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Cartas a Tora CXXVIII

Querida Tora:

         ¿Ter acuerdas de aquel perro de la vivienda 1, que logró evitar la Tenencia de Mascotas? Pues va a ver lo que pasó con él.

         Ese perro odiaba al portero, y cada vez que éste pasaba cerca, le tiraba mordiscos; pero sólo logró alcanzarlo una vez, y no le rompió nada importante, sólo el pantalón. Pero el portero quería mucho ese pantalón (Regalo de su abuelita, la pobre), y juró que acabaría con él. Y una noche (Por la noche se hacen las  cosas más tenebrosas, como te habrás dado cuenta) citó a todos sus guaruras y les dió dos días de plazo para deshacerse del perro. ¿Cómo? Eso era cosa de ellos.

         Al más se le ocurrió una idea, y todos lo ayudaron a ponerla en práctica. La noche siguiente (Siempre la noche, ¿te das  cuenta?) le arrojaron un pedazo de carne envenenada, que el perro deglutió (No conoces ese verbo, ¿verdad?) con entusiasmo; y cuando cayó exánime, lo tiraron del piso alto a la planta baja. Al caer, el cráneo del perro se abrió y se le salieron los sesos, (Cuando bajaron, todos los guaruras se resbalaron como idiotas; y se fueron riéndose, con los trajes manchados).

         Cuando el señor del 1 descubrió el cadáver, puso el grito en el cielo (¿Te imaginas lo que tuvo que hacer, para llegar tan lejos?), y exigió al portero que encontrara al asesino. El portero dijo que eso no entraba en sus obligaciones; pero vió al señor tan alterado, que dijo que iba a “proceder a la investigación”. Para eso, hizo venir a la enfermera del Seguro Vecinal, y le dijo que le hiciera la autopsia al animal. La enfermera contestó que ella no sabía hacer autopsias, y menos a perros. Pero el portero le dijo que si no la hacía la iba a acusar en su sindicato y que, además, se olvidara de él para esas noches románticas que tanto le gustaban. La mujer tuvo que obedecer, y se puso a trabajar.

         Se pasó el día entero estudiando al perro de cerca, de lejos,  por arriba y por abajo. Y no decía nada. El chamaco del 18, en cuanto lo vió, dijo: “Lo envenenaron. Por eso tiene espuma en la boca”. La enfermera le dió un puntapié y lo amenazó con ponerle una inyección, y siguió estudiando al animal. El señor del 1 se acercó y le exigió que diera un veredicto (Pero el señor del 1 no es muy instruído, y no sabe lo que es un veredicto). La mujer siguió lo mismo (Haciéndose la tonta, en pocas palabras) hasta que llegó el portero y le preguntó qué había averiguado.

         La enfermera se puso los anteojos, para verse más sabia, y dijo que la espuma en la boca era señal de que el perro había contraído rabia. Y como los perros son animales muy inteligentes, se dio cuenta que pronto empezaría a morder a todos los vecinos; y como los perros también son bondadosos y abnegados, prefirió tirarse al patio para acabar con ese mal, a cosa de su vida.

         El portero se quedó con la boca abierta, al escuchar tanta ciencia. Y no quiso ni oir al chamaco del 18,        que le decía lo del venero; ni que el perro no podía haber saltado al vacío, porque estaba sujeto por una correa, ni que la dicha correa estaba cortada con navaja, ni que los trajes de los guaruras estaban manchados de sesos de perro. El portero ensalzó a la enfermera delante de todos los vecinos, les dijo que debían sentirse honrados de tener a una persona tan inteligente y tan culta atendíendo sus enfermedades y pidió un aplauso para ella.,(Y, aquí, entre nos, ese mismo día le regaló una de esas noches románticas que tanto le gustan) .

         El día siguiente, el portero empezó a hablar otra vez de la Tenencia de Mascotas; pero en cuanto se acercó al 1, oyó el ladrido furioso de un perro Doberman, y salió pitando de allí. Lo que pasa es que el chiquito de la familia aprendió a ladrar como el perro; y en cuanto el portero se acerca, los papás le pican las costillas para que empiece a ladrar.

         Ya te informaré si el portero vuelve a la carga. Aunque yo sé que los vecinos se bañan ahora más seguido, para que no les cobre por los piojos que tengan.

Te quiere

Cocatú

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Viernes, 12 de Abril 2019 - 13:15
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Sábado, 13 de Abril 2019 - 04:30
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Abril 1980

Paginas adelante, dentro de su sueño, la niña se encontró cerca de un rio.

Era un sitio lejano y desconocido.

Al mismo tiempo, sentía que era un lugar familiar para ella desde siempre.

Escuchó una voz que la llamaba.

Era un pez parecido al de su cuento…

Estaba fuera del agua.

Parecía estar muriendo.

Su mirada sobre ella, trataba de moverla, de acercarla a el.

Faltaban unos pocos pasos.

De pronto, se abrió la puerta de su habitación.

Eran sus padres que la habían escuchado hablar dormida.

La arroparon; acariciaron su cabello; le besaron la frente y cerraron el libro nuevamente, dejándolo a un lado de su cama.

Hacia la media noche, sono el timbre de la calle.

Alguien llamaba a su puerta.

El hombre estaba solo; vencido por el sueño junto a la chimenea sin fuego, con su manojo de páginas en blanco y una pluma expectante.

La llamada se repitió insistente, pero no fue escuchada.

El hombre  soñó  que se levantaba a abrir la puerta.

No había nadie.

Sin preocuparse por cerrarla de nuevo, salió y se alejó de la casa hasta perderse entre las sombras de la noche.

El timbre sonó   una vez más.

El siguió  dormido.

La joven que llamaba, se marchó.

La sala se llenó de olor a rosas rojas.

El, se veía sereno.

     La niña de cabello largo y castaño

Que había hablado con ese joven momentos antes

Vino a sentarse en la banca junto a él.

A un lado, su bicicleta roja y vieja, reposaba sobre el piso.

No hizo intento por despertarlo, ni trato de hablarle otra vez.

Simplemente le tomo de la mano y se quedó mirando, como poco a poco, el parque se iba quedando desierto.

En el fondo de sus sentidos

Percibía la risa de los otros niños.

Se acercó más estrechamente al cuerpo de aquel hombre que descansaba a su lado.

Desde ahí, al avanzar la tarde,

Pudo apreciar la luna (ya casi llena)

Junto con el sonido de las aves que regresaban a sus nidos

En el laurel que cubría la banca donde ambos se  encontraban.

El viento del crepúsculo soplaba suavemente

Moviendo su cabello que iba a posarse sobre el hombro de él,

Que soñaba tranquilamente.

Mientras ella se perdía entre sus pensamientos

Se escuchaba también,

El sonido inconfundible de columpios al vuelo…

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Acapulco, mayo de 1993

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Viernes, 18 de Enero 2019 - 13:50
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