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Hiel y Miel: El caso Carmen Aristegui y su salida de MVS

Inescapable el tema de la salida de Carmen Aristegui de MVS. Y aunque el asunto ya resulta un poco redundante y hasta enfadoso (porque se han dicho una y otra vez más o menos las mismas cosas), cedo a la tentación de ocuparme de él, a riesgo de parecer estar fuera de la coyuntura. Como psicóloga el asunto me viene a recordar una vez más que narcisismo y el ego son los padres de casi todos los fracasos humanos. El rostro demudado de Carmen durante su reciente mensaje me apesadumbró, porque ver a una mujer talentosa perdida en sus vanidades, es un espectáculo humanamente lamentable. Los años se han encargado de demostrarme que en este mundo nadie es indispensable y que la fama y el poder (político, mediático o del tipo que se prefiera) es tan transitorio como la vida misma. Ganar ¡1,250,000 pesos mensuales! (con ese sueldo hasta la “Casa Blanca” se puede comprar) tener un coche de lujo como parte de sus prestaciones, contar con un grupo de colaboradores bien pagados por la empresa para la que se trabaja, son condiciones laborales que muy pocos periodistas en todo el mundo han disfrutado. Su forma de hacer su trabajo estaba consolidada y gozaba de un auditorio fiel que la seguía. ¿Se podía pedir más?...pues al parecer sí, eso no era bastante y lo que la protagonista de esta triste historia quería era estar por encima de todos y todo y sujetar a la empresa para la que trabajaba a su muy personal agenda e intereses. Su discurso final, confuso, deshilvanado, lleno de reflexiones paranoides y presunciones de “complots” me recuerda a otra persona, AMLO, aquejada del mismo mal: la megalomanía. Esos delirios de grandeza que hacen a una persona pensar que los errores siempre están afuera, que uno es perfecto e insustituible y que siempre también, se puede uno salir con la suya…más que muestra de tesón, es estulticia y una profunda falta de madurez personal. En fin, qué pena, qué desperdicio de inteligencia en ambos casos. Nadie posée la verdad y no la encarna una persona por audaz que sea. Informar, opinar, señalar, acotar, alertar, desde las muy diversas ópticas y perspectivas de cada periodista, de todos, forman ese mosaico maravilloso que llamamos libertad y del que disfrutamos más y más en nuestro país. Quizá el infierno de Carmen sería estar condenada a un trabajo esforzado y modesto, sin privilegios, ni coches alemanes, ni compromisos inconfesables con un grupo económico-político, en algún país…Venezuela se me ocurre, en donde ahí sí, no podría decir ni pío sin poner en riesgo su vida. Quizá entiendo un poquito de ésto, porque nací en este país por haber llegado mis padres a México después de sufrir cárcel y exilio por defender esa libertad de expresión de la que tanto hablamos, de alguna (la de Marcos Pérez Jiménez) de las múltiples y atroces dictaduras venezolanas. Sic transit gloría mundi, digo yo…La recomendación de la semana: para aliviar las penas de este valle de lágrimas váyanse a comer a L'Osteria del Becco en Goldsmith 103, Polanco. La cocina es italiana con algún toque nacional que la hace más divertida. Para mí, las flores de calabaza rellenas de queso pecorino y ricotta; el plato mixto de embutidos italianos o la crema de elote con pancetta y parmesano me resultan insuperables, desde luego hay pastas, ensaladas, peces y carnes inolvidables. Y de postre no dejen de probar el Merengue con fresas o las crepas de Nutella, en verdad extraordinarios. Por si fuera poco, tiene una hermosa terraza para fumar. Y hasta aquí hoy, besitos a los niños.

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Lunes, 23 de Marzo 2015 - 17:30
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