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PIB Mexico

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¿Cuál es la meta del Pejegobierno?

Nuestro país vive un síndrome bastante frecuente en nuestra sociedad. El de la jovencita perdidamente enamorada que se convierte en la esposa maltratada.

Se trata de la niña inexperta que se pierde en las bellas palabras y promesas del galán que le baja las estrellas y la llena de promesas comportándose como el hombre ideal: atento, responsable, respetuoso, pleno de cualidades, con quien tendrá la vida que ha soñado y que solo le presenta un futuro totalmente halagador, que no para de mentir para demostrarle durante el noviazgo la veracidad de sus promesas y la rectitud de sus intenciones, dejando embelesada a la niña que nada más tiene ojos y oídos para él y que desoye a quien se atreve a sacarla de su ensimismamiento.

Terminada la luna de miel, y en muchas ocasiones durante la misma, el monstruo adormecido despierta y clava garras y colmillos en su frágil presa previamente anestesiada e incapaz de reaccionar, víctima del previo condicionamiento, sus esperanzas basadas en “por el amor que me tiene va a cambiar, a superar sus problemas”; “mi cariño suplirá el que careció en su infancia”; “lo apoyaré para sacar a flote sus grandes cualidades”; “lo que le falta es reconocimiento y yo se lo daré”. Para terminar con el “mi marido ya no me quiere, tiene más de una semana que no me pega”.

Así nos pasa con el gobierno actual que experimentó con diversos lemas, hasta que encontró en la promoción de la honestidad la llave para ser aceptado por una mayoría que veía en la recuperación de los valores la auténtica y profunda solución a los problemas.

El líder de este movimiento creó la imagen del ser honesto, basado en publicidad de excelente manejo ya que hábilmente oculta el origen de la fortuna que a partir de un modesto puesto burocrático le permite adquirir desde un departamento a su regreso de provincia hasta financiar su carrera política con los gastos que implican plantones y marchas de protesta, bloqueo del Paseo de la Reforma,  sesiones “informativas” con miles de acarreados, algunos voluntarios y muchos obligados con diferentes condiciones, como incluirlos en las listas de programas sociales con asignaciones de departamentos en unidades nuevas o mantener los privilegios de puestos en mercados públicos o a media calle, permanecer como paracaidistas en terrenos baldíos o casas abandonadas, continuar circulando como taxistas piratas, dejar de informar claramente el destino de los fondos etiquetados para la construcción de segundos pisos para vías de comunicación o construir accesos invadiendo terrenos que le hicieron merecedor del único desafuero de un jefe de gobierno en la historia y un buen rancho para su descanso al retiro. Estas acciones objetivamente distan mucho de corresponder a un gobernante eficiente y honesto como se publicita.

Es tan buen manipulador que aprovecha el legítimo desencanto de la población para posicionarse como la única alternativa de honestidad y buen gobierno.

Lo que no considera es que, en el imaginario colectivo, de la misma manera que la novia idealiza al pretendiente fantoche, la población idealiza al candidato llenándolo de cualidades de las que carece, consecuentemente en el promotor de la honestidad, sabiduría e inteligencia, voluntad y justicia, poder y bondad, forman parte del bagaje de falsas cualidades del candidato.

Cuando en la boda el macho encubierto jura ante el altar “amar hasta que la muerte los separe”, solo cumple con un ritual que le permitirá abusar en todos sentidos de la víctima inocente que le acompaña. Cuando el presidente electo jura “cumplir y hacer cumplir y hacer la Constitución y las leyes que de ella emanan” oculta las palabras que completan su verdadero sentimiento y que no tardará en poner en práctica que son “cuando esté de acuerdo a mis deseos, caso contrario, las modificaré a mi conveniencia”.

Durante la luna de miel gubernamental no tarda en retirarse la piel de oveja y mostrarse como el verdadero lobo que es para el pueblo de México, aun cuando exista una mayoría que esté dispuesta a continuar con los maltratos recibidos que considera prueba de su amor.

Su actuación evidencia que continúa siendo el resentido atacante de las “clases adineradas” a quienes culpa de todos los males; se solidariza y apoya a quienes bloquean vías de comunicación, es totalmente incapaz de utilizar la legítima fuerza del estado conferida por la Constitución confirmando la falsedad de su otrora lema de “Honestidad Valiente” demostrando que carece de ambas cualidades, cancela la construcción del aeropuerto de Texcoco alegando corrupción sin demostrar con  pruebas fehacientes apoyándose en amañadas y parciales encuestas, evidencia que la corrupción no se reduce a dinero, tampoco vemos encarcelado a algún huachicolero y pregona el triunfo de este aspecto como el de una operación limpia sin considerar el cúmulo de muertos causados por este crimen; se arroga facultades de las que carece al tratar de cancelar decisiones que requieren modificación de la Constitución para llevarlas a cabo; menosprecia a quienes hemos conseguido títulos universitarios argumentando que para dirigir una nación lo único que se requiere es sentido común, sin darse cuenta de que se cumple en él el refrán que dice: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Podría alargar la lista al triple, más lo que pretendo transmitir es la reflexión de que debemos prepararnos para el final de la luna de miel que inevitablemente se dará cuando el crecimiento del PIB se convierta en negativo y el enamoramiento se revierta, lo cual está difícil de ser pronto ya que los amlovers compiten en intensidad con los pedroninfantelovers, lo que ya es decir, y al señor se le acaben los culpables a quienes achacarles los males del país.

Es el momento de empezar a preocuparnos por un nuevo rumbo.

Esto es para los que sabemos quien es el culpable y que nos invitará a su rancho al final de su mandato.

Fecha: 
Jueves, 21 de Noviembre 2019 - 09:10
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Fecha B: 
Jueves, 21 de Noviembre 2019 - 11:25
Fecha C: 
Viernes, 22 de Noviembre 2019 - 00:25
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El margen de maniobra de la economía

La relación entre el 14% de lo recaudado por la nación y el 45% de la deuda, ambas expresiones como relación del Producto Interno Bruto dejan escasa movilidad financiera al país. La confianza social disminuye y el costo del capital aumenta, sentencia simple, pero lección dura de estos días en la zona del euro. Curiosamente, a pesar de las diferencias de nuestra economía y las del viejo mundo, subsisten las condiciones de participación comercial como prioritarias y todas aquellas medidas tendientes a estimular el crecimiento. Los márgenes de inversión no tienen parámetros comparativos ante la oferta de una economía emergente como la mexicana y la demanda de infraestructura y servicios financieros.

Las transferencias reales de riqueza europea, significada en productos terminados alcanza márgenes insospechados de comercio a favor de la Unión Europea. No obstante, la balanza de inversión extranjera directa favorece a México. En la cuestión de los plazos, tal vez México tenga una ligera ventaja; en el respaldo de proyectos de inversión el freno puede resultar de las señales que nuestro país envía al exterior desde la adopción de modelos no necesariamente rentables en los plazos: la zona del euro resiente una década de hipotética solidaridad que desembocó en dos desafíos que cambiaron en gran medida el signo de la historia, siendo el primero en 2008 cuando se decidió no mutualizar pero sí coordinar la resolución de la crisis bancaria europea. Después en 2010 se acordó en Deauville que la reestructuración de la deuda soberana de países miembros se utilizaría como parte de la gestión necesaria para resolver la crisis.

La solidaridad quedó en terrenos de limitación y por encima de ella, la confianza avivó su situación deficitaria. La deriva del ahorro por encima de la meta del afán superavitario de la cuenta corriente como mecanismo de protección dejó a los países miembros encallados en políticas proteccionistas y en adopción de modelos individuales y separatistas. El déficit de solidaridad no se ha superado. Holanda defiende su política fiscal, ventajosa sin duda; en el otro extremo, Italia reparte culpas y se exenta de responsabilidades. Así no hay conciliación de bloque.

La reducción de riesgos ya agotó su arsenal de combate en una Unión dispersa y confundida. En eso, viene una guerra comercial, aparece una dependencia nunca imaginada en la demanda del exterior como también aparecen sanciones a terceros, sanciones de la primera economía del mundo, la norteamericana, y ponen en evidencia la fragilidad insospechada hasta ahora, del euro como divisa internacional y más allá de esta frágil conversión monetaria, se dan cuenta que en la carrera tecnológica existen dos adversarios, dos protagonistas, inalcanzables ambos, China y Estados Unidos.

En ese lado del mundo así están las cosas, y la experiencia europea brinda lecciones importantes, sobre todo en los días que vivimos la amenaza de aranceles e interrupciones de tratados vigentes con esa potencia ya mencionada, potencia que arrincona a las naciones más desarrolladas del orbe y al gigante de Asia. Las condiciones nada tienen que ver con la economía, la política migratoria se antepone para condicionar efectos de comercio fatales para ambas naciones, la del norte inmediato y la nuestra. Europa agotó sus niveles de confianza y en ese proceso sus niveles de solidaridad. Los riesgos de ese hemisferio y los nuestros no difieren en esencia, difieren en su concepción de solución. Allá se destierra el ahorro como premisa. México la adopta como política de despegue de administración novedosa. Allá se incentiva la disciplina nacional, acá se promueve la división y la polarización. Allá se piensa en la reestructuración de la deuda, acá se piensa en distracciones parciales para financiar una empresa del Estado, la más importante, al tiempo de pedirle un esfuerzo para el que no está capacitada ni habilitada: construir una refinería. Allá se piensa en crecimiento económico. Acá se sacrifica el crecimiento en aras del reparto de riqueza en programas asistenciales con miras de captura electoral. Allá se promueve la solidaridad fiscal. En México se ancla la contribución en el 14% señalado y no se incentiva la promoción de fiscalización como aliento de la inversión.

La estabilización del superávit fiscal primario para la estabilización de la deuda pública no es meta alterna en la función progresista de la gran economía. Constituye un propósito singular pero no una meta, porque simplemente no conjuga la inversión pública con el avance institucional logrado en décadas. El gasto público es irrenunciable en materia de política económica. El refuerzo de la actividad pública hace de la eficiencia del Estado una herramienta de progreso. La concepción equivocada de este régimen es la confusión que hace de un recorte un esquema neoliberal al adelgazar la función del Estado y un recorte para combatir el dispendio de otras épocas, llamándolo corrupción. Recortar recursos para una función administrativa no incentiva el ahorro; la partida asignada con anterioridad pudo ser abusada y desde luego puede ser revisada y corregida pero no interrumpida.

Un modelo equivocado y de confrontación con el sector empresarial, que inició con la cancelación de nuestra gran obra en el aeropuerto de Texcoco y la inclinación a la aventura de proyectos fallidos de origen, no inspiran la confianza necesaria entre la inversión y la adhesión a esta transición en turno. En este texto se plasmó la consecuencia de haber desperdiciado solidaridad en economías más experimentadas que la nuestra. En estos días, la solidaridad en México hace falta. La amenaza de Trump puede o no ser real, tanto da, la unión que ha desperdiciado este régimen ahora vendría de gran utilidad. El talento existe, habría que darle cabida por encima de cualquier mira de gobierno. No existe margen de maniobra en nuestra economía. No con el modelo de recortes y ahorro forzado.

Fecha: 
Lunes, 03 de Junio 2019 - 13:15
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Lunes, 03 de Junio 2019 - 15:30
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