas. No sabía a dónde ir y a mis amigas no las pude localizar. ¿Llegar a casa? IMPOSIBLE… ¿Qué le diría a mi esposo?

Al salir del consultorio sólo escuchaba la voz tajante de la ginecóloga: “Usted no puede tener hijos –­dijo al ver los resultados de laboratorio, sin preguntar más- . La siguiente semana sería el cumpleaños de mi marido y no quería amargarle esos días. Hoy no hablaría con él, de cualquier forma, después se lo diría. Sí, por supuesto, solo esperaría estos días.   

Perdí la noción del tiempo. Había salido de casa rumbo a la consulta a las tres de la tarde y ya pasaban de las diez. Me cansé de dar vueltas, de pensar, de llorar. Era hora de regresar…

En México, el festejo del “Día de las madres” es una celebración importante. En nuestro País, ELLA, es un gran símbolo de amor incondicional, estabilidad y comprensión. Desde pequeñas se nos enseña y desarrolla el amor maternal.

Los días siguientes fueron una verdadera tortura, cuando él llegaba del trabajo yo procuraba estar dormida –o fingía dormir-. Me resultaba difícil mirarlo a la cara sin soltarme a llorar. “NO era el momento”, me recordaba constantemente para soportar la angustia que me invadía el callar.

En esos días de espera mi mente fluía como un torbellino. Las ideas iban y venían, ¿cuál sería su reacción? Él tenía todo el derecho a tener un bebé y, de entrada, yo estaba imposibilitada para ello. Lo mejor es pedirle el divorcio, así podrá buscar otra pareja.

No me atreví a recurrir a mis padres. Sobre todo mi mamá, esperaba ansiosa la noticia de mi embarazo y ¿mi papá?, él sería feliz, feliz, con una noticia así… Lo pensé: Ellos también tendrán que esperar.

Contar con una red de apoyo es importante. La pareja, familiares cercanos y amigos, suelen estar ahí para nosotros cuando enfrentamos circunstancias difíciles. Tener alguien con quien platicar ayuda a aclarar las ideas en momentos amargos.

Pasaron los días, sintiendo el miedo a perderlo y guardando en el fondo de mi corazón la esperanza de que él siguiera a mi lado ¡Por fin llegó su cumpleaños! Al día siguiente me dije: “Ya no puedo esperar más. Llegó la hora, si, hoy es HOY”.

Al verlo trasponer la puerta inmediatamente lo saludé y le pedí que se sentara. Después de preguntarle por su día, le platiqué de mi visita a la ginecóloga y los resultados de la entrevista –sentí que mi corazón explotaría en mi pecho-. Él me miró por un instante, mientras yo esperaba…

Los segundos transcurrían, aproveché su silencio para exponerle mis temores. Ya lo veía siéndome infiel, “mejor nos divorciamos”-le dije-… Me dejó hablar lo suficiente para soltar toda la basura acumulada, producto de mis miedos durante esos días.

Cuando terminé de hablar él me abrazó, -aseguró que tener un hijo por tenerlo no estaba en sus planes. “Claro, quiero tener un bebé, CON-TI-GO, sin ti no tiene sentido… Te quiero a ti, a tu forma de ser, juntos educaríamos a un pequeño haciéndolo un ser feliz” –y continuo- “Además, hoy en día existen MUCHAS opciones para embarazarnos”.

Cuando las personas están en estado de shock todo se obscurece. Las opciones parecen desaparecer y el futuro se torna negro. Sobre todo si está en riesgo algo esencial para su vida. Existen muchas técnicas y procedimientos para apoyar a las parejas con problemas de fertilidad. Algunas posibilidades son el coito programado, inseminación artificial, fertilización in vitro, donación de óvulos y espermas, etc.

¡Tener un bebé! –suspiré, mientras él seguía hablando de opciones interminables-. Fui tranquilizándome poco a poco. Me di cuenta de mi ofuscación, empecé a  sentirme feliz.

¡Él quería permanecer conmigo!, y sus palabras me mostraban una infinidad de posibilidades… ¿Sería posible el embarazo?

Foto: www.actitudfem.com

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Fecha: 
Miércoles, 13 de Mayo 2015 - 16:00
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De 1856 - Nace Sigmund Freud

Sigmund Freud (Príbor, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939) fue un médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.

Su interés científico inicial como investigador se centró en el campo de la neurología, derivando progresivamente sus investigaciones hacia la vertiente psicológica de las afecciones mentales, de la que daría cuenta en su práctica privada. Estudió en París con el neurólogo francés Jean-Martin Charcot las aplicaciones de la hipnosis en el tratamiento de la histeria. De vuelta en Viena y en colaboración con Josef Breuer desarrolló el método catártico. Paulatinamente, reemplazó tanto la sugestión hipnótica como el método catártico por la asociación libre y la interpretación de los sueños. De igual modo, la búsqueda inicial centrada en la rememoración de los traumas psicógenos como productores de síntomas, fue abriendo paso al desarrollo de una teoría etiológica de las neurosis más diferenciada. Todo esto se convirtió en el punto de partida del psicoanálisis, al que se dedicó ininterrumpidamente el resto de su vida.

Freud postuló la existencia de una sexualidad infantil perversa polimorfa, tesis que causó una intensa polémica en la sociedad puritana de la Viena de principios del siglo XX y por la cual fue acusado de pansexualista. A pesar de la hostilidad que tuvieron que afrontar sus revolucionarias teorías e hipótesis, Freud acabaría por convertirse en una de las figuras más influyentes del siglo XX. Sus teorías, sin embargo, siguen siendo discutidas y criticadas, cuando no simplemente rechazadas. Muchos limitan su aporte al campo del pensamiento y de la cultura en general, existiendo un amplio debate acerca de si el psicoanálisis pertenece o no al ámbito de la ciencia.

La división de opiniones que la figura de Freud suscita podría resumirse del siguiente modo: por un lado, sus seguidores le consideran un gran científico en el campo de la medicina, que descubrió gran parte del funcionamiento psíquico humano; y por otro, sus críticos lo ven como un filósofo que replanteó la naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, pero cuyas teorías, como ciencia, fallan en un examen riguroso.

El 28 de agosto de 1930 Freud fue galardonado con el Premio Goethe de la ciudad de Fráncfort del Meno en honor de su actividad creativa. También en honor de Freud, al que frecuentemente se le denomina el padre del psicoanálisis, se dio la denominación «Freud» a un pequeño cráter de impacto lunar que se encuentra en una meseta dentro de Oceanus Procellarum, en la parte noroeste del lado visible de la luna.

Fecha: 
Viernes, 06 de Mayo 2016 - 10:00

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Nepal: El otro terremoto…

El miedo a las réplicas, el deterioro del sueño, la poca comida, la lentitud de servicios médicos y, peor aún, la FALTA DE AGUA POTABLE, sin contar con el DOLOR de la pérdida de los seres queridos, hace complicado y difícil vivir -y sobrevivir- los días siguientes a un desastre natural.

¡Sí!, los mexicanos conocemos de esto, sabemos cuando la tristeza invade el alma, la desolación aparece y el miedo se apodera de nosotros y, junto con la ira, amenaza en convertirse en el siguiente gran terremoto. Entonces todo se obscurece…

Nepal está sufriendo este desastre natural, como es ya conocido. El sábado 25 de abril sacudió a este país un terremoto de 7.8 grados Richter. Las características geográficas de Nepal son en gran medida montañosas, lo cual agrava la situación para que la ayuda llegue de forma fluida a la población necesitada.

La prontitud, eficiencia y sensibilidad con la cual las autoridades actúen en este tipo de situaciones es de vital importancia. Los ciudadanos lastimados, desde todos los ángulos –físico, mental, emocional, espiritual- esperan de su gobierno acciones prontas y específicas para salir de esa pesadilla, que puede convertirse en un infierno de grandes proporciones.

Caminar por la zona de desastre sólo angustia más, hace patente la fragilidad de la vida, de la vida propia y la de quienes amamos. Hoy estamos aquí, mañana quién sabe. El estrés que se vive está al máximo, la alerta constante mantiene la adrenalina al tope. ¡¿Cómo tranquilizarse, si apenas se puede respirar?!

Dicen los estudiosos de la tanatología: es sano vivir la pérdida, pues al procesar el duelo la persona podrá recuperarse con más rapidez. Sin embargo, en estos casos donde las pérdidas se generan con tanta rapidez, se suman una tras otra y los afectados se cuentan por miles, es importante la intervención del estado para que, éstas, sean procesadas de la manera más adecuada para quienes están sufriendo.

 Conforme pasen los días –lo sabemos- la situación se irá agudizando. Enfrentarán desabasto de comida, de medicamentos y se agudizará la ausencia de los servicios públicos básicos  -luz, agua, medicinas-. Por otro lado, las personas seguirán buscando a sus familiares perdidos. Recordemos: más ira, más miedo, más negación y, para estos momentos, la desesperación en sus más altos niveles: la zona del siniestro se vuelve un caos.

El duelo, de acuerdo con Elizabeth Kübler Ross –La madre de la tanatología moderna- son: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Estas etapas se pueden recorrer seguidas o en forma indistinta.  Si tomamos en cuenta estas fases, más la situación de caos dentro del cual intenta reaccionar un país después de un desastre de grandes magnitudes, es comprensible las acciones desesperadas vividas en dichos momentos.

Las imágenes que solemos ver en los medios masivos, de personas entrando a los supermercados a tomar comida, sólo indican la desesperación, y la desesperanza, de quienes están viviendo este desastre.

Por otra parte, muchos desastres naturales nos enfrentan a una angustiosa situación, no tenemos un cuerpo sobre el cual llorar. Si no vemos el cuerpo es más difícil de aceptar la dura realidad. ¿A quién llorar? ¿Y si todavía está vivo? ¿Y si perdió la memoria y anda deambulando por ahí sola y en peligro? ¿Y si está mal herido o inválida y no hay quien cuide de su persona?

Un desastre natural, como su nombre lo indica, es un DESASTRE. En más de un aspecto el país se ve afectado. La población sufre un parálisis gubernamental porque el gobierno muchas veces queda en pausa mientras se organiza y atiende los aspectos más apremiantes, según el caso. También recordemos, al igual que nosotros, los funcionarios son seres humanos.   

En México hemos vivido muchos desastres que nos han impacto hasta fondo del corazón, desde el terremoto del ´85 hasta los huracanes, entre ellos Manuel, en el Pacífico. Los mexicanos hemos contado con una gran esperanza: la SOLIDARIDAD en apoyo de quienes más lo necesitan en esos momentos.  

Nepal es, hoy, un país hundido en la desgracia y requiere tanto de la ayuda internacional como de la individual. Sus pobladores necesitan una mano amiga para sostenerse en medio de tanta tristeza y obscuridad, para respirar ese aire que parece escaparse, cuando nos invade el pesar.

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Jueves, 30 de Abril 2015 - 14:00
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De la pérdida a la culpa

Llegó una persona a terapia–la llamaremos Caridad- y me platicó que, hace como un año, encontró frente a su puerta un perrito pequeño, ella calculó su edad en menos de seis meses. Se quedó pensativa y entonces pregunté: “¿Y cómo está el pequeñín?" Llorosa y compungida, me explicó que, en un arrebato de enojo, lo había regalado a un joven. Caridad, extrañaba a su mascota y lo quería recuperar.

La PÉRDIDA de un ser querido, sin importar de quien se trate, representa una tragedia para quien la vive, un dolor agudo, por el saber que ese ser ya no estará cerca de uno. Toda persona en situación de pérdida vivirá un proceso de duelo cuya intensidad y duración dependerá de la propia persona, de las circunstancias de los hechos, así como de su entorno.

El perrito tenía con ella más de un año y estaba encariñada con él. Lo dejó solo cuando salió a comprar el mandado y se le olvidó sacarlo al patio; al regresar, se encontró con la sala revuelta y sucia. Caridad se molestó mucho y cuando llegó el muchacho a entregarle los garrafones de agua y se puso a jugar con el pequeñín, ella se lo ofreció sin pensarlo.

Esto había sucedió tres días antes. Caridad, estaba muy preocupada pensando si el perrito se encontraba en buen estado, si lo cuidaban adecuadamente. Le pedí que me platicara cómo habían sucedido los hechos, cómo le entregó al muchacho su mascota.

Caridad me explicó que el vendedor de agua le había prometido a su niño de 6 años un perrito y por eso se lo quería comprar desde la ocasión anterior –me confió-. “Ah, ¿entonces, usted ya conocía al joven?”, “Sí”-dijo ella lacónicamente y agregó con un suspiro- “me lo quería comprar y le dije que no”.

“Vamos a ver, Caridad”, expuse mientras le enumeraba los hechos. “Primero, usted ya lo conocía y me dijo que el niño del vendedor de agua estaba interesado en un perrito. ¿En algún momento usted pensó en dárselo al muchacho?”. Sonrojándose me contestó que sí. “Mmm, de acuerdo”, expresé. “Segundo: el joven le propuso darle una paga a cambio del pequeñín, ¿verdad?”.

“Bueno”, continué, mientras Caridad se quedó silenciosa, “si usted le quisiera comprar un perrito a un hijo de 6 años, que en reiteradas ocasiones se lo ha pedido, ¿cómo cuidaría usted a la mascota de su hijo?”. “¡Por supuesto que bien!”, exclamó en voz alta. 

“El perrito tiene, aproximadamente, año y medio de edad, con mucha energía y ganas de jugar, ¿entonces, cómo cree que él puede estar ahora?”, pregunté. “No, pues bien, más aún con el niño, seguro se va a divertir. Yo, rara vez jugaba con él. Estaba todo el día encerrado solito en casa, mientras me iba a trabajar”, comentó ella en tono reflexivo.

Le pregunté mirándole a los ojos: “Caridad, ¿antes de que su perrito hiciera los destrozos, ya había pensado en buscarle otro hogar?”, “La verdad, sí. Me resultaba muy difícil cuidarlo, hacerme cargo de él y…, y…, y ya no podía, me sentía agobiada. ¡Hasta lo regalé!”, dijo soltando el llanto, mientras afirmaba: “Soy una mala persona”.

La sensibilidad y las creencias de cada persona son muy importantes para cada ser. Sin dudarlo las personas sufren cuando sienten que han hecho mal o perjudicado a otro. El sentimiento de CULPA es una carga común, más aún cuando descargamos nuestro enojo sobre seres indefensos, como en este caso, la mascota.

”A ver, explíqueme, Caridad”, le dije, ¿por qué es usted una mala persona? El perrito llegó hasta la puerta de su casa, venía enfermo y usted lo curó y cuidó”, según me había explicado, “después, usted sintió que ya era hora de dejarlo partir y le buscó un hogar adecuado para él, donde será querido y podrá divertirse jugando con un niño pequeño que, seguramente, tendrá los mismos bríos y le aguantará el paso”.

“Entonces su pequeña mascota, brincará, correrá y... ¿cómo estará?”, pregunté.

“¡Feliz, feliz!”, dijo Caridad convencida, contenta y en paz. “¡En verdad que sí!”.

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Fecha: 
Miércoles, 29 de Abril 2015 - 16:00
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Caminando juntos

Cuando inicié mis estudios sobre psicoterapia tenía muchas expectativas. Las sesiones de terapia eran como un imán. Un requisito para adquirir el título fue cubrir un número determinado de consultas como paciente. Me jalaba la reflexión y el conocimiento sobre mí misma, tantos temas guardados, encerrados o, más bien, sepultados en el fondo de mi alma.

Ni yo sabía hasta dónde llegaría esta experiencia, sólo recuerdo cuando las vivencias empezaron a hacer acto de presencia, cómo se aglutinaban una tras otra mientras me encontraba en sesión, algunas con la luz mágica de los bellos recuerdos, mientras otras, como el coco a los niños, lograban arrinconarme en una esquina oscura donde mis miedos las transformaban en gigantes y amenazadores monstruos.

Mi concepto sobre la psicoterapia siempre fue positivo, me congratulo de ello, pues me dio la oportunidad de descubrir este mundo lleno de cosas interesantes. Con el tiempo he comprendido una de las cosas más difíciles para el ser humano: aceptar la maravillosa criatura guardada en su interior.

Si bien es cierto, podemos ser tan “malos” o tan “buenos” como las circunstancias se nos presenten. “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, hemos escuchado esta frase muchas veces, por algo es. Todos somos capaces de todo, hasta dónde, depende de nuestro propio nivel de conciencia, para ello es tan importante reflexionar y comprendernos a nosotros mismos.

Hay muchas teorías de todos colores y sabores que intentan explicar, cada una desde su ángulo y tiempo histórico, lo que sucede con el ser humano –desde su esencia, hasta lo más alto de sus posibles evoluciones-. Hay quienes trabajan exclusivamente con un enfoque y hay quienes trabajan con aquellas herramientas que consideran pueden aportar algo al usuario.

Existen muchas corrientes, técnicas, posturas y filosofías en psicoterapia. Desde mi percepción, durante el proceso histórico del desarrollo de éstas, todas van aportando su granito de arena hasta llegar al día de hoy, donde podemos ubicar al humanismo como otra propuesta.

Para el humanismo su enfoque es ver al ser como un todo, sin divisiones, sin etiquetas. Así, cuando estamos en sesión hay dos seres compartiendo todo lo que son, desde su esencia hasta sus vivencias, acumuladas a través de los tiempos.

Ir a terapia puede ser atemorizante. Tal vez porque nos enfrenta y confronta, no solo al problema por el cual llegamos a la cita, sino, en el fondo –lo sabemos- hay muchas cosas más por resolver y, aunque no parezca, el momento de lidiar con ellas ha llegado. El proceso terapéutico puede hacer surgir al demonio de mil cabezas. A veces cortamos una y aparecen muchas más.

¿Para qué asistir si yo mismo puedo resolver mis problemas?

Todos tenemos la capacidad de resolver nuestros propios problemas, muy cierto, sin embargo, también es MUY cierto que el boicot, el temor, la indecisión, la culpa, y mucho más, son paquetes recogidos a lo largo de nuestra vida, a veces son tantos que se encuentran escondidos y es imposible verlos. Lo peor del asunto: no los vemos, pero SI LOS CARGAMOS.

La psicoterapia es un reencuentro con uno mismo, con la transparencia, la pureza, la ternura, el disfrute de cuando éramos pequeños, nuestro yo… Llegar hasta ahí requiere esfuerzo, constancia, decisión, valor y mucha paciencia. ¿Vale la pena? Seguramente, habrá muchas opiniones al respecto, en pro y en contra, la manera más segura de descubrirlo es por sí mismo.

Al final, puedes llegar a tener el poder, el conocimiento, la comprensión, tal vez la sabiduría para decidir qué quieres para ti, para tu futuro, para tu equilibrio, para tu mundo…

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Fecha: 
Miércoles, 22 de Abril 2015 - 16:30
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