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Las oposiciones, Morena y AMLO

De alguna manera, varios analistas y comentaristas suponen que el estilo de López Obrador y la forma en que está centralizando el poder del Estado está construyendo una especie de priismo de los años 50, 60 y 70. La suposición tiene bases, pero puede estar equivocada. Hay indicios de que AMLO pudiera estar consolidando otra cosa. Bien mirado el asunto, ni en su génesis ni en su desarrollo la historia del PRI-presidente en turno y MORENA-AMLO se parecen. En el primer binomio, el PRI fue un aparato de control construido desde el poder que ya tenían los grupos posrevolucionarios. Por su parte, MORENA se construyó gracias a la iniciativa de un hombre, que utilizó a ese partido para conseguir el poder. Si génesis es destino, estos nacimientos partidarios pueden anunciar destinos diferentes.

A los presidentes priistas les interesaba lo que sucedía en el PRI, lo controlaban, lo disciplinaban, intervenían en todas las decisiones relevantes de la organización. Con el tiempo, el control, al igual que la Presidencia y el partido, se fueron desgastando. En cambio, al presidente López Obrador no parece importarle mucho su partido, sus pleitos o quien está en la dirección. Sólo parece interesarle que sea una eficaz correa de transmisión. Esto es así porque se asume por encima de “su” (literalmente) organización. Los presidentes priistas sabían que eran los encargados del PRI, no sus dueños; López Obrador sabe y actúa como lo que es: el amo de MORENA. No le importan los “pequeños” conflictos en el Senado o la disputa por la dirección partidaria que se decidirá el 20 de noviembre próximo. Sabe que en el momento que decida se hará lo que él diga.

El formato de la relación AMLO-MORENA le da fuerza al partido, pero al mismo tiempo es una causa de posibles debilidades. Esta aparente contradicción es fácil de explicar. Por un lado, la presencia del presidente le da un poderoso respaldo a la organización. Ahí están las diputaciones, senadurías y gubernaturas ganadas por cuasi desconocidos o desprestigiados políticos para demostrarlo. Por otro, la situación de MORENA es peor que la del PRD en el sentido de su cohesión interna, que ni siquiera tiene corrientes. Se cruzan opiniones mil, muchas veces sin relación, contradictorias. Se dirá que todos los partidos padecen de lo mismo y en parte esto es cierto, pero incluso organizaciones como el PRD o MC respetan ciertos lineamientos (no exageremos llamándolos principios), pero en MORENA sólo se escucha una voz.

Por el lado de las oposiciones es notorio el deseo de recuperarse de la noche a la mañana. Planean, proponen, exigen, esperan que el presidente cometa errores, hacen análisis y pelean entre ellos. Para las oposiciones hay un solo punto de partida real y otro sabido por todos, pero no asumido plenamente. El primero es: no hay recuperaciones fáciles ni rápidas. Todo lo que se haga significará picar piedra durante años. El presidente López Obrador se equivoca diariamente, miente diariamente, y no pasa nada. Sólo hasta que sus equivocaciones (o aciertos) le cuesten es que empezarán a ser provechosas para las oposiciones. Lo segundo, lo que todo el mundo sabe, es: AMLO ganó por varias razones, pero básicamente porque las oposiciones se esforzaron en perder. Si todos saben esto, ¿por qué seguir haciendo lo mismo?

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Miércoles, 21 de Agosto 2019 - 12:55
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