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psicología

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Desde provincia: el temblor del '85

 

“No se asusten vamos a quedarnos…, ah chihuahuas…, siete con cuarenta y dos segundos, tiempo del centro de México… Sigue temblando un poquitito, pero vamos a tomarlo con una gran tranquilidad… Vamos a esperar unos segundos más para poder hablar… Sigue temblando…”. La imagen de Lourdes Guerrero se perdió y la pantalla quedó en negro.

Minutos después mi papá dijo “No es nada bueno, ya pasó un buen tiempo y no hay señal”, terminó de almorzar y se dirigió al radio, fue difícil localizar una estación, ahí empezaron a llegar las noticias… Lo primero que escuchamos fue la voz de Jacobo Zabludovsky mencionar que había edificios caídos.

Vivíamos en Acapulco y mis hermanas estudiaban en el Distrito Federal, las noticias llegaban lentas e inquietantes. Conforme transcurrían los minutos la angustia se instalaba. Las líneas telefónicas estaban cortadas, los celulares no existían. Mis hermanas no se habían reportado.

Una hora después papá se marchó a trabajar, yo quedé comisionada a esperar alguna llamada… Seguía las noticias por el radio… La información que llegaba, poco bueno presagiaba… Más edificios caídos y personas atrapadas pidiendo auxilio.

La reacción de las personas, la solidaridad empezaba a brotar. Gente ayudando a otras, tratando de sacarla de los escombros, edificios humeantes… Helicópteros volando… Ambulancias ululando… Mientras, nosotros escuchando… Empezamos a oír de personas rescatadas, heridas, muertas.

Seguimos escuchando… Esperando… Ya había señal televisiva y como servicio a la comunidad trasmitían los mensajes de miles de familiares preocupados por avisar de su situación a sus familias en provincia… La espera continuaba, mirando con ansia el televisor para ver si mis hermanas se reportaban… Y nada.

En el D.F. dos jovencitas caminaban buscando cómo comunicarse con su familia, tendrían aproximadamente 18 y 20 años de edad, sabían que el temblor había sido muy fuerte, no había electricidad ni líneas telefónicas y tampoco tenían clara la magnitud de la tragedia. Caminaban y caminaban buscando una línea telefónica para comunicarse con sus familiares...

Las horas pasaban, con tristeza mirábamos el dolor de tantas personas, nuestro propio corazón se recogía de angustia por los familiares de los cuales todavía carecíamos de noticias. Mamá rezaba y papá trataba de mantener la calma. Mientras ellos marchaban a trabajar, los hijos nos turnábamos para checar los mensajes televisivos… Y nada.

Al día siguiente, buscaban cómo reportarse, ya sabían de la gran tragedia que envolvía a la Ciudad, se empezaron a desesperar… Tampoco se podían marchar, las colas en las estaciones de autobuses eran interminables.

Las horas se acumularon y el día terminó. Seguíamos frente al televisor… Caos, muerte, desolación, crisis, depresión… Entre el temor y la tristeza  que iban in crescendo, llegó el segundo temblor, la réplica… Ya nadie soportó la espera… Papá y mamá anunciaron que papá marchaba al D.F., al día siguiente a buscar a sus hijas…

Las jovencitas al sentir la réplica ya no lo dudaron más y salieron de la Ciudad de México paradas en un camión, finalmente un chofer aceptó llevarlas a su destino…

Todas esas horas sin parpadear mirando fijamente el aparato televisivo y NADA, NADA.

Al día siguiente papá estaba por salir, cuando en el quicio de la puerta, ¡por fin aparecieron ellas!

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Fecha: 
Miércoles, 23 de Septiembre 2015 - 17:30
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¡Viva México!

 

 

Recientemente iniciaron las clases en algunas universidades que se rigen por el calendario cuatrimestral. Ahí estaban los alumnos de nuevo ingreso, entusiasmados explicando a sus profesores las razones de su elección vocacional, sin sospechar que ese entusiasmo pronto se convertirá en frustración, quizá antes de que terminen la carrera, y sin imaginar que muchos claudicarán en los primeros tres o cuatro periodos. De igual manera festejaban las fiesteras de independencia, embriagados por la emoción efímera de sentirse mexicanos, libres, sin reparar en las cadenas culturales que los esclavizan.

Con la ilusión de sanar una sociedad donde probablemente ni siquiera encuentren trabajo, los aspirantes a psicología experimentaban satisfechos la catarsis de ser escuchados por otros profesionistas que no habían encontrado más alternativa que la docencia, pero que tampoco se atrevían a hacer alguna indicación sobre lo absurdo que a veces suelen ser las creencias que motivan el entusiasmo. Probablemente muchos de estos inocentes sólo estaban hilvanando la próxima frustración en la triste nulidad de sus vidas invisibles, ahogados en la ignorancia de sus verdaderas vocaciones, engañados por la noble idea de ayudar al mundo, cuando en el fondo eran ellos mismos los que estaban a gritos pidiendo ayuda.

El protocolo universitario de nuevo ingreso transcurrió sin novedad, la promesa tácita de encontrar un nuevo sentido a la vida de miles de aspirantes llenó otros tantos rostros de sonrisas que imaginaban un futuro distinto, pero igualmente desconocido.

De inmediato surgieron los rasgos, actitudes de soberbia y prepotencia entre los más extraviados, e inseguridad en los otros, más sumisos y temerosos, atrapados aún en la incertidumbre de haber elegido correctamente. Así transcurrió el día, observándose unos a otros, juzgando actitudes, motivaciones, y hasta su vestimenta y aliño personal.

¡He ahí la cuna de nuevas frustraciones y destacados pensadores!, ¿quién pudiera anticipar a qué bando pertenecer?

Igual, esa misma noche, transcurrieron las fiestas patrias, sin novedad, festejando más ser mexicanos que a México, festejando más entre familiares y amigos que a los “Héroes de la Independencia”, festejando más esa mística identidad que reune a los mexicanos que a la patria que les vio nacer; sintiéndose ajenos y semejantes, expulsados de esta sociedad que tanto decimos querer y que ahora sólo nos solaza con nostalgia, resignados entre críticas, lamento y descontento.

Sin embargo, aún quedan rescoldos de ese espíritu bravío y casi indomable que nos mantiene en pie; todavía persiste la belleza de la tierra mexicana, de sus mujeres de aguerridos corazones nobles y de grandes sentimientos; pero igualmente persiste esa falacia de futuro y libertad que nos dejó la independencia.

He ahí la cuna de esas emociones, de hartazgo, de tristeza y de violencia, de intransigencia y prepotencia, de protesta e inconsciencia, de parodia y de comedia; manifestaciones de graffiti en las paredes electrónicas de la ciudad, esculpiendo y fraguando lentamente el destino de nuestra sociedad, sazonando sin prisa la misma idiosincraca de nuestra historia, el sabor de nuestra gente, el matiz de nuestro país.

¿Dónde se pierden los ideales, cuándo confundimos los valores? La virtud se extingue, el anhelo se difumina, y el futuro se reduce, mientras observamos impotentes cómo entre nuestros dedos se nos va la historia. ¡Bendita evolución!, había más civilidad y honor en la Atenas de la antigua Grecia en el siglo V a. C, que hoy en la Ciudad de México.

Seguimos siendo individuos, la nacionalidad nos reune, pero no nos funde. Bastan unas palmaditas para tranquilizar al inconforme fatuo que levantó la voz, una promesa de futuro para apaciguar al estudiante intranquilo, y una fiesta para enterrar el descontento social, una gran fiesta, para enterrar el descontento nacional. ¡Viva México!

Fecha: 
Martes, 22 de Septiembre 2015 - 17:30
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Lágrimas de cristal

“Las lágrimas no piden explicación, se explican solas”
Ángeles Mastretta, El cielo de los leones

Generalmente asociamos las lágrimas al llanto como la expresión de tristeza o dolor aunque a veces es posible llorar de alegría, especialmente cuando una carcajada espontánea es tan intensa que produce lágrimas de risa, de tal suerte que podemos considerar que las lágrimas no son más que resultado de una emoción sin etiquetarla como alegre o triste porque puede producirse en ambos casos.

Sobre el llanto, definido por al DRAE como la efusión de lágrimas acompañada frecuentemente de lamentos y sollozos, indudablemente se relaciona con la pérdida y el duelo y en consecuencia, con la tristeza e incluso en un nivel extremo, con la depresión.

Las lágrimas a las que se refiere Ángeles Mastretta son resultado de nuestra dormida capacidad de asombro ante una serie de sucesos que no tienen más explicación y que nos llevan al estremecimiento hasta las lágrimas y por ello, se explican por sí mismas.

Aquéllas otras, esas que se hacen presentes en el camino del dolor, no desaparecen pronto pero alivian y al paso del tiempo liberan el alma hasta encontrar nuevas ilusiones y motivaciones que nos ayudan a seguir adelante a pesar del vacío que sentimos.

Recientemente, he tenido experiencias cercanas de fallecimientos, acercarse al dolor ajeno es algo difícil de manejar, uno nunca encuentra las palabras precisas que expresen por un lado, el apoyo y consideración para el deudo y por el otro, el sentimiento ante la pérdida. Hay de muertes a muertes, lo seguro es que no estamos preparados para ella, nos sigue doliendo, nos sigue azotando como vendaval en el alma y nos noquea de tal forma que difícilmente encontramos el consuelo necesario. Para una madre, perder a su hijo es morir en vida o al menos, dejar morir una parte de sí misma, para una madre viuda que ha visto morir a su compañero de vida, el dolor es doblemente letal al enterrar a su hijo y para la misma mujer, acompañar el dolor de su hija al enterrar a su yerno debe ser más que otra pérdida, la muerte misma.

Las lágrimas se hacen presentes de forma natural y espontánea ante una experiencia tan dolorosa como lo son los funerales aunque a veces simplemente no se puede llorar (eso me pasó en el sepelio de mi único tío fallecido y el más amado pues era como mi padre) y otras, son contenidas por miedo a eso desconocido de lo que nadie nos habla y que significa dejar de tener o de pertenecer.

Contener las lágrimas no es muestra de fortaleza o resignación; por el contrario, es lo más cercano a dañar la salud física y mental. Generalmente, ante un proceso de duelo se nos dicen palabras del tipo: todo va a estar bien, el tiempo lo cura todo, se te pasará, estarás bien, algo mejor llegará o debes seguir adelante pero la realidad es que mientras uno se retuerce del dolor, las buenas intenciones de los demás al darnos ánimos en realidad son como palabras huecas, sin sentido y llorar, si bien no es la solución a ningún problema es una forma de liberar el cúmulo de emociones contenidas ante la experiencia: coraje, frustración, tristeza, enojo, decepción, etc. Después del llanto, llega la paz, como si uno se hubiera vaciado y limpiado; de hecho, las cosas se ven diferentes y se puede pensar de otra manera, visualizar otras posibilidades pero el miedo nos paraliza y tenemos la idea de que si nos contenemos estaremos mejor y podremos seguir adelante más rápido, nos gana el deseo y la presión por estar bien y ahí estamos con procesos de duelo inconclusos que con el tiempo, cobrarán la factura.

No he visto llorar a la mujer viuda que perdió a su hijo y cuya hija ha enviudado también, pero veo su dolor y lágrimas en sus ojos, los percibo en su respiración, en su andar, en su voz; dan ganas de tomarla de la mano y transmitirle paz, darle un gran abrazo y hacerle sentir que no está sola pero la vida a veces nos coloca ante situaciones que no podemos o que no nos corresponde resolver y el duelo se vive, se siente, se procesa, se supera y se cicatriza de forma personal aunque nunca se olvida, uno elige vivir en el sufrimiento por el dolor o superar la pérdida y aprender a vivir con la cicatriz.

Somos condicionados para no llorar como si fuera la peor de las cosas que podemos hacer y con mayor razón si se trata de un varón, porque todavía hay conservadores que defienden la idea de que “los hombres no lloran” y es tan absurdo, es como agitar una lata de refresco y evitar que explote al abrirla repentinamente.

Nadie se ha muerto por derramar lágrimas pero contenerlas tampoco es sinónimo de bienestar sino al contrario. “…No es la lluvia lo que ha empapado la tierra. Son las lágrimas de todos los que pasaron antes por este camino mientras iban llorando una pérdida…” (Jorge Bucay, Médico y Psicoterapeuta Gestáltico)

Imagen tomada de http://www.revistacronopio.com/?p=14043

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Martes, 15 de Septiembre 2015 - 16:00
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El mensaje del presidente en su 3er. informe. Debatimos con Tere Vale. Problemas emocionales y complejos

Me acompañan Kenia López Rabadán y Luis Miguel González y comentamos lo que dijo el presidente Enrique Peña Nieto en su mensaje a la Nación con motivo de su 3er Informe de Gobierno. Tere Vale opina que no ayudará mucho darle clases de inglés a estudiantes de primaria y secundaria y todos diferimos de lo que ella dice. Alejandra Ruiz Sánchez explica cómo los problemas académicos de un niño pueden convertirse en problemas emocionales. Adriana Páramo explica que es el complejo de inferioridad y cómo puede superarse.

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Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 19:30
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Mi programa:

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Bebés: Mercancía al mejor postor

Llegamos al DIF (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia). Parecía vacío, lo cual era ilógico puesto que dentro de las instalaciones había niñas viviendo. Todo estaba confuso. Volví a tocar, esta vez con más fuerza… “Ya vámonos, parece que no hay nadie”, dijo Carlos, mi esposo. “No es posible, teníamos una cita confirmada”,  respondí.

Me negaba a aceptar que la ilusión tan pronto se había acabado. Un día antes mi amiga me había llamado para decirme que todo estaba en orden y nos recibirían. Era un programa especial: estaban colocando a las niñas por las vacaciones de Navidad con familias conocidas. Yo quería probar y cuidar a una niña, sería fabuloso.

Sin embargo, nadie nos atendía… Justo cuando nos estábamos alejando se acercó el vigilante y nos dijo que nadie nos podía atender… Estaba decepcionada y  molesta. ¿Y la cita concertada?... Me había hecho la ilusión de tener a una bebé en casa, “aunque fuera por unos días”.

Al final nos marchamos ¿Qué otra cosa podíamos hacer? Desde la noche anterior soñé con la pequeñita… Ufff… Por lo menos no fuimos a comprar juguetitos y biberones… “¡Quisiera, agarrarlos a patadas!”, pensé. “Y Carlos, mi esposo, no quería venir, aunque yo sé que sería un papá excelente…”.

Las parejas infértiles tienen frente a sí un largo camino por recorrer. Primero, buscando concebir mediante tratamientos y cuando no funciona podrían empezar un proceso complicado, largo y tortuoso en busca de una adopción, invirtiendo varios años de su vida.

Nos retiramos, íbamos enojados porque ni siquiera nos abrieron la puerta… Nunca supe a qué se debió esa situación… Lo peor fue que me dije “Bueno, parece que mi camino no es por ahí. Nunca más intentaré adoptar a un pequeño”.

Las parejas infértiles pueden ser presas de extorsionadores y traficantes. Su necesidad de tener un niño en casa puede nublarles la razón y verse involucrados en actos ilícitos. El fin puede ser noble pero los mecanismos inadecuados, exponiéndose, tanto ellos como al propio bebé, a vivir una tortura de niveles insospechados.

Ya en otras ocasiones algunas personas conocidas me habían “ofrecido” a un bebé. Me negué a aceptar ese tipo de tratos. Se me figuraba que me encariñaría con el niño/niña y después vendrían a tratar de recuperarlo, aun cuando todo se hiciera en estricto apego a la ley.

En una ocasión, la abuelita de unas niñas me las quiso “obsequiar”. La mamá era drogadicta así que las pequeñas estaban bajo su cuidado. La abuelita sentía que no las podría cuidar… Yo volví a decir: “NO”. Mi temor a caer en ilícitos siempre ha estado presente.

Aceptar a un pequeñito en situaciones poco claras puede involucrar a la pareja en un DELITO. Se pone en riesgo a TODOS los involucrados: la pareja, el bebé y se está promoviendo un ilícito. Mientras existan parejas dispuestas a comprar pequeños bajo cualquier circunstancia, el mercado negro seguirá creciendo y muchas madres biológicas vivirán el INFIERNO de que les arrebaten de las manos a su chiquito y no vuelvan a saber de él.

Cabría preguntarse cuáles son los derechos humanos de estas parejas y de los bebés, maltratados emocionalmente con requisitos, requisitos y más requisitos. Registrados en una lista que se antoja interminable y por años deberán mantener su FE en un sistema poco interesado en ellos y en esos pequeños que, con el transcurso del tiempo, van perdiendo la oportunidad de ser adoptados y tener a quién decirle papá y mamá.

Al irme alejando de la institución recordé que de niña muchas veces dije: “Voy a tener dos hijos y adoptaré a uno más”. Si todas las parejas adoptaran a un bebé ni siquiera habría necesidad de lugares donde no sabemos cómo tratan a estas personitas.

Ciertamente el control y lo requisitos son necesarios, sin embargo, queda claro con los hechos recién descubiertos -la venta de niños por personal del DIF Sonora, por ejemplo- que este sistema funciona inadecuadamente: Pequeños en manos de personas sin escrúpulos…

Padres sin hijos e hijos sin padres, cuando unos y otros tienen la GRAN NECESIDAD de PRODIGARSE MUTUAMENTE AMOR.

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http://bebepichon.com/wp-content/uploads/2014/03/BABY_001020-1.jpg   ...

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2015/08/27/consignan-16-p...

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Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 16:30
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Cebollitas para llorar

Las abuelitas solían decir que cada quien se busca su cebollita para llorar, refiriéndose a la forma en que algunas parejas viven su relación desde el sufrimiento e incluso, la violencia. Vincularse con los demás no es tarea fácil por una sencilla razón: no somos educados desde la emoción, sino desde la razón y ello incluye el deber ser lo que los convencionalismos sociales determinan, de tal suerte que un día olvidamos esa esencia natural y ligera que tenemos cuando niños, la cual nos hace amar a nuestros padres, familia, vecinos, compañeros de escuela, etc., hasta el grado de dejar de expresar emociones y llegar al extremo de padecer incluso ciertas patologías porque no logramos establecer vínculos sanos con nadie o casi nadie.

El amor, en sentido romántico es y ha sido tela de corte para todas las expresiones artísticas y es así que los referentes cercanos que tenemos al respecto, se derivan de lo que conocemos como cuentos de hadas; sin embargo, en la realidad y en el día a día el amor es tan complicado o tan simple según la actitud que asumimos ante él, pues mal llamamos amor a dependencias afectivas que derivan en relaciones destructivas. La cuestión es que si no tenemos de origen, en nuestra familia un modelo de amor no sólo romántico sino como pilar de la autoestima, le ponemos la etiqueta a cualquier relación que establezcamos en el camino aunque sea autodestructiva.

Decir del amor implica referirse a numeroso estudios que desde la psicología, la antropología o el arte se han hecho pero lo que llama mi atención es que siga siendo un tema que se trate con pinzas, con tantos tabúes, prejuicios e incluso, desconocimiento y que la falta de educación en las emociones sea una de las razones de sufrimiento.

¿Por qué elegí este tema? Por una sencilla razón que tuvo su origen en una conversación que no pude evitar escuchar en un vagón del metro en el trayecto de la estación Centro Médico a Deportivo 18 de Marzo y que más o menos tuvo el siguiente tenor:

Anilú (nombre ficticio) contó a su interlocutor de un chico que conoció y al que le había dedicado los últimos meses de su vida en atenciones, detalles, tiempo, emociones y pensamientos; es decir, se sentía enamorada sin duda pero el sujeto de su afecto a pesar de haberle mostrado cierto interés, de expresarle su gusto hacia ella y de agradecerle sus atenciones no daba muestras claras de quererse comprometer en una relación. La emoción que expresaban sus palabras al hablar del galán no dejaban duda de lo que ella sentía por él; sin embargo, más de una vez mencionó que a pesar de todo lo linda que había sido y de sus emociones nunca le había expresado en forma verbal su interés ni sus expectativas y, evidentemente, se sentía decepcionada al no haber recibido ninguna señal que le indicara que iba en el camino indicado o si tenía que abortar la misión de conquista.

El interlocutor de Anilú atinó a decirle que era muy corta de edad para sufrir por amor (tan sólo 17 años) y que tenía un futuro promisorio con todas las actividades que realizaba y su forma de pensar, como para desanimarse por el intento fallido de una conquista. La recomendación me pareció precisa a pesar de la también corta edad del amigo en cuestión (quizá unos 20 años) y me hizo preguntarme: ¿Cuál sería la historia de vida de Anilú a sus cortos 17 años? y ¿Cómo la habrían educado emocionalmente hablando?

Los psicólogos suelen remitirse a los años tempranos de la infancia para encontrar la raíz de los problemas que como adultos enfrentamos pues la forma en que somos criados y el contexto en que crecemos determina nuestra conducta futura y por ende, la forma de vincularnos en el trabajo, con los amigos, con la pareja y por supuesto, con nosotros mismos.

Las bases de un vínculo de pareja sano y sólido están en el amor (verdadero) y el respeto (por sí mismo y la otra persona) sin miedos que impidan mostrarse tal como se es y sin perder la libertad e individualidad pero, ¿Quién nos enseña tal cosa? Al parecer, la gran mayoría lo aprende en la escuela de la vida aunque sea a base de lágrimas, quien lo aprende como parte de la experiencia familiar, tiene un gran camino recorrido aunque no garantiza del todo el éxito, pues una relación es de dos, pero el impacto puede ser menos devastador.

Lejos de buscar cebollitas para llorar, hay que tener presente que no nos merece quien nos hace sufrir, aunque haya algunos que vivan lo contrario.

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Martes, 25 de Agosto 2015 - 16:30
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La vida se nos fue como un suspiro

Volvió a caminar… Toda era parecido y al mismo tiempo desconocido… “Han pasado muchos años, cuántas veces caminé por aquí, a prisa, a todo lo que daban mis piernas… Cruzaba el parque todas las mañanas para llevar a mis hijos a la escuela, después lo volvía a cruzar para recogerlos”.

Se había cansado y se sentó lentamente en la banca más cercana… Vio venir al vigilante. “Su hija le suplica regresar, está un poco inquieta. Le pide ir a desayunar con ella, lo espera en la cafetería de la esquina… Si gusta lo puedo acompañar”.

“Ni que la cafetería estuviera tan lejos…, bueno…, mi hija es un poco exagerada”, Pensó Pablo. Mientras caminaba siguió recordando. Su hija menor tenía ya alrededor de cuarenta años, así que en aquél entones ella tendría ocho o nueve años.

Los hijos y en especial las hijas suelen estar al pendiente de los padres, llegando incluso a ser sobreprotectores… Si bien los adultos mayores necesitan de cuidados y supervisión, no es igual para todos, cada persona es diferente. Los cuidados para los adultos mayores dependen de varios factores como: deterioro, enfermedad, entorno familiar, edad, sexo, etc.

“Hace treinta años cruzaba dos veces al día este parque”, recordó Pablo mientras veía a su hija saludarlo con la mano y venir a encontrarlo. Su esposa había muerto dos años atrás y aunque él se encontraba más o menos saludable, su vida había cambiado desde entonces.

El desayuno con su hija fue muy agradable, siempre disfrutaba estar con ella, tenían muchas cosas en común. “Lástima que trabaje tanto y la pueda ver tan poco”, se quejó consigo mismo. Después del desayuno ella se excusó, le dio un beso y se fue a trabajar… Él la vio entrar al edificio, la siguió con la mirada hasta que su silueta se perdió…

Tomó el jugo y observó sus arrugadas manos, de pronto le vinieron imágenes de sí mismo, se veía como un joven fuerte, seguro, rodeado de varios pequeños… Siete, siete hijos. Alcanzó a verse disfrutar de ese momento… Después, todo se opacó y volvió a su realidad actual.

Recordó a su amigo Manuel, ahí solían tomarse el café cuando él estaba en la ciudad. Manuel era agente viajero y había muerto, así que sólo lo podía traerlo a su memoria. De pronto se dio cuenta que la mayoría de sus amigos habían partido…  Ya no los podía llamar para compartir otra taza de café.

Era una mañana soleada, calurosa… Decidió quedarse sentado un rato más. El restaurante cada vez estaba más lleno… Él siguió rememorando… “¿Qué más da?, ¿Cuál es la prisa? Puedo continuar aquí todo el tiempo que quiera, nadie me espera” , volvió a pensar.

Extrañaba a su esposa, también en ese jardín la conoció, se enamoraron… Suspiró. Ella también partió… De pronto se sintió triste, agobiado, el tiempo lo rebasó, reflexionó. La nostalgia llegó y amenazó con instalarse en la silla vacía, mientras él murmuraba la frase que su esposa le había dicho alguna vez: “La VIDA se nos fue como un SUSPIRO”.

“No, no”, sacudió la cabeza, “como dice mi yerno: Y si no la hubiese conocido... Eso sí que NO… ¡Cómo habría sido mi vida sin ella! ¡CÓMO DISFRUTÉ!”. Entrecerró los ojos y vinieron las imágenes de sus tres bellas bodas. Tres veces se casó con su esposa…

Su primera boda, qué jóvenes estaban. La segunda boda: los veinticinco años y la del cincuentenario… Todos esos días, esos festejos… Recordó, rememoró, añoró… Al final se dio cuenta que tenía una sonrisa en sus labios… Cuántas experiencias, algunas tristezas y muchas alegrías.

Es difícil continuar el camino cuando la persona se va quedando sola, sin sus afectos más queridos… ¿Cómo sobrellevar el día a día? ¿Cómo reconstruir su mundo y llenarlo de nuevos objetivos, con nuevos personajes y nuevas historias por contar? A veces el contacto con gente joven puede inspirarlos ya que ellos suelen ser un gran ejemplo a seguir.

Cuando Pablo regresó, su hija lo esperaba checando el celular sentada en el vestíbulo, al sentirlo levantó la vista y él entusiasmado le comunicó “Me inscribí en clases de fotografía… ¡Decidí que quiero tomar las mejores fotos de mi vida!”

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Miércoles, 19 de Agosto 2015 - 16:00
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El cerebro en vacío

Anastasia, la joven que presuntamente asesinó a su madre y hermana vive segura ahora en otra cárcel, una real que sus ojos pueden ver. La otra cárcel, la peligrosa está dentro de ella.

La veo, está en un evento en el que se presenta el talento de las internas de la Penitenciaria en la final del concurso anual de Cultura y Deporte, está incluida en la actividad como parte de la observación y cuidado que requiere porque no se sabe en dónde está su cerebro.

Al ser humano se le puede privar de absolutamente todo, encerrarlo,  dejarlo en completo abandono y olvidarlo para siempre. Se le puede inhibir la función de brazos y piernas incluso privarlo de la voz  lo único que nadie puede quitarle a una persona mientras respire es el privilegio de sentir, la libertad de pensamiento y la forma de imaginar un mundo aparte para bien o para mal.

El cerebro de Anastasia es una ciudad de tan compleja construcción que ubica en sí misma el tráfico y la aglomeración de pensamientos, sensaciones y emociones; actitudes y decisiones que solo ella puede maniobrar y nadie tiene acceso a ese lugar de ruidos o silencios permanentes.

Cualquier palabra que pueda pronunciar y la expresión corporal no será nunca parecido al interior, súbitamente su mundo interno cambia de trayecto para instalarse con la mirada en un abismo sin fin, a nada responde, nada suena, nada se mueve. Ella persiste en vivir en ese mundo muy privado y profundo, puede escuchar atenta y responder monosílabos, dentro existe la consistencia en contestar lo que los demás quieren escuchar, no lo que ella piensa.

Quizá haya dejado ir al demonio de cuchillos, tijeras y cucharas quizá lo tenga guardado como reserva para usarlo cuando su mundo imaginario se destruya otra vez, quizá ese demonio en realidad nunca existió.  

La han tenido que privar el derecho de vivir en otra libertad para su protección, para protección de la sociedad, por ley.

Sus ojos azules y su rostro no tienen expresión alguna, sus manos permanecen quietas, su cuerpo erguido siguiendo la línea del respaldo en la silla y solo sus ojos juegan con el movimiento frente a ella, es estar sin estar, su conflicto se estaciona y se direcciona a la nada.

Sus compañeras cantan, bailan se esfuerzan por lograr sus mejores actuaciones, las porras suenan acordes con la alegría que están viviendo, dentro de todo el orden y el régimen que estos eventos requieren la ‘fiesta’ la vive cada una de ellas y me pregunté en un momento: ¿Habrá Anastasia visto una alegría tan sana alguna vez en su vida?

Responde por momentos a la música,  le mueve ligeramente los hombros hacia atrás, la hace respirar profundo sin demostrar emoción. Su única expresión existe en el área entre sus hombros y el cuello debajo de la barbilla, contiene la respiración cuando suena ‘I’ve had the time of my life’, si esa fue una canción que bailó probablemente lo estén recordando los músculos de su cuello y relaja los hombros hacia abajo. Cuando suena ‘Te hubieras ido antes’, sus hombros suben y se mantienen así hasta que termina de cantar la compañera concursante, ella nunca mira a la cantante durante su intervención. Con los acordes de ‘A dónde va nuestro amor’, endereza más su cuerpo y se pierde en otra lejanía extraña. En la entrada de ‘Qué bonito’ empuja los hombros hacia el frente encorvando su espalda con respiraciones lentamente profundas, su mirada sigue perdida en un lejos más abierto y se mantiene igual hasta que termina la música.

Sus movimientos son mínimos. Obedece y cambia de lugar cuando le corresponde para volver a su silla y tomar la misma posición. Le dieron pompones para las porras y los sostiene en la misma mano todo el tiempo que transcurre el evento, aplaude cuando todas aplauden nunca sonríe. Nunca mira a otra parte que no sea el frente que eligió desde el principio. Son tres horas en las que ella paseó por un mundo incógnito y sin expresión, sin intentar siquiera cambiar de posición.

El cerebro humano y su complejidad desvirtuada también vive en las calles, en los hospitales psiquiátricos, en las cárceles, en miles de hogares.

Estudiar a Anastasia como principio de un entendimiento a su personalidad, elaborar un detallado examen de observación y corroborar la ciencia, la psiquis y la legalidad en un solo individuo puede ser el inicio de un proceso en el que quepan muchos individuos más además de ella.

Me parece que sería un error pensar en enviarla a un hospital de salud mental y darle tratamiento medicado, sería como haber leído el libro y cerrarlo sin haber entendido su contenido.

No soy psicóloga de academia y entrenamiento y no es necesario serlo para ver que ella vive en otra parte, mi sentido común funciona como avispero cuando algo diferente está frente a mis ojos y se empeña en descubrirlo aun cuando solo quede en letras la descripción de un objeto llamado persona o de una persona que puede convertirse en objeto sin dejar de respirar.

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Viernes, 14 de Agosto 2015 - 17:00
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“Hasta que la muerte nos separe”

“¿Por qué no bajo de peso? Me voy a casar dentro de unos meses y quiero pesar menos. ¡¿Por qué no logro hacerlo?! Lo he intentado… Hay muchas cosas involucradas: ¡Deseo verme bien y quiero mejorar mi salud!

Escuchaba los detalles que Martha expresaba sobre el por qué deseaba mejorar su peso corporal…”Siempre he tenido buen apetito, de eso no me quejo, de hecho toda mi familia come muuuy bien. Recuerdo cuando éramos adolescentes y mi papá nos hacía de comer los domingos…”

A veces las personas tienen mucho que decir, para ellas es importante desahogarse… Sobre todo cuando están a punto de dar un paso trascendental en su vida como lo es CASARSE.

Martha continuó: “Tong… Toong… Tooong… Salía mi papá de la cocina golpeando suavemente la olla donde había guisado la comida,  mostraba el trasto vacío y lo ponía boca abajo, mientras sonreía de oreja a oreja y exclamaba con voz clara: “ÉXITO TOTAL”.

… Martha continuó soltando sus emociones, se notaba que mientras hablaba se deleitaba en su narración. Ahora el sobrepeso parecía un tema secundario, mientras disfrutaba relatándome cómo era su relación familiar cuando era pequeña…

Es normal que ante un evento de la magnitud de una boda la persona haga un inventario de sus días felices… La comida se relaciona con esos momentos, con la infancia, donde la responsabilidad de la propia vida está en manos de los papás, cuando la preocupación de los hijos es ir a la escuela, jugar y cumplir las reglas.

Ella continuó hablando de sus recuerdos en los cuales se sentía protegida… Cuando terminó se quedó callada… Entonces le pregunté: ¿Realmente quiere bajar de peso para el día de su casamiento?... ¿Realmente se quiere casar?..  Ella abrió los ojos desconcertada… Por un instante se quedó mirándome sin saber qué contestar…

Cuando se está frente al compromiso de un enlace matrimonial  la zozobra sobre el futuro matiza todo el panorama, es un cambio radical de vida y el mundo se presenta como un vaivén. Las bodas están entre las principales causas de estrés, sólo después de los duelos de personas cercanas.

Cuando Martha reaccionó a mi pregunta respondió “Sí, si me quiero casar… Solo que me da miedo… ¿Qué tal si me va mal?...” ¿Y por qué el temor? –Pregunté yo- … “Pues últimamente me siento agobiada, de pronto estoy triste, otras veces contenta, en verdad ya no sé si quiero casarme o no… Esto es más complicado de lo que esperaba… Hasta tengo pesadillas.”

A veces se llega a terapia con un problema en mente, sin embargo durante la sesión se van aclarando las ideas y se ve el panorama mejor… Concluyendo que la visita es por otra razón.

¿Bueno, desde cuándo tiene estos sentimientos encontrados con respecto a su relación? –Pregunté-. Martha respondió tras unos segundos de reflexión: “Mmm, creo que fue cuando Roberto y yo pusimos fecha a la boda” –Entonces pregunté- ¿Y antes, cómo se sentía con Roberto? –Ella respondió- “Feliz, feliz” y su rostro se transformó.

Tener dudas sobre la relación previo al enlace matrimonial es normal, como seres humanos el temor a lo desconocido hace mella en nosotros aun cuando deseamos algo. Si comprendemos que esta situación es parte del estrés podemos seguir adelante dejando el miedo de lado, evitando que frene las decisiones importantes para la persona. El estrés puede parecer un elemento insignificante, sin embargo su impacto puede hacer cambiar de rumbo a una pareja, cerrar puertas,  cambiar vidas.

Encontrar una pareja con quien se quiera compartir la vida es una empresa que requiere esfuerzo, valentía,  confianza en sí misma y en el otro. Ciertamente la única garantía de éxito –si es que la hay- está en empezar esta unión con amor, continuar con comprensión  y ser constantes día a día “hasta que la muerte nos separe”.

Meses después llegó una participación, abrí el sobre con expectación… Junto con la invitación iba una notita dirigida a mí: “GRACIAS… ¡De la pareja más feliz!”. Al calce había dos firmas donde se leía “Martha y Roberto”.

Una boda es como una danza, hay que llevar el propio ritmo y al mismo tiempo acompañar al otro… Así, el baile será un placer para ambos,  “solamente” necesitarán deslizarse al son de la melodía que los contrayentes decidan escuchar.

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Foto: http://aloim.org/alo/2014/01/fondos-de-pantalla-de-parejas-enamoradas.jpg

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Miércoles, 12 de Agosto 2015 - 16:30
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No tiene la culpa el Piojo

 

A mi tía Evangelina Casas, a quien no le gustaba el fut y seguro no sabía quién es el Piojo pero que falleció hace unas horas. A su familia, amorosamente.

Si al ver los videos del Piojo festejando o fustigando se lo imagina acabando de vencer a un mastodonte, tal vez esté en lo correcto.

El deporte es en muchos sentidos una sublimación de nuestros instintos cazadores y bélicos. Un  refinamiento de las peleas de taberna y la lucha por la presa de caza. En lugar de pelar por un trozo de mamut formamos dos equipos que disputen un enredo de cuero.

El futbol mismo es nieto de las batallas campales con coscorrones, piquete de ojo, zapes y sin un área de juego definida que podía abarcar toda una villa. William Murray en The World's Game: A History of Soccer cuenta que por lo mismo llegó a ser parte del entrenamiento militar de la Inglaterra preindustrial. También cuenta cómo finalmente la cordura imperó y se establecieron las reglas de civilidad que le dieron la forma actual. Sin reglas cualquier interacción se basa en la fuerza, en la ley de la selva que, como decía Ikram Antaki, es la única ley que no es ley. La civilidad se basa en el respeto a la ley. Pero la ley se aprende a través de formación. Los padres son el límite de nuestra conducta porque de ellos aprendemos cómo socializamos. Hay estudios que indican que otra buena parte se aprende de los compañeritos de la escuela o del barrio o de la palomilla. A menos padres (o guías) más palomilla y más violencia. No todo mundo está de acuerdo con esto; Rousseau pensaba que la educación corrompía nuestra bonhomía de nacimiento; nos quitaba la garantía. William Godwing decidió novelar su oposición a ello y escribió El señor de las moscas para mostrar como unos dulces retoños humanos pueden hacer sonrojar al sanguinario Pol Pot.

Según datos del INEGI, de 19 millones de habitantes en 1940 pasamos a más de 112 millones en 2010. ¿Cómo pudieron criarnos y formarnos las abuelas con 6 hijos en promedio y siempre embarazadas? Y luego abandonadas y saliendo a trabajar. No pudieron y eso tuvo consecuencias.

De acuerdo con un estudio de 2012 del Ministerio de Justicia de Reino Unido, el 53 % de los prisioneros en cárceles británicas proviene de familias desintegradas. Las cifras en estados Unidos son similares cuando éstas solo representan el 26%, según reportó la Oficina de Censos de ese país para 2005% y 34% en 2013 según el Centro Pew. Ahora bien, si tener dos padres es tan bueno, ¿por qué terminó encarcelada la otra mitad? Según Kelly Musick y Ann Meier, en su artículo Are Both Parents Always Better Than One? Parental Conflict and Young Adult Well-Being, los matrimonios de “baja calidad”, es decir con conflictos y maltrato constantes no son sustancialmente mejores que cuando se crece en una familia desintegrada o uniparental. Los datos las apoyan. El 10% de los prisioneros británicos fue maltratado físicamente durante su infancia por sus padres  y el 5% reporta  haber sido testigo de maltrato a su madre. En el caso de las prisioneras la cifra de antecedentes de maltrato infantil se eleva a más del 30%.

A este coctel agregue que en la escuela usted tiene a un maestro de la CNTE. O del SNTE. Olvide al tipejo golpeador y aviador; imagine al profe comprometido pero mal pagado, mal formado y sin recursos. Las pruebas PISA ubicaron a Oaxaca en el 2012 con 391 puntos en Ciencias, contra 458 del DF, debajo de Trinidad y Tobago con 410. En su desesperación, amorosa lectora y madre de familia, intenta acercarse a la esperanza de Dios y el cura le sale coqueto, ambicioso, de cascos ligeros, sexualidad dudosa y lubricidad desbordada.

Repita esto durante varias generaciones y tendrá una población con narcos, secuestradores y Piojos. Mejor pensemos en los ejemplos deportivos Paola Longoria y Paola Espinosa.

Fallida como todas las comedias de Peter Segal, Locos de Ira con Jack Nicholson y Adam Sandler narra las peripecias de una injusta sentencia a asistir a terapia para el control y manejo de los ataques de ira. Uno pensaría que el Piojo debería intentar algo así para contenerse. Ojalá lo haga; mientras tanto, por favor, nadie le pase mi twitter.

Fecha: 
Jueves, 30 de Julio 2015 - 16:00
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