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México: Administrando la pobreza

La mitad de los 75 millones de personas que viven en pobreza extrema en América Latina se encuentran en dos países: Brasil y México, según el Banco Mundial en su reporte Prosperidad compartida y erradicación de la pobreza en América Latina y el Caribe, dado a conocer esta misma semana.

Medida a partir del ingreso a precios reales, la pobreza en nuestro país se ha mantenido inalterada en los últimos 20 años (1992-2012). Más de 23 millones de nuestros compatriotas reciben un ingreso diario que es insuficiente para comprar la canasta básica alimentaria, ya no digamos para vivienda, ropa o educación. Otros 61 millones de mexicanos están en estado de pobreza moderada.

Además del ingreso, los nuevos métodos de medición de la pobreza, las llamadas mediciones multidimensionales, toman en cuenta el acceso a servicios como salud, seguridad social o educación. En este rubro, el Banco Mundial toma en cuenta que el Estado mexicano lleva a cabo programas sociales de transferencia focalizada: empleo, educación, madres solteras, etc. Sin embargo, no se estudia con exactitud la calidad, capacidad y eficacia de dichos programas.

Por otro lado, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) dio a conocer también en esta semana su Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en México 2014, que mide los resultados de los últimos dos años de la administración de Felipe Calderón en la materia. De acuerdo a este documento, entre 2010 y 2012 aumentó en medio millón de personas en situación de pobreza. Según CONEVAL, más de 53 millones de mexicanos están en situación de pobreza y pobreza extrema, con todo y programas sociales. Ese fue uno de los legados de Calderón.

Sobre estos programas sociales, hay que decir que existen casi seis mil de ellos, 233 en manos de la federación y el resto en los niveles estatales y municipales. ¿Por qué, entonces, la pobreza no ha disminuido? Son muchas las causas. La primera es que muchos de los programas no están bien focalizados. Otra causa radica en el excesivo costo administrativo que cargan los programas. Por supuesto, también cuenta el gran mal nacional: la corrupción.

“¿Qué dejamos de hacer en 50 años para que otros países nos dieran la vuelta?”, dice uno de los funcionarios de la CONEVAL. Una de esas cosas que dejamos de hacer es pagar sueldos adecuados, acompañados de seguridad social. Conforme pasan los años, el poder adquisitivo va a la baja y la evolución del salario mínimo es demasiado lenta. La receta para el desastre: la administración de la pobreza, no su resolución.

Fecha: 
Viernes, 24 de Abril 2015 - 17:30
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